Maximum Likelihood Estimation of the I(2) Model under Linear Restrictions
Theorem 1. Consider the model:
4. Algorithms for Gaussian Maximum Likelihood Estimation
OBJETIVO: Rescate de rehenes y ejecución de secuestradores. POSICIÓN: Vuelo Air France 139 en Entebbe, Uganda. FECHA: 4 de julio de 1976.
A la una de la mañana del domingo 4 de julio de 1976, un equipo de rescate formado por comandos de paracaidistas israelíes de la unidad
Sayeret Matkal y kidones del Metsada expertos en operaciones especiales y ejecuciones, liberaban a los rehenes retenidos en el vuelo 139 de Air France en el aeropuerto ugandés de Entebbe. La operación «Rayo», como fue conocida, duró tan solo noventa minutos, mientras en Maryland, los oídos electrónicos de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) detectaban conversaciones en hebreo entre los pilotos de los cuatro gigantescos Hércules y de los dos Boeing 707, con los comandos y kidones que combatían en las instalaciones aéreas.
Para los agentes de la NSA y para el propio Secretario de Estado, Henry Kissinger, el cual había abandonado las celebraciones oficiales del bicentenario de la independencia de los Estados Unidos, que se celebraban en la Casa Blanca, aquellos sonidos si tenían sentido. Unas horas antes el propio Kissinger había hablado por teléfono con el entonces jefe de gobierno, Isaac Rabin siendo informado de la operación de rescate en Entebbe, así como la ruta que llevarían los aviones de transporte de los comandos del ejército y del Metsada.
Todo había dado comienzo a las 6.17 de la mañana del 27 de junio. Una mujer de unos treinta años, con los ojos enrojecidos y con profundas marcas en la cara debido al acné, permanecía silenciosa y apartada en la sala de espera de Air France. Al lado, un hombre, que se hacía pasar por su pareja no dejaba de mirar inquietamente de un lado a otro de la sala. Ambos habían llegado a Atenas procedentes de Bahrein, en el vuelo 763 de la Singapore Airlines.
Otra pareja de jóvenes también procedentes de Bahrein se disponía a subir al vuelo 139 que procedente de Tel Aviv y con destino final, París, hacia escala técnica en Atenas. Las medidas de seguridad griegas no eran muy severas así es que los cuatro abordaron el Airbus francés con armas, en sus maletines y bajo sus ropas. Mas tarde el Mossad identificaría a los cuatro, como Brigitte Kuhlmann, una terrorista de 29 años y que pertenece al grupo terrorista de extrema izquierda Celula Revolucionaria (Revolutionäre Zellen o ZR), un grupo que se autodefine como «guerrilla urbana»; su compañero, Wilfried Böse, un miembro liberado de la banda Baader-Meinhof. La otra pareja la formaban dos miembros del Frente Popular para la Liberación de Palestina- Comando Especial (FPLP-CE). Al entrar en el avión, la mujer ocupó un asiento en primera clase, y los otros tres lo hacían en los extremos de la fila de asientos que formaban la clase turista. A las 12.15 de la mañana, un grito despertó a los amodorrados viajeros que intentaban dormir. La cortina de primera clase se abrió, apareciendo la azafata con rostro asustado, tras ella, Kuhlmann con una pequeña pistola.
Kuhlmann, quien parece la líder del grupo de secuestradores, se identifica como miembro del grupo «Unidad Gaza» del FPLP-CE. En la parte trasera del avión dos terroristas con pistolas en una mano y granadas en la otra. Poco después el vuelo AF139 ha desaparecido de los radares del control del espacio aéreo yugoslavo.
E l memuneh del Mossad, Isaac «Haka» Hofi y el jefe del Aman (Inteligencia militar) Shlomo Gazit, son los encargados de informar de la desaparición del Airbus francés al primer ministro Rabin. «El aparato que despegó del aeropuerto Ben Gurion con gran número de pasajeros israelíes ha sufrido un accidente o ha sido secuestrado», afirmó tajante Hofi. El ministro de transportes, Gad Yaakobi, un economista de 41 años, llamó por teléfono al jefe de seguridad del aeropuerto Ben Gurion para que remitiese a su oficina la lista de pasajeros israelíes y judíos que volaban en el AF139.
«Si el avión ha sufrido un accidente, será el ejército quien se haga cargo del asunto, pero si ha sido secuestrado, será usted, amigo Gad quien se encargue de la información del asunto con la ayuda del Mossad», ordenó Rabin.
La lista de pasajeros llegaba a la oficina del Primer Ministro, informando que en el vuelo viajaban 245 pasajeros, más doce miembros de la tripulación. El Mossad sabia que de ellos, 38 eran judíos, aunque no podían saber cuantos judíos de otras nacionalidades volaban en el 139. Hofi informó también a Rabin que un número indeterminado de árabes había subido al vuelo en Atenas procedentes de un vuelo de las líneas aéreas de Singapur.
«¿Cree usted que ha sido un secuestro?», preguntó Rabin. «Un cien por cien de seguridad», respondió el director del Mossad. «Estamos seguros», confirmó Shlomo Gazit, jefe del Aman.
Mientras, París se encontraba con la peor ola de calor de los últimos cincuenta años, el presidente Valery Giscard D’Estaing, volaba hacia Puerto Rico, para celebrar una cumbre con el presidente de los Estados Unidos, Gerald Ford. Con el mandatario francés volaban también los ministros de Interior, Defensa y Asuntos Exteriores, los cuales debían hacerse cargo de la información del secuestro del vuelo de Air France. Mientras, en los rótulos del Charles de Gaulle, la palabra «retrasado» era colocado en la línea que indicaba «AF139-TLV-París».
A la misma hora, que debía aterrizar en París, el vuelo secuestrado tomaba tierra en el aeropuerto libio de Bengasi. El Mossad confirmó sus temores sobre el 139, al recibir en su cuartel general un comunicado de un katsa de la unidad Dardasim que operaba en Trípoli, informando que un vuelo no previsto de Air France había aterrizado para repostar combustible en el aeropuerto libio. Tras ser informado el Primer Ministro, se ordenó la creación de un comité de emergencia formado por el propio primer ministro Rabin; el memuneh del Mossad, Isaac Hofi; el jefe del Aman, Shlomo Gazit; el ministro de Transportes, Gad Yaakobi; el director de El Al, Mordechai Ben-Ari; el ministro de Defensa, Shimon Peres; y el jefe del Estado Mayor, General Motta Gur.
Isaac Hofi, sabía a ciencia cierta que los secuestradores estaban bajo el mando de Wadi Haddad, jefe de operaciones del FPLP-Comando Especial, una escisión del FPLP de George Habash. Hadad había conseguido huir de un atentado preparado por el kidon, los asesinos del Mossad, en el Líbano, refugiándose en un país africano desde el que dirigía los secuestros de aviones. Pero fuese como fuese los katsas del Mossad estacionados en África y Europa, estaban a la espera de algún signo providencial.
Este signo apareció, cuando el servicio secreto británico MI6, informó a la estación del Mossad en Londres que una de las pasajeras había sido liberada por los secuestradores. Patricia Heyman, con pasaporte británico aunque con residencia real en Israel, estaba embarazada y por ese motivo había sido puesta en libertad del vuelo 139. Nada más llegar a la capital británica en un vuelo de la Libyan Airlines, la joven fue trasladada a la comisaría del aeropuerto de Heathrow, en donde miembros de la unidad LAP (Lohamah Pscichlogif) expertos del Mossad en interrogatorios la estaban ya esperando. Heyman informó a los agentes israelíes que los secuestradores eran cuatro y que estaban bien armados con pistolas, granadas y material explosivo camuflado en latas de dátiles que habían colocado en las puertas del avión para hacerlas estallar si alguien intentaba una misión de rescate. En el informe final el jefe de la estación de Londres informaba a Hofi y al ministro de Defensa Peres, que el destino final del avión sería un país de África Central aún sin determinar. El 28 de junio, Isaac Hofi ya sabía que el vuelo AF139 había tomado tierra en el aeropuerto ugandés de Entebbe, su destino final.
El memuneh informó a Peres que dentro de la tragedia que estaban pasando los pasajeros del avión, Entebbe era el mejor lugar donde podía haber aterrizado. Pocos años antes, los pilotos de las Fuerzas Aéreas israelíes (IAF) habían entrenado a los pilotos ugandeses en el manejo del avión de fabricación israelí, Westwind. En los equipos de pilotos enviados al país africano fueron infiltrados katsas del Mossad que se dedicaron a fotografiar todas las instalaciones del aeropuerto, así como a levantar planos de las mismas.
«También hay que contar, que los terroristas cuentan con el apoyo personal del presidente Amin», confirmó Hofi, «tan solo podemos contar con el apoyo de Kenia, mientras que los terroristas cuentan con una buena organización en Uganda y Somalia».
Peres se agachó sobre los grandes mapas desplegados en la mesa, centrando su atención en Yibuti, aun bajo dominio francés. El ministro de Defensa llamó por teléfono a su colega de Exteriores, Igal Allon para que informase oficialmente a los franceses sobre la posibilidad de repostar combustible en su base del cuerno de África y pidió a Isaac Hofi que informase extraoficialmente al servicio secreto francés, el SDECE, sobre el mismo asunto. Mientras tanto, el jefe del Mossad y el general Gur comunicaron a los jefes de operaciones que se situasen en «Luz del Día» el máximo estado de alerta de los agentes del servicio secreto israelí.
En la madrugada del 29 de junio, las estaciones del servicio secreto israelí en Londres, Roma, París, Bonn y Atenas informan que los otros tres secuestradores no identificados son Wilfried Böse, un anarquista alemán y amigo de Carlos Ramírez «El Chacal»; Fayez Abdul Rahim Jaber, nacido en Hebrón en 1930 y fundador del grupo «Héroes del Retorno» ligado al FPLP-Comando Especial; y Jayel Naj Al-Arjam, también miembro del FPLP-CE. El Mossad tenia fichado a Jaber. En el largo currículo de terror de Jaber, aparecía el ataque contra un avión de las líneas aéreas norteamericanas Pan-Am en diciembre de 1973 en el que perdieron la vida treinta y una personas.
Isaac Hofi necesitaba la mayor información sobre el lugar en donde había aterrizado el avión, para lo que decidió activar a las unidades 504, 8200 y 8513, encargadas de recoger información sobre ámbito militar, la primera; interceptaciones de comunicaciones, la segunda, e información fotográfica, la tercera, pero también necesitaba ganar tiempo.
En la tarde del 29 de junio, el comando transmitió a través de Radio Kampala, la lista de los terroristas que deberían ser liberados a cambio de los pasajeros del AF139. Cuarenta presos en Israel, seis en la República Federal de Alemania, cinco en Kenia, uno en Suiza y otro más en Francia. Isaac Rabin, junto con Allon, Peres y Hofi estaban de acuerdo en que recibirían el apoyo de Francia y Suiza, pero no sabían si el gobierno de Bonn y Nairobi accederían a liberar a los terroristas detenidos en sus cárceles.
De pronto una nueva sorpresa surgió cuando los katsas de las estaciones africanas comenzaron a transmitir que los secuestradores del avión francés estaban poniendo en libertad a un número indeterminado de rehenes. Efectivamente los informes se confirmaron cuando la estación París, comunicó que 47 pasajeros habían llegado y puestos bajo la protección del servicio secreto francés, la SDECE. En los interrogatorios estaban presentes tres katsas del Mossad, uno de ellos era Ariel L. Un kidon destinado en operaciones especiales y que más tarde tomaría parte en el asalto al Airbus.
En el resumen que de los diferentes interrogatorios se hizo, se descubrió que los judíos habían sido separados del grupo principal. Por fin Isaac Rabin dio luz verde a la llamada opción B, la alternativa militar, para liberar a los rehenes israelíes y judíos del 139, así como la conexión del Kidon.
En Bersheba, al sur del país, los comandos del ejército israelí y los miembros de los equipos de operaciones especiales del Metsada se entrenaban duramente. Varios ingenieros y arquitectos habían sido llamados en secreto para reconstruir a escala original el aeropuerto de Entebbe en el desértico paraje.
Al mando de ambos equipos se puso al joven general de 39 años, Dan Shomron, el que fuera años mas tarde jefe del Estado Mayor de Israel durante la Guerra del Golfo. Para evitar que los servicios secretos extranjeros detectasen la conexión de Shomron, se decidió que éste se retirase a una casa en Ramat Gan, un barrio de los suburbios de Tel Aviv, bajo la protección de los katsas de Hofi. Cada día el general era informado de los avances o retrocesos de las negociaciones por el Jefe del Estado Mayor, Mordechai Gur; el propio Isaac Hofi o por el asistente del ministro de defensa, Israel Tal.
Pronto en la jefatura de la misión, comenzaron a surgir serios problemas cuando Shomron discutió con algunos de los miembros de operaciones especiales del Mossad y en especial con los asesinos del Metsada, sobre la forma de llevar a cabo el rescate. Fue necesaria la intervención del todopoderoso Hofi, para que se calmaran los ánimos.
Hofi ordenó a tres de sus agentes que viajasen a Nairobi para comenzar los contactos con las autoridades. Los katsas que llegaron a Kenia con pasaportes británicos eran Uri Delard, Dan Kovek y un gigante llamado Ariel Kleimann. El presidente Jomo Kenyatta, dio el visto bueno a los tres katsas, permitiéndoles incluso interrogar a dos terroristas de nacionalidad alemana que habían sido detenidos pocos meses antes, cuando intentaban atacar un avión de El Al en Nairobi. Delard, el jefe del equipo, informó a Hofi, que el gobierno de Kenia mostraba todo su apoyo a la causa, aunque no podría asegurar que Kenyatta mostrase la misma predisposición a permitir el aterrizaje de aviones militares israelíes en sus aeropuertos y más cuando estos se dirigían a una acción bélica.
El 1 de julio, el Comité de Emergencia se reunió en la sede del Ministerio de Defensa sobre las siete de la mañana, para analizar toda la información recibida de las diferentes estaciones del Mossad. Una hora y media después el gabinete votó por unanimidad conceder la máxima autoridad al Comité de Emergencia, lo que daba rienda suelta a Isaac Hofi y por consiguiente a los kidones del Metsada. Tras esta reunión el ministro de Exteriores, Igal Allon, decidió informar al embajador Gazit en París, que el gobierno había decidido discutir con los secuestradores la puesta en libertad de los terroristas que Israel tenia en su poder y que así se lo debía comunicar al gobierno francés. La idea de este comunicado, era la de ganar tiempo, para evitar que Francia tomase alguna decisión que pusiese en peligro la operación «Rayo», la cual aún no había sido decidida pero que cada vez se veía más cercana debido al escaso resultado obtenido por el gobierno israelí con la opción A, es decir la diplomática.
A la una de la tarde, Radio Kampala, anunciaba la decisión de los secuestradores de extender el ultimátum hasta el domingo 4 de julio. Había que tomar una decisión cuanto antes.
El mismo jueves, fue un día duro para Rabin cuando una delegación formada por los familiares de los rehenes exigieron en su despacho, que Israel negociase cuanto antes para que estos pudiesen regresar a sus hogares. En la misma reunión estaba Isaac Hofi, aunque no abrió la boca, hasta que la delegación salió del despacho.
«Es necesario dar luz verde a la opción B», dijo Hofi, «se nos acaba el tiempo». Rabin supo entonces que se encontraba entre la espada y la pared y que debía tomar una decisión. Mientras tanto, sus comandantes y los kidones del Metsada seguían entrenándose en el sur del país a la espera de la decisión del jefe del gobierno.
«Si hay que hacerlo, debe ser el domingo. Amin, es un hombre al que le gusta controlar personalmente a su ejército y ese domingo, él estará en la conferencia cumbre de los estados africanos para completar su mandato como presidente de la OUA», dijo Rabin. Mientras esto sucedía en Tel Aviv, katsas del Mossad llegaban a Nairobi en el vuelo de El Al vestidos como hombres de negocios. Yerucham Amitai, un veterano piloto de la IAF, había entrenado a los pilotos ugandeses hasta que los rusos y sus Migs entraron en acción. Incluso habían sido los ingenieros israelíes quienes habían realizado las obras de ampliación del aeropuerto de Entebbe, para dar cabida a los cazas soviéticos.
Nuevamente el MI6 informa a la estación del Mossad en Londres que los secuestradores han liberado a 101 rehenes. Los agentes de la unidad LAP se desplazan al aeropuerto en donde tras interrogar a los liberados se descubre que los terroristas han retenido únicamente a los miembros de la tripulación y a los judíos. La palabra seleksia volvía a aparecer en las mentes de Israel, treinta años después, la misma que utilizasen los miembros de las SS al enviar a los judíos a las cámaras de gas desde los andenes de trenes en Auschwitz.
Otro pasajero informó a un katsa de LAP que el Airbus había sido bautizado con el nombre de Arafat y que la terrorista alemana había requisado los pasaportes de los pasajeros separando los de nacionalidad israelí y los de aquellos no israelíes que tenían apellidos judíos.
Durante todo el día, los rehenes eran vigilados tanto por los terroristas como por los soldados ugandeses armados con ametralladoras. Los agentes del Mossad, realizaron un croquis muy preciso con los interrogatorios realizados a los liberados. En el informe transmitido a Isaac Hofi, sus
katsas le indicaban que los rehenes estaban las 24 horas del día rodeados por tres círculos de seguridad; el primero lo formaban los terroristas; el segundo, miembros de la oficina de Kampala del FLP (Frente de Liberación Palestina); y el tercero, por soldados ugandeses.
Cada día, Isaac Rabin presionado por Isaac Hofi, estaba mas convencido de que la opción B era la mas indicada para solucionar el secuestro del 139. El viernes 2 de julio, el jefe de gobierno estaba ya decidido a que sus hombres asaltasen el aeropuerto de Entebbe y liberasen a todos los rehenes, israelíes y franceses. Desde entonces, al cuartel general del «Instituto» comenzó a llegar información desde las estaciones de Mossad en París, con información técnica detallada del Airbus; sobre el terrorista Wilfried Böse desde Bonn; y sobre los palestinos, desde Montreal. Toda esta información era pasada a través de un filtro, que desechaba la inútil y transmitía la útil, para ser colocada en el lugar que le correspondía.
En su despacho en Tel Aviv, Peres mantenía una reunión de urgencia con su comandante en jefe, Mordechai «Motta» Gur. «Solo hay que decidir el cuándo y a que hora», dijo Gur, pero Peres esperaba el informe de Isaac Hofi para pasar su visto bueno a la opción B a Rabin. A última hora de la tarde el memuneh apareció en el despacho con una sola hoja de papel. Ese era el informe final. El documento se dividía en cinco puntos claros:
1. El presidente Amin, está disfrutando de publicidad y lo que está claro es de que Israel no tiene ninguna posibilidad de conseguir cooperación del dictador africano.
2. El Mossad sabía que seis dirigentes terroristas habían viajado en coche desde Somalia a Kampala. El presidente Amin había hablado del