En: El capitalismo y la moderna teoría social, Primera parte: Marx, capítulo II, Barcelona, Labor, 1994 [1971], pp. 57-80.
El primer fruto de la colaboración entre Marx y Engels fue el libro fuertemente polémico La Sagrada Familia. Lo empezaron en la segunda mitad de 1844, y se publicó a fines del año siguiente. La mayor parte del libro es obra de Marx, y nos ofrece un testimonio de su rompimiento definitivo con el resto de los jóvenes hegelianos. Siguió poco después otra obra, La ideología alemana, escrita en 1845- 1846. Se trata también de un trabajo crítico ante todo, pero en él Marx esboza por primera vez una formulación general de las doctrinas del materialismo histórico. A partir de entonces, la perspectiva general de Marx cambió poco, y el resto de su vida estuvo consagrado al examen teórico y a la aplicación práctica de los puntos de vista manifestados en esta última obra.
El texto completo de La ideología alemana no se publicó en vida de Marx y Engels. En 1859, volviendo su mirada al período en que escribieron dicha obra, Marx afirma que no les supo mal a Engels y a él la imposibilidad de publicarla: «entregamos el manuscrito a la crítica roedora de los ratones, muy de buen grado, pues nuestro objetivo principal —esclarecer nuestras propias ideas— estaba ya conseguido».1 Aun así, Marx se refiere explícitamente a su «Crítica» de Hegel, y al
año 1844, como puntos que marcan el deslinde más significativo de su carrera intelectual. Fue el análisis de la filosofía hegeliana del Estado lo que le llevó a la conclusión de que «tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano (Geist), sino que radican, por el contrario, en las condiciones materiales de vida»,2 escribe Marx en su prólogo de la Contribución a la crítica de la
economía política.
Engels observó más tarde, sobre La ideología alemana, que la concepción materialista de la historia tal como allí la expusieron «sólo demuestra cuán incompletos eran todavía, por aquel entonces, nuestros conocimientos de historia económica».3 Pero, aunque el conocimiento que tenía Marx de la historia económica
era ciertamente escaso —el esquema que presenta allí de las «grandes etapas» del desarrollo de los sistemas productivos fue después revisado considerablemente—, la explicación del materialismo histórico que nos da en la obra concuerda profundamente con las que compuso en posteriores ocasiones. Dentro de la arbitrariedad de toda línea divisoria precisa, si bien La ideología alemana se considera a veces como parte del período «juvenil» de Marx, es más apropiado verla como la primera obra importante representativa de su madurez.
Respecto a los escritos de Marx de 1843 y 1844, a partir de su publicación en 1929-1932, se ha agitado continuamente el debate sobre su importancia en lo que se refiere a su concepción madura del materialismo histórico. La controversia tiene obvias derivaciones de naturaleza directamente política, y es difícil suponer que los
1 OE, vol. 1, p. 374. Para la valoración posterior por parte de Engels de la significación de los escritos de juventud hasta La ideología alemana inclusive, véase A. Voden: «Talks with Engels», en
Reminiscences of Marx and Engels, Moscú, sin fecha, pp. 330 y ss.
2 OE, vol. 1, p. 372; We, vol. 13, p. 8. 3 OE, vol. 2, p. 378.
puntos en cuestión vayan a resolverse a gusto de todas las partes implicadas. Pero, de hecho, son bien evidentes las líneas principales de continuidad entre la «Crítica» de Hegel, los Manuscritos de 1844 y el pensamiento maduro de Marx. Los temas más importantes que Marx desarrolló en los escritos de juventud e incluyó dentro de sus obras posteriores son los siguientes:
1. La concepción, que Marx debía substancialmente a Hegel, de la progresiva «autocreación» del hombre. Como expresa en los Manuscritos de 1844, «toda la
llamada historia universal no es otra cosa que la producción del hombre por el
trabajo humano».4
2. La noción de alienación. Un motivo de que Marx abandonase en gran parte el vocablo «alienación» en sus escritos posteriores a 1844, fue sin duda su deseo de separar terminantemente su punto de vista del de la filosofía abstracta. Así, en el
Manifiesto comunista (1848) se burla sarcásticamente del «absurdo filosófico» de los
pensadores alemanes que escribían sobre la «alienación de la esencia humana».5
Esta posición, aunque presente substancialmente en los Manuscritos, no la elaboró a fondo basta que escribió La ideología alemana. Quiere decir principalmente que la alienación debe estudiarse como un fenómeno histórico que sólo puede comprenderse en los términos del desarrollo de las formaciones sociales concretas. Los estudios de Marx sobre las etapas del desarrollo histórico siguen los pasos del crecimiento de la división del trabajo y la aparición de la propiedad privada que culminan, con la desintegración del feudalismo europeo, en el proceso de alienación del campesinado del control de sus medios de producción. Este último proceso, la formación de una gran masa de trabajadores asalariados carentes de propiedad, se describe en El Capital como una condición previa necesaria para el surgimiento del capitalismo.6
3. El núcleo de la teoría del Estado, y su superación en la forma futura de sociedad, tal como se expone en la «Crítica» de la filosofía hegeliana del Estado. Aunque Marx, al tiempo de escribir la «Crítica», tenía una concepción solamente embrionaria sobre el tipo de sociedad que, según sus deseos y expectativas, reemplazaría al capitalismo, la tesis de la posibilidad de la abolición del Estado por medio de la eliminación del ámbito de «lo político» separado se mantiene en el fondo de sus consideraciones posteriores sobre este punto.
4. Los principales rudimentos del materialismo histórico como perspectiva para el análisis del desarrollo social. A pesar de que Marx, en sus obras de juventud, escribe frecuentemente con el lenguaje de Hegel y de Feuerbach, no cabe la menor duda que el punto de vista que surge de Marx constituye un rompimiento epistemológico decisivo con esos escritores, y con Hegel de un modo especial. No se trata de una nueva filosofía que Marx pretenda poner en lugar de las antiguas; él rechaza la filosofía y se decide por un enfoque histórico y social. En esta línea, en los Manuscritos de 1844 ya insiste sobre el arraigo del capitalismo en una forma
4 MEF, p. 155. Sobre el concepto de «trabajo» según Marx, véase Helmut Klages: Technischer
Humanismus, Stuttgart, 1964, pp. 11-128.
5 OE, vol. 1, p. 47; We, vol. 4, p. 456.
6 La opinión según la cual Marx eliminó el concepto de «alienación» de sus escritos posteriores y que, por tanto, hay una notable solución de continuidad entre las obras del joven Marx y sus escritos posteriores, la expresa Louis Feuer: «What is alienation? The career of a concept», New Politics, 1962, pp. 116-34; también Daniel Bell: «The debate on alienation», en Leopold Labedz: Revisionism, Londres, 1963, pp. 195-211. Para una afirmación comparable, aunque desde una perspectiva política opuesta, cf. Louis Althusser: La Revolución teórica de Marx, México, 1972, pp. 31-70 y
EL MATERIALISMO HISTÓRICO
concreta de sociedad, cuya característica estructural más importante es una relación de clases partida entre el capital y el trabajo asalariado.
5. Una concepción sucinta de la teoría de la praxis revolucionaria. Los comentarios de Marx sobre Strauss y Bauer (que se entretienen en intercambiar «la “autoconciencia” del hombre abstracto por la substancia de la “naturaleza abstracta”»)7 anticipan las afirmaciones expuestas profusamente en La Sagrada
Familia y en La ideología alemana, según las cuales la filosofía crítica no responde
sino a etapas muy tempranas de un movimiento revolucionario. El cambio social sólo puede efectuarse con la unión de la teoría y la práctica, conjuntando la interpretación teórica y la actividad política. Esto significa que debe integrarse el estudio de las posibilidades de transformación que surgen en la historia con un programa de acción práctica que pueda llevar a cabo estos cambios.
El punto neurálgico de la transición entre los Manuscritos de 1844 y La
ideología alemana debe encontrarse en la breve serie de proposiciones críticas sobre
Feuerbach que Marx escribió en marzo de 1845, y que desde entonces se han hecho célebres con el nombre de Tesis sobre Feuerbach.8 Marx critica a este autor por
varios motivos. En primer lugar, el enfoque de Feuerbach no es histórico. Concibe un «hombre» abstracto, anterior a la sociedad: no sólo deja al hombre reducido a hombre religioso, sino que no sabe ver «que el “sentimiento religioso” es también un
producto social y que el individuo abstracto que él analiza pertenece, en realidad, a
una determinada forma de sociedad».9 En segundo lugar, el materialismo de
Feuerbach se queda al nivel de una doctrina filosófica que simplemente considera las ideas como «reflejos» de la realidad material. De hecho, hay una reciprocidad constante entre la conciencia y la praxis humana. Feuerbach, junto con todos los filósofos materialistas anteriores, trata la «realidad material» como determinante de la actividad humana, pero no analiza la modificación del mundo «objetivo» por parte del «sujeto», esto es, por parte de la actividad de los hombres. Este punto, sumamente importante, Marx lo indica también de otra manera. La doctrina materialista de Feuerbach, afirma, es incapaz de analizar el hecho de que la actividad revolucionaria resulta de actos conscientes y voluntarios de los hombres. Al contrario, Feuerbach describe el mundo según el concepto de la influencia «en un solo sentido» de la realidad material sobre las ideas. Marx indica que «las circunstancias son cambiadas precisamente por los hombres y [...] el propio educador necesita ser educado».10
Tal como lo ve Marx, Feuerbach aportó algo de importancia decisiva al mostrar que «la filosofía [es decir, la filosofía de Hegel] no es sino la religión puesta en ideas y desarrollada discursivamente; que es, por tanto, igualmente condenable y no representa sino otra forma, otro modo de existencia de la enajenación del ser humano».11 Pero Feuerbach presenta a la vez un materialismo pasivo o
«contemplativo», descuidando el énfasis de Hegel sobre «la dialéctica de la negatividad como principio motor y generador».12 El pensamiento de Marx se centra
7 MEF, p. 182.
8 Las Tesis sobre Feuerbach fueron publicadas por primera vez en 1888 por Engels, el cual advierte que contienen «el germen genial de una nueva concepción del mundo» (OE, vol. 2, p. 378). Aquí citamos la traducción de OE, pp. 426-8.
9 OE, vol. 2, p. 425. 10 OE, vol. 2, p. 427. 11 MEF, p. 184.
12 MEF, p. 189. Para un tratamiento más amplio de la significación de este punto, véase más adelante, pp. 403-406.
en esta dialéctica entre el sujeto (el hombre en sociedad) y el objeto (el mundo material), en la cual los hombres subordinan progresivamente el mundo material a los objetivos de ellos, con lo cual van transformando estos mismos objetivos y crean nuevas necesidades.