Para Ricoeur “[…] la identidad narrativa173 sólo se revela en la dialéctica de la ipseidad
y de la mismidad”.174 Sin embargo, no se puede hablar de esta si antes no se parte de su
estrecha relación con la trama, ya que es precisamente en ella donde se descubre su carácter
171 Ricoeur, Paul, Sí mismo…, p. XIV. 172Ibidem, pp. 119 y 120.
173 N.B. La identidad narrativa, según Ricoeur, también puede denominarse identidad del personaje. [Cf.Ibidem, p. 139.] 174Ibidem, p. 138.
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dinámico que fluctúa entre lo concordante y lo discordante, es decir, entre un principio ordenador y un trastocamiento de fortuna que la presentan como una transformación regulada o bien configurada, en una síntesis de lo heterogéneo. Esto permite a Ricoeur explicar las mediaciones de la trama en una serie de dialécticas que reflejan la oposición entre lo disperso que hay en el relato y el poder unificador de la poiésis misma.175
Además, el elemento que participa en la narración de la estructura inestable de concordancia discordante de la trama y que es fundamental en la comprensión del sí, es el de acontecimiento, el cual posibilita la concordancia en tanto que hace avanzar la historia y es discordante en tanto que surge, por ello está vinculado con el acto mismo de configuración. Asimismo, en el acontecimiento se invierten dos efectos paradójicos que tienen que ver con la construcción de la trama, estos son la contingencia y la necesidad. Por el efecto de contingencia, el acontecimiento se presenta como lo inesperado y sorprendente, pero pronto queda transfigurado por la necesidad narrativa cuando es comprendido y por esto mismo integrado a la historia, así “[…] es esta necesidad narrativa la que transmuta la contingencia física, contraria a la necesidad física, en contingencia narrativa, implicada en la necesidad narrativa”.176
Es por ello que para Ricoeur, la narratividad y particularmente la trama, es fundamental para comprender el tema de la identidad. Pero no todo termina ahí, ya que la trama que representa la acción narrativa remite a un agente de la misma, es decir, a un personaje. En este, es donde Ricoeur tratará de mostrar los aportes a la discusión sobre la identidad personal, quedando su tesis de la siguiente manera: “[…] la identidad del personaje se comprende trasladando sobre él la operación de construcción de la trama aplicada primero a la acción narrada; el personaje mismo –diremos- <<es puesto en trama>>”.177 Y es a partir del
carácter figurativo del personaje como el sí mismo queda constituido como un yo figurado, es decir, es en la identidad de dicho personaje como el lector constituye su propia identidad personal.178
175Ibidem, p. 140. 176Ibidem, p. 141. 177Ibidem, p. 142.
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Pero en este proceder narrativo que va de la acción al personaje, es importante no perder de vista que la trama tiene primacía, una vez que es en ella donde se tejen los acontecimientos que implican al personaje, es decir, es la trama la que transforma a este presentándolo como agente o como sufriente, haciendo posible que conforme su identidad dentro de la historicidad.179
La persona, entendida como personaje de relato, no es una identidad distinta de sus
experiencias. Muy al contrario: comparte el régimen de la identidad dinámica propia de la historia narrada. El relato construye la identidad del personaje, que podemos llamar su identidad narrativa, al construir la de la historia narrada. Es la identidad de la historia la que hace la identidad del personaje.180
Son precisamente estos elementos, narración e historicidad, los que posibilitan la constitución de la identidad del personaje, haciendo que esta cumpla su función mediadora entre la mismidad y la ipseidad al hacer referencia a las disposiciones adquiridas por parte de un personaje, mediante una historia narrada y el mantenimiento de sí en el acto de prometer que posibilita la construcción de una trama.
Esto mismo se puede ver en la vida real, cuando hay incapacidad de narrarse a uno mismo de manera ordenada en medio del obrar y del padecer. Gracias a la narratividad, el sí-mismo puede ser dicho y refigurado en un primer movimiento de reflexión, mediante las configuraciones narrativas que le sirven de banco de prueba para experimentar su existencia posible y real.181
Así pues, para que la identidad de la persona alcance su plena humanidad, requiere de la acción narrativa que intercambia mundos y permite distinguir entre el personaje del relato y la persona real, haciendo que el primero favorezca a la comprensión de sí por parte del segundo, pero evitando soslayar una coincidencia total entre ambos. De manera que la identidad narrativa se convierte en el medio a través del cual la persona ejercita su experiencia, esto es, que ella nos permite ratificar o cuestionar nuestra propia respuesta acerca de la pregunta ¿quién soy?182 Por ello, se puede concluir que dado que para Ricoeur
la identidad narrativa representa un acceso a la identidad personal o a la comprensión del sí, a través de un proceso dialéctico entre el idem y el ipse en el que interactúan sin confundirse y distinguiéndose, siendo que el primero representa una identidad sustancial o formal y el
179Cf. Begué, Marie-France, op. cit., p. 251. 180 Ricoeur, Paul, Sí mismo…, p. 147. 181 Begué, Marie-France, op. cit., p. 251. 182Cf.Ibidem, pp. 253-254.
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segundo propiamente la identidad narrativa,183 tal comprensión se hace posible de modo
parcial y según las condiciones de interacción entre el texto y el lector, por lo cual la conformación de la identidad queda abierta y no acabada ni reducida a un único medio textual, sino que su constitución estará en la potencialidad de seguirse configurando en el transcurso de la experiencia temporal.
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CAPÍTULO TERCERO
LA IDENTIDAD NARRATIVA: DISTANCIAMIENTO CRÍTICO E
IMPLICACIONES ÉTICAS.
En el desarrollo del problema de la identidad personal se hace necesario mencionar la separación que hay entre el planteamiento ricoeuriano y sus precedentes (substancialista, empirista y existencialista) para delimitarlo y señalar justamente cómo hace frente a tal problemática. Asimismo, es importante mencionar las implicaciones éticas de la llamada identidad narrativa, ya que para Ricoeur esta misma hunde sus raíces en la narración a través de la cual se hace patente la alteridad que permite enlazar el campo antropológico con el ético, posibilitando una reflexión más aguda sobre los valores que esta implica en su constituir auténtico y mostrando la necesidad de los mismos en su hacerse con miras a establecer los parámetros que permiten un desarrollo armónico y pleno de esta misma.
Por esta razón, en este último capítulo se mostrará, en primer lugar, la separación que se da entre el modelo ricoeuriano y el metafísico, el empirista y el existencialista. En segundo lugar, se expondrá la estrecha relación que hay entre narración y ética, debido a que es precisamente la narratividad la que permite enlazarnos con los diversos campos que están implicados en la constitución de la identidad, a saber: el campo ontológico y antropológico, a través de la experiencia temporal; el epistemológico, mediante el reconocimiento de sí a través del texto; y el ético, por medio de la acción y la alteridad en la que la noción de responsabilidad adquiere una importancia fundamental; todo esto desde un enfoque hermenéutico. Finalmente, se presentan los límites de la propuesta ricoeurina, a partir de algunas reflexiones de la constitución de la subjetividad que realiza Michel Foucault, en donde se podrá constatar que los diferentes discursos expresados en textos no son neutrales y obedecen a intereses de particulares, por lo que cada persona o comunidad, si pretende construir su identidad a partir de la narración, estará condicionada por la época a la que pertenece.
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3.1 Separación y acotaciones del planteamiento ricoeuriano de la identidad respecto a