El 21 de mayo de 1827 se aprueba el Código forestal con el objetivo de restaurar aquellos bosques cuyo estado se juzga, con razón o sin ella, deplorable tras las devastaciones del período revolucionario y los de- sórdenes de 1814-1815. Los forestales querrían también disminuir la parte del monte bajo que produce madera destinada a la industria para trans- formarlo en monte alto. Siguen así las ideas de Baudrillart y Lorenz, jefes de fila de la escuela forestal de Nancy, influenciados por las teorías de los forestales alemanes.
2.1. Restaurar los bosques apartando a los campesinos
El Código forestal somete los bosques comunales al régimen fores- tal. Es la Administración de Aguas y Bosques por sí sola la que rige la explotación de la madera. La tala es decidida por el guarda forestal, que marca los árboles a abatir, y después es realizada por una persona cuali- ficada y diplomada. Por tanto, todas estas operaciones se vuelven costo- sas para el municipio. Es también el guarda quien distribuye el affouage entre los habitantes. Las otras talas son vendidas y su producto destina- do, en primer lugar, al pago de los guardias y de la contribución rústica. Los campesinos ya no pueden recoger ni la madera muerta ni forrajes ni frutos. Toda infracción es castigada severamente.
El código limita de forma muy estricta los derechos de pasto, en el espacio (los animales sólo tienen acceso a los terrenos protegidos)8y en
el tiempo (tres meses al año) para un número reducido de animales, que deben llevar esquila y estar bajo la vigilancia de un pastor común. La aco- gida varía según las regiones, pero en ningún caso es positiva. Silencio y expectativa en los Alpes, donde muchas municipalidades cursan reclama- ciones para lograr que sus bosques no sean sometidos al régimen fores- tal. El noreste se muestra reservado al principio, pero los Pirineos están indignados. La montaña del Ariège estalla. Los campesinos, armados y disfrazados de mujeres, se oponen a los guardias y los soldados. Se trata de la guerra de las Señoritas, que se extiende de mayo de 1829 hasta el verano de 1830. Para Peter Sahlins, las comunidades campesinas utilizan sus tradiciones y los elementos de su cultura para defenderse de las exi- gencias del Estado, para conservar el pleno disfrute de sus bosques9. La
revolución de 1830 provoca revueltas en otras regiones forestales, como el Var10.
A pesar de estas resistencias, el Código forestal entra en vigor. Los conservadores de Aguas y Bosques disfrutan de cierta libertad de manio- bra, en tanto que la puesta en marcha se lleva a cabo de forma progresi- va en el tiempo y en el espacio. A pesar de algunas llamadas de Luis Felipe a la clemencia después de 1830, las restricciones al uso se vuelven cada vez más draconianas desde 1835, y las consecuencias son conside-
8 Terrenos del bosque en los que los árboles son lo bastante fuertes como para
estar al abrigo de los estragos producidos por los animales.
9 Sahlins (1994).
rables para las comunidades de montaña. La saca de madera está limita- da muy por debajo de las necesidades, y las talas son autorizadas con meses de retraso, lo que provoca una pérdida de ganancias para el muni- cipio propietario. «Durante dos años enteros, el affouage al que la ley nos autoriza nos ha sido completamente negado. Ni siquiera se nos ha conce- dido una ramita»11. La recogida de leña y frutos está totalmente prohibida
y penalizada con castigos desproporcionados. «En un bosque donde miles de bellotas se pudren en el suelo, una pobre mujer se lleva unos pocos de estos frutos en su pañuelo para hacer café con ellos; es detenida y denun- ciada por un forestal, y el tribunal, por algo robado que el forestal evalúa en cinco céntimos, está obligado a condenar a la delincuente a 11 ó 12 francos de multa y de gastos»12.
Todavía más grave es la restricción de pastos en el sotobosque. Ovinos y caprinos son expulsados, puesto que sus dientes son considera- dos mortíferos para los jóvenes brotes, y se prohíben también los cerdos. Sólo los bovinos tienen un acceso reducido. En 1836, en Briançonnais, las autorizaciones sólo son concedidas para el tercio de la cabaña bovina, y tienden a reducirse todavía más durante los años cuarenta. Sin embargo, el alimento proporcionado por la hierba de los sotobosques todavía es esencial13. En el distrito de Ax (Ariège), dicha hierba proporciona todavía
20 000 quintales de heno en el momento en que ésta es reducida, en tanto que los pastos de montaña dan 40 000. Por tanto, es la propia existencia material de las comunidades usuarias lo que está en juego14. Y lo está
todavía más porque las infracciones son sancionadas mediante multas exorbitantes. El distrito de Briançon las evalúa en «sumas iguales a las contribuciones rústicas de los municipios, en Saint-Paul (Barcelonette) se elevan a 29 400 francos de 1840 a 1848, y en Ariège los procesos judicia- les de los distritos de Foix y Saint-Girons se elevan a 8000 francos al año»15. Las concesiones otorgadas local y temporalmente por los guardas
van a veces acompañadas de medidas vejatorias. Así, en el este, el cam- pesino puede recoger hayucos a cambio de la prestación de días de faena.
11 BB18 1460-5248, petición de Saint-Laurent de Cerdans, Céret, Pirineos orien-
tales.
12 Petición A.N. C 2261-6132.
13 Vivier (1992: 120-122).
14 Chevalier (1953: 353).
15 A.N. C944, encuesta sobre el trabajo agrícola e industrial encargada por la
2.2. Las revueltas campesinas
Todas estas restricciones destruyen el equilibrio económico de los dis- tritos forestales. Se dirigen peticiones a la Cámara de los Diputados (mapa 2). Son poco numerosas, pero se trata de folletos argumentados que recogen un número considerable de firmas. La más importante es la presentada por Goldenberg, presidente de la Sociedad de Agricultura de Saverne, texto de 40 páginas seguido de 35 742 firmas de «padres de familia» de 332 comuni- dades de Alsacia16. El odio de los usuarios aumenta en el curso de los años
cuarenta, y el guarda forestal representa cada vez más el enemigo a abatir. En Quérigut, caso extremo, tres guardias son asesinados en los años cua- renta, con sus propios utensilios, golpeados con las hachas17. Los del Var se
libran con el susto de oír las balas silbando en sus oídos.
16 A.N. C 2261, petición 6132.
17 Morère (1916-1917: 230).
MAPA 2. ORIGEN DE LAS PETICIONES SOBRE BOSQUES