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4.3: Detail of Cladistics Analysis

4.3.3 Algorithm used in Cladistics Analysis

Cuando se habla de educación, cada vez más se hace referencia a la idea de potenciar la capacidad crítica de los educandos sobre las diferentes

informaciones que reciben. El gran incremento de la variedad de fuentes de información que ha traído consigo el impulso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, hace más importante si cabe, el hecho de que las personas dispongan de esa capacidad para analizar la información, saber de dónde proviene y que tipo de intereses puede esconder detrás. “El sentido crítico es una premisa básica de la libertad de los sujetos, en tanto que es esa capacidad de discernimiento y juicio propio la que otorga una autonomía en la toma de decisiones”. (Estupiñan, 2000, p.61).

Ballesta (2002) ensalza la necesidad de relacionarse con las nuevas tecnologías de la comunicación desde una postura crítica que cuestione permanentemente la función de los medios de comunicación y como tratar los productos mediáticos que se encuentran en la sociedad. Considera que la educación en nuevas tecnologías y medios desarrollará un papel determinante en el reparto de poder y ayudará a la ciudadanía democrática a dar valor a la información que reciben.

¿Porque es necesario este sentido crítico en las sociedades democráticas donde existe la libertad de expresión si se presupone que los medios de comunicación actúan libremente? Respuesta sencilla, porque las formas de pensar que promueven los medios no son ni por asomo neutrales. En sociedades donde los flujos informativos son constantes y de gran alcance, controlar la información es un elemento determinante del poder. Existen varios caminos por los cuales el capital puede controlar, manipular, condicionar la información que recibe una sociedad a través de los medios de comunicación. Por ejemplo, con los contratos de publicidad en un medio con la condición implícita de impunidad informativa, maniobra frecuente en muchas empresas. Una forma que tienen los bancos de controlar la información es gracias a su posición como tenedor de deuda, el mismo chantaje al que someten a los partidos políticos (Ballesta, 2002).

Pero sin duda la forma más directa y evidente que tiene el gran capital de controlar la información, de crear en la sociedad estados de opinión que sean favorables a sus intereses, es con la propiedad de esos medios de

comunicación. Echando un rápida ojeada a la estructura de propiedad de los medios de comunicación se comprende rápidamente la homogeneidad

ideológica de la sociedad, instalada en el pensamiento único conservador. La diversidad se reduce a matices, a cuestiones secundarias. La importancia determinante de los medios de comunicación en la formación y control de la conciencia social de un pueblo era ya evidente hace varios siglos. En el mundo actual, un volcán de información, el control de la misma es absolutamente necesario para que el capital consiga perpetuarse.

La información que recibimos, cada vez más mascada, digerida y deglutida, condiciona nuestro voto y, por lo tanto, la democracia. Hay dos formas de incidir en la opinión de las personas, mediante manipulación de la información directa o indirecta. La manipulación directa es aquella que directamente altera la descripción de los hechos sucedidos que se pretenden difundir para

condicionar la interpretación que se puede hacer. La manipulación indirecta es incluso es aquella que se da en un contexto cultural concreto y se juzga desde una perspectiva cultural diferente o de forma imparcial. De esta última es un buen ejemplo el trato que se dio a unas imágenes sobre ablaciones de jóvenes africanas que se calificaron de tortura y mutilación cuando es su contexto cultural en esos casos se felicita a estas jóvenes (Estupiñan, 2000). Otro ejemplo llamativo es cuando en muchas ocasiones se puede observar titulares como “Un ecuatoriano mata a su mujer a cuchilladas en su casa de Bilbao” (2011), como si el hecho de ser ecuatoriano influyese para que mate a cuchilladas a su mujer. Estas son dos formas claras de crear una imagen negativa sobre ciertos colectivos, adulterando la interpretación que puedan hacer los posibles receptores de la información añadiendo juicios de valor en el mensaje.

En los primeros 18 años de vida los jóvenes pasan más tiempo delante de una televisión o jugando a videojuegos que realizando cualquier otra actividad que no sea dormir. Este hecho nos obliga a considerar el enorme papel “educativo”

que llevan a cabo estos medios, y por lo tanto se debe dar importancia a poder comprender y reflexionar sobre lo que se recibe.

Los medios tienen una importancia ideológica tan enorme que se hace necesaria una educación audiovisual con urgencia en las escuelas porque quienes controlan y trabajan en los medios no sólo tienen poder para fijar prioridades, ofrecer explicaciones y construir sus propias versiones de los acontecimientos , sino que además tienen la capacidad mucho más importante, de proyectar estos acontecimientos como naturales y auténticos, sencillamente como una parte de la manera de ser de las cosas.(Masterman, 1993, en Ballesta, 2002; p.5)

Actualmente son muchas las personas que presentan dificultades para

comprender los mensajes que se transmiten en los medios de comunicación, hasta el punto que autores como Ballesta (2002) afirman que hasta la población con altos niveles formativos (universitarios) tiene dificultades para interpretar y dar sentido a la información que reciben. Por eso afirma que es necesario que todo el mundo sea capaz de entender un telediario, pero no simplemente teniendo conocimientos mínimos en diferentes aspectos, sino utilizando una capacidad de interpretar y valorar la información recibida que le otorgue un criterio de credibilidad sobre las fuentes informantes.

La escuela en la Sociedad de la Información debe promover, por un lado, una postura reflexiva ante las significaciones que recibimos de los medios de comunicación y, de otro, generar espacios para pensar los medios y recrear sus productos... Más que transmitir información, la función educativa de la escuela contemporánea debe orientarse a provocar la organización racional de la información fragmentaria recibida (Javier Ballesta, 2010, p.8 y 10).

En España, la problemática se acentúa debido a la enorme concentración en el sistema de comunicación del país, donde los medios de propiedad privada monopolizan las fuentes de información imposibilitando que los

ciudadanos conozcan con transparencia la realidad económica en la que viven (Navarro et al., 2011).

En definitiva, las instituciones educativas deben contribuir a formar ciudadanos más críticos y responsables para poder ejercer el derecho de libertad individual y contribuir con la democracia. No solo la escuela debe asumir esta responsabilidad, ya que los adultos también se están encontrando ante un nuevo analfabetismo, por lo que requieren de soporte y herramientas para afrontar la nueva realidad. Un colectivo que actúa tanto con niños como con adultos con necesidades educativas y en situación de vulnerabilidad son los educadores sociales. Su importancia como actores en estos procesos es tan grande que requiere de un análisis mucho más profundo de su papel.