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ANTIBACTERIAL ACTIVITY
La libertad de la prensa no es otra cosa que una facultad de escribir y publicar lo que cada ciudadano piensa y puede decir con la lengua.
Manuel Belgrano
Jovellanos renueva la atención sobre la opinión pública, una construcción de la Monarquía Absoluta retomada por la Ilustra- ción, para pensar cierta cuestión clave de la legitimidad moderna: la soberanía de la nación articulada al rol de la opinión pública y la libertad de imprenta para el ejercicio del poder público; el planteo del andaluz en la GBA sobre la función de ese sistema complejo que gira alrededor de los medios de comunicación hace de Napoleón el foco de sus ataques y exige la discusión pública de lo sucedido en las cortes; refuta al invasor: “Ese que con desen- frenado despotismo” ha obligado a las cortes a mantener secreto y a no develar lo que en ellas se trata “con lo cual se perjudica el firme y esforzado patriota”, y por el contrario “el débil o el venal la aprovecha en su beneficio”. No solo juzga que es una “tiranía atroz” privarlas de ese derecho, peor aún, “no contribuye a ilus- trar a la opinión pública”; aparece el concepto que liga ilustración con opinión pública y llama la atención sobre el rol de la opinión pública y la libertad de imprenta para el ejercicio del poder; pese a que en los artículos de la GBA aclara que no pretende desplegar las ventajas de una nación de imprimir y escribir, sostiene que sin ellas “es imposible formar, ilustrar, o fixar la opinión (…) con lo que se ofusca la ignorancia, el interés y el error”. Puntualiza que la verdad solo es posible por medio de la discusión y del choque de opiniones porque “quando las materias se agitan y ventilan libremente los hombres exercen sus facultades intelectuales, y aplican su razón, meditan y no tardan en distinguir lo verdadero de lo falso”. Repasa la situación general del imperio español: ruinas de escombros que hay que levantar [la misma metáfora del Plan] para construir otro a partir de la formación de una constitución política que garantice la independencia y la libertad, premisa que le da pie para exponer la necesidad de publicar: “Los hombres
de luces y de talentos, recurran para ilustrar y formar la opinión pública por medio de sus escritos”.201 El tramo ratifica lo dicho en el prospecto inaugural de la GBA, y es opuesto a la otredad del Plan donde lo verdadero es lo propio y lo falso lo ajeno que no participa de lo propio y por lo tanto la discusión está fuera de toda posibilidad. Convencido del impacto pedagógico de los periódicos Jovellanos supone la libertad de prensa y la agilidad informativa como sustancial para el progreso de las naciones y pone como ejemplo –en realidad un reflejo mecánico de interpretación– al reciente aliado de España en la guerra contra Francia:
La Inglaterra es invencible, ha aumentado sus riquezas, ha adelantado las artes y las ciencias más que ninguna nación del mundo, porque gozando sus naturales de la libertad de la prensa ó de la libertad de una pronta y rápida comu- nicación de ideas y pensamientos entre sí, de palabra, y por escrito, todos conspiran a un mismo fin, porque todos conocen la verdad y su verdadero interés.
Días después en otro artículo202 introduce a Estados Unidos ya que son “los dos países que han gozado de más libertad de prensa”, e identifica a la opinión pública como una fuerza viva cuyo poder se sustenta en su número y en su extensión a lo largo de todo el territorio español; recalca que la utilidad de un mejor y más rápido intercambio de noticias del imperio estará dado por un enlace espacio temporal: “Los correos deben aumentarse y arreglarse de modo que todos los extremos comuniquen unos con otros y con el centro en el menor tiempo posible (…) aunque sea a precio de cualquier sacrificio se deben aumentar y acele- rar las postas y correos, tanto terrestres como marítimos”.203 La libertad de imprenta –sostiene– abarca una doble dimensión, por cuanto por un lado “guía la conducta de los gobernantes, y por
201. GBA Extraordinaria del 17/9, p. 403-406. 202. GBA n° 17 del 27/9, p. 445-446.
203. En el capítulo anterior vimos cómo se armó la estrategia del Plan para ejercer un rígido control de los papeles públicos. Lo expuesto por Jovellanos es posible que haya sido utilizado por Moreno para invertir el sentido.
otro los sujeta a críticas y exigencia de responsabilidad por su gestión”.204
Los escritos de Jovellanos en la GBA revelan que tanto Belgrano como Moreno, autores de prospectos y artículos de filosa pluma (que aún hoy deslumbran por su presunta originalidad) además de repetirlo agregan poco a la cuestión y pone de manifiesto la articu- lación con la tradición española, directriz en muchos aspectos de dicho tema. Nuestros escritores públicos también revalidaron lo divulgado por diarios españoles que llegaban por distintas vías al Río de la Plata, como por ejemplo el Semanario Patriótico, editado primero en Madrid y luego en Sevilla ante el avance del invasor, y El Espectador Sevillano (ambos liberales) que publicó dos series especiales que se divulgaron en Buenos Aires: el Discurso sobre el modo de formarse la Opinión Pública, n° 38-47, 8-17/11/1809 y el Discurso sobre la Libertad de Prensa n° 98-102 /7/13/1810.205 Palabras más, palabras menos, el campo de ciertas ideas con- sagradas sobre la innovación de los redactores criollos quedaría desmalezado; no sería pertinente, entonces, hablar de originalidad de pensamiento en ellos, es probable que no hayan pretendido serlo y sí usufructuar lo que se publicaba en España acorde a los nuevos aires, acreditarlo como propio y trasladarlo a los lectores por medio del Correo de Comercio y la GBA.206
204. Incluimos el tema porque ya desarrollamos el Reglamento de la libertad de prensa de 1811 en el Río de la Plata y entre ambas propuestas el lazo es total. Los artículos de Jovellanos aparecieron en la GBA cuando las cortes españolas discutían el reglamento de la Libertad política de imprenta, aprobada por Decreto IX, del 10 de noviembre de 1810. En el momento de la reglamentación imperaron los mismos fundamentos totalitarios y coercitivos de las Monarquías Absolutas del siglo XVII. 205. La circulación de dichos periódicos españoles está refrendada en Belgrano, general Manuel. Autobiografía del general don Manuel Belgrano que comprende desde sus primeros años (1770) hasta la Revolución del 25 de Mayo, en: Biblioteca de Mayo, Tomo II, p. 966.
206. Con el título de La libertad de prensa es la principal base de la ilustración pública,
el autor del artículo del Correo de Comercio, aparecido en agosto, sostiene que la libertad de prensa es necesaria para la instrucción pública, para el mejor gobierno de la nación y para su libertad civil, debiendo prohibirse solo lo que atenta contra “la religión” y “las personalidades”. Sátiras mordaces o lo que “fuera opuesto a la decen- cia, o lo que es lo mismo, las obscenidades, son las excepciones que puede admitir la libertad de prensa”. Para revisar el artículo ver Díaz, César Luís.Intelectuales y periodismo: debates públicos en el Río de la Plata, (1776-1810), Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, La Plata: 2005, p.149-152.
La reflexión liberal de Jovellanos se asocia a otras observacio- nes impregnadas del despotismo ilustrado recalcitrante que recela de “una opinión mal dirigida” y demanda una opinión pública ilustrada, razonable, reflexiva, sensata con la instrucción como estandarte movilizador del proceso. Así pues, fiel al pensamiento nodal de la Ilustración en la materia, la libertad de prensa sin previo adiestramiento expresaría una opinión irracional, con- flictiva, desquiciada; para estos hombres era menester que la educación precediera a la libertad de imprenta, “introduciéndose esta última de forma gradual”. Para decirlo de otra manera y con mayor claridad: el modo ilustrado de pensar lo cultural es desde afuera, porque desde afuera la razón instrumental europea puede atravesar la inmediatez instintiva de la mentalidad de los otros, los diferentes. La relación –asimétrica– circularía desde los poseedores del conocimiento y la palabra impresa en letras de molde, hacia los otros, los que vacíos, insustanciales, huecos, solo podrían –y deberían– dejarse colmar pasivamente. Por eso la grandilocuencia de lo que se expresa públicamente no condice con aquello que se escribe en la correspondencia privada, tal como sucede en una carta de Jovellanos a su ilustre corresponsal londinense Lord Holland:
Al fin nuestras Cortes han consagrado la libertad de im- prenta (…), la resolución me parece muy precipitada, y me temo que los primeros que se aprovechan de esta libertad para enredar y turbarnos acá y en America serán los fran- ceses (…) esta libertad no puede ser buena sin una buena constitución y para que lo sea la nuestra no debe empezar por aquí (…) no son luces adquiridas de repente las que deben sugerir un plan: luces, estudios, observaciones hechas muy de antemano deben concebirlo, proponerlo (…) no somos muy buenos en política y que sin escritores, sin imprentas, sin compradores de libros, la luz que nos puede venir por este medio [los periódicos] es muy escasa y tardía. La ley será buena para más adelante.207
Manuel Moreno convalida a Jovellanos: “Con el uso libre de la prensa como en Cádiz”, el pueblo ha pasado de golpe “de una absoluta incomprensión a la más ilimitada libertad”. Manuel suscribe que los pueblos no pueden ser libres cuando se quiere que lo sean, “sino cuando pueden serlo”, un pasaje que debe “hacerse por grados”, e instruye sobre la imposición que conlleva la libertad de opinión sin dejar de alertar sobre cuales debieran ser los límites.208
Una comisión de Carlos III pinta de cuerpo entero a Jovella- nos. Nos referimos a cuando el rey, interesado por conocer las prácticas de los sectores marginales de la población, le encargó investigar los espectáculos públicos y las formas de diversión popular; luego de presenciar diferentes representaciones, el sabio quedó estupefacto ante el melodrama y denunció la exagerada complicidad entre los actores y el público para lo cual propuso que cualquier reforma tendría que comenzar por abolir el modo vulgar de la actuación:
Los gritos y aullidos descompuestos, las violentas contorsio- nes y desplantes, los gestos y ademanes desacompasados y finalmente aquella falta de estudio y de memoria, aquel imprudente descaro, aquellas miradas libres, aquellos meneos indecentes, aquella falta de propiedad, de decoro, de pudor, de policía y de aire noble que tanto alborota a la gente desmandada y procaz y tanto tedio causa a las personas cuerdas y bien criadas.209
208. Cuando se reiere a la libertad de imprenta en Buenos Aires sostiene que se tomaron algunas precauciones; Manuel Moreno en Londres era depositario de los
baúles con los papeles de Mariano, entre los cuales iguraba la colección completa
de la GBA de 1810. Dice Manuel Moreno: “Ni era propio que el don de la libertad de
prensa saliese de un gobierno reciente (…) acaso la mayor parte de la sociedad no habría conocido de pronto el beneicio que se le procuraba y no se habría aprovechado
de esta franqueza; en otros, el imperio de la costumbre los haría seguir mirando un
presente desacreditado por la administración anterior (…) la junta la empezó a preparar
(la libertad de prensa) por una discreta tolerancia e hizo saber a los literatos que era tiempo de ejercitar sus talentos”. En: Moreno, Manuel.Memorias de Mariano Moreno,
Carlos Pérez editor, Buenos Aires: 1968, p. 167-168.
209. Gaspar Melchor de Jovellanos. Espectáculos y diversiones públicas en España,
en: Martín-Barbero, Jesús. De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, Editorial Gustavo Gili, Barcelona: 1991, p. 125.
La GBA es atravesada por Jovellanos, un hombre afecto al des- potismo ilustrado y a sus sabios, de talante moderado, apegado a las cortes de los reyes católicos e inclinado por convicción hacia el sistema político británico de gobierno, admirador del librecambio, de la eliminación de trabas a la libre circulación de frutos en el tráfico interno e internacional y de Adam Smith, y partidario de una reforma constitucional, pero renuente a un novedoso proceso constituyente.210
Su pensamiento en el papel público agregaría luz, por un lado sobre la tradición política del proceso revolucionario peninsular y, por otro,ante el eventual fracaso de las ambiciones del gobierno expresadas a lo largo del Plan de operaciones, permitiría atempe- rar las relaciones entre la Junta y la metrópoli.211 Finalmente, la GBA certificaría con el asturiano la inclusión de elementos ideo- lógicos tradicionales españoles en el pensamiento de Mayo y esa tradición se ensamblaría a través del sabio con las enseñanzas propuestas por el liberalismo británico y la revolución industrial. Desde esta conjunción –con Jovellanos como eslabón entre dos mundos– justifica su asistencia en la GBA212 que lo despide sin escatimar elogios y al final revela de quien se trata:
Por el sublime estilo de este papel, por su grande erudición, por las grandes materias que en el se tratan, por lo legal de su pensamiento tan sublimes y los hechos constantes tan
210 En ese tiempo era presidente gobernante de la Junta en Cádiz, en consecuencia el superior del Consulado, y en sus escritos jamás consideró la independencia de las colonias americanas. Jovellanos pretendió dotar a la nación de una Constitución que, respetando las leyes históricas, se convirtiera en el nuevo marco de una soberanía monárquica que habría de desempeñar su función bajo el orden más general de la «supremacía» popular.
211. Tulio Halperín Donghi señala que se trata de una tradición redescubierta que ha de rendir como instrumento polémico contra otra más reciente, la de la monarquía absoluta moderna vista como fruto extranjero, introducida por Carlos y sus conse-
jeros lamencos. En: Halperín Donghi, Tulio. Tradición política española e ideología revolucionaria de mayo, Eudeba, Buenos Aires: 1961, p. 182.
212. Cabría pensar desde el aporte metodológico a la dinámica cultural planteado por Raymond Williams, en qué medida su topología de las formaciones culturales con sus tres estratos: arcaico, (lo que sobrevive del pasado) residual (lo que del pasado se halla hoy como efectivo elemento del presente) y emergente (lo nuevo, el proceso de
innovación en las prácticas y los signiicados), demuestra la imposibilidad de concebir
singulares (…) y largas experiencias de estudios y prácticas en sus teorías políticas de estado y gobierno que se tratan y por las análogas de sus producciones de estilos sobre la Ley Agraria, no dexa duda que ha sido formado por la misma mano, y que su digno autor lo es el esforzado D: M. G. de J. 213
Jovellanos pasa por la GBA y recorre el escenario como un actor consumado; es recibido con admiración y suspenso, recita su parlamento con aplomo y se retira, sin estridencias, ovacio- nado por todos.
2. Blanco White, la GBA, El Español y el Foreing Office
El que paga la orquesta decide cual es la música que se ha de tocar. Robert Merton El último día de diciembre de 1810 la GBA distingue otro escritor público europeo. El redactor ratifica el estilo del periódico con un copete que, a manera de presentación, exalta las virtudes del recién venido aunque esta vez no lo nombra. Se trata de José María Blanco Crespo (o Blanco White)214 quien abona una idea
213. GBA n° 20 del 18/10, p. 521-522.
214. José María Blanco Crespo (1775-1841), periodista y escritor español, se ordenó sacerdote en 1799 y abandonó el catolicismo en 1803; entre 1808 y 1809 colaboró en la redacción del Semanario Patriótico; de jacobino furioso se transformó con el tiempo en un liberal moderado: En 1810 se trasladó a Inglaterra, se hizo llamar Blanco White y editó El Español hasta 1814, año en que se convirtió en ministro de la iglesia de Inglaterra. Revisó traducciones bíblicas al español para la Sociedad Bíblica Británica y en 1821 colaboró con él, Andrés Bello. En 1822 publicó Letters from Spain, donde junto a páginas costumbristas con descripciones de la Semana Santa, las corridas de toros y los espectáculos teatrales españoles criticaba agriamente el atraso de su país, textos muy bien recibidos en Inglaterra; posteriormente colaboró con la Enciclo- pedia Británica; publicó The London Review; asistió como bibliotecario al hispanista Lord Holland (Richard Vassal Fox); fue nombrado Master of Arts por la Universidad de Oxford. Escribió una novela, Intrigas venecianas; abandonó el anglicanismo y se adscribió al Unitarismo. Antes de morir trabajó en su autobiografía, obra que se publicó en inglés en 1845. Hay una llamativa semejanza entre el alto peruano Vicente
Pazos Silva [editor de la GBA a ines de 1811 y de El Censor en 1812] y Blanco White. Ambos fueron curas católicos, ambos se dedicaron al periodismo, ambos vivieron en
compartida por la Junta: el éxito de las colonias depende casi exclusivamente del libre comercio con Inglaterra y nadie mejor para defenderlo que un español peninsular que parece amparar ante la propia metrópoli los intereses americanos:
Entre los papeles de la Europa que corren en el público, interesa la atención un periódico escrito en Londres, cuyo título es ElEspañol. Lo que caracteriza al autor de éste papel, es un alma franca é ilustrada, que se atreve a manifestarse como ella es; y que por amor a su nación prefiere a la gloria de un aplauso pasagero, el honor sólido a disgustarla, haciéndole escuchar unas verdades, que si mortifican su amor propio, dexan entera su utilidad. De un español, en quien no corre una sola gota de sangre americana, sería exigir demasiado un rigor de principios, cuando se trata de examinar nuestros derechos en toda su extensión. Esto mismo hace patente, que un juez tan poco sospechoso de parcialidad por la América, no puede ser recusable, quando pronuncia a su favor. Guiados de esta reflexión nos hemos resuelto dar en esta gazeta, algunas piezas suyas.215
ElEspañol, a pesar de su nombre, se publicó en Londres entre 1810 y 1814 cuando su editor se puso al servicio de Inglaterra y combatió a los españoles; Blanco Crespo no era un “don nadie”, había trabajado en las juntas patrióticas y colaborado con la rebeldía civil ante el invasor francés siendo uno de los redactores acreditados del Semanario Patriótico, el órgano periodístico de la resistencia española, surgido en las tertulias madrileñas de la casa de Manuel José Quintana. Sin embargo, en febrero de 1810 cruzó el Canal de la Mancha, arrojó al agua su apellido materno, llegó a Londres, se hizo llamar Blanco White y decidió promover, en abierta oposición con las cortes gaditanas, el régimen constitu- cionalista inglés; lo esperaba Lord Holland, líder de los Whing216,
Inglaterra y ambos se convirtieron al protestantismo. 215. GBA Extraordinaria del 31/12, p.756.
216. Ya vimos en este mismo capítulo que Lord Henry Richard Vassal Fox, tercer barón de Holland (1773-1840), se carteaba con Jovellanos. Hombre de letras, político
y su bibliotecario John Allen, quienes lo iniciaron en la lectura de Burke y le aportaron ideas “sobre lo que podía escribir y en que sentido debía enfocarlo”.217 Así ganó la calle el periódico El Español que contó con apoyo financiero a partir de los contac- tos de Lord Holland; la secretaría de Negocios extranjeros Lord Wellesley lo subvencionó con la compra de 100 ejemplares por número a través del Foreing Office del gobierno británico218 para el que Blanco White trabajó tres años (1810-1813), recibiendo 250 libras anuales provenientes de fondos secretos como pago por reportes confidenciales y traducciones que realizó para la dicha oficina.219
Además del gobierno inglés, la casa comercial Gordon and Murphy se suscribió con 500 ejemplares y otras sociedades pri-