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Analysis and Implications

En todas partes se recibió con agrado la designación de Pedro como gobernador interino, principalmente en las ciudades del sur. Su primera medida fue ordenar la evacuación del fuerte de Arauco que, como hemos señalado, la cumplió con pena Bernal de Mercado.

Hay quienes piensan que cuando el virrey del Perú puso en juego su infl uencia para que Pedro de Villagra viniera a Chile con Francisco, lo hizo teniendo en mente que era conveniente prepararlo para la sucesión que se veía venir. Pedro asumió su puesto con entera confi anza en su experiencia.

En Santiago, su nombramiento fue recibido fríamente, no con la alegría y satisfacción con que se lo recibió en las ciudades del sur; incluso estimaron algunos que Francisco se había extralimitado, pues estimaban que no tenía facultad para designar sucesor. Por otra parte, este frio recibimiento es también consecuencia de esperanzas fallidas, pues no faltaban quienes esperaban el nombramiento de Rodrigo de Quiroga.

Pero todo debía calmarse cuando el virrey Conde de Nieva confi rma el nombramiento y además le otorga facultad para hacer repartimiento de los indios vacantes y de los que en adelante vacaren.

Al asumir el mando, Villagra decidió concentrar un tanto la fuerza con que debía y podía contar; esa es la razón por la que ordena despoblar Arauco. Como lo hemos señalado, la guarnición se destinará principalmente a Angol y una pequeña parte irá a Concepción. En los barcos que le enviaron serían embarcados a Concepción los pocos cañones de que disponía y debía, además, embarcar todos aquellos elementos que los soldados, en una marcha rápida a Angol, no podían llevar con seguridad por un territorio en el que la fuerza mapuche se sentía victoriosa y con razón.

Para cumplir esta disposición, Bernal actuó con el máximo de cuidado y de silencio, con el fi n de no despertar sospecha a los indios que vigilaban todos sus pasos. Hizo cerrar las puertas del fuerte de Arauco, de modo que nadie saliera ni entrara al fuerte y villa; y en la noche embarcó cuanto tenía que despachar en personas y materiales. Antes de aclarar, los barcos levaron anclas, desplegaron sus velas y salieron vía Concepción. Al mismo tiempo, él abandonaba el fuerte con 75 hombres camino a Angol, donde llegaría dos días más tarde.

Los indios se dieron cuenta del abandono y no demoraron en llegar y poner fuego al fuerte y villa de Arauco. Pero luego estimaron que no debían entretenerse en el fuerte abandonado; era más importante perseguir al grupo de soldados. Los alcanzaron cuando se preparaban a atravesar el río Tavolevo, pero una carga fue sufi ciente para dispersarlos.

Bernal descansó en Angol tres días, dejó 34 soldados y regresó a Concepción con el resto, arribando 15 días después de haber abandonado Arauco. Concepción elevó su guarnición a 200 hombres.

Pedro de Villagra pidió a Bernal se dirigiera a las ciudades del sur, de acuerdo con Gabriel Villagra, a reunir gente de Imperial, Villarrica, Valdivia y Osorno. Estas ciudades no estaban en condiciones de entregar un contingente apreciable, pues “vecinos y soldados estaban muy pobres, destrozados y vilmente vestidos de la larga guerra que en la pacifi cación de los naturales, hablan pasado, pasaban y esperaban pasar”. Así lo expresa Pedro de Villagra22.

En un esfuerzo extraordinario lograron reunir 70 hombres, con los que llegaron a Angol en octubre de 1563.

Desde Santiago llegó a Concepción, para prestar ayuda a Villagra, Martín Ruiz de Gamboa, que si no trajo un gran contingente de soldados, aportó un número apreciable de indios auxiliares, armas, caballos y víveres.

Pedro Lisperguer juntó un cuerpo de caballería y con él se dirigió a Con- cepción.

Tenía razón Pedro de Villagra cuando pensaba que los indígenas no “se darían en paz”; simplemente aprovecharon esta tregua que ellos se dieron, para rehacerse e iniciar otra vez la contienda.

Los únicos indígenas que se mantenían en paz eran los huilliches de la parte de Osorno, donde Juan de la Raigada logró convencerlos de la ventaja de su sometimiento, porque esto les permitía protección a sus personas y bienes y llegó a constituirse en el árbitro de sus difi cultades. No era esta la situación de los mapuches, a quienes se les unían con facilidad tribus del norte del Biobío al Maule.

Los objetivos de las próximas campañas serán Concepción y Angol. Compréndase, por estos datos, cómo son los mapuches los que llevan la iniciativa y los españoles deben moverse, no según sus planes, sino para responder a la iniciativa indígena.

Los meses que restaban al invierno de 1563 los emplearon en ataques esporádicos, asaltos a los campos y haciendas, incendio de bodegas y casas, robo de animales, muerte de yanaconas y de españoles que encontraban indefensos. Esto lo hacían en pequeños grupos y, cuando los perseguían, se dispersaban y aparentaban la mayor inocencia y no tener nada que ver con lo ocurrido.

Aprovechando la llegada de la primavera y la compañía de caballería de Pedro Lisperguer, Villagra dispuso los grupos de indios en la región del sur a Concepción y recorrió el campo hasta Angol, tratando de convencer a los caciques de las ventajas y conveniencias de la paz.

Su experiencia le dio la seguridad de que paz, no habría, y se dispuso en Concepción a construir dos fuertes: uno para los soldados y para la guerra y otro para refugio de los vecinos, auxiliares y ganado.

Personalmente trabaja Pedro en las obras de defensa, ya sea cortando árboles, preparando madera o conduciéndola a hombros hacia las construcciones. Mientras realiza estos trabajos despacha barcos al norte para traer armas, pertrechos, alimentos, ropas y soldados.

Esto hacía Villagra, pero luego supo que dos leguas al sur del Biobío, en Lebocotal, los indios habían levantado también un fuerte (pucará) para interrumpir el camino entre Concepción y Angol.

Resolvió atacarlos antes que lograran una gran concentración. Salió de Concepción con 70 hombres a caballo, algunos arcabuces y dos cañones. Después de prolijo reconocimiento ordenó el ataque, pero tuvo que retroceder, rechazado y llevando heridos a la mayoría de sus soldados. Se detuvo a corta distancia y pidió refuerzos a Concepción, lo que fue intuido por los indios, quienes abandonaron su pucará y se dispersaron.

Villagra aprovechó el retiro de los indios para recoger mieses maduras y acumular pasto y leña y demás recursos, que guardó en Concepción para afrontar el sitio que veía venir.

Patrullas cuidaban los trabajos de recolección, con la estricta advertencia de no empeñar batalla en caso de encontrarse con grupos indígenas en ánimo de pelea. A esta instrucción no obedeció Francisco Vaca, que con 36 hombres salió a proteger las estancias de las orillas del Itata. Atravesó el río y se enfrentó al cacique Loble, que le seguía los pasos con 3.000 guerreros. El cacique se le colocó entre el río y su gente, obligándolo a presentar combate, lo que hizo con los resultados que no podía prever; fuerte derrota, soldados muertos, pérdida de armas y más decisión del mapuche en su empresa.

Villagra estaba en Concepción, esperaba de un momento a otro que se produjera el ataque y cada vez se veía con menos soldados. Perdió estos 36 y a Francisco de Vaca, además había enviado 29 soldados para reforzar la guarnición de Angol. Pero en vista de la pérdida de los 36 soldados, envió urgente a Juan Pérez de Zurita con 12 hombres para hacer volver a Concepción los soldados enviados a Angol. Pérez de Zurita salió de Angol, acompañado de Diego de Carranza, corregidor de la ciudad, con 40 hombres, 120 caballos, bagajes y víveres. Les salió al encuentro el cacique Millalelmo, que les dejó avanzar hasta las proximidades del pucará de Lebocotal y allí los atacó y derrotó completamente, el 22 de enero de 1564. Cortados del camino a Concepción debieron desviarse hacia el interior y, camino del Valle Central, marcharon hacia Santiago.

Se detuvieron en Teno y desde allí pidieron auxilio a Santiago, que no se los dio. Así, Pedro de Villagra quedó abandonado a su suerte en Concepción, con 77 soldados menos.

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