El proceso urbanizador fue uno de los fenómenos más representativos del siglo XX. La expansión de las ciudades alcanzó a los espacios rurales donde históricamente se asentaron las comunidades campesinas con cultura y procesos propios. En cuanto
Tesis de Doctorado en Geografía – María Alejandra March
al proceso de periurbanización Capel (1994) explica que “…no es un fenómeno reciente en el tiempo, sino que ya se daba en las ciudades romanas y posteriormente en las renacentistas. Sin embargo, fue en el transcurso del siglo XIX cuando las transformaciones de la periferia urbana se tornaron notables y dieron posteriormente origen a la preocupación por el periurbano como objeto de investigación” (Capel, 1994: 139).
La consolidación del proceso de periurbanización se produce en la primera mitad del siglo XX con la descentralización de las actividades productivas urbanas y el movimiento de la población a la periferia como lugar de residencia lo que generó el surgimiento de la denominada “ciudad difusa” alrededor de las décadas del cincuenta y sesenta (Barsky, 2005).
En América Latina, Ávila Sánchez (2009) explica que este proceso está esencialmente marcado por una heterogeneidad de los agentes sociales y los procesos espaciales, con una alta movilidad e incidencia en el juego de fuerzas que construyen el territorio. Se trata principalmente de un periurbano habitacional, donde se expresa la diferenciación territorial en cuanto a las formas de apropiación y uso del espacio. Puebla expresa “…la ocupación del suelo en las áreas periféricas generalmente se realiza de una manera no planificada, constituyendo un espacio de gran heterogeneidad y crecimiento acelerado, donde pueden registrarse problemáticas sociales y ambientales agudas, un mercado del suelo poco transparente, proximidades conflictivas (Puebla, 2003: 5).
Estos procesos derivan en áreas intermedias en donde es difícil establecer el límite entre lo puramente urbano o puramente rural. En este sentido, García Ramón, et al. (1995: 42) expresan que en el continuo urbano-rural existe una gradación de zonas, las esquematiza en círculos concéntricos e identifica las siguientes (Figura 2.2):
-Espacio urbano: continuo edificado, estructurado por vías de transporte, usos de suelo urbano y normas de planificación.
-Periurbano o áreas urbanas con espacios discontinuos: con situaciones degradadas en lo urbano y residuales en lo agrario. Se caracteriza por situaciones de especulación, marginalidad del uso del suelo y por el desarrollo del hábitat disperso frecuentemente carente de los servicios y equipamientos necesarios.
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-Espacio semiurbano: que en función de una estructura anterior de hábitat rural se observa una alternancia de usos y amplias áreas de residencias urbanas o de industrias y servicios descentralizados.
-Espacio semirural urbanizado: pueblos- mercado que han desarrollado su área urbana, residencial e industrial, manteniendo aún la importancia de las actividades agrarias.
-Rural: con predominio de la actividad agraria y poco desarrollo urbano, incluidos los servicios. Se pueden encontrar una incipiente descentralización industrial y viviendas de segunda residencia.
-Rural marginal: algunos son parajes naturales que se deberían proteger.
Figura 2.2. Gradación de las zonas en el continuo urbano-rural.
Fuente: elaborado por Cardoso y Fritschy (2012) sobre la base de García Ramón et al. (1995).
El objeto de estudio de la presente investigación se desarrolla en un área periurbana de las ciudades de Trelew y Rawson. Es por ello que solo se definirá teóricamente este concepto, sin ignorar la dinámica interrelación existente entre las distintas zonas expuestas.
El periurbano ha sido denominado de formas diversas según la perspectiva de estudio. Zulaica et al. (2009) lo consideran una “zona de interfaz rural-urbana”, Barsky
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(2005) como un territorio “resbaladizo”, Bozzano (2000) como un “territorio de borde” y otros autores como la periferia urbana, el rur-urbano, la “ciudad difusa”, la frontera campo-ciudad, la “ciudad dispersa”, borde urbano/periurbano, el contorno de la ciudad, extrarradio, etc (Barsky 2005). Sin embargo, todos coinciden en que es muy difícil su conceptualización y delimitación debido a su complejidad y su permanente transformación y dinámica.
El periurbano es un territorio multidimensional de transición entre lo urbano y lo rural, en donde existe un entramado de relaciones sociales, políticas, económicas y culturales que le imprimen su propia identidad y le da un carácter complejo y heterogéneo. En este espacio se produce una metamorfosis territorial por la incorporación de elementos del exterior producto de la presión urbana. En el pasado este territorio tenía características homogéneas desde el punto de vista de las actividades ya que eran netamente rurales, actualmente se ve transformado con nuevas y múltiples actividades, usos del suelo y nuevos actores lo que le da el carácter de discontinuo y heterogéneo.
Desde la dimensión económica y social existe, en el periurbano, una yuxtaposición de actividades económicas rurales y urbanas (pluriactividades) que en muchos casos se relacionan con la instalación de nuevos actores y por consiguiente de nuevas acciones con culturas, modos de relacionarse y de apropiación diferente. Este contraste puede derivar en tensiones y conflictos entre los nuevos y antiguos actores.
Por otro lado, el rol de las políticas públicas es fundamental al momento de integrarlo al conjunto urbano o excluirlo socio-espacialmente del mismo. Tal es el caso de loteos residenciales en áreas productivas por la presión de los mercados inmobiliarios sumado a la ampliación de redes de comunicación y acceso. Esto produce un movimiento de población desde el espacio netamente urbano hacia la periferia como lugar de residencia. Por otra parte el periurbano se ve excluido socio- espacialmente por las políticas públicas cuando es ignorado o cuando las decisiones generan áreas marginadas con problemáticas sociales, informalidad en la tenencia de la tierra, deterioro ambiental agudo, etc.
La configuración del periurbano se establecerá a través de múltiples relaciones, actividades, usos del suelo, políticas públicas, en definitiva horizontalidades y verticalidades que lo convierten en un territorio de transición entre lo urbano y lo rural.
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En síntesis “…se trata de una mutación territorial en la cual hay un cambio en las funciones territoriales de las zonas rurales, que paulatinamente van perdiendo sus componentes agrícolas o agrarios, en provecho de las características urbanas (…) es una etapa intermedia de dicha mutación, que se acompaña de la implantación de equipamientos y de actividades que no están ligados al mundo rural” (Prost, 1991: 96 en Ávila Sánchez 2009: 101).
En relación con lo expuesto se considera difícil establecer límites certeros y precisos a estos espacios. Bozzano (2000) afirma que en algunas localidades los bordes pueden considerarse “límites duros”, es decir, suelen ser abruptos por ejemplo ciertas redes de comunicación vial o ferroviaria, áreas inundables, etc. En otros ámbitos los bordes están sujetos a transformaciones territoriales más dinámicas, lo que llama “límites blandos”, más permeables a nuevos fraccionamientos urbanos o al asentamiento ilegal de la población. El criterio para establecer estos límites parte de reconocer los rasgos distintivos del espacio urbano y el espacio rural vecino, también en términos de sistemas de objetos y sistemas de acciones, identificándolos mediante formas de ocupación, actores y circuitos socioeconómicos.
En síntesis, como ilustra la figura 2.3 el periurbano posee “...la mayor complejidad de usos del suelo mezclados que puede observarse en toda la Tierra. Aparentemente la distribución de estos usos parece obedecer al azar, pero... no hay sino una lógica cuyo descubrimiento es una de las tareas más importante del estudioso de dichos espacios...” (Capel, 1994: 137).
Figura 2.3. Complejidad del territorio periurbano. Fuente: Barsky (2012: 2).
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El estudio del periurbano de las ciudades de Trelew y Rawson, objeto de la presente investigación, es doblemente complejo. Debido a que se trata de un territorio con su propia dinámica, multidimensionalidad y relaciones sumado a la complejidad del periurbano propia de un espacio en el cual se manifiestan situaciones, procesos y actores tanto urbanos como rurales.