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AMBER Alert Procedures

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El domingo 17 de octubre en una mañana aparentemente tranquila y cálida, los vecinos de Zárate tuvieron acceso a los alrededores de la base, el panorama era desolador, parecía un lugar devastado por la guerra: casas destruidas, sin techos, paredes agujereadas, puertas y ventanas desencajadas, y lo más elocuente, la cara de los vecinos damnificados que no podían entender lo que había pasado, caras angustiadas, heridas, bronca y estupor.

Allí estaban los paredones del Arsenal, camionetas con soldados vigilando el andar de los vecinos y la pregunta, ¿qué había pasado?

Solo hubo una persona que llego ese día al interior del Arsenal, fue la única que pudo contestarse esa pregunta ; el Comandante en Jefe de la Armada e integrante de la Junta Militar que gobernaba el país, el Almirante Eduardo Emilio Massera. A pocas cuadras de ahí, en Maipú N° 168 estaban velando a María Ángela Di Pietro de Rosado y en las clínicas de la ciudad se seguía atendiendo a los heridos de tal nefasta noche.

Treinta y cinco años después, pudimos encontrar a quienes habían declarado en la causa iniciada por la Armada. Se convocó al personal civil del Arsenal que tenía acceso al polvorín por el tipo de trabajo que realizaba en los talleres.

Miguel Ángel Tálamo de 22 años en aquel momento nos cuenta: “Todo era terrible en aquella época. Recuerdo que siempre tenias que estar con los documentos, encima te requisaban en todos lados contra la pared y a punta de fusil. Siempre los militares con listas en las manos y si aparecías en una de ellas te llevaban y tal vez no aparecías más. Era el comentario, que a la noche en el arsenal pasaban cosas, con detenidos, que se decían que tenían, pero no lo puedo afirmar. Esta gente no tenía escrúpulos, todos éramos sospechosos.

De esa noche ni me quiero acordar, si es verdad se rompió todo en el centro, no recuerdo bien cuando volvimos a trabajar al Arsenal. Pero si, nos convocaron al tiempo por la causa que había iniciado la Armada porque habíamos sido los últimos en entrar al polvorín, luego supimos que otros habían entrado después, nunca supe quienes fueron. Yo estuve un tiempo más y me fui no quería saber nada, a ese polvorín si entré dos veces es mucho, es poco lo que puedo decir salvo algo que decía uno de esto milicos que nunca olvidé: debajo de la gorra no circulan las ideas.”

Oscar Antonio Farías de 24 años nos relató que en 1976 después del 24 de marzo se les hizo firmar una planilla en la cual se les prohibía hablar sobre sus actividades laborales dentro del Arsenal: “Yo recuerdo que tuve que firmar una planilla en la cual nos prohibían hablar sobre las actividades laborales dentro del Arsenal y en letra muy chiquita decía que nos podían hacer un juicio militar, siendo que éramos civiles por traición a la patria. Yo trabajaba en una planta que era fabricación de cohetes y esos cohetes eran de suma importancia para las tres fuerzas, las mismas trabajaban en conjunto porque esto se vendía a otros países y se usaba acá. Yo fui enseguida cuando se produjo la explosión porque me di cuenta que era el Arsenal por semejante luminosidad y el hongo, la casa se nos movió toda por eso me voy en bicicleta al Arsenal y no me dejaron pasar. Vi a toda la infantería que estaban haciendo recorridos por el pueblo y cerraron el ingreso. Al día siguiente, era domingo, después del almuerzo me vinieron a buscar en camioneta porque se volaron los techos y había un desastre adentro, llego allá y era un desastre: todo destruido, hierros retorcidos y un agujero enorme,

pero me llevaron más adentro porque los militares no tenían donde dormir, al volarse los techos solo quedaron las paredes. Iniciadas las tareas vino el Almirante Massera bajó en helicóptero y después de interiorizarse ordenó que llamaran a una empresa privada para que haga todas las reparaciones que haya que hacer y de eso no se habla más nada.

Yo puedo hablar de lo que hacíamos nosotros, la actividad nuestra era la fabricación de cohetes, ha- cíamos los ensayos y luego se guardaba todo en un solo polvorín junto con las municiones, pólvora, etc. todo en un mismo recinto. Y ahí parece ser que una chispa desencadenó una explosión. Muchos dicen que fue un ataque de afuera, yo no lo creo porque se como estaba hecho el polvorín. El polvorín era una bóveda de hormigón que tenía un espesor de un metro y después estaba cubierto por tierra y era muy difícil que algo penetre por afuera. Uno que sabe cómo funcionan los explosivos sabe que eso es imposible. Tuve contacto con el Suboficial Tapia que cubrió la guardia esa noche, actualmente debe ser una persona muy grande y me dijo yo vi una luz, me parece que de la isla tiraron algo, pero yo dijo es una locura, no lo puede atravesar. Nosotros abríamos las cajas en las que venía la pólvora para los motores cohete, que era sólida, nosotros la llamábamos grano, un cilindro de pólvora con una extensión en el medio que por ahí se encendía y era el impulso del cohete, eso nosotros lo recibíamos de la Fabrica Naval de Azul, yo fui allá, estuve, vi, presencié como se fabricaban. Me mandaban a todos lados, llegué a ser supervisor de esa planta. En Azul se fabricaban en los polvorines, de ahí venían las cajas con cilindros todos estivados adentro y cuando lo destapábamos y eso que venía todo pre- cintado y firmado y sellado por supervisores, jefes, cuando abríamos teníamos inscripciones del ERP, cruces esvásticas, inscripciones de Montoneros y como lo podían hacer si las bandas no estaban rotas, llamábamos a nuestros jefes para notificarlos de esto y la respuesta era no pasa nada, pero nosotros notificábamos. Nosotros si teníamos la precaución durante el embalaje, que el supervisor nos mirara adentro de cada caja cuando embalábamos los motores, cohetes, los embalábamos de a cuatro, en cajas madera, se usa esto porque el metal produce chispas, mis sospechas fueron en su momento que podía haber venido algo en estos cargamentos. Yo de todas maneras no sé que se dijo ni en que quedó la causa. El día viernes antes de salir, tipo una y media fuimos a nuestro deposito de cohetes, después de eso vino el cabo que precintaba y cerraba la puerta, prácticamente fui el último que entró antes de la explosión, horas de diferencia yo no sé si ese día, viernes o el día anterior habíamos recibido de Fanazul un cargamento porque todo no pasaba por nuestras manos, cada uno tenía su especialidad, nosotros pasábamos todo lo que era combustible para el cohete y los cohetes ya terminados, el resto, el trote para cargar granadas, granadas es lo que se tira de los camiones, una ojiva que va delante del cartucho, granada es que cuando impacta explota y salen pedacitos, salen trozos esto se destruye y mata un montón de gente, acá en el Arsenal había una planta para cargar esas granadas; después ha- bía mucha munición, fusiles, pistolas, parte de esas municiones se hacían acá: el cartucho metálico, la cebita que se había atrás, después si se completaban acá no me acuerdo. También del Tolueno venían barriles, como tambores de 200 litros que podían provenir también de Fanazul, porque después en la planta en que se cargaban las granadas se transportó ahí a Fanazul donde fui a trabajar.

Rivalidades entre las fuerzas existían, dentro del Arsenal también, nosotros estábamos separados del resto del Arsenal, digo esto porque por ejemplo nosotros podíamos entrar a la zona de talleres pero los demás no podían entrar a esta zona, porque todo esto era muy reservado, cabe decir que a nuestro nivel no había problemas, el trabajo era en conjunto, pero bueno, si había problemas entre las fuerzas ya era altos niveles. Además Massera tenía muchos ímpetus de grandeza, además como quería llegar a ser presidente y tal era su locura que nos metió en el conflicto del Beagle, nosotros trabajábamos día y noche haciendo armamento para abastecer a la Armada que estaba en el sur .

También nos tocó cuando lo de Malvinas, veíamos pasar los trenes cargados con municiones y tan- ques para ser embarcados y yo me ofrecí como reserva para ir y me dijeron: vos nos hacés más falta acá que allá, porque yo veía que los chicos que mandaban eran muy chiquitos, tenían 18 años. Saben lo que pasa, uno creía que todo esto era para bien y después con el tiempo uno se da cuenta que ellos nunca obraron para el país sino para el bien propio.

Operativos había siempre, ellos no preguntaban nada, obraban ante cualquier denuncia. A mí me pasó un caso así que en carne propia supe como actuaban. Fue con mi hermano y tres amigos más, estaban comiendo un asado con sus respectivas familias, entraron, se llevaron a todos los hombres y nosotros pasamos 48 hs. buscándolos por todas partes y ni siquiera en el Arsenal me dieron bolilla, es más, cuando les dije que habían sido militares me preguntan por qué lo aseguraba y les mostré una especie de antifaz que se les había caído en el operativo y que estaba hecho con la típica tela de los uniformes, a las 48 hs. mi hermano y los demás aparecieron golpeados y en paños menores, esto es un simple relato de cómo actuaban.

Por eso me dolió mucho lo de Cali, yo conocí a Ítalo Cali una excelentísima persona, hablaba todos los días con él, me iba a recorrer los talleres y a veces pasaba de 15 a 20 minutos hablando. Tenía una conversación hermosa, cuando desapareció me dolió mucho y que no volviera aparecer yo hablaba con él, con los chicos nunca tuve oportunidad de hablar, les puedo asegurar que Cali no estaba invo- lucrado en nada. Él trabajaba en lo que se llamaba el taller mecánico. Era una línea de tornos, él era tornero, siempre teníamos temas para charlar yo siempre aprendí de los grandes, fue una verdadera pena lo que le pasó. Con el tiempo se fue perdiendo todo, nuevas camadas de técnicos entraron y se fue transmitiendo hasta donde se pudo”. “El primer encargado de la planta fue Machi y el jefe militar de la planta de ensamble era Mazo luego yo paso a la planta de confiabilidad que era donde se hacían los ensayos y ya no fue más mi jefe. El polvorín que explotó era el que estaba frente a la contaduría cruzando la calle, todos los conscriptos eran de afuera, el que murió era de afuera además estaban los infantes que habían venido por lo de la represión, algo que recuerdo es que cuando recién se produjo el golpe cuando volvimos al Arsenal vimos como 200 camionetas, no más adentro del arsenal, estos sa- lían a patrullar a la noche. Volviendo a la noche de la explosión, fue toda una conmoción, me acuerdo de los heridos del club Belgrano que estaban en el baile se rompieron los vidrios de los negocios del centro de Vía del Parque, del Supermercado del Calzado etc. Mire hasta donde llegó la onda expansi- va, si no hubiese existido la barranca hubiera pasado lo de Río Tercero. La infantería que estaba en el Arsenal había venido de Puerto Belgrano, de afuera, inclusive vino un comando llamado los Lagartos enseguida del golpe, que eran tipos muy grandes que metían miedo con boinas y camuflados y un cuchillo de combate enorme, no hablaban con nadie y tomaban los botes y se metían en la isla, vivían en carpas adentro del Arsenal y por qué digo esto, porque querían ocupar los edificios, entre ellos lo de la planta de cohetes, por eso a mí me mandaron a ocupar la planta que todavía no estaba terminada, por eso que digo que a veces había rivalidades dentro del Arsenal.

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