Light Grey: Education Domain Yellow: Rural Development Domain
4.3 Understanding the Institutional Framework: Matrix Assessment
4.3.4 Agriculture Domain
1. El cuerpo ciudadano
La escritura ha estado íntimamente ligada al proyecto fundador de la nación, a lo que Beatriz Gonzáles Stephan llama el diseño del cuerpo ciudadano, ese mega cuerpo físico, el "macro sujeto de la nacionalidad" que en el camino hacia la utopía progresista se deseó uniforme, disciplinado, productivo y aséptico para lo cual fue necesaria la homogeneización pues evidentemente "resulta más sencillo normar lo que se ha uniformado". Sobre este imaginario se fueron configurando las identidades que sólo adscritas al modelo se reconocieron como tales (sólo a través del sentido de pertenencia la identidad adquiere sentido). Sin embargo, la labor aséptica fundadora de la nación encontró en la presencia del otro, de lo heterogéneo y diverso, una permanente barrera que, por un lado, justificó su tarea disciplinaria pero, por otro, evidenció la impotencia de la homogeneización.
La tarea de maestro escultor del cuerpo ciudadano fue conferida a la escritura dotada de un poder legalizador y normativo para controlar permanentemente -"invisiblemente"- a los individuos. "La escritura sería el ejercicio decisivo de la práctica civilizatoria sobre la cual descansaría el poder de la domesticación de la barbarie y la dulcificación de las costumbres:
debajo de la letra (de las leyes, normas, libros, manuales, catecismos) se replegarán las pasiones, se contendrá la violencia"97. La nación imaginada se funda así sobre la letra; se trata
de una nación escrita. Pero una comunidad imaginada que sólo existe homogénea en la escritura, es impotente. (Así, la primera impotencia de la nación es que existe sólo en la ciudad letrada).
Y si la nación está fundada en la escritura, desconoce la presencia del otro, de la alteridad que se iba construyendo a partir de otras prácticas discursivas ya no necesariamente escriturarias que fueron configurando una producción cultural hecha de aquellas textualidades que celebraban y habitaban todo aquello que no cabe en el imaginario del orden establecido. (Por consiguiente, la segunda impotencia de la homogeneización es la negación del carácter diverso y pluricultural de nuestras sociedades).
La negación de la diversidad llevó a emplear diversos mecanismos de limpieza que estuvieron encaminados a lograr la pretendida uniformización como requisito para el éxito de la norma implantada cuya sujeción garantizaba a su vez la condición de ciudadanía. La pretensión uniformadora de los textos normativos apuntó entonces a construir la ciudadanía como un campo de identidad que debía hacer estructuralmente posible su gobernabilidad. Pero en los márgenes de la ciudad letrada estuvo siempre la realidad otra, la ciudad vivida, la ciudad no deseada, la ciudad no letrada, la otra ciudad dibujada en los bordes del mapa como manicomio, cárcel o zona rosa; esas zonas habitadas por la barbarie, por el otro que no cabe en el imaginario del orden establecido. Es decir, la dinámica caótica de la realidad misma intentando inútilmente ser invisibilizada, construida necesariamente como ilegalidad para justificar su marginamiento. Sin embargo, ninguna de las tácticas controladoras, excluyentes, compartimentadoras del proyecto civilizatorio, fueron suficientes para blanquear las naciones soñadas.
97 Beatriz Gonzáles Stephan, "Economías fundacionales. Diseño del cuerpo ciudadano", en Cultura y Tercer Mundo 2. Nuevas identidades ciudadanas, ob. cit., p. 20.
La pretensión uniformadora de los textos normativos (las constituciones, las gramáticas y los manuales analizados por Gonzáles como representativos tanto de un modo particular de disciplinamiento como del aparato escrito de vigilancia) construyó entonces un campo de identidad homogéneo como espejo para el reflejo del sujeto deseado, incluso, como señala Gonzáles, desde el espacio más íntimo y privado a través de instituciones como la familia y la escuela preparando así al ciudadano "para el gran teatro del mundo" pues, según tal propuesta -que sigue a Foucault-, en el escenario del teatro del mundo todos adquieren condición de actores, vigilantes y vigilados, por cuanto el que vigila es a su vez vigilado por otro en una suerte de "espionaje socializado" generado por la interiorización de la norma en la vida privada a través de textos como los manuales de conducta.
La impotencia de la homogeneización, sin embargo, se reitera una y otra vez. Porque el cambio en el escenario, desde entonces hasta hoy -más de siglo y medio después- es obviamente fundamental: la posibilidad de construir la propia identidad (y aún más: una suerte de identidad a la carta) está dada en los recursos otorgados por las transformaciones operadas en el espacio de las mediaciones. Así, las propuestas acerca de la necesidad de mimetizarse o "mismificarse" como única posibilidad de existencia (sobrevivencia de la identidad) en el escenario oficial, hoy se cuestionan (los individuos, aunque siempre únicos y distintos, dice por ejemplo Manuel Delgado, se "acomodan", se "camuflan" en la masa como estrategia de sobrevivencia o como "recurso adaptativo" frente a la "integración forzosa" de la sociedad de masas -"sólo pueden sobrevivir ya bajo la protección que les brinda el anonimato urbano", asegura98). Tales propuestas entran en crisis aunque no se superan pues la tendencia al
"anonimato" que igualmente puede ser leída como una evidente homogenización por parte del mercado, se mantiene. La necesidad de "suavizar" este anonimato sería más bien la búsqueda permanente de identidad de los sujetos y de allí, por tanto, la actual exaltación de la diferencia.
98 Manuel Delgado Ruiz, "La ciudad no es lo urbano. Hacia una antropología de lo inestable", Sobre hábitat y cultura, Medellín, Universidad Nacional, Facultad de Arquitectura, 1997.
Entonces, aunque es evidente que la letra fue herramienta fundamental en la construcción del imaginario de la nación uniforme ("el periodismo [la crónica] -dice Monsiváis- no es oficio, es misión política y patriótica") que moldeó las identidades de esa manera neutralizadora de las diferencias y que la escritura letrada aún se mantiene como fuente del imaginario moderno, las transformaciones contemporáneas revelan un trayecto fundamental subterráneo donde se construyen la ciudadanía y las identidades heterogéneas y diversas de los sujetos trans. Estos cambios fundamentales revelan, asimismo, que los textos que escriben estas transformaciones ya no operan como maquinarias unificadoras de la heterogeneidad, sino que están atravesados por diversas trayectorias de sentido que ponen en crisis su origen letrado y que lo constituyen como condensación de múltiples demandas y competencias que se encuentran y negocian a partir del propio texto99. Así, la configuración de las identidades ya
no pasa por la imposición de un monorelato sino por la seducción para el consumo de plurirelatos.