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La personalidad, nu estro sello individual, está form ada por los rasgos em o cion ales y de co m p o rtam ien to , relativam en te esta­ bles y predecibles, que caracterizan a una persona. Estos rasgos y

conductas d eterm inan la m anera en que nos relacionam os con los demás y enfrentam os nuevas situaciones.

La Sociedad In tern acion al de Psiquiatría ha identificado di­ versos trastornos de la personalidad asociados con la violencia:

1. T ip o p a r a n o id e . Es un patrón de desconfianza y suspica­ cia que hace que se interpreten m aliciosam ente las in ten cio ­ nes de los demás.

2. Tipo esquizoide. Corresponde a un patrón de desconexión de las relacio n es sociales y de re stricció n de la expresión em ocional.

3. Tipo esquizotípico. Im plica un patrón de m alestar in te n ­ so en las relaciones personales, distorsiones cognoscitivas o perceptivas, y excentricidades del com portam iento.

4. Tipo a n tiso cial. Es un patrón de desprecio y violación de los derechos de los demás.

5. Tipo h istrió n ico . C onstituye un patrón de em otividad ex­ cesiva y dem anda de atención.

6. Tipo n a rcisista . Es un patrón de grandiosidad, necesidad de adm iración y falta de em patia.

Otros trastornos identificados son: el trastorno de la perso­ nalidad por ev itació n , un p atró n de in h ib ic ió n social, se n ti­ mientos de in co m p eten cia e hipersensibilidad a la evaluación negativa; el trastorno de la personalidad por dependencia, que corresponde a un patrón de com portam iento sumiso y "p egajo­ so” relacionado con una excesiva necesidad de ser cuidadoso y

el trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad, caracterizado

por una preocupación constan te por el orden, el perfeccionism o y el con trol. Pero dentro de este m osaico de alteracion es de la personalidad nos interesan en particular dos patrones de com -

p o rta m ie n to por la a so cia ció n d irecta que lleg an a ten er en a co n tecim ien to s v io len to s. H ablam os de la personalidad lim í­ trofe y del trastorno antisocial de la personalidad.

La p e rs o n a lid a d lim ítr o fe

Se trata de una de las más sorprendentes cond iciones psiquiátri­ cas. En la personalidad lim ítrofe las personas ven a los demás en b lan co o negro: frecu en tem en te co lo can a una persona en un pedestal y después la consideran el peor de los seres hum anos. Los que padecen este trastorn o tam b ién están sujetos a explo­ siones de agresión y periodos transitivos de paranoia o psicosis. T íp icam en te tien en una historia de relacion es in tensas y poco estables. Se sien ten vacíos o inseguros de su identidad, y fre­ cu en tem en te exp erim entan im pulsos de au todestrucción y tra­ tan de escapar de la realidad a través del abuso de sustancias.

En la personalidad lim ítrofe el síntom a clave es la falsifica­ ció n . Estos su jetos no m uestran u na id en tid ad co n sisten te y m antien en una visión contradictoria de ellos m ism os que alter­ nan frecuentem ente. Presentan alteraciones en el razonamiento cuando se encu en tran en situaciones poco estructuradas y pue­ den exp erim en tar una pérdida tem poral de la capacidad para exam inar o enfrentar la realidad. Son características de esta per­ sonalidad las m entiras patológicas, las distorsiones de la realidad ju n to con la falta de co n tro l de im pulsos y m ecanism os de de­ fensa de negación (no aceptar aspectos de nuestra vida o eventos que nos suceden) que resultan primitivos, así com o la dicotomía entre la idealización y devaluación de aquellos que los rodean.

R ecien tem en te, la p olicía descubrió en una de las colonias m arginadas de la Ciudad de M éxico a un n iñ o desnutrido de­

cuatro años encerrado en un departamento, donde vivía en condi­ ciones muy precarias. Las manos del niño tenían quemaduras seve­ ras y las investigaciones dejaron ver que la madre, quien padecía drogadicción, había colocado las m anos del niño bajo el agua hir­ viendo para castigarlo por haberse com ido el alim ento de su com ­ pañero sentim ental. A pesar de las quemaduras que el infante ha­ bía recibido, no se le había proporcionado la más m ínim a atención médica. El niño fue adoptado y recibió trasplantes de piel para ayu­ dar a sanar sus heridas, pero, aun conside­

rando estas atenciones físicas* las heridas que le fueron provocadas en su cerebro en desarrollo probablem ente nu nca lle­ guen a sanar.

Investigaciones llevadas a cabo por el profesor de p siqu iatría de la Escuela de M edicina de Harvard, M artin Teicher, han revelado u na estrech a aso cia ció n entre el desarrollo de problem as psiquiá­ tricos, el m altrato físico, el abuso sexual y el m altrato e m o cio n a l de los n iñ o s. Hasta hace p oco los exp ertos en salud

mental pensaban que las dificultades ocurrían a través de facto­ res p sicoló gicos. Sin em bargo, las in v estig acio n es de T eicher acerca de las con secu en cias del m altrato in fa n til señalan que, debido a que el abuso en los niños ocurre en una etapa crítica de la form ación del cerebro, el im pacto de un estrés severo puede dejar una huella im borrable en su estructura. Así, el abuso indu­ ce a una cascada de eventos m oleculares y neurobiológicos que alteran de m anera irreversible el desarrollo neuronal.

Los efectos del abuso recibid o d u rante la edad in fa n til se pueden m anifestar a cualquier edad y de diversas m aneras. Re­ Quienes padecen personali­

dad lim ítro fe tie n en una historia de relaciones in te n ­ sas y poco estables. Se sien­ ten vacíos o inseguros de su iden tidad , y frec u en te ­ m en te experim entan impulsos de autodestrucción y tra ta n de escapar de la realidad a través del abuso de sustancias.

gularm ente suelen aflorar en form a de depresión, ansiedad, pen­ sam ientos suicidas o estrés postraum ático; o bien, se pueden ex­ presar com o agresión, im pulsividad, delincuencia, hiperactividad, drogadicción o con la aparición de personalidades lim ítrofes.

Teicher y sus colaboradores realizaron una serie de investiga­ cion es en el H ospital M alean, unidad psiqu iátrica afiliada a la Escuela de M ed icin a de Harvard. En estos estud ios utilizaron im ágenes de resonan cia m agnética nuclear para com parar a 17 adultos con personalidad lim ítrofe supervivientes de abuso físi­ co o sexual en la niñez. De esta form a se pudo d etectar que el hipocam po izquierdo de los pacientes analizados era en prome­ dio 2 0 % m ás p eq u eñ o que en su jetos n o rm ales. Es decir, que estas in vestigaciones con firm aron que la exp osició n tem prana al abuso causa alteraciones en el sistem a lím bico.

C om o revisamos en el segundo capítulo, este com plejo siste­ m a se com prende com o una colección de núcleos cerebrales in- terconectad os que juegan un papel cen tral en la regulación de las em ociones y la m em oria. Dos de las áreas críticas que lo con­ form an son el hipocam p o y la am ígdala, que se encu en tran por debajo del lóbulo tem poral. El hipocam po es im portante para la form ación y recuperación de las m em orias verbales y em ociona­ les, y la am ígdala es la responsable de generar el conten id o emo­ cion al de la m em oria, por ejem plo, los sen tim ien tos relaciona­ dos con el con d icion am ien to al m iedo y las respuestas agresivas. O tros estud ios en an im ales de la b o ra to rio realizados por Bruce Perry, del C entro de Trauma In fan til de H ouston, han se­ ñalado esta vulnerabilidad del hip ocam p o al estrés. Esta dimi­ nuta pero im p ortan tísim a estructura tien e gran cantidad de re­ ceptores para el cortisol, h o rm o n a relacion ad a co n el estrés y cuyo efecto negativo por exp o sició n durante la in fan cia, es la elim inación de las neuronas del hipocam po.

La ten sió n que producen los traum as físicos, em ocionales o sexuales, o la ex p o sició n a am b ien tes a lta m en te trau m áticos como la guerra o el ham bre, puede disparar una serie de ca m ­ bios horm onales que, a su vez, generan cam bios cerebrales per­ manentes que transform an la m anera en la que las personas m a­ nejarán en el futuro sus em ociones. La peor n oticia es que una vez que se presentan este tipo de alteraciones cerebrales, existen muy pocas posibilidades de retroceder.

El caso d e D ie g o S a n to y

Los asesinos no son guapos. Eco parecen decir las in co n tab les imágenes presentadas ante los m edios de com u n icación: perso­ nas g en eralm en te m al encaradas, despeinadas y co n m iradas torvas o confundidas. Así pues, no es de extrañar que Diego San­ toy, un joven bien parecido, se convirtiera en "celebridad" aun después de haber com etido un doble hom icidio que ha dividido a la población de M onterrey.

La madrugada del 2 de marzo de 2 0 0 6 Diego (estudiante en la Facultad de Ingeniería de la Universidad A utónom a de Nuevo León), entró en la casa de su ex novia, Erika Peña, de 19 años de edad, para asesinar por estrangulam iento y puñaladas a los her­ manos: Erik Azur, de siete años de edad, y M aría Fernanda, de tres. No co n ten to , atacó a su ex novia con golpes y cuchilladas para dejarla sem iconsciente, secuestró a la m ujer del servicio do­ méstico (Catalina Bautista) y escapó en el coche de Erika.

Luego, Santoy in ició una fuga rum bo a G uatem ala ju n to con su herm ano, pero fue detenido en la central cam ionera de Oaxa- ca el 7 de marzo, in ician d o un proceso legal que aún no term i­ na. De cualquier m odo, el perfil de la fam ilia atacada (la madre

de los niños asesinados trabajaba com o presentadora en la tele­ visión regiom ontana) hizo que el caso adquiriera relevancia in­ m ediata, llevando el debate a foros de In tern et y a los medios locales en una disputa entre quienes defienden la in ocen cia de Santoy frente a los que desean verlo tras las rejas.

M ientras tan to, Diego Santoy (suje­ to a proceso legal desde el 19 de marzo de 2 0 0 6 en el penal de T opochico y tras­ ladado en abril al p enal de Cadereyta) ha revelado datos interesantes luego de los análisis a los que ha sido som etido por las autoridades desde en to n ces. De acuerdo co n los estud ios psicológicos, "D ieg o no p resen ta alteracio n es en el co n tacto co n la realidad [...] no reporta alucinaciones o delirios". Aún más: se le reporta com o portador de "fracaso para adaptarse a las norm as sociales; desho­ nestidad indicada por m en tir repetida­ m ente, actuaciones bruscas e inmodula- das, irresponsabilidad persistente, falta de rem ordim ientos como lo indica la indiferencia o la justificación de haber dañado, mal­ tratado o robado a otros".

El estudio p sicológico conclu ye que Diego "es un paciente con trastorno de personalidad antisocial [...] no presenta datos c lín ic o s de alg u n a en ferm ed ad m e n ta l co m o esquizofrenia o trasto rn o b ip olar en fase de m an ía, ni datos de algún otro trastorn o p sicó tico " y que "por su incap acidad de experim en­ tar culpa, es una persona altam ente peligrosa y tien e el poten­ cial para com eter delitos graves com o en el que nos ocupa ac­ tu alm en te".

La tensión que producen los traum as físicos, emocionales o sexuales, o la exposición a am bientes a lta m e n te tra u ­ máticos como la guerra o el ham bre, puede disparar una serie de cambios horm onales que, a su vez, generan cambios cerebrales perm anentes que transfo r­ man la m anera en la q u e las personas m anejarán en ei fu tu ro sus emociones.

En cuan to a las m otivacion es para com eter los asesinatos y el secuestro, Santoy en un principio asum ió su culpabilidad pero sin dar a conocer el m óvil del crim en, actitud que ha m antenido hasta el día de hoy.

Por su parte, la defensa ha argüido que Diego Santoy no fue el ú n ico im p licad o, e in clu so, ha dejado ver la posibilidad de que el inculpado haya tenid o alguna relación sen tim en tal con la madre de las víctim as. U na versión que, obviam ente, ha com ­ plicado todavía más la resolución del caso.

Por otro lado, las diligencias judiciales y las evidencias apor­ tadas por la fiscalía parecen apuntar a un crim en m otivado pol­ la con clu sión de la relación entre Erika y Diego, lo que habría m otivado en el m u ch ach o un ansia de revancha v io len ta que habría concretado con el ataque a su ex novia y el hom icidio de sus herm anos. Así pues, a principios de este febrero, las diligen­ cias jurídicas se han dado por concluidas y se espera que en las próximas sem anas se dicte sen ten cia. M ientras tan to , en algu­ nas partes de M onterrey, se vende una playera que dice: "te cui­ do a tus herm anitos" y que tiene la foto de Diego Santoy.

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