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Chapter 4: Summary and Conclusions

A.3 Appendix A Figures

Según lo visto en el capítulo precedente, los análisis de Kojève nos han dejado al menos dos cuestiones de capital importancia para nuestro estudio: el fin de la historia por un lado, y la muerte del hombre por otro. Sin embargo, ambos temas son pensados por el filósofo ruso a partir de una clara posición hegeliana, es decir, dialéctica. Lo que hemos intentado hacer nosotros, en cambio, es retomar estas dos cuestiones anunciadas por Kojève pero quitándoles, por así decir, su carácter hegeliano; pensar, en definitiva, el fin de la historia pero sin caer en el concepto de “posthistoria”, es decir, sin darle a ese fin un carácter sintético y/o absoluto, y pensar también la muerte del hombre sin identificar a esa muerte con el retorno del animal. En este sentido el presente capítulo estará destinado a analizar algunos “conceptos” de la vasta y compleja obra de George Bataille, cuyo pensamiento se construye muchas veces en un diálogo abierto y conflictivo con el de Kojève, con el objetivo de vislumbrar una forma alternativa, no dialéctica, de pensar aquellas cuestiones que el filósofo ruso, dada su filiación hegeliana, no ha podido desarrollar.

El pensamiento lacerante y sacrificial de Georges Bataille ilumina, con una incandescencia sombría, las perspectivas centrales de este trabajo. En Bataille los conceptos –fundamentales para nosotros– de “experiencia” y de “animalidad” adquieren su fisonomía definitiva. Nadie, como él, ha sabido penetrar en los rincones más profundos de lo inhumano. Toda la constelación conceptual que ofrece su filosofía (si puede definirse así a un pensamiento que desde siempre ha intentado escapar al rigor discursivo-epistémico de cualquier forma de saber constituido) no hace otra cosa que descender (o ascender) a la interioridad del ser en donde el hombre, inevitablemente, sale fuera de sí y se pierde en el desierto de su propia noche.

La posibilidad de una negación no dialéctica (gratuita) que Kojève había vislumbrado en el esnobismo, encuentra en Bataille su realización más acabada y perturbadora. Si en Kojève este salto antidialéctico era concebido en términos de una vida formalizada sin valor histórico, en Bataille, por el contrario, es vivido (y no meramente concebido) como una herida lacerante en donde el ser del hombre en su totalidad es puesto en juego. En una famosa carta inacabada, dirigida a Kojève, fechada el 6 de diciembre de 1937, Bataille afirma:

Si la acción («el hacer») es – como dice Hegel – la negatividad, se plantea entonces la cuestión de saber si la negatividad de quien no tiene «ya nada para hacer» desaparece o subsiste en estado de «negatividad sin actividad»: personalmente, no puedo decidirme más que en un sentido, siendo yo- mismo exactamente esta «negatividad sin actividad» […] Yo veo también que Hegel ha previsto esta posibilidad: al menos no la ha situado como conclusión del proceso que ha descrito. Imagino

que mi vida – o su aborto, mejor todavía, la herida abierta que es mi vida – por sí sola constituye la refutación del sistema cerrado de Hegel.124

La négativité sans emploi de la que habla Bataille no es sencillamente la négativité gratuit del esnobismo kojèveano. De algún modo la implica, pero sólo para excederla. Si el esnobismo, como vimos, se caracteriza por un aspecto formal en detrimento del contenido, la negación batailleana, en cambio, arrastra tanto forma como contenido en un torbellino de violencia desgarradora. Esta experiencia transgresora es, por eso mismo, mucho más radical que el esnobismo. Si bien comparte con la negatividad gratuita del esnobismo su rechazo (y la imposibilidad) de la acción (“…la experiencia interior es lo contrario de la acción”125), no obstante envuelve el ser total del hombre

(forma y contenido), empujándolo hacia un desgarro repentino de su identidad y obligándolo a alcanzar ese límite paradójico que Bataille llama “…el extremo de lo posible.”126

Bataille representa, en este sentido, en tanto exceso del sistema hegeliano, el pensamiento que en Hegel, por la misma naturaleza dialéctica de su filosofía, no pudo tener lugar. El pensamiento de Bataille se engendra precisamente en el vacío del sistema hegeliano. Toda la obra teórica (y literaria) de Bataille encuentra su lugar más propio en las fisuras de la dialéctica, en los intersticios que Hegel no pudo aprehender. Si Bataille resulta central en las perspectivas de este estudio es, en primer lugar, porque piensa lo impensado de Hegel pero desde Hegel mismo (no hay oposición en Bataille –lo cual lo volvería a colocar dentro del mecanismo dialéctico– sino exceso y

transgresión); y, en segundo lugar, porque encuentra en ese impensado la noche que no deja

cicatrizar definitivamente la herida lacerante de lo humano. Lo que pone en evidencia la experiencia (y no sencillamente el pensamiento) de Bataille es que todo acercamiento a la intimidad de lo humano debe medirse inexorablemente con una zona de sombras (acaso las mismas que fulguraban en los grabados de Goya) que lo excede, pero que a la vez forma parte esencial de su existencia. Es este exceso paradójico de lo humano lo que nos interesa especialmente. Comprenderlo en su compleja intensidad requiere, previamente, examinar la relación –también paradójica– que Bataille ha mantenido con el sistema hegeliano. Descubrir aquellos puntos en donde Bataille excede la filosofía de Hegel es un primer paso para penetrar en la noche extática y sacrificial que habita en las intimidades inhumanas del hombre.

124 “Si l’action («le faire») est – comme dit Hegel – la négativité, la question se pose alors de savoir si la négativité de

qui n’a «plus rien à faire» disparaît ou subsiste à l’état de «négativité sans emploi» : personnellement, je ne puis décider que dans un sens, étant moi-même exactement cette «négativité sans emploi» […] Je veux bien que Hegel ait prévu cette possibilité : du moins ne l’a-t-il pas située à l’issue des processus qu’il a décrits. J’imagine que ma vie – ou son avortement, mieux encore, la blessure ouverte qu’est ma vie – à elle seule constitue la réfutation du système fermé de Hegel.” Bataille, Georges, Le Coupable, en: Œuvres complètes, Paris, Gallimard, 1973, V, pp.369-370.

125 “...l’expérience intérieure est le contraire de l’action” Bataille, Georges, L’expérience intérieur, en: Ibid., p.59. 126 “...l’extrême du possible.” Ibid., p.20.

a) El No-Saber: the road of excess

La relación que Bataille establece con la filosofía hegeliana es, ya desde el comienzo, polémica o, al menos, paradójica. Si bien la filosofía de Hegel, en especial la Phänomenologie des Geistes, le sirve a Bataille de punto de partida de su filosofía, es sólo para revelar posteriormente su insuficiencia y la necesidad de producir un desplazamiento en la arquitectura del sistema. Que esta insuficiencia se conjure en el pensamiento batailleano a través de una transgresión y no de una mera oposición es el signo ineludible de la agudeza filosófica y conceptual del pensador francés. En L’expérience

intérieure, uno de sus escritos más profundos e intimistas, Bataille alude al ambiguo lazo que lo liga

a la fenomenología hegeliana:

Hacer confluir todas las pendientes del hombre en un punto, todos los posibles que es, extraer al mismo tiempo los acuerdos y los choques violentos, no dejar más afuera la risa que desgarra la trama (la tela) que constituye al hombre, al contrario saberse insignificante en la medida en que el pensamiento es este profundo desgarro de la tela y su objeto – el ser mismo – la tela desgarrada […], en esto mis esfuerzos recomienzan y deshacen la Phénoménologie de Hegel.127

Es este doble movimiento que retoma y deshace, que retoma para deshacer, lo que hace de la obra filosófica de Bataille una de las más profundas del siglo XX. Que su propio pensamiento retome y deshaga la filosofía hegeliana no significa que la someta a una crítica dialéctica, sino más bien que la exceda, no ya para desembocar en una síntesis conciliatoria final, sino para someter el propio pensamiento a una tensión imposible, a un exceso en donde (muriendo) le es posible acceder a su propia sombra. El pensamiento no es, como en Hegel y Kojève, la expresión sintética y absoluta de lo real (Concepto), sino el desgarro que estigmatiza e imposibilita la absolutización del Saber. “Se trata menos de contemplación que de desgarro.”128 A través de este desgarro del pensamiento, que es

también y fundamentalmente un desgarro en el tejido discursivo y consciente del sujeto, se vuelve posible acceder, paradójicamente, a lo imposible, al No-Saber. El No-Saber designa, en Bataille, aquello que en el absoluten Wissen hegeliano ha quedado reducido a silencio. Más que representar la síntesis total del Ser del Hombre y del Mundo, el Saber Absoluto representa la imposibilidad, para el pensamiento discursivo (filosófico), de aprehender la exuberancia salvaje y violenta de la vida. Es aquí que Bataille se separa de Hegel y se aproxima a Nietzsche. En la trama misma de la obra batailleana este desplazamiento tiene lugar. El pasaje de Hegel a Nietzsche no sólo es, creemos, una característica del pensamiento batailleano, sino el rasgo propio del fin de la historia.

127 “Convier toutes les pentes de l’homme en un point, touts les possibles qu’il est, en tirer en même temps les accords et

les heurts violents, ne plus laisser au-dehors le rire déchirant le trame (l’étoffe) dont l’homme est fait, au contraire se savoir assuré d’insignifiance tant que la pensée n’est pas elle-même ce profond déchirement de l’étoffe et son objet – l’être lui-même – l’étoffe déchirée […], en cela mes efforts recommencent et défont la Phénoménologie de Hegel.”

Ibid., p.96.

El No-Saber no anuncia ya, como lo quería Kojève, el imperio homogéneo y universal de la Sabiduría (absoluten Wissen), sino la aparición vertiginosa de la vida (Leben) dentro del horizonte filosófico y político. En cierto sentido, la aparición de algo así como una “biopolítica” es la consecuencia directa del fin de la historia. En lo que hace a esta metamorfosis epistémica (en el sentido foucaulteano) Bataille ocupa un lugar central. El desplazamiento que, para nosotros, marca el fin de la historia se evidencia en la obra batailleana a través del pasaje intelectual y vital –o mejor aún, de lo intelectual a lo vital– que representa el abandono de Hegel y la apropiación de Nietzsche. Bataille es consciente de ello y lo dice sin ambigüedades:

Hegel sitúa la subjetividad no en la disolución (siempre recomenzada) del objeto, sino en la identidad que el sujeto y el objeto alcanzan en el discurso. Pero al final, el «saber absoluto», el discurso donde se identifican el sujeto y el objeto se disuelve él mismo en la NADA del no-saber, y el pensamiento disolvente del no-saber es en el instante. Por un lado, hay identidad del saber absoluto y de este pensamiento disolvente; por otro lado, este identidad no se encuentra en la vida. [...] Yo hablo del discurso donde el pensamiento llevado al límite del pensamiento exige el sacrificio, o la muerte, del pensamiento. Este es según mi opinión el sentido de la obra y de la vida de Nietzsche.129

El pasaje del Saber al No-Saber es, pues, una descomposición del pensamiento, es la anulación recíproca del sujeto y del objeto. En la experiencia del No-Saber tanto el objeto como el sujeto son arrastrados en una carrera vertiginosa que desemboca en su disolución mutua. Sólo convirtiendo al pensamiento discursivo en sacrificio, es decir sacrificándolo, es posible acceder a la noche silenciosa de lo desconocido. El sacrificio permite la unión del pensamiento con la vida. Es en el rito sacrificial donde el exceso batailleano alcanza su punto extremo, donde, para decirlo de alguna manera, el pensamiento de Bataille más se aleja de Hegel. En efecto, en el sacrificio, como afirma en L’expérience intérieure, “…el sacrificador mismo resulta tocado por el golpe que efectúa, él sucumbe y se pierde con su víctima.”130 Hacer del pensamiento un sacrificio o, lo que es lo mismo,

hacer del No-Saber la muerte sacrificial del pensamiento, es disolver en un mismo movimiento tanto el Sujeto cognoscente como el Objeto conocido. El sacrificio, a diferencia de la dialéctica hegeliana, lleva la tensión hasta el extremo en que las dos partes implicadas en el rito se aniquilan mutuamente. Pero en esa aniquilación recíproca, en la región imposible que abre la misma nada de la aniquilación, surge la posibilidad de la comunicación. Todo el No-Saber, en tal sentido, no es otra

129 “Hegel situe la subjectivité non dans l’évanouissement (toujours recommencé) de l’objet, mais dans l’identité que le

sujet et l’objet atteignent dans le discours. Mais à la fin, le « savoir absolu », le discours où s’identifient le sujet et l’objet se dissout lui-même dans le RIEN du non-savoir, et la pensée évanoussante du non-savoir est, elle, dans l’instant. D’un côté, il y a identité du savoir absolu et de cette pensée évanoussante; d’un autre côté, cette identité ne se retrouve pas dans la vie.[…] Je parle du discours où la pensée menée à la limite de la pensée exige le sacrifice, ou la mort, de la pensée. C’est selon moi le sens de l’œuvre et de la vie de Nietzsche.” Bataille, Georges, “La souveraineté”, en: Œuvres

complètes, Paris, Gallimard, 1976, VIII, pp.403-404.

130 “...le sacrificateur lui-même est touché par le coup qu’il frappe, il succombe et se perd avec sa victime.” Bataille,

cosa que un gigantesco sacrificio epistémico-existencial; es la muerte ritual que, como en las fotografías que obsesionaban a Bataille, disuelve al Saber Absoluto en el vacío de su propio exceso. En Le coupable, relato en primera persona de 1944, Bataille deja en claro el aspecto sacrificial del pensamiento que conduce al No-Saber: “En el extremo de su desarrollo, el pensamiento aspira a su «muerte», precipitado, por un salto, en la esfera del sacrificio y, al igual que una emoción que crece hasta el instante desgarrado del sollozo, su plenitud lo lleva al punto en el que sopla un viento que lo abate, donde castiga la contradicción definitiva.”131

El hombre debe perderse, debe excederse a sí mismo, pues sólo abriéndose al mundo turbulento de la vida le es posible comunicarse profundamente con los otros. La pérdida de sí mismo es también la posibilidad –la única– de contacto con el otro. En este sentido, el No-Saber batailleano describe con exactitud el espacio común de la ultrahistoria. La idea aristotélica según la cual el espacio es la “determinación común en la cual todos los cuerpos existen” encuentra en Bataille su desarrollo más acabado. La idea de comunidad apunta precisamente a ese espacio, de pérdida y de don, de risa y de éxtasis.

El No que define al No-Saber, más que colocar la negación entre el objeto (tesis) y el sujeto (antítesis), produce una doble negación, diferente de la hegeliana: desdobla tanto la tesis como la antítesis. Bataille retoma (e incluso exalta) el poder de la negatividad hegeliana pero, insertándola en el corazón mismo del sujeto, la lleva hasta su extremo y la anula. Concebido como la laceración estructural de todo sujeto, “…lo negativo, constantemente mantenido vivo, expone al sujeto, en cuanto lo depone como sujeto puramente tético…”132 Suspendido en el campo conflictivo de una

imposibilidad que no puede evitar sus propios límites pero que tampoco puede mantenerse dentro de ellos, el sujeto descubre, a través de la angustia y el dolor, la profunda herida ontológica que lacera su identidad humana. El hombre es ese movimiento perpetuo que va de la identidad más rígida a la pérdida más salvaje; es la tensión imposible entre un adentro subjetivo y un afuera impersonal; el desgarro que obliga al Yo a sucumbir en la noche violenta de su desaparición. “Mi concepción es un antropomorfismo desgarrado.”133 Esta subjetividad lacerada, en la que tanto

Roberto Esposito como Giorgio Agamben encontrarán la posibilidad de una desarticulación política (o impolítica) del sujeto, es la que marca la distancia insalvable respecto a la filosofía hegeliana; la que marca, también, el pasaje necesario del Saber al No-Saber; la que hace de lo negativo, no ya la negación antitética de su opuesto, sino la laceración transgresora de su propia identidad. Es en la

131 “A l’extrémité de son développement, la pansée aspire à sa « mise à mort », précipitée, par un saut, dans la sphère du

sacrifice et, de même qu’une émotion grandit jusqu’à l’instant déchiré du sanglot, sa plénitude la porte au point où siffle un vent qui l’abat, où sévit la contradiction définitive.” Bataille, Georges, Le coupable, op. cit., p.261.

132 “...lo negativo, costantemente tenuto vivo, espone il soggetto, in quanto lo depone come soggetto puramente tetico...”

Papparo, Felice Ciro, Incanto e misura: per una lettura di Georges Bataille, Napoli, Edizione Scientifiche Italiane, 1997, p.83.

medida en que el No-Saber implica una disolución del sujeto, una pérdida de su identidad, que lo negativo se identifica en Bataille con el éx-tasis, con el salir-fuera-de-sí, que es también un salir- fuera-del-mundo. “El no-saber comunica el éxtasis.”134

El No-Saber es, primero que nada, angustia. En la angustia aparece el éxtasis. Pero el éxtasis mismo (la comunicación, la pérdida de sí) no se mantiene si no es en la angustia, es decir en la imposibilidad de satisfacción con el saber aprehendido. Cuando el Saber Absoluto es llevado hasta el extremo, dice Bataille, todo se invierte. El Saber Absoluto revela su noche sombría, y la angustia, no pudiendo impedir que el sujeto salga de sí y se pierda, se transmuta en éxtasis. Lo que el No- Saber suprime, de todos modos, no son tanto los conocimientos particulares cuanto su sentido. Bataille, así, desarticula el proyecto hegeliano en su totalidad. Efectivamente, el Saber Absoluto no es otra cosa que la comprensión total y retrospectiva de las experiencias que, a lo largo de la historia, realiza la conciencia en la búsqueda de sí misma, es decir la comprensión global del sentido último y profundo de su recorrido. Es lo que expresan, por otro lado, las palabras finales de la introducción a la Phänomenologie des Geistes:

Impulsándose a sí misma hacia su existencia verdadera, la conciencia llegará entonces a un punto en que despojará de su apariencia de llevar en ello algo extraño que es solamente para ella y es como otro y alcanzará, por consiguiente, el punto en que la manifestación se hace igual a la esencia y en el que, consiguientemente, su exposición coincide precisamente con este punto de la auténtica ciencia del espíritu y, por último, al captar por ´si misma esta esencia suya, la conciencia indicará la naturaleza del saber absoluto mismo.135

Este sentido absoluto, esta aprehensión que la conciencia tiene de su esencia es precisamente lo que va a imposibilitar el No-Saber. Si el Saber posthistórico, más que volverse absoluto, debe concluir en un No-Saber, en una Nada, no es tanto porque no sea capaz de aprehender la totalidad de la serie de experiencias de la conciencia, cuanto porque esa misma serie, esas mismas experiencias, ya desde el principio, habían condenado al silencio, por una necesidad lógica del sistema dialéctico, a la zona turbulenta e inapropiable de lo inhumano. La Nada del No-Saber a la que conduce la experiencia no es otra cosa que el abismo de esa noche que excede lo humano, pero sin la cual el

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