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Todo personaje viene definido por su ser (identidad, rasgos físicos, carácter, etc.) y por su hacer, por la conducta que desarrolla y por las relaciones que establece con otros personajes, lo que supone una serie de rasgos que lo individualizan. (Sanchez Noriega, 2000, p. 126)

Todo personaje, tanto en la literatura como en el cine, ocupa un lugar diegético en la historia, y desarrolla ciertos roles en la trama. Estos aspectos, se abordan acompañándolos con la propia construcción de cada uno de los personajes. Tanto el nombre, que puede funcionar como un símbolo de la personalidad del mismo, y como un conjunto de características que contribuyen a la formación de su carácter, la manera de designarlo, las descripciones, los calificativos, la forma de la que se refiere a él, justifican ciertos aspectos que se desarrollarán en la obra escrita o filmada.

56 Los personajes son quienes llevan adelante la acción, los que dan la información necesaria para que el espectador pueda introducirse en la historia y sentir que forma parte de ella. Por lo tanto, si la construcción de ellos no es la correcta, probablemente se logrará una versión fílmica errónea, con pocas posibilidades de identificación por parte del público.

El lector o el espectador de la película, obtiene información sobre la trama, los conflictos, y sobre todo de los personajes, a través de ellos mismos. Los diálogos, los gestos, la manera de relacionarse con los demás integrantes de la historia, llevan a cabo la descripción propuesta por el narrador o el director.

En el texto novelístico el personaje, que puede remitir más o menos remotamente a personas o tipos de quienes tengamos experiencia, es autosuficiente en la ficción y no exige necesariamente una referencia al mundo real. En el cine y en la escena teatral coexisten el personaje y la persona de intérprete que nunca deja de ser ella misma aunque adopte los rasgos del personaje. Cabe la posibilidad de que el personaje se sobreponga al actor. (Sánchez Noriega, 2000, p. 128)

Evidentemente, todo personaje está vinculado a la intención de su creador y al soporte en el que esté plasmado. Existen ciertos casos, sobre todo en la literatura, en los que el personaje se convierte en una especie de delegado del autor, donde adopta pensamientos, creencias, intereses y valores del mismo, que se quisieron plasmar en la ficción. Sin embargo, hay otros casos en los que el personaje se desprende del narrador y adquiere la autonomía suficiente para desarrollarse apropiadamente.

A continuación, se desarrollará un breve análisis de los personajes que componen el cuento seleccionado para el traspaso al discurso fílmico, y así poder entender la psicología de los personajes, de qué manera se desenvuelven, y cómo abordarlos en cuanto a su construcción.

Niña perversa, cuenta con tres personajes primordiales. En primera instancia, nos detendremos en los dos que contienen mayor peso dramático, Elena Mejías, la protagonista,

57 y Juan José Bernal, el nuevo huésped que llegará a sus vidas. Por último, la madre de la niña, quién también obtiene un valor importante dentro del relato.

Elena Mejías, la protagonista, es una niña de once años físicamente muy delgada, casi cadavérica, sus huesos se hacen notar, y su piel sin brillo, evidencian una gran soledad. Pasa desapercibida en la pensión que administra con su madre, y se mueve silenciosamente entre los muebles y pasillos. Rara vez alguien se fija en ella, es una niña sumamente introvertida y tímida, que pasa sus tardes entretenida con juegos misteriosos sola, en el patio de la pensión. Habla sola por los rincones y tiene la costumbre de chuparse el dedo. Su madre, muy atareada con los asuntos de la pensión no tiene tiempo para dedicarse a ella. Elena, únicamente sale para ir a la escuela o al mercado, y no parece tener interés en jugar con los niños de su edad. La muchacha tiene como tarea principal, mantener informada a su madre sobre todo lo que pasa en pensión, y entre los huéspedes, así fue como aprendió a sobrevivir en silencio por toda la casa y aparecer de repente cuando necesita algo ella o su madre. Es como si viviera en otra dimensión, oscura, en silencio, entre las sombras; nadie se preocupa jamás por ella, casi nadie nota su presencia. Su madre y ella, sumergidas cada una en su rutina casi no se comunican, excepto por algún contratiempo en la residencia, casi siempre hablan a la hora de la siesta pero solo de los clientes.

La llegada del nuevo huésped a la casa, ocasiona en la protagonista un vuelco importante. La rutina para ella cambia, debido a que hay más trabajo en la casa, y al regreso de la escuela, la niña debe ayudar a su mamá con las tareas cotidianas. Cuando Elena comienza a notar cambios favorables en su madre, sabiendo que se relacionan con el nuevo integrante, comienza a odiar a ese hombre, sintiéndose aún más desplazada de su vida. Pero todo cambia rotundamente un día, luego de un domingo de música y baile en la pensión encabezada por Bernal. La protagonista, comienza a mutar dejando a la niña atrás, y se obsesiona fuertemente con él. Comienza a mirarlo con otros ojos, deseándolo, celosa

58 por el romance entre su madre y él, implorando que alguna vez deje de mirarla como una niña. Cegada por su obsesión, pasa las noches sin dormir, visitando el cuarto del hombre, sabiendo que no está allí, para manipular sus cosas, tocar y oler su ropa, estar en su entorno.

A través de este personaje, se expresa el cambio que experimentan las niñas en la adolescencia, llevado a un plano algo exagerado, contado a través de la obsesión y la perversión. Elena cree estar enamorada, comienza a sentir cambios en su cuerpo y sensaciones que nunca antes le habían sucedido. Se hace presente en ella el deseo sexual por Bernal, y al mismo tiempo los celos por la relación que mantiene con su mamá.

Pero el personaje protagónico, no se trata de una normal e inocente niña, sino que roza el borde de la locura y de la desesperación. Con apenas trece años, pasa sus días atormentada por el deseo, la obsesión, y pensamientos perversos en relación a su madre y a Juan José Bernal. Actuando como una mujer de mayor edad, intenta tener relaciones con el huésped, haciéndose pasar por su madre. El hombre espantado, la retira de encima de él, llamándola niña perversa, y es recluida en un colegio de monjas.

Este personaje representa el primer amor de la pubertad, abordado con cierta exageración. Experimenta muchos cambios tanto físicos, como corporales, psicológicos y de actitud, lo que personifica el gran cambio que requiere y significa la adolescencia para una mujer. Por su parte, el personaje co-protagónico de Juan José Bernal, también tiene sus peculiaridades. Es un hombre de mediana edad, apuesto, usa el voluptuoso cabello engelado, y las uñas pintadas con protector anti quiebre, y tiene la desagradable manía de escarbarse los dientes con palillos. Es un hombre presumido, imponente, alegre, y descarado. No siente pudor en hacerse servir. Bernal es un aventurero solitario, que dedica su vida a cantar por las noches en bares. Con su actitud soberbia y altanera, Elena los

59 primeros días, siente un gran rechazo y celos por ese hombre. Pero luego de esa velada en la pensión se obsesiona perdidamente. Mientras, su madre se enamora también de él. El nuevo huésped es un rompe corazones, un hombre que vive durante las noches y duerme de día. Simpatizante de la vida nocturna, las mujeres, los bares, y las fiestas. Pero su actitud en torno a ello comienza a cambiar cuando conoce a la dueña de casa, y se enamora de ella, hasta que finalmente se casan y abandona los shows y las interminables noches presenciando bares.

Juan José Bernal, parece un hombre simple, divertido, pero también tiene su parte oscura. A partir de aquel día en que Elena entra a su cuarto, y desnuda se acuesta con él en su cama mientras duerme, ha quedado sumamente obsesionado con la esa situación, deseando por el resto de su vida volver a verla. A tal punto llega su perversión, que mientras no estaba en su casa con su esposa, la madre de Elena, dedica sus tardes a espiar jóvenes púberes en la salida de los colegios, y a comprar ropa interior de niñas de la misma edad.

Tanto Elena como Bernal, son personajes muy complejos, con facetas oscuras. Ambos parecen tranquilos, tímidos, buenas personas. Pero en cierto momento del relato, una obsesión se apropia de ellos hasta el extremo, superándolos psíquicamente.

Por último, la madre de Elena, una mujer muy práctica y controladora, que tiene bien presente todo lo que ocurre en su pensión y con cada uno de sus clientes. Sabe perfectamente todo lo que sucede, que provisiones tienen, y en qué lugar se encuentra cada cosa, excepto sobre la vida de su propia hija. Hasta la muerte de su esposo, era una mujer muy alegre, hermosa y divertida; luego de aquel suceso, viste vestidos toscos, de señoras mayores, sin maquillaje, y bastante desarreglada. Obsesionada por el buen funcionamiento, y los detalles de la casa, fue perdiendo la gracia y la alegría de vivir. Pero cuando llega Juan José Bernal a la casa, todo cambia para ella, comienza a enamorarse, a vestirse y arreglarse

60 mejor, a usar maquillaje y perfume. Y sobre todo a estar más contenta y a gusto con la vida, una nueva oportunidad de amor invade su vida.

Este personaje es abordado desde un lugar inocente, con el detalle de que en el relato jamás se menciona su nombre. Este personaje es la contraposición a los dos anteriormente mencionados, debido a que es una mujer con características normales, con sus propios errores como humana, quien busca su felicidad y la de sus seres queridos.

El relato en general, con Elena y Bernal como protagonistas, y en contraposición a la madre, aborda la perversión como tema principal. La obsesión por un tema o una persona determinada, llevada al extremo, sin medir las consecuencias. Y específicamente, de qué manera se vuelve perversa una persona, ya sea consciente o inconscientemente.

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