CHAPTER 4: FINDINGS AND DISCUSSIONS
4.5. Themes and sub themes
4.5.2. Interview data
4.5.2.1. Analysis of key themes from focus groups discussions and curriculum
«Actualmente nos encontramos en un periodo de marcados desacuerdos en lo que respecta al tamaño de las antiguas poblaciones indias, tanto regionalmente como para el hemisferio, y somos conscientes de que tenemos una gran necesidad de resolverlo en base a mejores técnicas y evidencias».
William M. Denevan, Native Population
La controversia sobre el tamaño de la población aborigen de las Américas en vísperas del descubrimiento ha sido acalorada en el último cuarto de siglo y se ha vuelto particularmente intensa en la última década. La batalla se libra a pesar de que en la mayoría de los casos no se cuenta con una masa de nuevas evidencias documentales sobre las cuales basar conclusiones incuestionables. En general, los historiadores coinciden en los totales poblacionales de diversas regiones entre cincuenta a cien años después del contacto. Se aceptan las cifras desde la década de 1550 a la de 1650, dejándose sentada la posibilidad de grupos que no hayan sido contados o de fraudes1.
Las cifras presentadas para el periodo inicial varían enormemente. En ambos extremos —de un lado, aquellos que postulan poblaciones aborígenes grandes y, del otro, los que solo aceptan totales mínimos— se cree en ellas casi como una cuestión de fe antes que como una cuestión empírica. La controversia ha pasado a ser, en parte, una en torno a métodos antes que sólo de evidencias.
1 Para un reciente examen del estado del debate, véase Denevan (1976: 1-12, 35-42, 77-84, 151-
156, 235-242, 289-292); Ángel Rosemblat (1967) critica los estimados elevados. Las cifras altas las defiende Henry F. Dobyns (1966: 395-449). El mejor cuadro global de la historia de la población es el de Nicolás Sánchez-Albornoz (1977).
La catástrofe demográfica andina. Perú 1520-1620
42
Recientemente algunos historiadores han cuestionado el uso de las técnicas del análisis demográfico moderno, sobre todo cuando son aplicadas a las sociedades preindustriales, en donde las fuentes jamás fueron pensadas para semejante es- tudio y en el mejor de los casos son fragmentarias. Otros se preguntan qué tan poderosas son las herramientas estadísticas para la estimación de poblaciones cronológicamente alejadas de censos aceptables. Algunos historiadores sostienen que solo podemos estar seguros de lo verificable en el registro escrito y que todo lo demás se aproxima a la especulación. Para estos historiadores, la construcción de modelos no es un método válido en la investigación del pasado2.
La cuestión filosófica es también importante en el debate sobre la población india en el momento del contacto. La leyenda negra de la naturaleza de los espa- ñoles y su conquista del Nuevo Mundo se deriva de la pluma de Bartolomé de las Casas, el defensor de los indios, quien lamentaba la pérdida de tantos millones de vidas inocentes. Por implicación, para los hispanófobos, cuanto más grande sea la pérdida demográfica, tanto más malignos habrán sido los españoles en su destrucción de los indios. A la inversa, si fueron pocos los nativos que murieron, las consecuencias de la conquista habran sido menos viles y podrá juzgárselas a la luz del mundo europeo de los siglos XV y XVI. Es más, si podemos ver en general a los residentes originales de América como no muy avanzados cultural- mente y si su población no era densa, entones los españoles se convierten en los constructores ejemplares de una nueva sociedad cristiana, no los destructores de grandes civilizaciones3.
Ningún combate en torno a la población aborigen es más vívido que el que involucra a la isla de La Española. Esta isla, de casi el tamaño de Portugal, fue el primer sector del Caribe en caer bajo la ocupación y el control europeo. Los estimados actuales de su población en 1492 van desde los magros 60 mil de
2 David Henige (1978: 217-237) presenta claramente el argumento contra el uso de modelos
matemáticos para estimar la población precolombina. R. A. Zambardino (1978: 700-708) señala el valor que el uso de métodos estadísticos tiene para los estudios históricos. De una forma más am- plia, el debate sobre la cuantificación en la historia ha llevado a una división parcial de la profesión entre aquellos que lo hacen y aquellos que no. La bibliografía sobre el conflicto es extensa.
3 Bartolomé de las Casas fue ampliamente leído en Europa en el siglo XVI. Su descripción del
trato dado a los indios por los españoles alimentó el sentir antihispano en Inglaterra y otros lu- gares. La Brevísima relación de la destrucción de las Indias presenta una población nativa densa y desarrollada, cruelmente explotada por los rapaces europeos. Él da cifras sumamente grandes para la población aborigen y narra una rápida despoblación. Esta obra fue escrita alrededor de 1542, pero se publicó en 1552. La Apologética historia estaba en manuscrito para 1552-1560. La célebre edición de De Bry apareció en 1598 como Narratio regionum indicarum per Hispanos quosdam devastatorum verissima.
El problema en perspectiva
43 Verlinden a los 8 millones de Borah y Cook —su rango es de unos 4 a 14 mi- llones—. Rosenblat y Amiama estiman 100 mil, Lipschutz establece un rango entre 100 mil y 500 mil, Córdova calcula 500 mil y Moya Pons 600 mil. Más recientemente Zambardino proyectó un millón, con un margen de alrededor del 30%. Aunque hay un gran desacuerdo en torno al número inicial de indios en La Española, hay pocas discrepancias en lo que respecta a la población de 1514 —entre 23 mil a 30 mil—. Casi todos los investigadores coinciden en que para finales del siglo XVI los indígenas de la isla habían sido diezmados. Dadas las enormes variaciones en las cifras y la cuestión de la confiabilidad de las fuentes tempranas para la demografía de La Española, Henige se vio forzado a concluir «que es inútil presentar cualquier estimado numérico en base a las evidencias con las que actualmente contamos»4.
El debate en torno a la población de México Central también ha sido acalorado. Desde 1948, y gracias a los esfuerzos académicos conjuntos de Borah, Cook y Simpson, nuestro conocimiento de la historia demográfica mexicana se ha ex- pandido gradualmente. En relación con el exhaustivo estudio de fuentes viejas y al descubrimiento de otras nuevas, la «Escuela de Berkeley» ha presentado un cuadro de una población aborigen sumamente densa en el área en el momento del arribo de Hernán Cortés. En 1948, Cook y Simpson proyectaron una po- blación de once millones para México Central en 1519. Con nuevos registros de tributo disponibles, en 1963 Borah y Cook alcanzaron un estimado más elevado de 25,2 millones. Ellos señalan una caída a 16,8 millones en 1532; 6,3 millones en 1548; 2,65 millones en 1568; 1,9 millones en 1580: 1,375 millones en 1595 y 1,075 millones en 1605 (Cook y Byrd 1948; Borah y Cook 1963, 1960a y 1960b). Hay pocas controversias con respecto a la validez de las cifras de 1568 a 1605, pero hay grandes discusiones en cuanto a las del primer medio siglo des- pués del contacto. La discrepancia radica en parte en la naturaleza de las fuentes tempranas: es necesario convertir las cifras de bienes del tributo en tributarios y luego convertir estas cantidades en todas las categorías de gente. El proceso de conversión deja espacio para que se introduzca una serie de juicios humanos que pueden muy bien llevar a un sustancial error cumulativo. Utilizando los mismos datos para los periodos posteriores, Rosenblat estima solo 4,5 millones para todo México en 1519. Basándose en un detallado estudio del núcleo del área de México Central, Sanders sugiere que los estimados de Borah y Cook
4 Véase Henige (1978: 237); Rosenblat (1976: 43-66); Verlinden (1973: 453-462 y 1968: 633-
646); Amiana (1959: 116-134); Woodrow y Cook (1971-1977, vol. 1: 376-410); Lipschutz (1966: 229-247); Córdova (1968: 23-49); Moya Pons (1971); y, Zambardino (1978: 704).
La catástrofe demográfica andina. Perú 1520-1620
44
son aproximadamente el doble de lo que él cree fue viable. La obra de Sanders se basa en el análisis de los datos escritos y la capacidad de acarreo de ciertas áreas agrícolas, más las evidencias arqueológicas (Rosenblat 1954, vol. 1: 102; Sanders 1976: 85-150). Pero se mantenga o no la proyección de veinticinco millones de Borah y Cook, es claro que la mayoría de los investigadores acepta ahora una po- blación mucho más grande para el área de lo que se creía probable. En la década de 1940 los investigadores consideraban que una población aborigen mexicana de unos cuatro millones era lo más probable. Actualmente la mayoría de los estudiosos cree que por lo menos entre diez y doce millones de personas vivían en México Central en 1519, debido a las detalladas investigaciones de Borah y Cook en el último tercio de siglo5.
La controversia sobre el tamaño de la población aborigen se extiende a otras áreas de las Américas. La población de América Central fue revisada por MacLeod (1973: 52, 71, 93, 332), Sherman (1979: 4-6, 347-55), Radell (1976: 67-76) y Daugherty (1969)6. El área amazónica recibió la atención de Denevan, Sweet y
Hemming. Chile fue estudiado por Mellafe (1965, vol. 1: 45-55), Carmagnani (1967: 179-191) y Larrain Barros (1975: 269-300)7. Bolivia fue investigada por
Sánchez-Albornoz y Klein, en especial los siglos XVII y XVIII8. Para Ecuador,
Phelan sugiere una población en la época de la conquista de 500 mil a 750 mil en costa y sierra, con unas 200 mil personas en el Alto Amazonas (Phelan 1967: 44-46). Burgos-Guevara afirma que la población de la audiencia en el tardío siglo XVI estaba entre los 800 mil y el millón de personas (Burgos-Guevara 1972, vol. 2: 483-487). Hamerly, por su parte, sigue preparando un estudio masivo de la misma zona (Hamerly 1974: 24-63; 1970: 203-229 y 1977: 25-69)9. Recien-
temente, varios investigadores han estado trabajando la temprana población de Colombia: Eidt (1959: 374-392), Parsons (1968), Jaramillo Uribe (1964: 239- 293), Ruiz Rivera (1972), Villamarín (1979: 25-84), Colmenares (1969 y 1970), Padilla Altamirano, López Arellano, González Rodríguez (1977) y Friede (1963 y 1965: 5-19). Se ha estudiado extensamente a la población chibcha y las áreas de
5 Denevan estima 18,3 millones para México Central basándose en el promedio de los 25,2 millo-
nes de Borah y Cook y la proyección de 11,4 millones de Sanders. Véase Denevan (1976: 291). En una reseña crítica del método seguido por Borah y Cook, Rudolph A. Zambardino (1980: 1-27) postula un rango de cinco a diez millones.
6 Véase también Barón Castro (1942 y 1959: 325-343).
7 También puede consultarse: Larrain Barros (1975, vol. 1: 269-300), Sweet (1969) y Hemming
(1978).
8 Véase Sánchez-Albornoz (1973 y 1978) y Klein (1979: 315-338 y 1975: 193-220). 9 Véase también Ycaza (1977: 5-26).
El problema en perspectiva
45 Tunja, Quimbaya y Pamplona. Con todo, la mayor parte del resto de América del Sur no ha recibido la atención académica que merece. Venezuela, toda la región de La Plata y partes de Brasil solamente han visto un reconocimiento. Denevan tenía razón al decir lo siguiente: «Los Andes y América del Sur en general cier- tamente han recibido un estudio menos intenso que Mesoamérica y por ello presentan un desafío a los demógrafos históricos» (Denevan 1976: 155).
En esta introducción no es mi intención examinar detalladamente las fuentes, métodos y conclusiones alcanzadas por los recientes demógrafos históricos en su estudio de la población del Nuevo Mundo anterior a la conquista. Esto ya lo hicieron en mayor o menor medida Denevan (1976), Borah (1976: 13-34, 1964: 379-387 y 1970: 173-205), Rosenblat (1967), Dobyns (1966) y Sánchez- Albornoz (1977). Solo deseo señalar que la «polémica», como la llama Rosenblat, en torno al número de nativos americanos va llegando a una coyuntura impor- tante. Le debemos mucho a las estimulantes investigaciones de los miembros de la Escuela de Berkeley, pero vamos entrando a un periodo en el cual se revisarán los estimados y se publicarán colecciones de nuevos materiales para otras áreas del Nuevo Mundo. Coincido, en efecto, con Borah en que «los materiales para la historia demográfica del virreinato del Perú en el siglo XVI podrían resultar ser más completos y mejores que aquellos para México» (Borah 1973: 31).
Actualmente, los estudios históricos de la población anterior a la conquista del Perú ocupan un lugar prominente en el campo. El Perú fue el centro del Impe- rio inca, que se extendió a lo largo de casi cinco mil kilómetros, desde la parte meridional de la actual Colombia a los sectores septentrionales de Argentina y Chile central. Cuzco, en la sierra sur peruana, fue la capital administrativa de esta vasta región andina. Fue la sede permanente de la estructura en donde residía la burocracia incaica. Alrededor de su centro yacían los cuatro suyus del reino, cada uno de ellos con su serie de unidades provinciales. Una red vial que unía costa y sierra se irradiaba hacia fuera y unía comunidades que se extendían desde Quito, Cajamarca, Pachacamac, Jauja, el lago Titicaca y más allá. Cuando los europeos arribaron en el primer tercio del siglo XVI, los reyes incas estaban en proceso de imponer una estructura administrativa y religiosa común a esta extensa área. Los incas eran gobernantes recientes de la tierra. Su imperio fue elaborado en menos de dos siglos antes de que Pizarro y sus hombres llegasen por vez primera a las márgenes septentrionales del mundo andino. Ellos eran los herederos de más de tres mil años de evolución cultural luego de la domesticación de plantas y animales en la zona. Se conocen bien los contornos generales de las culturas preincaicas, pero nuevos descubrimientos llenaron el panorama con más detalles.
La catástrofe demográfica andina. Perú 1520-1620
46
Diversos grupos desarrollaron su carácter único en los valles tanto de la costa como de la sierra, y a veces los valles y regiones eran unidos por la influencia en expansión de un centro vigoroso. Alrededor de 900 a. C. se esparció la influencia chavín por gran parte de la costa peruana y la sierra nor-central. Hace dos mil años surgieron grandes complejos urbanos, como Tiahuanaco al sur del lago Ti- ticaca y Pucará al norte, así como Huari cerca del actual Ayacucho. En la costa sur hubo ciudades más pequeñas en los valles de Acarí, Nazca, Ica y Pisco. La agricultura de irrigación, la guerra y el surgimiento de ciudades y fortalezas su- giere el desarrollo de estados en esta época. Las evidencias arqueológicas indican la expansión moche y chicama, las conquistas de los nazca, un Estado Topará que controlaba los ríos Pisco, Chincha y Cañete, y un Estado Lima que unía los valles de Chancay, Rímac y Chillón. Dos imperios surgieron y cayeron desde aproximadamente 600 d. C.: Huari, que incluía casi toda la costa y sierra central del Perú, y Tiahuanaco, que unió la sierra de Bolivia con el sur peruano y el norte de Chile. Una serie de estados basados en la combinación de valles se desarrolló entre el 1000 d. C. y la expansión incaica. Uno de los más extensos fue el de Chimú, en el valle de Moche, que unía las fronteras del Ecuador meridional con el sector norteño de la costa central peruana, el valle de Supe10.
Si se superpone un mapa de la costa y sierra peruanas sobre el área central de México vemos una banda que cubre el área que se extiende desde Guadalajara y San Luis Potosí hasta Guatemala. Si colocamos el mapa del Imperio incaico sobre América Central, cubrirá una tira desde Panamá a la frontera de California. El área con la que estamos tratando es vasta. El Perú actual comprende un área de aproximadamente el mismo tamaño que los Estados Unidos al este de los ríos Mississippi-Ohio, o Europa, de los Pirineos a Polonia central. Al mismo tiempo debe admitirse que no toda la costa y sierra del Perú son capaces de soportar la agricultura. Grandes extensiones de la costa son cultivables únicamente gracias a la irrigación, y buena parte de la sierra es demasiado quebrada y alta como para mantener cultivos. La meseta central de México brinda un área medioambiental más amplia y favorable para las poblaciones densas que el Perú costeño y serrano. Por supuesto, el Perú es crucial para nuestra comprensión de la historia pobla- cional del siglo XVI. Las consecuencias demográficas de la expansión europea en esta área nuclear son importantes no solo por derecho propio, sino también por su relevancia para lo sucedido en el resto de las Américas.
10 Edward P. Lanning presenta el esbozo más claro de la evolución cultural peruana antes del siglo
El problema en perspectiva
47 Mapa 1: Perú en perspectiva
El objetivo de la primera parte del libro es establecer —basándose en las evidencias y a través de la evaluación de los diversos medios de estimación— las dimensiones de la población indígena del Perú en el momento en que se iniciaron los contactos con el Viejo Mundo. Uno de los límites del crecimiento poblacional es la capacidad de acarreo del sistema ecológico de una sociedad particular. En el primer capítulo examinaremos el potencial agrícola de la economía peruana. Este libro no es una paleodemografía del Perú, pero es necesario examinar las evidencias arqueológicas de su población inca para demostrar el auge y caída de densidades poblacionales en diversos sectores antes del arribo de los europeos. Numerosos investigadores han intentado estimar la población peruana en el momento del contacto, empleando las tasas de cambio poblacional de unidades políticas allí donde los datos son razonablemente confiables. En el tercer capítulo paso revista y hago una crítica sobre dicha información. Otros investigadores han señalado la relación que existe entre la complejidad de la organización social y política y los números humanos. En el cuarto capítulo discuto brevemente cómo podrían relacionarse con Perú. La mortandad de las enfermedades epidémicas usualmente puede predecirse a partir de las experiencias conocidas de poblaciones pasadas. En el quinto capítulo intento aplicar este conocimiento a la historia epidemiológica
a. Costa y sierra de Perú y México Central b. Imperio inca y América Central
c. Perú y el este de Estados Unidos d. Perú y Europa
0 1000 km 0 1500 km
0 500 km 0 500 km
La catástrofe demográfica andina. Perú 1520-1620
48
y poblacional de la región andina. En el sexto capítulo se efectúan diversas proyecciones de censos para estimar la población de contacto. Por último, evalúo los métodos y realizo la proyección final de la población peruana más probable antes de la conquista.
En la segunda parte del libro examino qué sucedió con esa densa masa nativa en el siglo posterior al contacto. La experiencia demográfica de los indios pe- ruanos varió según el medioambiente y la cronología. Hubo diferencias sustan- tivas entre las tierras bajas de la costa —capítulos 8 al 10— y la sierra —capí- tulos 11 al 13—. La costa norte fue la primera zona en entrar en contacto con los europeos y las consecuencias fueron rápidas y catastróficas. Sin embargo, resulta interesante que la pérdida parezca haber sido atajada allí en fecha más temprana. La costa central estuvo dominada por el surgimiento de Lima, el centro administrativo hispano de toda Sudamérica, y las vecinas haciendas cos- teras. La población de la costa sur era especialmente vulnerable a las sequías y los terremotos. La sierra norte era comparativamente baja y quebrada. La despoblación allí en el primer siglo fue particularmente rápida. La vida de los indios de la sierra central estuvo dominada por el trabajo en las minas de mer- curio de Huancavelica y las de plata en toda la zona. El sur, que para finales del siglo XVI incluía al Cuzco y aproximadamente la mitad de la población nativa peruana, sigue siendo la tierra de los indios. El servicio en la mita en las minas de plata de Potosí, en lo que hoy es Bolivia, la producción de coca a lo largo de las laderas orientales de los Andes y la economía pastoril de altura, fueron todas características del mundo cusqueño y cada una de ellas tuvo un impacto diferente en la caída de la población. La segunda parte no es una historia social o una historia demográfica pura; es más bien un intento por esbozar el colapso y la estabilización de una población humana alguna vez densa. Me ocupo de las variables demográficas fundamentales cuando los datos están disponibles, e