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APPENDIX B: CARBON DIOXIDE ELECTROREDUCTION ON GOLD
En la lucha actual entre los pocos que se esfuerzan por preservar su dominio y los muchos que lo hacen por eman- ciparse de él, la batalla de las ideas forma parte integral de la efectuada con las armas de la violencia física. Es lo que se ha venido en llamar también “guerra de la información”, o “guerra mediática”.73 En el frente externo de batalla se utilizan tanques,
aviones, armas químicas, etc., para derrotar al enemigo, ocupar y conquistar su territorio. En el frente interno se aplican toda una serie de armas psicológicas para la conquista y sumisión de las mentes. En consonancia con los grandes teóricos de la guerra mencionados más arriba, los estrategas modernos utilizan la información para bombardear permanentemente las conciencias de la población enemiga con noticias falsas a fin de facilitar su posterior conquista material. Así, por ejemplo, instalan emisoras como La Voz de América en Europa para subvertir los territorios
72. Cf. Carmona, E.: “Los amos de la prensa (en América Latina)”, en Encuentro latinoameri-
cano vs. Terrorismo mediático, Caracas 2008, pp. 45 y ss., así como Vicente Romano; “Libertad
de expresión y terrorismo mediático”, ibídem, pp. 495-520. 73. Cf. Hernán Uribe O.: La guerra secreta de las noticias, Praga 1988. yoría, recurre a la imagen del enemigo. Por eso justifica la exis-
tencia de minorías directoras y mayorías dirigidas, de pueblos superiores e inferiores, de la jerarquía y del verticalismo de los valores. Mientras que la realidad estriba en la horizontalidad, en la yuxtaposición. Las personas y los pueblos viven unos al lado de otros, los unos no caminan sobre la chepa de otros. No obs- tante, la imagen del enemigo exterior simboliza, encarna, toda la bajeza y el mal necesarios para preservar la constitución interna, lo que los dominadores suelen designar con el concepto de ley y orden. El malo siempre es el otro, que persigue la destrucción del bueno, el orden existente. Sin la imagen del enemigo éste perdería su bondad, se manifestaría su imperfección, se eviden- ciaría la necesidad de sustituir su verticalismo de la opresión por la horizontalidad de la emancipación.
Por eso, los órdenes inestables, como el capitalismo, se inventan enemigos cuando no existen: el peligro amarillo y las hordas rojas en el siglo pasado, el terrorismo islámico de hoy o, a nivel español, el movimiento independentista vasco, cualquier grupo emancipador que luchen por sacudirse el dominio y la explotación de encima, esto es, que aspire a mejorar su calidad de vida. Inmediatamente se les criminaliza como subversivos, radicales, antisistemas, etc. Y sí, eso es lo que persiguen, subvertir un orden social que sofoca sus vidas, que impide la expresión del pensamiento crítico en sus universidades, etc. Cinco millones de parados en España y la mitad de sus jóvenes sin perspectivas de futuro no pueden sino indignarse contra su situación y rebelarse por unas condiciones de vida más dignas y humanas.
Ahora bien, como el verdadero enemigo está en el interior, también hay que aplicar con él estrategias de engaño. El hecho de que en la lucha interior de clases la mayoría de las noticias también sean falsas ha llevado a que en estos últimos años se
los sindicatos. Estaban situados en la costa del Báltico, a orillas de los lagos y en los lugares más atractivos del territorio. Era algo que los afortunados que conseguían plaza se podían permitir, dado que su precio era mínimo, casi simbólico. Se consideraban más o menos como un premio a su buen comportamiento en el trabajo.
Uno de estos establecimientos estaba situado en los bosques del Spreewald, uno de los enclaves turísticos más hermosos de la RDA y de la Europa Central. Esta comarca de unos mil kilómetros cuadrados, situada en el estado de Brandeburgo, es un paraje único en Europa. En ella, el río Spree forma una especie de delta interior con sus numerosos brazos y canales. De ahí le vine el nombre de “la Venecia de Brandeburgo”. Acoge también curiosas y ricas tradiciones culturales de los primeros colonos de Lusacia, los sorbios y vendos, de ascendencia eslava, incluida su lengua.
En medio de este paraje insólito y bello la Central sindical dispone de uno de os albergues más amplios y hermosos. Este año de 1979, la FDGB me ha otorgado el privilegio de pasar una semana en él con mi familia. Ahí, padres y niños disfrutan de los paseos en barca por los nu- merosos canales, o en coches de caballos por los caminos abiertos en el bosque. También se organizan excursiones a la cercana Cottbus, la segunda ciudad de Brandeburgo, a poca distancia de Polonia.
Como estoy realizando un estudio de la comunicación social en un país socialista, me suelo quedar en la sobre- mesa y en las horas de la merienda charlando con los trabajadores y trabajadoras con quienes comparto tiem- po y espacio de vacaciones. Al saber que soy extranjero, que vengo del “Paraíso capitalista”, la curiosidad por los respectivos modos de vida es recíproca. Percibo que algunos se sinceran más conmigo y se permiten ciertas confidencias.
Una tarde me quedo a solas con Egon, un obrero meta- lúrgico que trabaja en la fábrica de automóviles de Zwickau, donde se produce el popular Trabant, el “compañero viajero”
de los antiguos países socialistas, o la emisoras negras que en la guerra de Vietnam simulaban ser del Vietcong, la Radio Martí que bombardea con noticias falsas a Cuba desde hace cincuenta años, etc. La antigua República Federal de Alemania tenía insta- ladas 75 emisoras de radio y televisión a lo largo de su frontera con la República Democrática de Alemania cuya programación estaban destinada exclusivamente a estimular el descontento y la sublevación de su población contra el sistema socialista. Hasta los reclamos comerciales formaban parte de esta subversión. Se emitían anuncios de objetos y supuestas actividades que los germano-ocidentales no se podían permitir. Ni la mayoría de la población occidental tampoco, claro está, como coches de lujo y la vida ostentosa de la jet society. He aquí, por ejemplo, la experiencia vivida por el autor de estas líneas en un viaje a la RDA, reflejada en esta “estampa”:
El cadillac74
En la República Democrática de Alemania (RDA), el servi- cio de vacaciones de la Federación Alemana de Sindicatos Libres (FDGB, por sus siglas en alemán) se creó ya en 1947, antes incluso de su proclamación como Estado en 1949. Su principal aportación fue la creación de toda una serie de establecimientos sencillos y muy baratos que acogían a los turnos de los trabadores y sus familias durante los meses de julio y agosto. Este servicio sindical desplazó al turismo privado, mucho más caro y limitado. Salir al ex- tranjero y pasar unas vacaciones en alguno de los lugares turísticos tan publicitados en los medios capitalistas era algo inalcanzable para las masas.
La mayoría de la población apreciaba mucho pasar sus días de vacaciones en estos establecimientos regidos por
74. Cf. Romano, V.: Estampas, Barcelona 2005. Esta estampa se publicó también en Tlaxca-
No lo disuade decirle que los obreros españoles no disponen de Cadillacs ni juerguean con la minoría para- sitaria que copa la ostentación del lujo de las revistas y programas televisivos “del corazón”. Que un Cadillac es algo que ningún obrero puede permitirse.
— ¡Pero es que yo sí tengo el dinerok!—, afirma. Deduzco que está también al corriente de los precios y dudo mucho de que aya podido ahorrar tanto dinero. Tampoco me doy por vencido y vuelvo al ataque.
¿Pero tú sabes que en España los obreros hacen cola en las oficinas del desempleo para buscar trabajo? ¿Qué per- sonas que carecen de trabajo y hasta tienen que emigrar a otros países para encontrarlo?
Ahora es él quien pone ojos de plato.
Eso no puede ser. Es imposible. Para eso está el Estado. A Egon le resulta incomprensible que pueda haber personas sin empleo, sin trabajo. No puede entender la existencia de semejante orden social.
Y esta es precisamente la diferencia entre su falta de libertad para comprarse un Cadillac y pasar unas vacacio- nes en Marbella y la libertad que gozan los trabajadores en la sociedad capitalista para llevar al mercado su fuerza de trabajo y encontrar a alguien que se la compre.
Como el objetivo de esta guerra es la sumisión voluntaria de las mentes, el imperialismo ha creado toda una serie de organis- mos e instituciones dedicados a crear informaciones falsas que contribuyan a facilitarles el dominio cultural y económico, tanto dentro como fuera del propio Estado. Ahí están, por ejemplo la Sociedad Interamericana de Prensa, que abastece de noticias a los medios de difusión latinoamericanos, la Oficina de Influen- cia Estratégica (OSI, por sus siglas en inglés), dependiente del Pentágono, o la USIA (Agencia de Información Estadounidense), sin mencionarlas de la propia CIA.
tan ridiculizado en la Alemania capitalista del Volkswagen, el Audi y el Mercedes. El Trabant es un utilitario pequeño, de bajo costo, muy barato, de factura casi artesanal, de gran versatilidad, ligereza y facilidad para las averías. Contaba con espacio para cuatro adultos. Para conseguir uno había que apuntarse en las largas listas de espera.
Egon, alto y flaco, de unos cincuenta años de edad tiene su Trabant, pero está a disgusto con él. Buen conocedor de los automóviles y de las marcas, aspira a algo más. No tarda mucho en dar rienda suelta a su malestar y descon- tento con las de su país y el sistema socialista. Se atreve incluso a confiarme que en la RDA hay falta de libertad. Me esfuerzo por poner mi expresión más receptiva y lo animo a que concrete.
— ¿Por qué no funciona el socialismo?
— Muy sencillo, porque no me permite comprar un Cadillac, responde tajante.
Mi sorpresa es mayúscula. Un simple obrero metalúrgi- co quiere comprarse un Cadillac. Y pienso en la afirmación de K. Marx de que los seres humanos sólo se plantean problemas que pueden solucionar.
— ¿Para qué quieres tú un coche así?
— ¡Pues para ir de vacaciones a Marbella!—, afirma con toda rotundidad.
Me deja estupefacto. Su respuesta evidencia que mira más la televisión de la RFA sus anuncios que la de su país. Todo el territorio de la RDA está cubierto por los numerosos repetidores clocados estratégicamente a lo largo de la frontera común. Su programación también está destinada a la población de este país. Y una de sus principales funciones consiste en demostrar su falta de libertad estimulando el consumo de bienes de los que ellos carecen o tienen gran dificultad en conseguir . Y uno de ellos es, naturalmente, la imposibilidad de adquirir coches de lujo y pavonearse con ellos en los lugares de veraneo de la clase ociosa de la jet society, como Marbella. Se trata de uno de los recursos propagandísticos más efectivos. De otro modo no se entiende la frustración de este hombre.
justificar así ante su población la intervención militar en la II Guerra Mundial y lanzarse a la aventura de la invasión militar de Irak y Afganistán para hacerse con sus riquezas petroleras y minerales. La excusa para su intervención militar directa en el sureste asiático, la costosa guerra de Vietnam, fue la noticia de un falso ataque a su poderosa flota del Pacífico en el Golfo de Tonkin por parte de una minúscula patrullera norvietnamita.
La guerra emprendida por la OTAN contra Yugoslavia, cuyo resultado fue la desmembración del país en siete nuevos Estados, denunciada por el propio Ramsey Clark. Los bombar- deos de precisión de esta organización creada para la defensa del Atlántico Norte, de la freedom end democracy yanqui, non sólo se cebaron en las fábricas, aldeas y trenes de pasajeros de Ser- bia, sino también en sus escuelas, universidades y, sobre todo, medios de comunicación como el edificio de la TV y los centros de transmisiones. Era la primera vez que se regaban los campos de un pacífico país europeo con uranio empobrecido.76