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El pensamiento hesiódico está determinado por la cultura de la oralidad y por el fenómeno de la religiosidad griega (teniendo entre sus componentes al mito). En este último se arraiga el concepto de moira o destino (μοῖρα, μóρος) que la misma poesía épica utiliza para representar cierto tipo de orden (cosmos) en el mundo. Viene a ser la primera forma en que el pensamiento griego comprendió la supremacía, lo alejado, de la presencia de lo divino; incluso, más allá de los dioses.

123 RIVERA J. E. señala que ϰόσμος antes de Heráclito tenía la significación de «orden político y

social». Heráclito. El esplendente. Santiago de Chile: Brickle Ediciones, 2006, p. 120.

124El pensamiento trágico de los griegos. Escritos póstumos 1870–1871, p.128.

125κατὰ τὴν τοῦ χρόνου τάξιν. El tiempo en las cosmogonías presocráticas. Emerita, Vol. 58, núm. 1

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El pensamiento griego arcaico tiene la idea de moira (Μοῖραι– repartidoras–,

μοῖρα– parte o porción–) como aquello que otorga orden almundodivino y humano. Es una fuerza irremediable que dictamina la existencia como un destino o porción adjudicada que ni los dioses mismos pueden sobrepasarla; y que los filósofos logran recogerla como punto de partida de sus especulaciones. “Se podría afirmar que la filosofía había retrocedido hasta la concepción mucho más antigua de una fuerza sobre humana que se difundía por todas partes de la naturaleza, a partir de la cual se había ido formado una pluralidad de daimones y finalmente una diversidad de dioses completamente personales […] este dios no es una persona o un objeto de culto. Su característica más destacada es la unidad. Esta circunstancia se concilia con la suposición, hecha por los primitivos sistemas monistas, según la cual la naturaleza de las cosas (φύσις [physis]), o principio (ἀρχή [arché]) del mundo ordenado, es una sustancia simple”126.

Esa fuerza sobrehumana es la necesidad irremediable, la moira. José S. Lasso de la Vega interpreta el término moira como una necesidad inexorable y lo asocia al significado de orden regular, como un cierto orden de cosas, un orden o esquema del curso de las cosas. Afirma que “también los oráculos y predicciones, que adoptan una forma condicional, predicen las consecuencias de un cierto curso de la acción y presuponen la existencia de un cierto orden regular. Dicho orden no es voluntad o persona: es un esquema de sucesos, no un poder que los controla”127. La actividad de los videntes, sabios de la Grecia arcaica, presupone la idea de ese orden regular o

esquema del curso de las cosas. F. M. Cornford señala que “si se pueden predecir los

sucesos futuros es porque están determinados, bien por la voluntad y la intención de los dioses, o bien por la existencia de una necesidad inexorable”128.

De esta manera, las primeras interpretaciones del mundo griego consistían en «reconocer», consciente o inconscientemente, la actuación subyacente de una

necesidad inexorable o moira. Esta moira o destino, en su primera manifestación dentro de la religión griega primigenia, implicaba cierto sentido de legalidad autónoma, debido a que dictamina un orden y, además, no está sujeta a control o domino por alguna otra fuerza. Actúa y determina el devenir de todo– tanto del

126Principium sapientiae. Los orígenes del pensamiento filosófico griego, p. 188. 127La religión homérica.” En Introducción a Homero, p.269.

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cosmos divino como del humano. El mismo José S. Lasso de la Vega dice que la

moira es entendida como orden que hasta los mismos dioses no pueden alterar. La

moira con Homero estaba en un plano más allá, y era irrefutable a los dioses olímpicos. Sometía y dominaba sus designios a un cierto límite, es decir, que no podían alterar lo dictaminado por ese ordende cosas.

Pero en la misma obra poética de Homero se abre la posibilidad de encontrar otra significación de moira. Esta nueva noción implica aceptar la idea de que el pensamiento griego arcaico se sostuvo sobre el supuesto de que la existencia de los dioses presupone al mundo sobre el cual ejercen su dominio. José S. Lasso de la Vega afirma que los dioses presuponen cierto mundo formado– regido por la fuerza o

la justicia–, y que “no son los dioses que hayan creado el mundo, que ya existía cuando ellos entraron en escena y tomaron posesión de él”129. Así como a los dioses

griegos les sobrepasa el hecho de haber creado el mundo o, mejor dicho, el material primigenio a partir del cual se constituye el mundo; de la misma manera, se comprendía que a sus dioses les sobrepasa esa Moira como necesidad inexorable. El mundo fue sometido a repartición por obra de los dioses; un mundo que no se identifica con la simple materialidad. Los versos 187–195 del canto XV de la Ilíada

nos ofrecen esta idea de moira.

“En tres lotes está todo repartido, y cada uno parte ha [ἔμμορε] de una honrra: Y a fe que a mí me tocó el canoso mar habitar por siempre

al agitarse las suertes; a Hades le tocó el umbroso occidente, y a Zeus le tocó el ancho cielo en las nubes y el éter;

la tierra todavía es común de todos y el vasto olimpo.

Por eso yo no voy a vivir bajo las mientes de Zeus: que el tranquilo, por pujante que sea, se quede en su tercera parte [μοίρῃ],”

Dado que los dioses se encuentran en un mundo ya preexistente, se impone la necesidad de llevar a cabo una repartición o distribución de la parte o porción

(moira) que le corresponde a cada uno. La porción o parte asignada a cada divinidad es, a la vez, parte integrante de un todo. La idea de moira se fue limitando a la idea de repartición o porción. Como ha indicado E. R. Dodds130 “la μοῖρα se desarrolló partiendo de la idea de un «sino» impersonal hasta convertirse en un Hado personal”. El pensamiento griego cuenta con dos significados de moira: necesidad inexorable, «sino» impersonal, y porción o parte, «Hado» personal.

129La religión homérica.” En Introducción a Homero, p.272. 130Op.cit., p.32, n.65.

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A los dioses les preexiste un mundo que se repartió, pero tal mundo no es una simple materialidad que es dividida en espacios de dominios sino que, también, le es inmanente cierta fuerza u orden que vendría a ser la moira impersonal. Estos versos presuponen la idea de un todo impregnado de esa fuerza impersonal que cuando se

dividió cada porción poseía una fuerza o poder ejercido por la divinidad. Aquí moira

no tendría el sentido de necesidad inexorable absoluta sino de la disposición u ordenación que la divinidad pueda hacer de su correspondiente parte.

El pensamiento hesiódico incidirá en la concepción de moira como porción repartida. Con el agregado de que quien reparte ya no es un poder ajeno a los dioses sino que la distribución es realizada por Zeus; los dioses no tienen la idea de que se

les dio u otorgó su parte sino que fue Zeus quien llevó a cabo tal hecho. La función significativa de moira es asumida por Zeus, que pasa a ser el centro del pensamiento hesiódico perdiéndose en estos nuevos contextos la superioridad indeterminada de la

moira. Esta idea se encuentra expuesta en los versos 70–74 de la ‘Teogonía’.

“el que reina en el cielo,

poseyendo el solo el trueno y el rayo encendido,

tras vencer por la fuerza al padre Cronos, y bien cada cosa partió a los inmortales por igual, e indico los honores.”

Esta expresión de la supremacía de Zeus, como repartidor, es expresión de que el pensamiento griego arcaico ha resaltado, en mayor medida, el sentido de moira

(μοῖρα) como porción o parte. Ahora bien, ese sentido de porción o parte, esa moira, que es otorgada a cada divinidad lo determina a ejercer su dominio dentro de esa porción. Subsiste el sentido de «inexorable necesidad» en el hecho de que no puede rebasar los límites de su porción. Su poder sólo puede ejercerlo dentro de su porción. La «necesidad inexorable» de no rebasar esos límites demarcados. En estos versos se ha elevado la significación de Zeus al nivel del que ostentaba la moira. Pero nunca logra desaparecer del todo su significado de necesidad inexorable.

Al estar encargada la repartición a Zeus la moira se ha concretizado en el acto

de un dios personal. Zeus realiza una distribución entregando a cada uno su porción

o moira. Distribuir se dice en griego nemein=distribuir que deriva a la vez de nomoi

que indica espacio desde el cual surge disposiciones para ordenarlo. Debido a esto F. M. Cornford afirma que esta distribución se convierte en un acto de legislación

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bien no se le atribuye la creación del material primigenio del que se forma el mundo se lo convierte al mundo o cosmos como su espacio de dominio, como su porción

(moira) asignada podríamos decir. Luego, distribuye reconociendo en cada porción

otorgada la identificación de a que divinidad puede ser sometida; el distribuir no se lleva a cabo por un acto arbitrario, sino que deriva de lo que le corresponde como propio a cada porción. Por esto distribuir=nemein se vincula con nomoi como «ley» que emerge desde esa porcion=moira. De esta manera Zeus que distribuye es visto como legislador (nomothetes) debido a que establece nomoi (nemein=distribuir) dado que ha ordenado «legislado» sobre su espacio de dominio. Obviamente que al estar todo distribuido, hay límites y no se puede sobrepasar el espacio de dominio.

Es un distribuir que, a la vez, dispone repartiendo y ordenando; y que en vista a esto establece o señala límites. Y las moiras que también se han concretizado existen para sancionar y perseguir la transgresión de estos límites que ha otorgado Zeus. Pero esta porción limitada que corresponde a cada uno, al ser realizada por Zeus, lo es de la misma manera por la Dike–Justicia ya que dentro del pensamiento hesiódico la significación de Zeus y Dike es dependiente y equiparable, su contexto significativo depende el uno del otro. En este sentido afirma Martin P. Nilsson131 que

“Zeus era desde época antigua, y sigue siéndolo en Hesíodo, el protector del derecho cuya mirada ve y observa todo. Zeus fija el castigo para los soberbios que cometen actos malos y perniciosos”; y luego refiriéndose a la importancia de Dike dentro del pensamiento hesiódico indica que “la Justicia es el fundamento, enviado y protegido por Zeus, sobre el cual se basa la vida de la sociedad humana”. Finalmente sentencia, este mismo autor, que Dike–Justicia no pertenece ni se remite a la esfera de lo divino, sino que es propio de lo humano. Es justamente en el mundo social humano donde encuentra significación todo lo que Hesíodo dice sobre la justicia.

Las creencias sociales y religiosas transformaron el significado de moira como

fuerza irremediable o esquema del curso de las cosas a la idea de porción

distribuida. Las palabras tienen su significación dentro del contexto de la vida diaria y del pensamiento llevado a cabo por los sabios (adivinos, poetas, jueces). Al igual que la filosofía cuando surge recurre a la transformación de los significados de los términos que necesita para expresar una nueva forma de comprender el mundo; en el

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mismo sentido, la religión o creencias griegas se van transformando y, para adecuarse mejor a la sociedad en la que están instauradas, necesitan de esta modificación de los sentidos de la palabra griega. Tanto la filosofía como la religión griega recurren a la especialización de la palabra griega, pero sobre la base de la realidad en la que se da la misma palabra.

Pero el sentido de moira como necesidad inexorable resurgirá bajo nuevos planteamientos y nuevo lenguaje. Sólo quedará la idea de esa presencia que ordena

fuera del poder de los mismos dioses. Esta idea retornara en palabras de los filósofos presocráticos que desvinculan al principio (physis–φύσις–, arché–ἀρχή–) que rige y

es de cualquier personificación ligada a Zeus. La filosofía retornó a ese sentido arcaico de moira como necesidad inexorable y, a la vez, al de porción; en el sentido de que esa necesidad inexorable está relacionada con las porciones o distribuciones

que son los elementos que conforman el todo. Retoma la significación de algo indeterminado que le subyace al mundo ordenado (cosmos). F. M. Cornford afirmó que “la filosofía hereda de la religión,[…], la concepción rectora de un determinado orden de la naturaleza, alternativamente considerado como el reino del destino, de la justicia o de la ley […] el reino de la necesidad es, a la vez y de similar manera, un dominio moral, un principado de la justicia”132.

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