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Frondizi no había abandonado todavía Nueva Delhi, cuando recibió una invitación del presidente Kennedy para que, en el viaje de regreso a la Argentina, hiciera escala en Estados Unidos para mantener una entrevista. Los detalles de ésta fueron concluidos en Tokio, acordándose que tendría lugar en Palm Beach, Florida, la víspera de Navidad.

Tanto los círculos políticos como algunos medios de prensa de Estados Unidos especularon que el nuevo encuentro entre Kennedy y Frondizi giraría en torno de la conferencia de cancilleres, en busca de lograr una coincidencia que provocara una enérgica expresión de censura contra el régimen cubano. La admisión por Castro de su marxismo-leninismo era suficiente para justificar las medidas colectivas contra su régimen. El diario Miami Herald señalaba la incongruencia del gobierno argentino que había otorgado su respaldo a las sanciones contra la dictadura de derecha de la

34 Telegram From Department of State to All Posts in the American Republics, Washington, 20-

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República Dominicana y, en cambio, no quería comprometer su posición respecto de Cuba.35

Kennedy envió su avión de la fuerza aérea para recoger a Frondizi y su comitiva en Nueva Orleáns. Acompañaron al presidente el canciller Cárcano, el subsecretario Oscar Camilión, el embajador del Carril, y Ortiz de Rozas.

Kennedy inició la conversación señalando que la situación en el continente a raíz de la cuestión cubana hacía imperativa una discusión franca.36 Tanto su administración como el Congreso percibían con mucha preocupación la penetración soviética en el continente, utilizando los servicios de Cuba como satélite. Kennedy repitió el argumento de la influencia negativa que podría tener la pasividad de la OEA en el Congreso, cuando éste votara los fondos para la Alianza para el Progreso. Mencionó además un agravante: que la cuestión había adquirido tal magnitud en Estados Unidos que, si no se lograba algo, el futuro de la administración demócrata podía verse seriamente afectado. Estados Unidos había renunciado a tomar actitudes unilaterales, incluso la intervención armada, luego del error de la invasión de abril, por lo cual deseaba colaborar en la búsqueda de una solución común. No era Estados Unidos el gobierno más agresivo en la política hacia Cuba, ya que los países del Caribe, particularmente Venezuela, deseaban fórmulas drásticas. El gobierno norteamericano veía con buena predisposición la posición de Colombia, en el sentido de que era preciso aplicar una sanción al régimen de Castro y que la medida más indicada era la ruptura colectiva de relaciones con La Habana. El presidente norteamericano quería conocer la posición de Frondizi y, a su juicio, la que asumirían Brasil y Chile, ante el nuevo hecho de haberse aprobado la reunión de consulta.

La actitud de Frondizi fue conceder que la cuestión de Cuba era un problema hemisférico para fundamentar en esa premisa una serie de reclamos al gobierno norteamericano, que había procedido en abierta contradicción con lo que expresaba. El gobierno argentino se había enfrentado a hechos consumados como el de Bahía de Cochinos o el de las cartas cubanas -que resultaron ser falsas- o el apoyo dado por Estados Unidos a la moción colombiana presentada en el Consejo de la OEA, frente a los cuales los países más importantes del hemisferio no habían sido consultados. Ahora,

35 Visita del presidente argentino, doctor Arturo Frondizi, a los Estados Unidos (entrevista con

John F. Kennedy en Palm Beach), 24-XII-1961, Fondo CEN, caja 543.

36 Entrevista entre el presidente de los Estados Unidos de América, John F. Kennedy, y el

presidente de la Nación Argentina, Dr. Arturo Frondizi, celebrada en Palm Beach el 24-XII- 1961; Conversaciones con el presidente Kennedy, Fondo CEN, caja 628; Telegram From

Department of State to the Embassy in Argentina, Washington, 26-XII-1961, FRUS, op. cit.,

doc. 127; Ortiz de Rozas, op. cit.; Carlos Ortiz de Rozas, Confidencias diplomáticas, Buenos

Aires, Aguilar, 2011, cap. VI. Debido al retraso sufrido por el intérprete norteamericano, Ortiz de Rozas fue invitado a oficiar de traductor para ambas partes.

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resuelta la convocatoria sobre la base del TIAR, y no de conformidad a la Carta de Bogotá, aparecía la posibilidad de sanciones a Cuba bajo la forma de una ruptura colectiva que, en opinión del presidente argentino, consolidaría el aislamiento de Cuba y su total incorporación a la esfera soviética.

Frondizi hizo notar, además, el hecho de que trece países ya habían roto relaciones con Cuba, por lo cual la conferencia se haría para obtener el voto de un solo miembro, con el cual se alcanzarían los dos tercios necesarios para aprobar la ruptura. Los restantes miembros de la OEA debían descartarse porque eran contrarios a las sanciones. La Argentina se hallaba en permanente consulta con varios países, especialmente Brasil y Chile, y lo expuesto era también el sentir de sus respectivos gobiernos. La solución no sería duradera si Estados Unidos no se ponía de acuerdo con los tres o cuatro países más importantes del continente para formular en conjunto una política adecuada.

El presidente argentino mencionó también la existencia de un factor interno que limitaba su posición: en la Argentina, en ese momento, no había un problema cubano y el pronunciamiento del gobierno en un sentido o en otro respecto de Cuba provocaría una división seria entre los argentinos.

No obstante, ante la confirmación de la convocatoria de la reunión de consulta, Frondizi propuso dos salidas: un intenso trabajo de consultas entre las cancillerías para lograr una solución que alcanzara un apoyo unánime y un decidido impulso a la Alianza para el Progreso.

Kennedy sugirió que la Argentina procurara convencer a Colombia, por un lado, y a Brasil y Chile, por otro, para que aceptaran una posición compartida en la reunión de consulta. Estados Unidos apoyaría cualquier resolución que contara con la unanimidad o con el respaldo de la mayoría. El presidente norteamericano pidió que se le hiciera llegar por medio del embajador del Carril un proyecto de resolución argentino y otro documento con las observaciones que se creyeran pertinentes.

Frondizi se quejó de la continua interferencia del Pentágono en ciertos sectores argentinos, especialmente en las fuerzas armadas, que eran una fuente interminable de planteos y dificultades para su gobierno. Paradójicamente Kennedy reveló interferencias parecidas pero, como expresó Frondizi, la diferencia radicaba en que en Estados Unidos no ponían en peligro la estabilidad del gobierno. En virtud de su disconformidad con la actuación del embajador Rubottom, Frondizi solicitó a Kennedy la posibilidad de mantener un contacto frecuente y directo sin la participación del diplomático. Kennedy prometió reemplazar al funcionario y dio al presidente argentino el nombre de una persona de su confianza a través de la cual podrían comunicarse.37

37 Ortiz de Rozas

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Los presidentes abordaron luego otros temas, particularmente la situación del frigorífico Wilson, la huelga ferroviaria, la posición del peronismo y la evolución del desarrollo económico argentino. Kennedy evidenció estar muy bien informado al respecto.

El presidente argentino remarcó su desacuerdo con el enfoque que se quería dar a la Alianza para el Progreso, poniendo el acento en proyectos sociales en lugar de desarrollar las estructuras económicas de base de los países latinoamericanos, como hemos explicado con anterioridad. Si la asistencia se encauzaba hacia aquellos países que habían alcanzado un desarrollo relativo, éstos podrían, a su vez, ayudar a sus vecinos. “Con la Alianza para el Progreso ustedes deben evitar hacer peronismo a escala americana”, dijo Frondizi, frase que debió aclarar. Kennedy advirtió que no podía disponer por voluntad propia de los fondos, dado que éstos debían ser aprobados por el Congreso y el Senado era muy exigente en la autorización de las partidas. No obstante, el presidente norteamericano trataría de agilizar los mecanismos burocráticos.

Los esfuerzos de Frondizi para acelerar el desarrollo económico recibieron un elogio de Kennedy, quien señaló que eran de importancia no sólo para la Argentina, sino para toda la región. Formaba parte del interés nacional norteamericano que países como la Argentina lograran sus objetivos económicos en un marco de libertad y vigencia democrática. Para el resto de los países, el ejemplo argentino sería el mejor antídoto contra ideologías extrañas. “Por eso –sostuvo Kennedy- su éxito será nuestro éxito y desde ahora quiero comprometer el apoyo sin reservas del gobierno norteamericano y sin límites en cuanto a la ayuda que podamos proporcionarle”.38

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