Chapter 7 Summary and Future Work
7.2 Future Work
7.2.2 ALD-Enabled Polymer MEMS Packaging
A lo largo de la historia han aparecido de vez en cuan- do niños salvajes, con aspecto de haberse criado so- los o en compañía de animales. ¿Puede un niño so- brevivir solo en medio de la naturaleza? ¿Puede ser "adoptado" por lobos, osos, monos o gacelas? Y si fuese llevado entre los humanos, ¿estaría fatalmente retrasado y sería un recordatorio de la parte bestial de nuestra naturaleza o, por el contrario, sería un no- ble salvaje, libre de las corrupciones de la civilización? Desde el primer caso documentado, el de un "niño lobo" capturado en el principado alemán de Hesse en
1344,
se han encontrado niños que se pensó que ha- bían sido criados por animales, o que eran simplemen- te huérfanos, abandonados por su atraso o atrasados por haberse visto privados de contacto humano.En tiempos modernos, el único caso estudiado es el de Kamala y Amala, las niñas lobo de Midnapore (India). El reverendo J.A.L. Singh, que administra- ba un orfanato y escuela eclesiásticos, recorría en 1920 su distrito cuando oyó hablar de manush-baghas, u
hombres-fieras, formas fantasmales vistas entre los lobos que habían hecho su cubil en un termitero aban- donado. Él mismo los vio una noche, y volvió de día con ayuda para derribar el termitero. Dos de los lo- bos escaparon corriendo, y el tercero, una hembra, atacó a los intrusos, que le dieron muerte. Dentro del montículo Singh encontró a dos niñas, de aproxima- damente ocho y dos años, acurrucadas junto a dos lo- beznos. Las llevó al orfanato e inició el que creía su deber cristiano de humanizadas. La tarea no fue fá- cil, porque corrían a cuatro patas, les asustaba la luz diurna, aullaban como lobos, hasta donde se lo per- midan sus cuerdas vocales, y preferían la carne, y aun la carroña, a los cereales y las verduras. Amala, la más pequeña, murió antes de un año. Kamala vivió nueve, y aprendió a caminar erguida y a decir frases sencillas, aunque nunca progresó tanto como los demás niños. La veracidad del relato de Singh ha sido compro- bada por numerosos investigadores. Arnold Gesell, ex- perto en desarrollo infantil, basó en él un libro. El es- critor Charles Maclean, escéptico acerca de la hlsto- ria de los niños lobo cuando fue a la India en 1975, concluía que "el relato del diario del reverendo Singh sobre lo que aconteció en la selva es cierto, aunque tal vez no toda la verdad".
El psicólogo Bruno Bettelheim disentía en un tra- bajo publicado en 1959. Argüía que las niñas lobo de Singh eran en realidad niñas autistas abandonadas por sus padres. Basaba su conclusión en las semejanzas entre el comportamiento de los niños autistas a su cui- dado y el de Amala y Kamala, tal como lo describió Singh. Bettelheim y otros señalaban, muy razonable- mente, que para quienes previamente creen estar ob-
servando a niños criados por animales, cualquier con- ducta de tipo animal es tomada por una confirmación.
Lo anterior no sería aplicable al niño gacela del Sa- hara español, al que el antropólogo francés Jean- Claude Armen vio hacia 1970 como "una forma hu- mana desnuda... esbelta y con largo pelo negro, co- rriendo con saltos enormes entre una larga cabalgata de gacelas blancas". Según Armen, en las huellas del muchacho (que no fue capturado) "el peso descansa sobre la parte delantera del pie y apenas deja impre- sión en la arena, lo que revela una rara flexibilidad". Sus observaciones le confirmaron que el muchacho, de unos 10 años, se había adaptado totalmente a la vida del rebaño, hasta el punto de olisquear y lamer a las gacelas como hacían éstas entre sí. La adapta- ción era tan notable que Armen se preguntaba: "¿Có- mo pudo un niño atrasado, aun 'ayudado' por los ani- males, seguir existiendo en un medio tan duro como el desierto?" Después sugería que posiblemente el trau- ma y la desorientación de la captura eran los que ha- cían que los niños salvajes pareciesen atrasados.
La popularidad de la idea de los niños salvajes apa- rece claramente en el mito de Rómulo y Remo, ama- mantados por una loba, y en el duradero atractivo del Tarzán de Edgar Rice Burroughs, y de Mowgli, el mu- chacho de la selva de Rudyard Kipling. Damos por sentado que a los niños les fascinan los animales, a los que tratan como iguales, y nos encanta saber de un cachorrillo adoptado por una gata o del ganso que adoptó al investigador de la conducta animal Konrad Lorenz y Io seguía a todas partes. Pero es tanto lo que esos casos ponen en tela de juicio —nuestro concepto de nosotros mismos y de nuestro lugar en la naturaleza—, que las noticias de niños adoptados por animales salvajes nos intrigarán siempre.
En El libro de la selva, de Kipling, un muchacho in- dio, Mowgli, es adoptado por los lobos. Esta ilustra- ción pertenece a una edición francesa del libro.
tado. Pero Feuerbach murió en 1833, y poco después Kaspar apareció en casa de su maestro sangrando por múltiples heridas y afirmando que un extraño lo ha- bía atacado en el parque. Los escépticos pretendieron hacerle admitir que se había apuñalado él mismo pa- ra reavivar el interés público por su caso, pero tres días más tarde Kaspar moría, no sin antes decir: "No lo hice yo." (Francis Hitching, The Mysterious World:
An Atlas of the Unexplained, págs. 210-13; Colin Wil-
son, Enigmas and Mysteries, págs. 134-36)
La desaparición del juez Joseph S. Crater, adjunto al tribunal supremo del estado de Nueva York (ver págs. 127-28), levantó gran revuelo, pero pocos saben que un predecesor suyo en el cargo había desaparecido no menos misteriosamente cien años antes.
John Lansing había luchado en la Revolución Nor- teamericana y después había sido diputado, alcalde de Albany y juez. Desde 1790 hasta 1801 perteneció al tribunal supremo de Nueva York, y en 1798 fue presi- dente de sala. Durante años formó parte del grupo po- lítico integrado en torno a la acaudalada familia Clin- ton, pero rompió con ellos al negarse a postularse co- mo gobernador, corno ellos pretendían. En vez de ello, siguió siendo juez hasta su jubilación en 1814, cuan- do se convirtió en regente de la universidad estatal y consejero económico del Columbia College. Era este segundo cargo el que lo había llevado a un hotel de Nueva York el 12 de diciembre de 1829. Esa noche sa- lió a echar unas cartas para que alcanzasen el barco nocturno que iba por el Hudson hasta Albany, y nun- ca volvió a vérsele. La búsqueda fue exhaustiva, da- do que Lansing había sido figura prominente en la vi- da del estado; pero aquel hombre de 75 años había de- saparecido en la noche invernal tan completamente co- mo si nunca hubiese existido. (Dictionary of Ameri-
can Biography, Vol. 5, pág. 608; Jay Robert Nash, Among the Missing, pág. 166)
DE 1830 A 1860
The Times de Londres del 6 de noviembre de 1840 pu-
blicó este relato de un corresponsal en las Bahamas:
Un gran navío francés que se dirigía de Hamburgo a La Habana fue abordado por uno de nuestros barcos de cabotaje, y con ese motivo se descubrió que estaba completamente abandonado. El
cargamento, compuesto de vino, fruta, seda, etc., se hallaba en perfectas condiciones. Los papeles del capitán iban a buen recaudo en los sitios
adecuados... Los únicos seres vivos a bordo eran un gato, algunas gallinas y varios canarios medio muertos de hambre... En el navío, que debía de haber sido abandonado hacía pocas horas, había varias balas de mercancías destinadas a
comerciantes de La Habana. Es muy grande, de construcción reciente y se llama Rosalie. De su tripulación y pasajeros no se ha tenido noticia. Una investigación en los archivos del Lloyd's de Londres reveló lo que al principio parecía una simple
confusión: en los archivos del Lloyd's figuraba el Ros-
sini, un barco que hacía la línea Hamburgo-La Haba- na, como encallado en el canal de las Bahamas el día 3 de agosto. Los que iban a bordo fueron llevados a tierra, y el 17 de agosto el Rossini fue remolcado a Nas- sau por barcos de salvamento.
Y sin embargo, ¿qué había dado al corresponsal del
Times la impresión de que el Rosalie/Rossini (si es que
en realidad se trataba del mismo barco) había sido abandonado "hacía pocas horas", especialmente si los canarios de a bordo tenían tanta hambre? ¿Cómo no se había llevado el capitán sus papeles cuando fue res- catado? ¿No hubiera sido noticia en Nassau la llega- da de los pasajeros? ¿Y cuáles eran las "curiosas cir- cunstancias" a que aludían las actas del tribunal de salvamento en el caso del Rossini? (Paul Begg, Into
Thin Air, pág. 52)
Una expedición dirigida por Ludwig Leichhardt par- tió para atravesar el desierto central de Australia en marzo de 1848. Nunca se encontró el menor rastro de los hombres ni de sus más de 70 animales de carga. En 1975, un guardabosques llamado Zac Mathias lle- gó a Darwin, en el Territorio del Norte, con fotos de pinturas rupestres aborígenes que representaban hom- bres blancos y un animal; pero antes de que pudiera organizarse una expedición a las cuevas donde dijo ha- ber encontrado los dibujos, el propio Mathias desa- pareció. (Paul Begg, Into Thin Air, pág. 17; Dictio-
nary of National Biography, Vol. 11, pág. 807) La goleta holandesa Hermania fue descubierta en 1849 a lo largo de la costa inglesa de Cornualles con los más- tiles arrancados, la tripulación desaparecida sin dejar rastro y el bote salvavidas a bordo. ¿Habían sido ba- rridos todos por una ola mientras capeaban el tempo- ral? ¿habían abandonado a toda prisa el barco, cre- yéndolo a punto de hundirse? ¿O se los habían... lle- vado? (Colin Wilson, Enigmas and Mysteries, pág. 44) El James B. Chester estaba, a diferencia del Herma- nia, en perfectas condiciones cuando fue encontrado
abandonado en medio del Atlántico el 28 de febrero de 1855. La brújula y los papeles del barco habían de- saparecido, y por las trazas la gente había sacado a toda prisa sus pertenencias de los cajones; pero todos los botes salvavidas estaban en su sitio. (Paul Begg,
Into Thin Air, pág. 56)
DE 1860 A 1880
El ¡ron Mountain, un barco del Mississippi de más de 60 metros de largo, partió en junio de 1872 de Vicks- burg, remolcando barcazas cargadas de algodón y me- laza. Más tarde las barcazas llegaron flotando aguas abajo; el cabo de remolque había sido cortado, no roto ni soltado. Nadie volvió a ver al Iron Mountain ni a sus 52 pasajeros. Tampoco se encontraron restos de naufragio, ni de la parte del cargamento que iba en cubierta. (Paul Begg, Intó Thin Air, págs. 56-67)
Esta pintura del bergantín