5.3 Parameter Learning and kernel approximation
5.4.2 Analysis of the proposed feature mapping
El 2014 fue un año en que se consolidó un escenario de crecimiento divergente en el mundo desarrollado, con Estados Unidos convirtiéndose en uno de los motores del crecimiento global, mientras que la Eurozona y Japón volvieron a enfrentar un ciclo recesivo.
Las economías emergentes también tendieron a moderar de manera significativa su ritmo de crecimiento, afectadas por un dólar que se fortaleció a nivel global, precios de materias primas que disminuyeron y condiciones de financiamiento externo que poco a poco se tornaron más restrictivas.
De igual forma, la economía chilena exhibió una importante desaceleración en su actividad y en los distintos componentes de la demanda interna. Gran parte de esta mayor debilidad ya había comenzado en 2013, cuando tras el fin del ciclo de altos precios de commodities la economía chilena crecía 4,1%, bastante por debajo de lo exhibido en el trienio anterior 2010-2012, cuando alcanzó un crecimiento promedio de 5,7%. No obstante, este ciclo de menor crecimiento continuó en 2014, siendo el año en que aparecieron elementos a nivel local que terminaron afectando de manera importante las expectativas de empresarios y consumidores, gatillándose así un desplome de la inversión y una desaceleración del consumo privado. En este contexto, la economía local creció en el presente año en torno a 1,7%, alcanzando la tasa de expansión más baja desde la crisis financiera de 2008-2009.
En el ámbito externo, las perspectivas de crecimiento, tanto del mundo como de los socios comerciales del país, terminaron siendo menos auspiciosas que lo anticipado. Los bancos centrales de Japón y de la Eurozona se vieron prácticamente en la obligación de implementar medidas de estímulo monetario no convencionales en respuesta a una actividad que registraba tasas de crecimiento negativas y en las que surgían temores crecientes de deflación.
En el mundo emergente, China continuó moderando su ritmo de actividad, creciendo en torno a 7,4% en 2014, siendo éste un factor de gran incidencia en la menor demanda global por commodities. No obstante, este año se vieron atenuados los riesgos asociados a una paralización aún mayor de su economía así como del riesgo de observar algún grado de colapso de su sistema financiero altamente endeudado.
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En cuanto a América Latina, las condiciones fueron sin dudas las más deterioradas dentro del mundo emergente, en gran parte debido a la alta exposición al precio de las materias primas que sustentan las economías de la región.
Dentro de este panorama de perspectivas pesimistas, la gran excepción fue la economía estadounidense, que durante 2014 creció a un ritmo sólido, lo cual se tradujo en ganancias importantes en materia de empleo. Estas condiciones favorables llevaron a que, tal como fue anunciado en diciembre de 2013, la Reserva Federal redujera paulatinamente su programa de compra de activos a lo largo del año, poniéndole fin en octubre de 2014 y sentando así las bases para el comienzo del ciclo de alzas de tasas que se anticipa para la segunda mitad de 2015.
Otro elemento de gran impacto en la economía global fue la abrupta caída en el precio internacional del petróleo durante los últimos meses de 2014. La baja respondió a la decisión por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC) de no recortar sus niveles de producción como medida disuasiva para los nuevos competidores de alto costo que han surgido en Norte América, y que han llevado la oferta global de crudo a niveles cercanos a los máximos históricos. En unas pocas semanas, el precio de referencia del petróleo disminuyó más de un 40%, lo que trajo consecuencias importantes para una serie de países altamente dependientes de su exportación, como es el caso de Venezuela y Nigeria.
Por el momento, el caso más complicado ha sido el de la economía rusa, la cual se vio enfrentada a un ataque especulativo contra su moneda, que tendió a estabilizarse al cierre del año tras una serie de medidas implementadas por el Banco Central.
Con todo, se estima que los efectos de un menor precio del crudo serán finalmente positivos a nivel global, por cuanto liberarán recursos de los consumidores que podrán ser gastados en otros bienes y servicios. En este contexto, la economía local comenzó el 2014 con un impulso débil que arrastraba del último trimestre del 2013, período en que se produjo el gran colapso de la inversión, aunque el consenso de mercado miró siempre con optimismo el desarrollo para el resto del año, anticipando que la actividad iría de menos a más.
Lo cierto es que las cifras locales continuaron debilitándose en la primera mitad de año, registrando una expansión de 2,3% en el primer semestre, influenciadas por nuevos descensos en la inversión, al tiempo que las expectativas de consumidores y del empresariado continuaron descendiendo en la zona pesimista.
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Así, el esperado rebote se aplazó para el tercer trimestre del año. No obstante, las cifras preliminares decepcionaron una vez más, y finalmente la actividad local alcanzó su punto de mayor debilidad durante el tercer trimestre del año, cuando el Producto Interno Bruto se expandió 0,8% en relación al mismo período de 2013. Los datos disponibles del último trimestre comenzaron a mostrar algún grado de recuperación aunque a un ritmo bastante lento.
Gran parte del débil desempeño de la actividad en Chile en 2014 es atribuible a la fuerte y persistente caída en las cifras de inversión, que comenzó a retroceder en el tercer trimestre de 2013, completando cinco trimestres consecutivos de descensos, reflejo de una fuerte contracción en la inversión en maquinaria y equipos y una caída en menor magnitud de la inversión en construcción. De esta forma, al tercer trimestre la inversión acumulaba una caída de 7,8% en el año, y no es descartable que se observe un nuevo retroceso en la última parte del año. Detrás de esto hay un evidente y esperable ajuste en el stock de capital deseado ante la menor rentabilidad esperada de los proyectos, sobre todo en el sector minero, producto del término del ciclo de altos precios del cobre, que al cierre de 2013 se encontraba en torno a US$3,40 la libra, mientras que el 2014 finalizaría cotizándose en valores cercanos a US$2,95.
Otros elementos de carácter interno contribuyeron, durante este año, a exacerbar el alto grado de incertidumbre en el sector privado. El sector exportador sintió los efectos del menor dinamismo global, cuyos envíos al extranjero, tras crecer 4,3% en 2013, se expandieron apenas 1,8% al tercer trimestre de 2014, mientras que el consumo interno y la inversión tuvieron su contraparte en internaciones que cayeron 6,8%. En este contexto, el déficit en cuenta corriente se ajustó rápidamente de un 3,4% del PIB en 2013, a un 1,6% al cierre del tercer trimestre.
Respecto al mercado laboral, la tasa de desocupación aumentó levemente en relación a los niveles observados en 2013, pasando desde un 5,7% en diciembre del año pasado a un 6,4% en octubre del presente año. Si bien en primera instancia resulta extraño el moderado ajuste del mercado laboral al ciclo de actividad, hay cambios importantes en la composición del empleo que dan cuenta de algún grado de deterioro adicional en las condiciones del mercado del trabajo. Particularmente, la dinámica del empleo en 2014 estuvo en gran parte influenciada por un incremento del empleo asociado a la demanda del Estado y un mayor empleo por cuenta propia, en vista que se aprecia una disminución de empleo asalariado en sectores productivos como la minería, el comercio, la construcción y la industria.
En materia de inflación, 2014 terminó siendo el año de mayor inflación desde el 2007-2008, llegando a diciembre con una variación en doce meses de 4,8%, aunque alcanzando en su punto más alto un incremento interanual de 5,7%.
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En el traspaso de la depreciación del tipo de cambio a precios locales fue bastante superior a lo anticipado, tanto por una mayor paridad peso dólar -que finalizó el año en torno a los $610 por dólar, desde un valor de $524 a comienzos de año, es decir, una depreciación del orden de 16,5%-, como por un coeficiente de traspaso superior.
Otros elementos tuvieron relación con incrementos de algunos bienes, producto de la entrada en vigencia de la anunciada reforma tributaria, la cual encareció el precio de las bebidas azucaradas, bebidas alcohólicas y cigarrillos.
La fuerte caída en el precio internacional del petróleo ayudó a atenuar las presiones inflacionarias hacia el cierre de año, aunque aún persiste cierto grado de incertidumbre respecto a la evolución de la inflación subyacente, la cual aún podría verse presionada por una evaluación de brechas de capacidad menos holgadas y por la evolución de las remuneraciones, que durante 2014 han mantenido tasas de expansión elevadas. Consciente de que una parte importante de esta realidad inflacionaria era de carácter transitorio, el Banco Central continuó entregando un mayor estímulo monetario a la alicaída actividad, rebajando paulatinamente la tasa de política monetaria desde un valor de 4,5% a comienzos de año a 3,0% anual en su reunión de octubre, mes en el cual comunicó un cambio hacia un sesgo neutral que se mantuvo en los últimos meses del año.
En este sentido, si bien durante el año hubo un traspaso importante a otras tasas del mercado, la política monetaria no ha logrado de momento tener el efecto reactivador anticipado.
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