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Sobre cuatro soportes, montar 2 largueros laterales (A) que sostendrán, en su extremo, los dos rodillos (B y C) sobre los cuales se enrolla la lana de la urdimbre.

El batiente (D) que contiene el peine (P) se articula con la base de los pies delanteros (en 1) y debe poder moverse hacia adelante y hacia atrás (véase la flecha).

Se colocan dos barras (E) móviles sobre 2 ménsulas (F) que permiten dos posiciones (alta y baja) y que están fijadas a los montantes laterales. Estas barras hacen las veces de bastidor y se levantan alternativamente para dejar paso a la lanzadera.

Funcionamiento:

— Cortar, del ovillo de lana, 2 trozos que unirán los rodi- llos B y C, atravesando el peine P, y que delimitarán la an- chura de nuestro tejido. Estos dos anillos son fijos, están medianamente tensados y se centran en relación con la an- chura del telar. Los dos nudos que cierran estos dos bucles se colocan sobre el rodillo delantero (B).

— Unir a continuación el cabo del ovillo al nudo del pri- mer anillo, atravesar el peine P, dar la vuelta al rodillo C, volver por debajo del telar hasta el rodillo B, volver a pasar a la púa siguiente, etc., hasta obtener una trama de la anchu- ra deseada, es decir, que llegue al 2? anillo fijo. Unir el extre- mo del hilo al nudo de este último anillo.

— Atar un hilo de cada dos a una de las barras E (E1 a E2)

B

2 1 2 1 2 1

por medio de unas pequeñas lazadas de hilo de lino, cerradas con un nudo de rizo (esquema 3).

— Al levantar de un modo alterno cada una de las dos ba- rras E hasta la posición alta de la ménsula, se levanta uno de

cada dos hilos de la urdimbre y por ese espacio se pasa la lan- zadera en un sentido; después, cuando la otra barra E está levantada, la lanzadera pasa en el otro sentido (vuelta). La lanzadera pasa entre el peine y el rodillo delantero.

— A cada ida y vuelta de la lanzadera, hay que acercar el peine hacia uno mismo (rodillo B), para comprimir las ma- llas del tejido.

vestirse

d) La urdidura

Es la acción de ordenar los hilos de la urdimbre de modo que queden paralelos, en el mismo orden que ocuparán en la tela y en un número igual al que tendrá la tela según su anchura.

Para saber las medidas, hay que hacer un cálculo rápido que permita determinar la longitud exacta del hilo sobre el telar. Tomar, por ejemplo, una urdimbre de 30 cm de ancho; si obtenemos dos hilos por centímetro, la urdimbre tendrá 60 hilos. Si deseamos un tejido de 1,50 m de largo (longitud de la tela a la que hay que añadir 20 cm en previsión de desper- dicios, fijación de hebras, etc.) hay que multiplicar esta lon- gitud por el número de hilos; el resultado es 90 m de lana.

Desmadejar esta lana alrededor de cuatro palillos coloca- dos a pares. Si queremos que la urdimbre tenga varios colo- res, hay que calcular antes la importancia que tendrán en la urdimbre y alternarlos en los palillos en el orden deseado. Una • ez preparados los hilos, hay que quitarlos de los palillos des- lizando el brazo por el primer cruce.

e) Fijación de hebras al primer enjullo

Una vez se ha quitado la lana de los palillos, ésta presenta dos cruces (un ocho con un bucle más). Cortar, pues, el pri- mer bucle de los hilos de la urdimbre, que se dividen así en dos, y atarlos por pares en torno al primer enjullo.

A continuación, deslizar transversalmente unos listones de madera a cada lado del cruce (los hilos pares aparecen sobre ei primer listón, los impares sobre el segundo).

N.B.: la manera de atar el primer enjullo del telar al aire libre es muy importante, ya que éste debe enrollar el tejido hecho y, por tanto, debe poder deslizarse a lo largo de las cuer- das que lo atan al árbol; el segundo enjullo debe mantener tenso el tejido y requiere también un anudado especial. f) El peine

Su uso depende de la calidad del tejido; nos permite apre- tar los hilos de la trama a lo largo de la urdimbre; sus púas se deslizan a cada intervalo.

El peine está constituido por cuatro listones que se unen para formar un bastidor, a través de los cuales se tienden ver- ::cálmente unos bramantes bastante apretados; su número de- be ser, por lo menos, igual a la mitad de los hilos de la urdimbre.

g) Las viaderas

Las viaderas permiten abrir la urdimbre, separar los hilos pares de los impares para introducir, de una sola pasada, los hilos de la trama. También están formadas por un bastidor de madera; a través de este bastidor se montan verticalmente los lizos (especie de cuerdecillas que tienen un mallón u ojal en medio).

^

D . . _ H

h) Montaje del peine y de las viaderas

Cortar el segundo bucle de los hilos de la urdimbre y pa- sarlos uno por uno por las púas del peine, después por los li- zos y sus ojales intermedios; el hilo par se colocará por el ojal del lizo, el hilo impar entre los lizos y así sucesivamente, has- ta la última hebra. En caso de que haya dobles lizos, los hilos pares pasarán entonces por los espacios intermedios de la se- gunda viadera y los hilos impares por los lizos. Cuando se levante el bastidor, éste arrastrará los hilos pares sujetos a los lizos, mientras que los hilos impares permanecerán hori- zontales; el espacio que queda se llama calada y a través de él se pasan los hilos de la trama; cuando baje el bastidor, su propio peso arrastrará de nuevo los hilos pares, creando un nuevo espacio con los hilos impares horizontales.

N.B.: en el caso del telar al aire libre, se pueden atar los bastidores de las viaderas a una cuerda tendida entre los dos árboles, por encima del telar.

i) Fijación de hebras al segundo enjullo Atar las hebras de dos en dos al segundo enjullo.

El número de lizos será la mitad del número de hilos de la urdimbre. También se puede poner un juego de dobles lizos que facilitará la partición de las dos capas pares e impares.

j) El tejido

Enrollar una cantidad de lana bastante considerable en una vara de madera con los extremos en punta; el hilo se sujeta haciendo una muesca. El paso de esta lanzadera a través de las caladas se hace mejor en sentido oblicuo. Después de ca- da pasada del hilo de la trama a través del ancho del tejido, hay que modificar la posición de los lizos y apretar los hilos con las púas del peine.

N.B.: durante la última guerra mundial, los alemanes no vacilaron en recuperar no sólo los dientes o la piel de los pri- sioneros, sino también sus cabellos con los que fabricaron jer- sey s y calcetines. Anotemos aquí que esta explotación total del hombre, considerado como bestia, hecha por otros hom- bres, que se creían dioses, es un buen desquite para todos es- tos pobres animales domésticos, e incluso salvajes, cuya evolución hemos detenido o bien hemos asesinado y tortura- do por placer o afán de lucro.

La frase «Mientras haya mataderos, habrá campos de ba- talla», de Tolstoi, y la experiencia que acabamos de citar no parecen haber servido de mucho, ya que la vivisección, la cría masificada y la caza aumentan de día en día.

Sería hora de meditar y actuar de acuerdo con esta refle- xión del gran Kant:

fabricar

«Debemos considerar siempre a los demás seres como fines que se fustifican por sí mismos,

como algo que halla en sí su propio objetivo, y no considerar jamás a un ser vivo

como medio para satisfacer nuestros deseos. Debemos respetar el valor intrínseco de todos los demás seres

y nunca sacrificarlos a nuestros fines personales.

Pero es esto, precisamente, lo que hacemos cuando matamos animales.

Violamos las leyes de la más alta moral.»

Dicho esto, podríamos utilizar perfectamente pieles de ani- males muertos de vejez para fabricar vestidos, así como la lana de las ovejas y cabellos humanos sin que debamos hacer ningún daño ni a unos ni a otros.

5. La lana

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