Limitations and Future Analysis
1. An Enforcement Problem
en su vida
Jesús vivió a lo largo de su vida, y esto implica desde el mismo momento del nacimiento, numerosas circunstancias amenazantes o estresantes.
Tal como hasta aquí hemos descrito, Jesús de Nazareth fue alcanzado en cuanto a su condición histórica como hombre de carne y hueso, por todas aquellas amenazas posibles a cualquier otro hombre de su condición.
Su condición, desde el nacimiento, fue la de un hombre humilde. Sabemos por datos históricos que se trató de un hombre pobre, de una familia sencilla y trabajadora. Fue carpintero como José, su padre. Se ganó la vida con el trabajo de sus manos. Por tanto en la Palestina del siglo primero de nuestra era, que hemos descrito en capítulos anteriores no faltaron amenazas a los intereses vitales para cualquier hombre, mucho menos para Jesús de Nazareth, cuyo proyecto revolucionario desafió todas las normas y condiciones imperantes de la época que le tocó vivir. Jesús fue incomprendido y censurado por personas pertenecientes a los más distintos estratos y condiciones sociales. No faltaron humildes campesinos, prestigiosos fariseos, aquellos pertenecientes a la casta sacerdotal y autoridades y funcionarios del gobierno romano que criticaban sus dichos y hechos. Para hacerse una idea de la resistencia que tuvo que enfrentar basta mencionar que en definitiva, fue asesinado. Sufrió sentencia de muerte en la cruz.
Hasta aquí, en los capítulos precedentes, hemos analizado cual era la condición posible de vulnerabilidad de Jesús tanto física como psicológica frente al estrés. Bajo ese razonamiento teórico previo, el único posible de aplicar en este caso a manera de estudio en el cual el sujeto de análisis no lo tenemos como persona física presente, podemos ahora abordar algunos hechos y condiciones estresantes que le tocó vivir.
En realidad, la vida entera de Jesús fue una vida en la que no faltaron desafíos, amenazas e incertidumbre, por tanto plagado de circunstancias estresoras.
Si bien es discutido por algunos investigadores y en el fondo no resulta relevante a los efectos de nuestro análisis, Jesús nació en la ciudad de Belén de Judea. Pero más allá de la aldea o ciudad, lo que si resulta seguro es que nació en una condición de humildad y pobreza. El evangelio cita:
Mientras se encontraba en Belén, le llegó el tiempo de ser madre y María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar en la posada (Lucas 2, 6-7).
Egipto porque ya desde el nacimiento pesaba sobre él el deseo de matarlo y José recibió el siguiente mensaje:
Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes97 va a buscar al niño para matarle. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto, estuvo allí hasta la muerte de Herodes... (Mateo 2, 13-15).
Aquí resulta evidente que la tradición oral, luego cristalizada en los evangelios acreditan a Jesús la condición de perseguido, amenazado y acechado ya desde el nacimiento. Esta condición se torna una constante en su vida. No hay duda que debió enfrentar numerosas condiciones estresoras.
También tenemos que tener presente el estrés vivenciado por María y José durante los acontecimientos en que acompañaron a Jesús. El estrés de los padres también se transmite al círculo familiar.
A lo largo de la descripción de los evangelios canónicos se hace referencia a la inseguridad e incertidumbre que significa no saber dónde Jesús va a dormir o descansar la noche siguiente:
... Jesús le respondió: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Mateo 8, 20).
Durante el día Jesús enseñaba en el Templo y por la noche se retiraba al monte llamado de los Olivos98” (Lucas 22, 37).
En estos, como en otros pasajes bíblicos, se hace referencia a la incertidumbre como una condición de amenaza constante. La incertidumbre, es decir no saber que es lo que nos pueda suceder en el futuro, es una de las emociones más estresantes que puede recabarse en una historia clínica de estrés. Jesús debió enfrentar la incertidumbre numerosas veces. Jesús fue también rechazado. Un episodio que resultó humana y socialmente de interés es aquella oportunidad en que Jesús anuncia su misión en la sinagoga de Nazareth,99 ciudad que lo vio crecer y por tanto donde todos le conocían a él y a su familia. Un hecho importante sucedió cuando realizó la lectura de las escrituras del profeta Isaías que dice:
El espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres.
A anunciar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos.
A dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor (Lucas 4, 18-19).
Al leer este párrafo del Antiguo Testamento, Jesús cerró el libro y afirmó: “hoy se ha cumplido este pasaje de la escritura que acaban de oír”. Esta situación fue aprobada por algunos y resultó inaceptable por otros. Sobre todo hay que tener en cuenta que muchos le conocían de pequeño, era Jesús el hijo de María y José, era, hasta ese momento uno más del pueblo:
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía “¿De donde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?” (Marcos 6, 2-3).
La información con la que contamos hace referencia a la falta de aprobación de numerosa gente, sobre todo en su tierra, en Nazareth, en Galilea. En ella y entre quienes le conocían de antes encontró gran incredulidad, desaprobación y falta de fe. Jesús citó entonces:
Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra (Lucas 4, 24).
Jesús debió enfrentar la amenaza o circunstancia estresante que representó el no reconocimiento de muchos y luchar contra ello. Era parte de su misión.
Jesús fue rechazado por numerosos motivos, su actitud revolucionaria y en contra del orden constituido, contra la ostentación del poder, la insensibilidad e incomprensión para con los enfermos, pobres y pecadores le valió un sin número de acusaciones. Entre ellas podemos citar la de impostor (Mateo 27, 63), malhechor (Juan 18, 38), revolucionario y agitador social (Lucas 23, 13), blasfemo (Juan 10, 33), borracho, comilón y amigo de cobradores de impuestos y pecadores (Mateo 11,19). Jesús fue fuertemente resistido y contra ello tuvo que enfrentarse.
Los propios textos bíblicos citan sentimientos de angustia y tristeza de Jesús: “Y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!”, dijo (Lucas 12, 50), Jesús se estremeció100 y manifestó claramente “les aseguro que uno de ustedes me entregará”, dijo Jesús durante la cena más conocida de la historia, la última cena.
No faltaron episodios donde las amenazas a las cuales fue sometido Jesús fueron premeditadas, es decir que fue puesto a prueba mediante trampas para poder denunciarlo o formular cargos contra él frente a las autoridades sacerdotales o aquellas que representaban el poder romano en Jerusalén. Nombramos algunos pasajes bíblicos demostrativos:
“Entonces llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él, y para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: “¿ por qué esta generación pide un signo?”. Les aseguro que no se le dará ningún signo y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla (Marcos 8, 11-13). Otros para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo (Lucas 11,16). “Sucedió que un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes fariseos. Ellos le estaban observando”... (Lucas 14, 1) “Entonces le interpelaron algunos escribas y fariseos: “Maestro, queremos ver un signo hecho por ti” (Mateo 12, 38).
Uno de los pasajes donde más claramente puede observarse el acecho, la amenaza y las trampas a las cuales fue sometido Jesús es aquel episodio relativo al tributo que debía pagarse al César. Lo transcribimos aquí por completo:
Ellos comenzaron a acecharlo y le enviaron espías, que fingían ser hombres de bien, para lograr sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones y entregarlo al poder y a la autoridad del gobernador y le dijeron: Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud y que no tienes en cuenta la condición de las personas, que enseñas, con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Nos está permitido pagar el impuesto al César o no? Pero Jesús, conociendo su astucia les dijo: “Muéstrenme el denario. ¿De quién es la figura y la inscripción que tiene?”. “Del César”, respondieron. Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lucas 20, 20-25).
Numerosos son los pasajes bíblicos que enfrentan a Jesús con momentos de tensión, prueba o amenaza. Así, cada párrafo de los evangelios en los cuales advertimos que el debe dar respuestas a las preguntas y pruebas a las cuales es sometido por algunos fariseos, escribas, dirigentes, autoridades romanas, autoridades sacerdotales, funcionarios herodianos, y por aquellos que, sin ostentar título alguno, simplemente formaban parte de esa sociedad con la que le tocó vivir. En cada una de estas circunstancias debió reaccionar con una “reacción psicofísica de estrés agudo”, en la cual por definición preparó su cuerpo y mente para dar respuesta adecuada, controlar la situación y estar a la altura de las circunstancias.
Esta respuesta o activación psicofísica aguda de estrés es una reacción natural en la cual todos los órganos y sistemas se preparan para lo que ya en su momento hemos descrito como reacción de “lucha o huida”101. La actividad cerebral (mental), la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la frecuencia respiratoria, la tensión muscular, el azúcar en sangre, etc., etc. Todas estas reacciones de alarma o estrés agudo son producidas por la liberación en sangre de adrenalina, hormona que es responsable de las reacciones de estrés agudo.
Del estudio realizado en los capítulos anteriores en cuanto a las condiciones básicas de salud supuestas en el Jesús hombre, el Jesús histórico, tanto a nivel físico como mental y de la condición de baja vulnerabilidad o, dicho de otro modo, alta resistencia psicofísica al estrés102 se puede inferir que la reacción aguda al estrés que manifestó Jesús en cada una de las circunstancias se encontró dentro de límites normales (fisiológicos) y lo que es aún más importante y definitorio el tiempo de duración del episodio estresor fue limitado dentro del rango correspondiente al descrito como “episodio de estrés agudo” (distrés agudo) donde, según cada circunstancia analizada, se elevó el nivel de adrenalina en sangre para retornar a lo normal pocos minutos más tarde.
Esta situación donde el evento de estrés agudo caracterizado por la consecuente y normal elevación de adrenalina y posterior normalización de la misma una vez resuelta o manejada eficazmente la situación estresora, se interpreta como una respuesta “normal” de estrés y es normal porque las reacciones puestas de manifiesto retornan a su nivel de activación anterior al episodio estresante en pocos minutos, sin que la reacción de estrés se prolongue en el tiempo103.
Pasaremos a analizar a continuación dos circunstancias de estrés vivenciado por Jesús que resultan relevantes cada una de ellas en su medida. La primera es el análisis de los hechos sucedidos cuando Jesús “expulsa” a los mercaderes del templo en Jerusalén. El segundo es aquellos hechos que constituyeron la detención de Jesús y su “juzgamiento”. Dejamos deliberadamente para el próximo capítulo el estrés psíquico y físico de la crucifixión.