5. AUTOMATED FILTERING USING OBJECTIVE DATA
5.2. Analysis Method
Otro ámbito en el que a veces se incluyen palabras de uso interjectivo es el de las fórmulas, rutinas, palabras formulares o fórmulas rutinarias45. Uno de los autores que más ha desarrollado el tema de las fórmulas o rutinas es Coulmas (1981), que las define como “highly conventionalized prepatterned expressions whose ocurrence is tied to more or less standardized communication” (id.: 2-3). El carácter convencional y fijo las aproxima mucho a las interjecciones, en tal forma que parte de ellas corresponden precisamente a fórmulas o palabras rutinarias. Para el español, entre los
44
Como muestra de la evolución de las gramáticas más recientes hacia una visión más amplia de los aspectos pragmáticos, en Renzi et al. (1997), Bosque y Demonte (1999) y Barbero y San Vicente (2006), se dedican capítulos enteros a los marcadores, entre los que se incluyen muchas interjecciones. En Bosque y Demonte, por ejemplo, se encuentran mayoritariamente entre los “enfocadores de la alteridad” (hombre, bueno, vamos, mira, oye), que se centran en el oyente o en ambos interlocutores (Alonso-Cortés, 1999: 4171).
45
La terminología al respecto es muy varia. Coulmas (1985) emplea el término ‘conversational routine’, Ameka (1992a) el más general de ‘formula’. Para el español, Corpas Pastor (1996) se sirve de ‘fórmulas rutinarias’ para indicar la misma entidad, mientras que Calvo Pérez (1997) utiliza la traducción de routine ‘rutina’ o ‘palabra formular’.
estudiosos de la fraseología y, luego, de esta forma de enunciados fraseológicos, se puede citar Corpas Pastor (1996: 174) que destaca el hecho de que estas unidades fraseológicas están formadas por “secuencias de palabras estables que representan formas fijas de analizar y concebir la interacción comunicativa”, pero, además, reflejan valores culturales determinados, al expresar comportamientos sancionados por la comunidad hablante. Al igual que las interjecciones, las fórmulas rutinarias están estrechamente vinculadas con las situaciones discursivas, en particular intercambios conversacionales, por lo que “su aparición es predecible a partir de circunstancias concretas” (ibídem). Formal y semánticamente, también comparten cierta fijación, definida por el autor como “petrificación formal y semántica” (id.: 179).
Retomando la terminología de Roos (1985) y de Coulmas (1985), además, Corpas Pastor (1996: 175) divide las rutinas en fórmulas sociales o de cortesía, a su vez divididos por Coulmas en fórmulas rutinarias de la esfera marginal de la interacción (saludos, despedida etc.) y aquéllas para otras situaciones semi-ritualizadas (peticiones, disculpas etc.); las fórmulas estructuradoras del discurso o de dirección del discurso y, por último, fórmulas expresivas o psico-ostensivas que expresan “los sentimientos y la disposición del hablante”. Y es precisamente dentro de éstas últimas que se pueden encontrar algunos casos de interjecciones impropias, con la función de manifestar los sentimientos y emociones del hablante, pero también la de servir en el desarrollo regular de la interacción social. Se trata fundamentalmente de formas de asentimiento, generalmente caracterizadas por un contorno entonativo exclamativo (¡claro!, ¡desde luego!, ¡está bien!), negaciones enfáticas (¡qué va!) y una serie de locuciones interjectivas que destacan por su fuerza ilocutiva (¡Vamos,
¡anda!, ¡Qué bien!, ¡Y un jamón!, etc.).
Como se ha visto, la tradición gramatical, aún sancionada por los diccionarios y por distintos estudios que siguen indicando las palabras rutinarias como interjecciones, hace que la frontera entre estos dos fenómenos sea todavía bastante borrosa. Se suele hablar, efectivamente, de interjecciones formulares, en la tradición española, y comportative o ottative, según la terminología empleada por Poggi, para agrupar elementos lingüísticos que normalmente corresponden a fórmulas de saludo (buenos días, hola, buenas tardes) y despedida (adiós, hasta luego) o a expresiones de cortesía (gracias, por favor, perdón) (cfr. § 3.2.3.1. y 3.2.3.2.). A modo de ejemplo, es lo que hace también Torres (2000: 139) en su propuesta, al incluir dentro
del grupo de las interjecciones fáticas todos estos elementos con función de saludo, despedida y agradecimiento o también Wilkins (1992) que, en su análisis sobre la naturaleza deíctica de las interjecciones, a propósito de las fórmulas, afirma que
they are conventional lexical items which constitute an utterance by themselves, they are contextually bound, and [...] their features of use and their semantic structure are very similar to other interjections” (id.: 142).
Sin embargo el autor afirma que las fórmulas forman una subclase de interjecciones ya que están vinculadas a situaciones muy comunes y específicas, en las que “their function is mainly to acknowledge, promote, and/or maintain social relations in accordance with cultural conventions” (ibídem). De opinión distinta resultan Ameka (1992) y Calvo Pérez (1997), que establecen la diferencia entre los dos elementos lingüísticos, recurriendo a la teoría de los actos de habla citada en § 3.2.5.2. Para Calvo Pérez (1997: 90), resulta claro que la interjección no coincide con las palabras formulares, ya que en éstas “existe un contenido semántico, un uso fijado firmemente a unos semas que no se advierte en la interjección” y además la fuerza ilocutiva se une al dictum. Ameka (1992: 246) fundamenta su distinción precisamente sobre la presencia o ausencia de dictum:
interjections have a semantic structure which is different from that of formulae principally because they do not have an illocutionary dictum while formulae have such a meaning component. [...] Interjections are not fully-fledged speech acts because one would expect a speech act to have an illocutionary dictum. One word routines or formulae, however, are speech acts because they have the essential components that constitute such an act.
Si la interjección, por disponer únicamente de fuerza ilocutiva, no llega a ser un acto de habla completo, las fórmulas sí pueden considerarse actos de habla completos, ya que al agradecer algo a alguien, por ejemplo, se realiza una acción determinada, regulada por convenciones no sólo lingüísticas sino también sociales.
Esta diferenciación solucionaría el problema de incluir ciertas fórmulas, consideradas tradicionalmente como interjecciones, en estudios de fraseología y permite ceñir el análisis de las interjecciones a determinadas entidades lingüísticas no gobernadas exclusivamente por convenciones sociales, como es el caso de las fórmulas rutinarias.