4. COOPERATIVE MANIPULATION OF OBJECTS VIA COMPLIANT, UN-
4.4 Algorithms for the MOCCT problem
La primera semana de Julio de 1974, nos dió grandes sorpresas; aún recuerdo como se hubiese sido ayer la salida que hicimos a raíz de un mensaje que decía que se aceleraba nuestra preparación por lo que nos acercábamos a la fase Xendra. De esto, no daban en la comunicación mayores detalles, lo único que decían era que incorporáramos dietas de frutas días antes de las salidas y que asistiéramos en número de siete personas, siempre los más antiguos juntos. Esto se debía a que ya el grupo había aumentado duplicándose el número original y con ello la capacitación no había sido uniforme en todos. Ya Charlie, mi hermano, recibía algunos de los
mensajes para las salidas que realizábamos, no teniendo, necesariamente, que ser yo el antena oficial.
Como ya era costumbre, siempre llegábamos antes de las citas, para tener tiempo de organizarnos y ubicarnos bien en el terreno. En esa oportunidad fuimos en la camioneta de la familia Perret, miembros nuevos del grupo; por la Carretera Panamericana Sur, al poblado de Papa León XIII a escasos tres kilómetros de Chilca. Eran las 6:30 p.m. cuando dejamos estacionado el carro, de allí nos dirigimos hacia "la Mina" a unos quince minutos de donde nos encontrábamos. Debíamos llegar a las 7:00 p.m. al lugar, hora convenida previamente para la experiencia de aquella noche. Salimos a pie por las afueras de Papa León, sincronizando antes los relojes para calcular nuestra llegada con exactitud. El suelo arenoso nos retrasaba el avance; la noche bien despejada nos daba marco espectacular para el encuentro, cuando en lo que estaba conversando con Cuqui --un buen amigo que había llegado a nosotros a través del I.P.R.I.- me encontré físicamente parado en la Mina, sin poderme explicar aquel extraño caso de teletransportación me dejé invadir por el temor, además, analizaba mi situación y cotejaba con mi reloj la imposibilidad de encontrarme en aquel sitio, pues aún no había transcurrido ni siquiera un minuto de que habíamos empezado a caminar. Lo único que atiné a hacer en aquel momento, fue tratar de volver por donde debía haber venido, procurando encontrarme en el camino con el resto, quienes a su vez notaron mi inexplicable desaparición y se pusieron a buscarme de inmediato, pensando que me había adelantado corriendo, cosa que era definitivamente imposible debido a que Cuqui me perdió de vista tan sólo un pestañar de ojos.
Queriendo volver, di un rodeo a la Mina, pendiente de la primera luz de linterna que apareciera. Fue en ese momento en que divisé a lo lejos, detrás de la colina, una extraña luminosidad que después, en la medida que avanzaba, acercándome, se iba perfilando como una luz a manera de media luna, de unos diez metros de diámetro, que permanecía fija y concentrada sin iluminar a su alrededor. De primera impresión pensé que se trataría de una nave que había aterrizado, pues no tenía el aspecto de una hoguera ni el tamaño de una linterna. Me quedé quieto observando aquella luz, cuando de pronto salió de ella una figura humana, como una silueta brillante con el brazo en alto. Instantáneamente fui presa del pánico; quería salir corriendo pero mis articulaciones se agarrotaron de tal manera que tenía todo el cuerpo paralizado, quería desmayarme, transpiraba frío y el corazón latía a un ritmo acelerado. No podía dar un solo paso, y allí mismo en la confusión de mi mente vino una sola idea a imponerse sobre el desorden mental que tenía. Esa idea pasó a ser una palabra que escuché claramente en mi mente, como si me hablasen al oído y decía: “Ven “; sabía que se había establecido nuevamente la comunicación mental, pero no deseaba seguir allí. No pasaron unos segundos y volví a escuchar lo mismo: “¡Ven....!”,pero esta vez lo capté imperativo, como si se me estuviese ordenando que venciese mi temor y me acercara a la luz; me rebelé ante está idea diciendo ¡” No ¡” No podrían obligarme, además, me encontraba solo, por lo que les ofrecía que esperaran a los otros y que de esa manera quizás accedería. En mi mente se sucedían infinidad de pensamientos que se entrecruzaban y en los cuales me repetía a mí mismo que no debía temer, ya que ellos habían aclarado en anteriores mensajes la naturaleza de sus intenciones y su parecido físico con el nuestro. Pero inmediatamente sobrevenían otras ideas, imaginándome grotescas formas escapadas de alguna película de Ciencia Ficción, y fue entonces que capté por tercera vez el llamado a través de la palabra “¡Ven!”, pero ahora había un cambio, ya que éste venía matizado como una invitación que me daba la suficiente confianza como para tratar de avanzar y acercarme.
Lo que me motivaría finalmente a vencer mi temor fue que la silueta se introdujera en la luz, por lo que pensé que quizá se habría molestado o aburrido de esperarme, por lo que no quise tampoco perder la oportunidad de vivir la experiencia. Me detuve a escasos metros de la luz y comprobé de que ésta era una pared de energía y que no era nada concreto, así que entré en ella lentamente; en la medida que avanzaba en su interior sentía que perdía peso, que me daban mareos y náuseas, y hasta sentía un excesivo calor que abrazaba mi cuerpo. A todo esto se sumó una fuerte presión en la frente y la nuca. La luz era tan intensa, dentro, que me obligaba a cerrar los ojos; peso cual no sería mi sorpresa cuando aún con los ojos cerrados podía ver con toda claridad. Fue así que percibí que había una persona delante de mí y que ésta era nada menos que Oxalc, el mismo ser que decía estar comunicándose con nosotros desde el mes de Enero. No sabía como tenía tal seguridad pero sabía que era él. Lucía una frente amplia con pelo lacio suelto sobre los hombros, no muy largo ni abundante, medía alrededor de un metro ochenta centímetros y
su conformación física era similar a la de un Mongol o sea con amplias espaldas y rasgos orientales.
Estaba muy cerca de él cuando empezó a tratar de comunicarse conmigo, para lo cual combinaba gestos y señas que hacía con las manos apoyando los pensamientos que me trasmitía con toda claridad. No abrió la boca para nada, ni hizo mueca alguna que me hiciera pensar en ventriloquia; todo era a nivel mental; telepáticamente había enlazado mi mente con la suya. Me dijo que ya no tuviera miedo porque todo estaba siendo controlado por ellos y que se había dispuesto aquel momento para que viviéramos la experiencia del Xendra, conscientemente. El término Xendra, definía la puerta dimensional de luz que había atravesado; según lo refirió, ellos, a través de su avanzada tecnología logran concentrar la energía lumínica de tal manera que pueden abrir un paso dimensional, cortando dos dimensiones como son el espacio - tiempo. Mediante este Paso, una persona que ingrese por el Xendra es desmaterializada anulando su cohesión molecular y restando el peso a sus átomos de tal manera que hechos luz y elevando su vibración a altas frecuencias es proyectado a otro lugar y elevando su vibración a altas frecuencias es proyectado a otro lugar donde existe una puerta de salida, pudiendo ahorrar grandes distancias y vivir increíbles experiencias en otros planetas. Según los guías, éste fenómeno tiene su contrapartida natural en el Triángulo de las Bermudas y otras tantas puertas dimensiónales naturales que se abren cada cierto tiempo en diversos lugares del planeta debido a la concentración de energía electromagnética a consecuencia de las tormentas. Recordemos en la zona del caribe, desde los tiempos mismos de los Galeones, existen relatos y crónicas de cómo los clavos, cacharros y aparejos metálicos de los barcos saltaban solos por la borda y desaparecían como llevados por extrañas fuerzas; muy cerca de aquel sitio se halla del Mar de Sargazo, siniestro lugar que sirviera de cementerio de innumerables embarcaciones.
No recuerdo en qué momento dejé de sentir aquella insoportable presión sobre la cabeza y la frente, sólo recuerdo que Oxalc me repetía que no tuviese miedo y que la transformación de mi cuerpo era necesaria conscientemente.
El excesivo calor había disminuido, pero ya no sentía ni mis brazos ni mis piernas. Me dijo, entonces, que le siguiera hasta el final del pasillo; se escuchaba dentro un sonido metálico como el ruido de golpes dentro de un tubo. Me sorprendí mucho cuando salimos hacia el exterior, ya no era el mismo paisaje desolado de Chilca, sino que se veía a lo lejos, en medio de altas montañas, una ciudad muy iluminada compuesta de grandes cúpulas a manera de igloos esquimales. Me explicó el Guía, que aquello era la ciudad Cristal, la Metrópoli más importante de Morlen y las Colonias, donde ellos se habían establecido acondicionando la vida artificialmente de acuerdo a las necesidades de su civilización. Han aprovechado la energía de los volcanes y las masas de gas que inundan su atmósfera con metano, al igual el hielo y las riquezas minerales. Según ellos, la vida no era posible allí sino hasta cuando la adaptaron artificialmente hace unos miles de años. Me explicó como habían llegado sus naves procedentes de Orión, Rigel que se encuentran entre 500 y 300 años luz de distancia. Siendo oriundos de dichas estrellas, se demoraron veinte mil años de los nuestros en arribar a nuestro Sistema Solar, llegando los descendientes de los que partieron.
Los extraterrestres que vinieron, lo hicieron buscando un material que para ellos es indispensable en el desarrollo de su civilización y éste es el Cesio, metal alcalino del cual aún no se conoce mucho en la Tierra, pero que cuenta con propiedades que le permitieron al hombre desarrollar la célula fotoeléctrica, además, por su duración tiende a reemplazar al Cobalto en la curación del Cáncer.
Oxalc me dijo que había colonias mineras en Calonia (Calixto) y en Anaria ( Europa); pero que las ciudades se encontraban en Morlen (Ganímedes).