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A Appendix: Data Sources and Preparation

El Dr. Miguel Anchorena fue interrogado por estar a cargo de la sucesión de los bienes de David Graiver. Es un abogado que ejerce su profesión desde 1942 y no se le conocía ninguna militancia política.

Durante el interrogatorio nos explicó varias veces que tenía que atender asuntos importantísimos, y que "comprometía su honor de subteniente de reserva" en colaborar con la investigación y presentarse cuantas veces fuese citado. Cuando le informamos de las graves sospechas que caían sobre el grupo Graiver, estimó que nuestra causa era patriótica y se mostró dispuesto a colaborar.

Destacó en primer lugar la importancia que tuvo Francisco Manrique en los primeros tiempos de su vinculación con Graiver. En realidad Manrique los presentó personalmente. Cuando este político desempeñaba el cargo de ministro de Bienestar Social, el Dr. Anchorena le pidió que le facilitase la consulta de unos planos del Instituto Geográfico Militar. Manrique le presentó a su subsecretario, que no era otro que David Graiver, inconmovible funcionario situado siempre en puestos claves.

Después se volvieron a encontrar en reuniones oficiales, pero aparentemente las relaciones no fueron muy buenas en los primeros tiempos. Al respecto nos contó una anécdota sin importancia pero que ilustra muy bien acerca del trato que tenían las empresas del grupo Graiver con el público. Anchorena tomó un crédito común en el Banco Comercial de La Plata, sin saber siquiera, que pertenecía a Graiver. Ya sea porque se olvidó de pagar una cuota o porque hubo una confusión burocrática en el banco, alguien llamó a su casa reclamando groseramente la deuda a su esposa. Cuando Anchorena fue al banco para aclarar el problema se encontró con un empleado que con pésimas maneras lo acusó de querer "clavar" a todo el mundo y le reclamó el pago de los honorarios de una abogada que tenía el "caso''. Como el interpelado es abogado y sabía perfectamente que no había ningún "caso" jurídico en danza se negó a pagar otra cosa que no fuese la deuda más los intereses. Pero como esa línea de créditos se otorgaba a casi todo el mundo, yo deduzco que la táctica se empleaba, quizá con conocimiento de los directores, para sacarles unos pesos más a los incautos. Cuando Anchorena se enteró que el dueño del Banco Comercial de La Plata era Graiver, lo llamó muy enojado, le contó lo que había ocurrido y le dijo que su banco era una "porquería". De todas maneras, y como era un asunto sin importancia, Anchorena no rompió lanzas ni se consideró ofendido, e incluso le presentó una pariente a David para que le alquilase una quinta. A partir de ese momento Graiver lo llamaba siempre quejándose de las disputas entre los caseros y su propio "personal de custodia". El problema solo se resolvió cuando la propietaria de la quinta, harta de dar albergue a una guardia pretoriana de origen desconocido y que se portaba salvajemente, no renovó más el contrato.

En mayo de 1976 reaparece en escena Manrique, que venía de los Estados Unidos, donde había conversado con Graiver, y le dijo que este tenía una propuesta importante. Graiver se había comunicado con Anchorena dos meses antes, exactamente el 24 de marzo, y desde los Estados Unidos le preguntó telefónicamente y muy preocupado "si era verdad que se había ido el ministro de Economía". Los que se van son todos, contestó

Anchorena. Graiver aprovechó la oportunidad para ofrecerle un cargo de director de banco, pero recibió una negativa. David insistió con otra llamada y después con una carta. Algunos párrafos merecen ser transcriptos porque echan luz sobre la opinión que tenía sobre sí mismo y sobre sus empresas: En los últimos seis años nuestro grupo creció vertiginosamente en la Argentina. Contra lo que muchos creen no fue ni por extrañas asociaciones, ni por privilegios, ni por acomodos, simplemente fue el resultado de un enorme esfuerzo de trabajo y confianza para reinvertir permanentemente en el país, y por qué no decirlo, mucha buena suerte (sic). En todo este tiempo todo se hizo a topetazos y no hubo tiempo de pulir las firmas y, lo que es más importante, de asociar a la gente adecuada . . . Si no entendemos que el estilo no concuerda ya con nuestro tamaño, podemos correr el riesgo de destruir todo . . . Es por eso que pensé seriamente que podrías ayudarme a buscar la gente. No los figurones, sino gente de prestigio, seriedad y talento, y en primer término por supuesto pensé en vos . . . Gracias a la intervención de Manrique, de quien Anchorena es muy amigo, éste aceptó la propuesta y Silvia Fanjul le informó superficialmente sobre las empresas que componían el "holding". Después los acontecimientos se precipitan: en una nueva llamada, Silvia Fanjul le avisa que al Banco Comercial ha llegado una inspección de la Comisión Nacional Investigadora y otra del Banco Central. También se estaba tramitando un proceso que la Asociación Bancaria había iniciado en un juzgado de instrucción reclamando la inversión de fondos que había hecho en el Banco Comercial de La Plata. Con semejantes novedades, Anchorena desistió de los planes de jerarquizar los directorios.

Después del accidente aéreo, el Dr. Rubinstein le propuso que se hiciera cargo de la sucesión. Anchorena aceptó y nos contó cómo estaba llevando el asunto. Había hecho tres ventas importantes. Una de acciones de Galerías Da Vinci a los diarios "La Nación", "La Razón" y "Clarín", por ocho millones trescientos mil dólares, operación mediante la cual los diarios citados tomaban el control de Papel Prensa. La venta requería la aprobación del representante del gobierno nacional, el representante de menores (por haber menores de edad con derechos sucesorios) y el juez. También había tratos para vender el Banco de Hurlingham en tres millones de dólares, previa autorización del Banco Central y del juez. En cambio, Anchorena no participó en la venta de las acciones del Banco Comercial de La Plata porque cuando se realizó esta operación él se había tomado unas vacaciones, pero de todas maneras creía que el precio del banco había quedado "terriblemente bajo" por las intervenciones y los rumores que corrían.

Según sus palabras, los conocimientos que tenía sobre el patrimonio de los Graiver eran bastante vagos para un abogado que está tramitando la sucesión de ese patrimonio. Jamás había sabido que podían pertenecer al grupo Graiver las empresas ''Ultima Hora", "La Opinión", "Diario de la Tarde", "Criagro", "Kerik Publicitaria" y varias más. Nunca había oído una palabra de las inversiones en el exterior, salvo una en Brasil, otra en Paraguay (la compra de un campo) y un grupo internacional de bancos. De todo lo demás no sabía nada.

*

Los oficiales encargados de citar al doctor Anchorena me comentaron la sangre fría que su esposa demostró en ese momento. Los convidó con las bebidas que más les apetecían e incluso se preocupó por proveer un vaso de leche tibia a uno de los hombres, que sufría de úlcera.

privada en su casa. Llegué a las 21 y esperaba encontrarme con cuatro o cinco comensales. Mucho me sorprendió hallarme en medio de una fiesta de más de cincuenta personas que habían sido convocadas a las 20, con fotógrafos por todas partes. Una señora elegante y amable me llevó aparte y conversó amistosamente conmigo mientras nos retrataban. Como no sabía quién era, después de algunas palabras convencionales se lo pregunté. Precisamente en ese momento apareció Anchorena, que me abrazó teatralmente mientras los fotógrafos relampagueaban más que antes. Había conocido a la esposa de Anchorena.

Nunca me volvieron a invitar, nunca los volví a ver y todavía me pregunto si habré salido bien en las fotos.

XIII

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