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ALGORITHM-INDEPENDENT AND DEPENDENT CRITERIA

DENT SELECTION

DEFINITION 4.1: ALGORITHM-INDEPENDENT AND DEPENDENT CRITERIA

Mientras tanto, el problema principal que confrontamos era que el petróleo se había percollado verticalmente en el perfil del suelo afectando las raíces de los árboles de mangle y los mangles seguían muriéndose al no poderse extraer el petróleo del subsuelo eliminando su contacto con de las raíces. A mí se me había ocurrido una idea de inyectar agua al subsuelo a través de pozos para elevar el nivel freático hasta la superficie del terreno y luego remover el petróleo de la superficie. Esta medida se basaba en una teoría hidrogeológica que nunca se había probado en la práctica de la limpieza de derrames de petróleo.

Figura 16: Foto del Faro de Cabo Rojo con la playa y los mangles alrededor de Bahía Sucia como lucen después de restaurada el área.

Fuente: Google, Puerto Rico

Sorpresivamente, los huracanes David del 30 de agosto de 1979 y Federic del 4 de septiembre de 1979 pasaron al sur del Municipio de Cabo Rojo generando gran oleaje y marejada ciclónica sobre la costa de Bahía Sucia y la península de Cabo Rojo. El nivel freático del agua subterránea subió a la superficie del terreno y el petróleo flotó sobre el terreno inundado donde el

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oleaje lo batió y lo removió de la costa. Como la naturaleza ayudó a limpiar el derrame de petróleo, nos vimos apremiados a aceptar $1.2 millones por el total de costos ambientales causados por el derrame del Zoe Colocotronis. Cuando la prensa me pregunto, porque habíamos aceptamos una cantidad tan irrisoria de dinero conteste: “Remember, it’s not the money, it’s the principle”. La importancia del desenlace final del caso no era en términos de dinero, sino el establecimiento en un precedente legal para compensar daños ambientales causados por derrames de petróleo en el mundo.

CONCLUSION

Estas dos inolvidables experiencias penetraron tan profundo en nuestras conciencias que causó un cambio repentino, dramático e intenso en nuestro sentir por la naturalesa. Los compañeros que confrontamos tales sucesos de profesiones tan diferentes y distantes, como Hamilton Ramírez, un ingeniero civil; Dr. Máximo Cerame Vivas, un biólogo marino; Rafael Cruz Pérez, un ingeniero químico, Lcdo. Nicolás Jiménez, un abogado naval y este servidor, un geólogo, sufrimos una gran transformación en nuestras vidas con un surgimiento patrimonial por la conservación de los recursos naturales y la protección ambiental. Las decisiones de la Corte Federal de Distrito de Puerto Rico y la Corte Federal de Apelaciones del Primer Circuito de Boston en el caso del SS Zoe Colocotronis simbolizaron tanto para el Lcdo. Nicolás Jiménez, como para el resto del equipo de trabajo, al lograr nuestro cometido cuando emprendimos la ardua tarea de tratar de probar daños ambientales por el derrame de petróleo del buque cisterna SS Ocean Eagle el 3 de marzo de 1968.

El impacto del derrame del Zoe Colocotronis fue bastante diferente al derrame del Ocean Eagle. En el Ocean Eagle, ocurrió un accidente donde el buque cisterna se partió en dos al chocar con el fondo del canal de entrada a la Bahía de San Juan cuando era azotado por oleaje de 18 pies de altura y el petróleo escapó de sus tanques a las aguas costaneras en la Boca del Morro. El petróleo se concentró mayormente en la Bahía de San Juan, aunque también impactó la costa norte de Puerto Rico entre los Municipios de Loiza y Dorado y luego entre los Municipios de Isabela y Quebradillas. Aunque sorprendidos, desconcertados y desorganizados por no contar con procedimientos establecidos para limpiar incidentes equivalentes, la proximidad a la Bahía de San Juan facilitó la elaboración rápida de un plan exitoso para limpiar las áreas afectadas en un término de 6 meses. Nuestros mayores problemas se confrontados en la Corte Federal de Distrito de Puerto Rico, a pesar del entendimiento del juez federal de la problemática náutica y ambiental. Nuestra falta de experiencia en estos menesteres impidió probar daños ambientales en el tribunal, pues no contábamos con un marco comparativo adecuado de las condiciones ambientales previas del área afectada y no teníamos las herramientas necesarias, el conocimiento esencial y la legislación idónea para realizar una demostración apropiada entre las condiciones ambientales antes y después del incidente. Fue más fácil recobrar el excedente de petróleo en los tanques del Ocean Eagle y las concentraciones del petróleo en la costa de Cataño por bombeo directo que en las áreas impactadas por el derrame del Zoe Colocotronis. En el derrame del Ocean Eagle, no había áreas de mangle inmediatamente adyacente a la costa, ya que el Bosque de Piñones y los mangles de la Laguna Condado estaban protegidos por puentes y terrenos arenosos de playas y dunas. Al obstaculizar el acceso del agua contaminada con petróleo en los puentes de Dos Hermanos, Cangrejos y Loiza, se protegieron los ecosistemas del mangle. El efecto sobre las aves en la Bahía de San Juan fue

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devastador al perderse toda la colonia de pelicanos de la bahía. Aunque se capturaban las aves cubiertas de petróleo y se lavaban en cautiverio, los pájaros volvían a volar y estrellarse sucesivamente en el agua contaminada hasta sucumbir ante la necesidad de su alimentación. Quizás debíamos haberlos mantenidos en secuestrados y alimentados para que no volvieran a levantar el vuelo y mancharse nuevamente con petróleo hasta su muerte, pero este suceso ocurrió como un descuido imprevisto debido a nuestra poca experiencia en estos menesteres.

Al incidente del Zoe Colocotronis ser causado por el encallamiento en un arrecife costero, el derrame se produce intencionalmente por orden del capitán del barco para descargar el petróleo al mar y reducir el peso del buque con la intención de facilitar su desencallo. El excedente de la carga del buque llegó a su destino final en la refinería de CORCO para su recuperación. Al derramarse sobre el arrecife mar afuera, se impactaron varias áreas aisladas de difícil acceso en el suroeste de Puerto Rico, requiriendo el traslado del personal especializado desde San Juan y los equipos y suministros desde los pueblos cercanos. Se excavaron fosas en la playa para atrapar el petróleo y bombearlo directamente a camiones tanques para su transportación a la refinería, pero esta labor resultó ser un tanto ineficiente. En el accidente del Ocean Eagle, se bombeo eficientemente de los tanques de la embarcación y de las concentraciones del petróleo en las playas de Cataño a camiones tanques. En el incidente del Zoe Colocotonios, el petróleo a la deriva en el mar impactó diferentes playas, humedales y mangles donde se infiltró en los sedimentos del subsuelo haciendo la labor de recuperación más difícil y su impacto en los mangles devastador al no regenerar árboles nuevos. No fue hasta que pasaron dos huracanes al suroeste de Puerto Rico que la infiltración del oleaje sobre los humedales subió el nivel del agua subterránea a la superficie y batió el petróleo para removerlo del terreno.

El desenlace del caso del SS Zoe Colocotronis en el tribunal encausó la institución de la legislación federal e internacional sobre derrames de petróleo, la eliminación de aquellos tanqueros chatarras que navegaban por los océanos y el diseño de cascos dobles en los buques cisternas para incrementar su seguridad. El precedente legal me llevó a representar a los Estados Unidos de América en los tratados internacionales de derrames de petróleo del Programa de las Naciones

Unidas del Medio Ambiente (PNUMA) y a presidir tres reuniones de expertos de la Región del

Gran Caribe para desarrollar la reglamentación caribeña sobre derrames de hidrocarburos en el mar. La Junta de Calidad Ambiental de Puerto Rico aprobó el Plan de Emergencias de Derrames

de Petróleo para Puerto Rico en febrero de 1981. El Programa de las Naciones Unidas del Medio

Ambiente (PNUMA) adoptó el Protocolo Sobre la Cooperación para Combatir Derrames de

Hidrocarburos para la Región del Gran Caribe el 24 de marzo de 1983. No podría terminar este

relato, sin mencionar cientos de personas anónimas que laboraron del alba al ocaso luchando unidos como un gran equipo olímpico para remediar ambos desastres y que nos sería imposible de desglosar todos sus nombres en esta narratoria. Incuestionablemente, el Pueblo de Puerto Rico tiene una inmensa deuda de gratitud con todas estas personas que se dieron a la ardua tarea de restaurar el entorno natural de las costas de la Isla del Encanto renovando el medio ambiente, salvaguardando la calidad de la vida y asegurando el bienestar de la sociedad puertorriqueña.

REFERENCIAS

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* SEMBLANZA DEL AUTOR

El autor Pedro A. Gelabert Marqués nació en Arecibo, Puerto Rico el 10 de septiembre de 1933. Es un geólogo graduado de la Universidad de Tulane y la Escuela Graduada Rackham de la Universidad de Michigan. Trabajó para las siguientes agencias estatales y federales y la empresa privada: (1) Asistente en Ciencias Físicas, U.S. Geological Survey, 1956-59; (2) Geólogo, Jefe División de Suelos y Geología, Departamento de Obras Públicas, 1960-69; (3) Secretario Ejecutivo, Comisión de Minería, Oficina del Gobernador de Puerto Rico, 1970-72; (4) Presidente de Servicios Ambientales de Puerto Rico, Inc.; (5) Director Ejecutivo y Presidente de la Junta de Calidad Ambiental, 1977-84; (6) Director, Caribbean Field Office, U.S. Environmental Protection Agency, 1985-92; (7) Secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, 1993- 96; (8) Coordinator, Wider Caribbean Region, Office of International Affairs, U.S. Environmental Protection Agency, 1997-2005. y (9) Presidente, Junta de Directores, Corporación para la Conservación del Estuario de la Bahía de San Juan (Corporación sin fines de lucro), 2006- presente y (10) consultor en geología ambiental desde su retiro del gobierno federal en 2005 al presente.

Fotografía de Pedro A. Gelabert explorando el Volcán Halekala en la Isla Maui de Hawái.