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No alternatives: declining commodities and the failures of rural development

Los métodos originales de solución de problemas son cuatro, como cuatro son las funciones mayores de este sistema primario. Más aún, en prueba de la superioridad de los métodos en los planes, no sólo los cuatro métodos organizan un sistema sino que cada uno constituye su propia sistematización. La base para levantar los principios de los métodos es la matriz más importante de la tercera igualdad del Acceso. Puesto que la

horizontalidad es propia del problema al emerger sobre un vector de tal carácter, los métodos surgen distintivamente al modo de columnas, columnas que arrancan de la creencia y las tres posiciones problemáticas.

De acuerdo con lo último, el progreso en la identificación de cada método pasa por concebirlo como el conocimiento capaz de enfrentar con éxito el correspondiente aspecto del problema. Pero, ¿cómo es enfrentada la creencia por parte del método general? Invirtiendo la tendencia, también general, del problema: si el problema surge como tendencia al error, el primer método de solución de problemas surge como tendencia al acierto, el método cuya meta es el acierto. Parece que no se puede ser más positivo, pero quedan, para los restantes métodos y, más allá para la realización, los motivos, los motivos del acierto, desde los más cercanos hasta los más distantes.

El segundo método, primero de los específicos o plural, es el causal. La razón es sencilla: cuando algo falta, la solución es la causa, causar lo que llena el defecto. Ahora bien, puesto que este sistema está lleno de causas, conviene aclarar de entrada que tratamos de la causa en la planificación. La causalidad planificada son las causas en cuanto preferibles a sus efectos, constituyente central del método.

El tercer método, segundo de los específicos o estructurante, es el temporal. Si el método anterior remedia el aspecto de (meta) no disponible, toca ahora remediar el no todavía, por decirlo de algún modo, ya que el todavía, el tiempo sólo puede nacer en positivo. El tiempo de los planes, nada más y nada menos que el concepto más sencillo de temporalidad, consiste en preferir el futuro al pasado, centro del método, algo difícil de discernir porque va contra una presencia, aunque se trate de una presencia excesiva, contra el propio exceso. La preferencia del futuro respecto al pasado hace que la espera original sea esperanza.

El cuarto método, tercero de los específicos, supremo o de control, es el que trabaja con los valores, se entiende, en positivo. Si el error es valor negativamente, la meta negativa, nada parece más fácil que entender el método final o de meta en cuanto organizador de los valores positivos de los planes. Pero, en principio, nada es tan fácil como parece, aunque los métodos traten de facilitar, frente a las dificultades del problema. Porque si el cuarto método concibe lo óptimo, el valor de óptimo como su meta, en justa correspondencia con su carácter, ¿qué queda para realizar?

Los cuatro métodos originales nada tienen de alternativos, como si todos fuesen igualmente válidos para la solución de un mismo problema. Ni existe unidad primitiva en el problema, ni existe una única unidad en el conjunto de los métodos, ni existe en cada uno de ellos. Cada método posee su aspecto problemático para tratar, que opera como constituyente genérico; su constituyente plural o medio, medio a secas o medio elemental; su constituyente estructurante, en concreto, estructura de medios y fines, medio relacional, más en concreto, prefiriendo los últimos a los otros; y su constituyente de control o de fines. Semejante diversidad pone el listón bien alto para las realizaciones, porque así como el problema constituye un resumen aventajado, pero de la generalidad del conocimiento, los métodos, integrando los problemas, constituyen el esquema de la realización, exclusivamente de la realización, y en una especie de cuatro por cuatro, eso sí, en unidades compactas, preludio en el análisis de que la realización acabará sintética.

Dado que toda tercera posición en este sistema lo es de aprendizaje, el aprendizaje es propio de la planificación: sin descartar, ni mucho menos, el aprendizaje en las emociones y en los símbolos, la planificación, toda ella, más allá de un solo factor, es el aprendizaje por excelencia, naturalmente, antes de entrar en el aprendizaje de las realizaciones. Dada la superioridad de los métodos, el carácter es superior en ellos, tanto en el método que se guía por el acierto inmediato, el método general, como en los (tres)

métodos que desarrollan la causalidad inductiva. Desgraciadamente, la pobre concepción del primer método en planteamientos como el paradigma del condicionamiento operante hace que la ausencia de causa estricta en el propio método se utilice por parte de Skinner contra la idea de causalidad, consistiendo la desgracia en que la diferencia existe entre lo general y lo específico. Por ello no extraña que el aprendizaje causal, el aprendizaje de la causalidad como inducción, haya tenido que esperar, en su investigación y en su teoría, hasta fechas recientes, a pesar de pioneros como Michotte. Siguiendo en la psicología, el área surge en Waldmann y Holyoak (1992) –para presentación múltiple, nada como Shanks, Holyoak y Medin (1996) –, aunque es Patricia Cheng –Cheng (1997, 2000), por ejemplo– el prototipo en los detalles. El asunto se ha incorporado con rapidez a las investigaciones en español, según se muestra en Perales, Catena y Maldonado (2002) y, más ampliamente, en todo el número monográfico de Cognitiva, Vol. 14(1), pp. 1-94, que tiene como editora invitada a Helena Matute. De todos modos, los filósofos, por una vez, tampoco se han quedado dormidos: Pearl (2000) y Spirtes, Glamour y Scheines (2000), entre otros.

1. Solución por acierto

El método de solución más sencillo es el general. No es que se conciba un método capaz de enfrentarse directamente a cualquier problema sino que se trata del método que afronta de inmediato la creencia, eso sí, generalización de los tres constituyentes problemáticos. El método general se limita a marcar el rumbo, el rumbo positivo, contra el vagar sin ton ni son del error, por lo que su meta es el acierto, unidad (a la) que (se) dirige este método. El acierto original es un punto de partida, un anclaje a modificar por las restantes metas, cuyo nivel introduce, como las otras dos unidades introducen los respectivos niveles de medios.

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