6. Phase 2 Focus Group Data Collection
6.5 Main Focus Group Study
6.5.3 Data Management and Analysis
6.5.3.1 Analysis Procedure
1. Al modo de alcanzar la unidad de lo múltiple desde la perspectiva de un principio se llama método. El método es el camino, la manera de demostrar y conocer una cosa y ha de conducir a la evidencia total. Por su término, el método es la evidencia. Y como no es evidencia de cosas en sí, el método incluye la aprioridad. De modo que evidente es lo que se patentiza de una manera pura e inmediata, sólo expresable en una inte- lección apriórica.
Ahora bien, Fichte piensa que Kant utilizó un método inductivo, an- clado en lo fáctico, en los hechos: afirmó tales hechos, sin procurar “deducirlos”, en el sentido de fundamentarlos. Kant se habría quedado en un procedimiento empírico35. Empírico significa aquí lo mismo que fácti-
co, una simple constatación; por ejemplo, Kant afirmó la unión de la ra-
zón teórica y la práctica; indicó incluso su punto de conexión, pero no llegó a enfocarlo genéticamente. Realizó, pues, una proiectio per hiatum, o sea, proyectó simplemente la unidad, sin justificar la razón de su naci- miento. El método, según Fichte, ha de ser genético. Kant descubrió los
34. I. KANT, KrV, B 25-27. 35. FBw, II, 388.
hechos más altos de la conciencia, pero se contentó con establecerlos como hechos absolutos36.
Por tanto, Fichte reconoce que Kant va más allá de los hechos, asig- nándoles un principio; pero este principio es una síntesis post factum37
: su posición es sintética, no genética. Lo dicho por Kant ha de ser funda- mentado, según Fichte. Sólo así lo fáctico resultará genético, visto inte- lectualmente de una manera inmediata y pura.
El método lleva a una intelección de la ley que permite surgir la evi- dencia. Esta intelección es regida por una ley racional, de la cual no hay que tener ya una nueva intelección.
Fichte pretende decididamente “introducir evidencia genética, y sólo a partir de ésta deducir la fáctica”38
. No se contenta con indicar que hay unidad, sino exige saber por qué debe haberla. El mundo sensible y el mundo inteligible “han de tener como fundamento un principio genético que absolutamente los produzca y determine”39. El pensamiento no se ha de hallar “como una cosa dada, sino que ha de ser comprendido como algo necesario en virtud de una ley”40
.
La Doctrina de la ciencia quiere mostrar la génesis de los conceptos fundamentales: no la génesis psicológica –pues eso sería empirismo–, sino el origen radical y procedencia intemporal de tales conceptos. El te- ma filosófico es la conexión, la remisión de un problema a su origen para verlo brotar de sus supuestos racionales necesarios en el lugar que ocupa dentro del sistema. Intenta, pues, hacer genético lo fáctico, liberándolo de la azarosidad.
Ahora bien, Fichte recuerda que no todo en la conciencia puede de- mostrarse. Ha de haber un principio desde el cual se haya de iniciar la demostración y en el cual descanse la validez de ésta. El quicio sobre el que descansa el principio primero no es objeto de demostración, sino de simple intelección (Einsicht) o intuición (Anschauung). Dicho principio expresará un acto originario de la conciencia, y no se puede deducir de conceptos: lo obtenemos apoyados en la intuición. Lo que Fichte preten-
36. IX, 40. 37. X, 111. 38. X, 112. 39. X, 110. 40. IX, 325.
de contemplar no es un hacer determinado, sino un hacer en general, un hacer absolutamente interno; y esto no es asunto de pensamiento discur- sivo, sino de intelección intuitiva.
En 1794 este método se orientaba a la intelección del yo. En 1804 el mismo método se dirigía a la génesis de la verdad, en la cual se habría de insertar la verdad del yo autoconsciente.
2. De lo expuesto se comprende que ya en 1794 Fichte dijera que el principio de la conciencia, establecido por Reinhold, para ser primero, tendría que ser completamente incondicionado: que dependiera todo de él, pero él mismo de nada. En cambio, el principio de Reinhold expresa- ba tan sólo un hecho de conciencia, un factum; Fichte objetó que el con- cepto de representación, como expresión de un hecho, no puede ser lo primero. Todo lo fáctico tiene como presupuesto, en la conciencia, al yo: no hay objeto sin la suposición del sujeto, no hay hechos sin la suposi- ción de la conciencia, para la cual el factum es factum.
En la medida en que un acto primitivo del sujeto permite obtener, para todos los datos de la conciencia, una certeza viva, eficaz y creadora –no simplemente formal, como la otorgada por las matemáticas– puede considerarse como un principio primero. No trata Fichte de demostrar este principio –puesto que al ser primero no puede ser demostrado–, sino de descubrirlo en su despliegue fundante41
. Fichte sabe que su tarea filo- sófica no consiste en intuirlo como una cosa cualquiera que, como de- terminación empírica, cayera en la conciencia; sólo ha de manifestar, mediante la obra de reflexión y abstracción, ese acto que está implicado en toda conciencia y que es hecho presente, como realidad puramente inteligible, por intuición intelectual42. Ésta descubre el acto en el que el sujeto o el yo retorna sobre sí mismo como ser espiritual y autónomo. Esta intuición acompaña fontalmente a cada hecho –pensamiento o ac- ción– de la conciencia, pero jamás se presenta aisladamente como un acto completo de conciencia. Sólo el filósofo, por abstracción y refle- xión, la distingue y la aísla43.
41. I, 91. 42. I, 480-486.
En conclusión, esa intuición intelectual del acto que figura como punto de partida de la Doctrina de la Ciencia es el producto de un análi- sis filosófico, de una abstracción, nunca la intuición de una existencia en sí absoluta: el yo-sujeto que está en el punto de partida es una reflexión y abstracción del filósofo; como tal, es la forma del sujeto puro, y no puede confundirse con un yo-sujeto que sólo estaría al final y que, existiendo por sí mismo, sería la realización y el contenido de esa forma. Ahora bien, no hay “dos yos”, dos sujetos absolutos: “Fichte ha querido mostrar solamente que una filosofía crítica que parte del espíritu humano, de la conciencia humana, no puede captar directamente en sí al absoluto; ella no puede captar de él sino aquello que en él es accesible a nuestra refle- xión, es decir, la forma; y la transformación de esta forma en su conteni- do, su realización, constituye precisamente, para nuestro espíritu limita- do, su tarea propia, su fin, el cual no puede ser alcanzado jamás. La ac- tualización del espíritu puro, del sujeto absoluto, es infinita; el sujeto verdaderamente real en sí es para nosotros una idea, un ideal”44.
Es preciso, por tanto, distinguir entre el “yo formal” y el “yo ideal”: el primero es el punto de partida de la reflexión filosófica; el segundo –que es independiente de la reflexión y superior o anterior a ella– es el fin que da al yo formal su contenido y objeto45
. Ese yo puro, llamado por
44. X. LÉON, Fichte et son temps, I, 380.
45. “Quiero añadir dos palabras más acerca de una singular confusión: la que ocurre entre el yo como intuición intelectual, del que parte la Doctrina de la ciencia, y del yo como idea, en el que la ciencia finaliza. El yo, como intuición intelectual, solamente retiene la forma del yo (Ichheit), el acto de retorno sobre sí, que se presenta también como el mismo contenido del yo; y esta intuición es la que ha sido definida ampliamente antes. El yo, bajo esta especie, sólo existe para el filósofo; y solamente porque es así captado se eleva a la filosofía. Pero el yo como idea
sólo existe para aquel mismo yo que es enfocado por el filósofo; y el filósofo no lo pone como su
idea particular, sino como la del hombre ordinario, en su estado completamente disperso en la vida. Este yo se encuentra, pues, en una esfera del pensamiento completamente diferente de aquella en que se sitúa el primero. El yo como idea es el ser racional (la razón) en tanto que, de una parte, expresa totalmente la razón universal, porque él es verdadera y enteramente racional y no es nada más que eso; por lo cual, en tanto que ha dejado de ser un individuo –cosa que él no podría ser sino como consecuencia de una limitación sensible–; y en tanto que, de otra parte, el ser racional ha realizado completamente la razón fuera de él, en el mundo, el cual queda consi- guientemente puesto también en esa idea. El mundo subsiste en esta idea, como mundo en gene- ral, como sustrato, con tales leyes mecánicas y orgánicas determinadas; pero estas leyes están destinadas enteramente a expresar el fin último de la razón. El yo como ideal tiene de común con el yo como intuición solamente esto: en ninguno de los dos el yo es pensado bajo la modalidad de
Fichte a veces absoluto divino, “no es el punto de partida de la Doctrina
de la ciencia, sino su ideal; su punto de partida es solamente la forma del
yo puro, del absoluto, y esta forma es la afirmación misma de nuestra humana razón. En esto Fichte siguió siendo un discípulo fiel de la Críti-
ca, y no puso en el origen de la Doctrina de la ciencia al absoluto en sí,
sino al absoluto por relación a nosotros. Si sus contemporáneos lo hubie- ran comprendido, si se hubieran dado cuenta de que el yo puro del inicio es una simple forma y que el yo puro ya realizado es solamente para nuestro espíritu humano un ideal, por demás inaccesible, muchos malen- tendidos se hubieran evitado; estos surgieron por una falsa interpretación de la doctrina; y en particular se hubiera evitado aquella absurda acusa- ción de egoísmo, tan ampliamente otorgada a la Doctrina de la ciencia, o incluso la atribución a Fichte de dos filosofías”46. El factum no es un ab-
soluto, sino un relativo, un para el yo, pues está sometido a las condicio-
nes que, en la conciencia, lo constituyen. Dado que el fundamento rebasa siempre a lo que funda, el principio buscado por Fichte tiene que rebasar necesariamente lo múltiple, lo fáctico. Por tanto, no es hecho, (Thatsa-
che): un hecho es lo contrario de un principio, porque es una determina-
ción, algo que exige explicación. Ha de ser, por tanto, acción originaria o
autogénesis (Thathandlung): actuación radical del yo mismo.
Sólo aquel actuar que fundamenta representaciones y hechos puede ser principio primero. Esta autogénesis decide el sentido de los principios de la Doctrina de la ciencia, en tanto que en ella se concilian las dos instancias kantianas: la de la apercepción transcendental (en el orden teórico) y la de la libertad (en el orden práctico). En Kant la apercepción
individuo; en el último, porque la determinación de la forma del yo (Ichheit) no ha sido todavía llevada hasta la individualidad; en el primero, por el contrario, porque el desarrollo conforme a leyes universales ha hecho desvanecerse la individualidad. Pero los dos ‘yos’ se oponen en esto: el yo como intuición no conserva del yo nada más que la forma, y no incluye una materia propia del yo, la cual sólo se hace concebible por el pensamiento que tiene el yo del mundo; por el con- trario, el yo como idea implica, en su integridad, el pensamiento de la materia del yo. El primero es el punto de partida del conjunto de la filosofía, es su concepto fundamental. La filosofía no llega al segundo; solamente en la parte práctica es donde esta idea puede ser puesta, como el fin supremo del esfuerzo de la razón. El primero se ha dicho que es una intuición original –y se hace concepto del modo en que ha sido suficientemente descrito–; el último no es nada más que una idea; no puede ser pensado de una manera determinada, y no será jamás real, pero nosotros debe- mos aproximarnos a él indefinidamente” (I, 515-516).
transcendental es primariamente forma unificadora del conocimiento, puesto que unifica el material ofrecido por la sensibilidad, y sin este ma- terial está vacía. Pero en Fichte el yo no es sólo condición formal, sino también material. Nada puede haber que determine previamente al yo. El yo se produce a sí mismo, sin otro fundamento fáctico; es, por ende, pura autogénesis: su ser es su poner, la posición del yo por sí mismo es activi- dad pura y refleja. Poniéndose es, y es poniéndose47. Entender esa auto- génesis significa concentrarse, por encima de los facta, hasta donde la necesidad causal pierde su vigencia48
.