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Educación Ambiental
La educación ambiental
en un mundo en
transformación
Angel Ramírez Troyano
Director General de Educación Ambiental. CMA.
Son cada vez más numerosos los expertos en Educación Ambiental que señalan que la concepción tradicional de la Educación Ambiental como una educación sobre el medio (el medio como objeto de estudio), en el medio (el medio como recurso) y para el medio (el medio como algo a lo que proteger y cuidar), resulta ya insuficiente. Y ello es así tanto por un planteamiento ideológico más crítico –en el que se constata que el tratamiento de los problemas ambientales es inseparable del tratamiento de los problemas sociales- como por las aportaciones de paradigmas de pensamiento como el constructivismo o la epistemología de la complejidad. Estamos, pues, asistiendo a la aparición de una nueva Educación
Ambiental, que va más allá del centramiento en lo "verde" y de una concepción paternalista de la naturaleza. Se trata de un cambio que afecta tanto a los fines y contenidos de la Educación Ambiental como a la manera de educar, cambio que intentaremos caracterizar en los principios que siguen.
En relación con los fines y contenidos, el tema central a debatir es el del modelo de desarrollo que se asocia a las propuestas de Educación Ambiental. Más concretamente, en qué medida el antagonismo y la falta de armonía entre los seres humanos y el resto de la biosfera es el resultado del modelo socioeconómico propio del capitalismo avanzado. ¿Es la crisis de las "vacas locas" o la destrucción de la capa de ozono un desajuste puntual del sistema o es una consecuencia inevitable de las leyes del mercado?
Mi opinión es que dicho antagonismo no tiene solución si no cambiamos de marco de pensamiento y
actuación, pues la racionalidad económica predominante ignora lo que hoy en día sabemos sobre la lógica de los ecosistemas, lo que hace que, sin cambiar dicha racionalidad, resulte muy difícil solucionar las crisis sociales y ambientales. En ese sentido, creo que en Educación Ambiental debemos mantener un cierto equilibrio entre lo utópico y lo posible, teniendo siempre claro que queremos propiciar un cambio social, y no el mantenimiento del orden establecido. Es decir, no podemos olvidar que no se trata de aceptar el mundo tal como es (o tal como nos hacen creer que es), sino de buscar el mundo que podría y debería ser.
ser un medio para promover una cultura alternativa a la homogeneización cultural que va ligada a la globalización económica. Una alternativa a un mercado cultural que con sus nuevos marcos de referencia (los medios de comunicación, la cultura cibernética, las pautas culturales asociadas al consumo despilfarrador) está sustituyendo a la familia, al entorno inmediato y a la escuela, en la función de socializar a las nuevas generaciones. En todo caso, se propone un cambio en profundidad, pues pretendemos, nada menos, que contrarrestar la cultura de la apariencia, el espectáculo y la superficialidad, el individualismo, la
dependencia, la pasividad, la competencia y la insolidaridad, omnipresentes en nuestra vida cotidiana, con una cultura que integre, de forma equilibrada, la concepción sistémica del medio, la ética ambiental y la capacidad de resolver los problemas socioambientales. Una cultura que tenga en cuenta tanto las aportaciones de las ciencias -de las ciencias de la naturaleza y de las de las ciencias sociales- como los aspectos ideológicos y afectivos. Evidentemente, un cambio de estas características va más allá de desarrollar determinados hábitos
proambientales, ya que supone, más bien, un cambio radical del pensamiento y la conducta de las personas, dirigido a capacitarlas para la acción, prepararlas para el tratamiento de unos problemas -los problemas socioambientales-, que son diversos, abiertos y complejos. Pero promover, facilitar el cambio no debe significar imponer. No hay verdades absolutas sobre el medio, sino verdades relativas, que hay que construir y negociar democráticamente. Los contenidos de la Educación Ambiental han de considerarse, pues, como un conocimiento abierto, relativo y procesual. Este principio nos lleva al segundo tema central: la manera de educar.
En mi opinión, educar es algo más que informar, persuadir o convencer. Las personas no deben limitarse a reproducir y copiar, a ser meros receptores pasivos de lo decidido por otros, sino que, de forma activa, deben crear y construir su propio saber sobre el mundo. Este proceso de construcción de conocimiento debe ser un proceso
social y compartido, basado en la interacción entre las personas, y en relación con el tratamiento de problemas socioambientales relevantes. El educador ambiental debe tutelar y orientar dicho proceso de construcción, teniendo en cuenta las concepciones, los valores y los intereses de las personas participantes, y ajustando, en todo momento, las estrategias de intervención a su evolución
personal. Además, la construcción guiada de conocimiento, debe llevar a una progresiva autonomía de la persona, al mayor control posible sobre su pensamiento y sobre sus decisiones. La solución de los problemas socioambientales no es una competencia exclusiva de los expertos: toda la gente tiene que estar implicada, de forma participativa, crítica y autónoma, en su tratamiento.
La idea de una construcción social y compartida tiene otras
consecuencias. En primer lugar, las actuaciones en Educación Ambiental deben tener un carácter integrado. Para compartir hay que buscar la complementariedad: en las estrategias, en la coordinación entre las entidades y las personas interesadas, entre las áreas del saber implicadas. En segundo lugar, deben tener un carácter participativo. Para compartir, todos tenemos que implicarnos en acciones asociadas al tratamiento de problemas. Por último, no hay construcción compartida si no se considera la diversidad: de destinatarios, de contextos, de niveles de sensibilización e implicación. Y considerar la diversidad significa diversificar también las actuaciones, adaptando las intervenciones a las características de cada persona y de cada contexto.
Una aclaración final sobre estos principios: mi propuesta pretende ser una invitación al debate y la reflexión, ahora que estamos en el momento de elaborar una estrategia para la Educación Ambiental en nuestra comunidad. No hay que interpretarla, a pesar del tono de manifiesto que he adoptado, como un intento de cerrar, dogmáticamente, la definición de la Educación Ambiental que queremos.