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Appendix: Data Sources and Definitions This appendix describes our main variables and sources.

Para el enfoque radical, el primer objetivo del desarrollo económico se cen- tra en asegurar a todas las personas el acceso suficiente a los bienes y ser- vicios que les permitan mantener un nivel de vida por encima del mínimo (Stewart,1992:37). Pero la cuestión decisiva es: ¿cómo se define ese mínimo básico? En la lógica de lo dicho hasta ahora, la definición de ese nivel de satisfacción de necesidades básicas que se considera mínimo para una vida humana supone: a) disponer de una referencia normativa: un concepto de bienestar; b)a sensu contrario, un concepto de pobreza que determine los niveles mínimos. Toda persona que no alcance ese nivel mínimo se encon- trará en una situación indeseable desde la perspectiva de su realización como persona, y para este enfoque, a esas personas habrá que calificarlas como pobres.

La definición de cuáles son las necesidades básicas se convierte en el tema fundamental. En primer lugar, porque la operatividad del enfoque descansa en precisar adecuadamente los objetivos que fija como priorita- rios. Sin esa concreción, no pasaría de ser un ejercicio teórico de buena voluntad. Si la prioridad de las políticas es asegurar esos mínimos, hay que poder medir los avances. En segundo lugar, en la definición de ese horizonte se encuentra el elemento clave para identificar la ambición del enfoque como radical o débil. Una concreción de las necesidades básicas circunscrita a condiciones de mera supervivencia no conllevaría la nece- sidad de proponer un modelo alternativo, bastaría con la revitalización y profundización de las políticas sociales. En cambio, si se incluyen en el catálogo: alcanzar determinados niveles en objetivos de educación y for- mación, asegurar la inserción y participación política y social, conseguir la igualdad de género, mejorar la equidad en la distribución, etc., será difícil, si no imposible, cumplirlos sin plantear un nuevo modelo, o, por lo menos, modificaciones sustanciales al existente.

Unida a la cuestión anterior de la identificación de las necesidades básicas, se plantea otra de similar importancia: ¿quién determina y cómo se deter- minan cuáles son las necesidades básicas? La pregunta es clave y de la for- ma en que se ha resuelto le han llovido fuertes críticas al enfoque de las necesidades básicas, tachándolo de paternalista por arrogarse las institucio- nes internacionales o lo donantes privados o gubernamentales la legitimidad para definir un aspecto tan esencial. No fue un olvido casual que la Confe- rencia del Empleo Mundial, de 1976, se abstuviera de formular unas cate- gorías universales de necesidades básicas y que pusiera el énfasis en que era un concepto dinámico y propio de cada país (Weigel,1986:1424).

Asimismo, muchos de los defensores del enfoque han mantenido posiciones relativistas a la hora de definir qué es y qué no es una necesidad básica. Por un lado, la complejidad de fijar un listado de necesidades básicas funda- mentales universales conlleva un esfuerzo multidisciplinar que implica con- siderar aspectos trascendentes de la concepción del ser humano. Si se par- te del concepto de necesidad básica relativa, su determinación dependerá de las peculiariedades de cada cultura, con lo que perderá operatividad de cara a concebir y ejecutar estrategias comunes para los países en desarrollo, al no poder definir con suficiente precisión los objetivos del desarrollo.66 El

debate sobre la posibilidad de establecer un concepto universal de las nece- sidades básicas mínimas del ser humano sigue presente hoy en día. Sobre esta cuestión se volverá más adelante en el capítulo 3, ahora solamente señalar la trascendencia de esta cuestión por el trasfondo filosófico que con- tiene. La dificultad de llegar a un consenso universal se complica más a la hora de precisar los mínimos o los criterios de evaluación de cada una de las necesidades básicas, dadas las enormes diferencias de todo tipo (cultu- rales, climáticas, religiosas, etc.). A pesar de la complejidad, ha habido diver- sas propuestas que han avanzado en la resolución de estos problemas.

En resumen, la definición de las necesidades básicas es la piedra de toque del enfoque porque: a) pone a prueba su operatividad; b) obliga a precisar el horizonte e intensidad de las necesidades que se consideran básicas de manera universal; y, c) plantea la pregunta de quién tiene la legitimidad para definir el tema y el procedimiento para hacerlo.

Las consideraciones anteriores no deben llevar a la conclusión de que la ope- ratividad del enfoque depende de fijar una lista pormenorizada de los niveles que deben alcanzar una serie de necesidades que se han definido como bási- cas. Esta operación puede resultar interesante y útil a muchos efectos, pero cuando se hace referencia a la operatividad del enfoque, se piensa más bien en la adecuada elección de indicadores que reflejen los nuevos objetivos del desarrollo. Esta precisión es importante porque hay una tendencia a identificar el enfoque de las necesidades básicas con la exigencia de una precisión deta- llada y una medición personalizada de las carencias. Esta preocupación es cier- to que está inserta de alguna manera en la misma concepción del enfoque, que quiere huir de aquellos indicadores abstractos que no tienen en cuenta la situación real de las personas. Asimismo, una de las características del enfoque es la preocupación por los consumos reales desagregados a los niveles fami-

66 En la práctica, dado que el origen del concepto de necesidades básicas se dio en el seno de

la burocracia internacional, la acepción que se aplicó fue la más apropiada desde una perspec- tiva técnica: plantearla como una relación funcional, de manera que fuera la lógica de encontrar los medios apropiados. Ello condujo a que fueran las personas expertas y capacitadas quienes resolvieran los problemas. Toda acepción de necesidad como reclamo político, y por lo tanto definida por los propios actores, no tuvo entrada en las propuestas oficiales (Friedmann,1992:62).

liar e individual. Pero ello no supone que el paradigma se condiciona a que sólo desde esa desagregación se puede llegar a formular los objetivos y medir su cumplimiento. Por el contrario, el paradigma de las necesidades básicas se ha caracterizado por la investigación de indicadores alternativos del desarrollo y, paralelamente, ha procurado llegar al conocimiento más detallado posible de las carencias de las personas para comprobar si los nuevos indicadores eran suficientemente expresivos de los logros y deficiencias de la expansión y dis- tribución de los beneficios del crecimiento.

En conclusión el concepto de necesidades básicas supone, en cualquiera de los casos, ampliar el concepto de pobreza como mera subsistencia biológica, al introducir las otras exigencias mínimas requeridas por las comunidades loca- les para que las personas sean consideradas como miembros de las mismas, y no sólo desde las exigencias familiares o individuales de sobrevivencia y efi- ciencia. Pero se presenta una gran dificultad a la hora de ofrecer criterios acep- tables para la elección y la definición de los rubros que deban incluirse. Las necesidades de la población no pueden definirse adecuadamente teniendo como referencia las necesidades físicas individuales y las provisiones y servi- cios requeridos por las comunidades locales. La definición de las necesidades depende del concepto de desarrollo y del modelo de funcionamiento que se quiera para la sociedad y, en particular, de cómo se quiera conciliar la orga- nización de los mercados con las organización de los servicios colectivos.

Las expectativas sociales emergentes contenidas en los ciudadanos de los países pobres tienen que ponerse de manifiesto y evaluarse. Esto quiere decir que deberán tenerse en cuenta la situación de los sectores más desfa- vorecidos, por ejemplo, la desproporcionada mayor pobreza y privación experimentadas por las minorías étnicas, las mujeres, los ancianos, niños y gente con discapacidades aunque no haya conciencia de ello en una socie- dad y no se lo plantee como prioridad. La situación de pobreza no se da de manera uniforme si no que dentro de ella existe una estructura social de pobreza. Asimismo, en la sociedad hay sectores o grupos de la población que tienen más altos riesgos de ser pobres. Esta perspectiva es la que falta en el enfoque de las necesidades básicas dominado por el paradigma está- tico. La inclusión de la estructura social a la hora de definir las necesidades básicas ayudaría a iluminar las causas de la pobreza.

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