Bajo estas formas de administrar las representaciones de morir se construyó la
muerte invertida que consiste en proteger al moribundo, o el enfermo grave, contra
su propia emoción, al ocultarle hasta el final la gravedad de su estado.25 Ahora la comunicación está enmarcada en la enfermedad y el traslado al hospital, la muerte
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se vuelve sucia y luego es medicalizada; la muerte es encerrada en un laboratorio científico o en un hospital26, donde las emociones son desterradas.
Michel de Certeau explica que los moribundos son proscritos, ya que antes de morir son marginados por la institución que lucha para la preservación de su vida. Antes de morir el agonizante pasa a su antesala mortuoria. Bajo estas
25 Ariés, 1983:507.
26 De Certeau, 1996: 207-215.
circunstancias la aparición de la muerte se entiende en otro espacio, en el hospital, y no sólo eso, en los últimos momentos se metamorfoseó en la imagen del otro. Al identificarla en el moribundo, la veo como el lugar donde no estoy. Por medio de la representación exorcizo la muerte colocada en el vecino, relegada en un momento que no es el mío, mientras protejo mi sitio. Esta es la muerte de nuestras sociedades modernas, la muerte de nuestro tiempo.
El avance científico fue la pauta del cambio de actitud y rituales hacia la muerte cuando se presentó como una epidemia, ya que los avances médicos fueron generadores de otras enfermedades (Yatrogénesis). Según llich la yatrogénesis clínica es entendida como los estados clínicos provocados por agentes patógenos o enfermedades, remedios, médicos u hospitales.
En un segundo plano habla de la yatrogénesis social la cual fomenta las dolencias y multiplica la demanda del papel desempeñado por el paciente. Este mal se manifiesta en diversos síntomas de excesiva medicación social. Con ello arguye que la proliferación de instituciones médicas, indépendientemente de su seguridad, desencadenan un proceso patógeno social. Al ir en busca de la salud y la evasión de la muerte, el riesgo es la adopción de nuevas enfermedades, cuyo hecho consecuente hace que el individuo busque el restablecimiento y se olvide de la muerte. Esta cadena de requerimientos que fomenta el desarrollo médico, implica que la forma de alejarse de la muerte es a través del vínculo ya no con la Iglesia sino con los tratamientos que produce el sistema médico.
La muerte bajo control médico es otro síntoma de medicación de nuestra cultura, ya que el ritual de la tecnología clínica refuerza el mito según el cual los galenos luchan contra la muerte. A partir de esta reflexión observamos cómo cambia el escenario de la muerte y el papel de los partícipes, ya que el médico sustituye al religioso.
Por último, la Yatrogénesis estructural es donde se observa el cambio de la idea de enfermedad, dolor y muerte, la cual indica que a partir del desarrollo médico estos preceptos han sido despojados del dominio propio del individuo y de la familia para ser organizados y administrados por la institución médica, con lo que se crea una nueva civilización médica, fomentada a partir del progreso de las sociedades industrializadas; es a raíz de esta nueva dinámica que se imprime en
la sociedad, cuando se presenta una nueva concepción acerca de la muerte a través de la institucionalización de la salud y con ello del acto de morir.27
Ariés plantea que la muerte de hoy sería la muerte invertida. Con esta idea no se requieren los compromisos de la sociedad romántica, donde se niega al enfermo su final, donde se rechaza la enfermedad y sus cuidados; los moribundos son marginados y se minimiza el final de la vida ante el empuje civilizatorio de las sociedades occidentales, lo que marca una separación con la concepción de la
muerte domada, al pasar a la indiferencia.28
La participación y compromiso de la comunidad se desvanece, ya que está cada vez menos implicada en la muerte de uno de sus miembros, ya no es necesario defenderse de la naturaleza salvaje, abolida, humanizada por el progreso de las técnicas médicas. Por tanto, se desdibuja el sentido de solidaridad y colectividad como fuerza que enfrenta la muerte porque, además, el mal que llevaba aparejado desapareció. Las sociedades ahora ignoran estos eventos y los atestiguan con insignificancia, la disolución del más allá ha generado la vuelta al estado salvaje de la muerte.
De esta forma, la muerte se expresó en Occidente a través de dos cambios profundos de mentalidad en el tiempo: la muerte domada y la muerte salvaje, mismas que tuvieron distintas facetas de expresión sobre el individuo, la colectividad, la inmortalidad y la creencia en el mal. En la muerte domada, además de su explicación y predominio por casi toda la Edad Media, es invadida por la
muerte propia, diferencias leves pero que destacan el papel del individuo en su
propia muerte. La muerte salvaje se explica a través de la muerte del otro y la
muerte invertida, expresiones de nuestro tiempo. Estas formas de representaciones de la muerte que se construyeron a lo largo de la historia de la Iglesia romana hasta nuestros días, indican las maneras en que se han venido plasmando los imaginarios de la muerte y cómo colonizan el imaginario de los mexicanos.
2' ll¡ch,1975: 77-86. 28 Ariés, 1983.