El ser humano es esencialmente subjetivo y objetivo. Está dentro y fuera. Es esencialmente un ser interno que se expresa hacia fuera. Pero cuando es
excesivamente apasionado y está lleno de deseos, pierde el camino de vuelta a casa. A la humanidad se la puede comparar de forma general a los niños irresponsables, y es como los vagabundos. Los vagabundos ahora se mueven día y noche por las calles y lugares de placer, y no llegan a casa a la hora. Están más en el mundo reflejado de la mente. Se alejaron del principio de Mercurio, llamado discriminación. Como consecuencia, no pueden volver a su verdadera casa, que está en ellos, es decir, el centro el corazón. A menos que se ponga a trabajar a Mercurio, el ser humano no puede aprender la discriminación. A través de la discriminación uno debería relacionarse discretamente con el mundo y experimentar su esplendor. La jerarquía enseña básicamente esta discriminación para permitir a los humanos volver a casa, yendo a su centro del corazón. Las verdaderas enseñanzas suceden en el centro del corazón, y permiten la auto-realización.
Hay un ser humano objetivo y un ser humano subjetivo. El ser humano objetivo es mutable y sufre la mortalidad. El ser humano subjetivo es inmutable y por lo tanto es inmortal. El ser humano inmortal se vincula al zodíaco perfecto. El ser humano mortal se vincula al zodíaco de doce signos, que es imperfecto. El ser humano inmortal al final puede vincularse con el hombre cósmico y alcanzar la autorrealización. El ser humano mortal no puede hacer esto. El primer
paso para la autorrealización es cambiar la propia consciencia del estado mortal al inmortal, y después de lo inmortal a la verdad del ser (Atma). El ser humano mortal se encuentra en el estado de Manas. El ser humano inmortal se encuentra en el estado de
Buddhi. El ser humano autorrealizado se encuentra en
el estado de Atma. Entonces, toda la gama de la verdad es Atma, Buddhi y Manas. Atma desciende en Buddhi y se vincula con la objetividad a través de Manas. El ser humano debe realizar estos tres pasos. Hoy, el ser humano se encuentra sólo en el tercer estado de Manas. Está desvinculado de Buddhi. La Luna se vincula a la mente, Mercurio se vincula a Buddhi, el Sol se vincula al ser, y Júpiter se vincula al super-ser. El super-ser es el padre, el ser es el hijo. Buddhi es la consiguiente sabiduría. Manas es la facilidad de experimentar. El super-ser se refleja en el ser. El ser es la imagen del super-ser. El ser humano es la imagen de Dios: el super- ser está dotado de Buddhi y Manas. Uno debería saber su constitución original y funcionar con la ayuda de
Buddhi. Mercurio ayuda a ello, cuando el ser funciona
con Buddhi, el ser humano permanece como un ser humano de Dios. Pero si el ser se vincula directamente con la mente, dejando aparte a Buddhi, se convierte en un ser humano mundano y sufre la mortalidad.
Júpiter está regido por Piscis, que se convierte en el décimo signo del zodíaco perfecto. Representa el super-
ser. Leo es la quinta casa, que está regida por el Sol, donde el super-ser se expresa como ser. El ser puede relacionarse y experimentar, trabajando con el Buddhi de Virgo-Escorpio. La Jerarquía trabaja para que se dé esta ecuación en la humanidad.
Así, Mercurio se considera como la entrada al ser humano interior, y hasta que el ser humano no trabaja conscientemente con el principio de Mercurio, permanece fuera del templo de la creación, chapoteando en lo mundano. El dominio de sí mismo es la marca de quien funciona con Mercurio.
Un ser humano que emplea el principio de Mercurio en su propia vida ejercita el dominio de sí mismo cuando se relaciona con la objetividad, respecto a su habla y a la interacción con la gente. El dominio de uno mismo es la rienda que sostiene a los cinco sentidos y el habla, para que no se muevan en cualquier dirección que quieran. Cuando Buddhi prevalece sobre los cinco sentidos y el habla, el ser humano desarrolla una relación correcta con la objetividad y experimenta la belleza de la objetividad. Cuando permite que los seis actúen sin el dominio de sí mismo, su vida discurre descontroladamente. El flujo de energía lleva el descontrol por los seis canales y, como se dijo antes, su vida se rompe en seis pedazos.
Al hombre interno se le ayuda para que se mueva por la objetividad con la ayuda de los cinco sentidos
y el habla. Estos son los seis canales para llegar a la objetividad. También hay el séptimo canal, llamado el canal del sexo. Todos estos siete canales deben estar presididos por Mercurio, de forma que prevalezcan la discriminación y el dominio de uno mismo. Cuando prevalecen, la vida objetiva no condiciona. Esto da una experiencia óptima. Este paso fundamental, que permite que el ser humano experimente, se hace a través de Mercurio y, por lo tanto, a Mercurio se le considera el gran Maestro.
Mercurio permite cruzar de la subjetividad a la objetividad y de la objetividad a la subjetividad con facilidad. Permite este paso. De hecho, Mercurio permite pasar de un plano a otro hasta que uno llega a la Verdad Absoluta. Y aquel que nos permite llegar a lo más alto, también nos habrá de permitir descender. El ascenso y el descenso se pueden realizar con facilidad con la ayuda de Mercurio. El arcángel Miguel se considera el mensajero de Dios. No es sólo un mensajero, sino también un Maestro. En el sistema védico, se dice que Narada es el Mercurio cósmico que preside la Jerarquía de Maestros. La Jerarquía no es sólo para el planeta; también hay una Jerarquía para el sistema solar, para los grupos de sistemas solares y para el sistema cósmico. Narada preside la Jerarquía cósmica, solar y planetaria. Es el Maestro más elevado. Se mueve con la misma agilidad en todos los siete planos. Se mueve con igual
facilidad, no sólo en los reinos divinos, sino también en los reinos diabólicos. Es amigo de todos. Los seres diabólicos no son enemigos para él. Ayuda a todos a evolucionar, sean humanos, diabólicos o divinos. Tal es la belleza del principio cósmico de Mercurio. Él es el quinto Kumara cósmico.