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No hace mucho tiempo -sólo unos meses- nuestros industriales petroleros “hablaban” de relaciones “a la europea” entre obreros y patronos.

Trataban entonces de mantener una actitud conciliadora, y se comprende por qué: la prédica infatigable del “reflexivo” Rin acerca del origen divino del contrato colectivo, la ola creciente de huelgas parciales, las esperanzas de los industriales petroleros de “normalizar la producción” mediante una Conferencia “a la europea”, y cierta presión por parte de las autoridades, comunicaron a los industriales petroleros un estado de espíritu precisamente conciliador, “europeo”.

- ¡Abajo la anarquía de las huelgas! exclamaba Rin. -¡Viva el orden! -le coreaban los industriales petroleros.

Y, aparentemente, se iba entronizando el “orden”. Las represalias por parte de los patronos disminuían al parecer. Las huelgas también eran menos. Los industriales petroleros “estimaban necesario llegar a un acuerdo” (v. “Neftianoe Dielo”, diciembre).

Pero empezó la campaña. Los obreros rechazaron categóricamente la vieja Conferencia entre bastidores. La inmensa mayoría de ellos se pronunció por una Conferencia con garantías. De esta manera, los obreros expresaron su firme deseo de aprovechar al máximo la Conferencia, de convertirla en arma de una lucha organizada y consciente.

¿Y qué es lo que vemos?

Ya no se oye hablar de las relaciones “a la europea”.

De las “intenciones” de “normalizar la producción” no se dice ni una palabra. La “anarquía de las huelgas” no asusta ya a los industriales petroleros; al contrario, ellos mismos empujan a los obreros a la “anarquía”, atacándolos, arrebatándoles lo conquistado, despidiendo a los camaradas de vanguardia, etc., etc.

Por lo visto, los industriales petroleros no consideran ya necesario llegar a un acuerdo. Prefieren atacar. Ya en su Congreso de fines de enero iniciaron los industriales la ofensiva contra los obreros. Amordazaron a los representantes de los sindicatos. Sepultaron la cuestión de las colonias obreras. Resolvieron “tachar” las cuestiones acerca de las escuelas, de la asistencia médica, etc. Arrebataron a los obreros el derecho de participar en la administración de las casas populares.

Con todo eso los industriales petroleros daban a entender que marchaban por un camino “nuevo”, “no europeo”, por el camino de la ofensiva abierta contra los obreros.

El Consejo del Congreso continúa la “obra” del Congreso. Ha atacado a los obreros, introduciendo el “pago de diez kopeks por la asistencia médica”. No hablamos ya de las disposiciones menudas del Consejo, que llevan el sello de ese mismo viraje operado en la táctica de los industriales.

Además, las represalias se hacen, como de costumbre, más “profundas”: se arrebata a los obreros de los pozos y de las fábricas los derechos ya conquistados, se reduce el personal, se despide a los obreros avanzados, se organiza lockouts, etc.

Han reducido a la nada las comisiones de los pozos y de las fábricas. Así lo evidencian los choques habidos por la cuestión de las comisiones, en Rothschild (Balajani), en la Compañía del Caspio, en Shibáev (Balajani), en “Born” (Balajani), en Bjoring, en Mirzóev y en la sociedad Naftalán.

Con el pretexto de “reducir el personal”, “ponen de patitas en la calle” a los camaradas más influyentes, en particular a los apoderados de la Conferencia. A este respecto, no dejan lugar a dudas los hechos ocurridos en la Compañía del Caspio, en “Born” en Mujtárov (Balajani), en Shibáev (Balajani), en Lapshín (Dihi-Eibat) y en Málnikov.

El lockout en Votan es la coronación de la “nueva” táctica de los industriales petroleros.

Con todo eso empujan a los obreros al camino de los estallidos espontáneos y anárquicos, que los agotan. Aun más significativas son las formas que toman las represalias contra los huelguistas. Nos referimos a la empresa Mirzóev, mejor dicho, al gerente de esta casa, señor Markárov, que azuza contra los huelguistas armenios a musulmanes armados de escopetas y abona así el terreno para choques entre armenios y tártaros.

Tal es el viraje en la táctica de los industriales petroleros.

Evidentemente, los industriales petroleros no quieren ya “condiciones a la europea”.

Desilusionados en cuanto al “éxito” de la Conferencia perdida la esperanza en la posibilidad de “normalizar la producción con la sola celebración de la Conferencia sin satisfacer las reivindicaciones fundamentales de los obreros y al ver que la Conferencia se transforma de instrumento de desorganización en instrumento de organización de una masa de 50.000 obreros, los industriales petroleros quieren

desembarazarse de una manera u otra de la Conferencia, aplazándola por tiempo indefinido o, por lo menos, privándola de vitalidad.

Para ello recurren al sistema de las represalias, provocando a los obreros a acciones prematuras, haciendo que se desperdigue en movimientos aislados y parciales el movimiento general en formación, desviando a los obreros del ancho camino de la lucha de clases hacia los tortuosos vericuetos de los choques de grupos.

Con todo eso quieren distraer la atención de los obreros de una Conferencia con garantías, hacer que los obreros dejen de ver en el Consejo de apoderados una fuerza importante y capaz de agruparlos estrechamente, impedir que los obreros se unan y, de ese modo, no permitirles que se preparen para la conquista de sus reivindicaciones.

Así tratan de provocar a los obreros todavía no organizados a una acción general prematura, que permita a los industriales quebrantar “definitivamente” a los obreros y les asegure por largo tiempo la extracción “ininterrumpida” del petróleo.

Eso persiguen con su viraje táctico los industriales petroleros. ¿Cuál debe ser nuestra táctica, en virtud de todo lo dicho?

Los industriales petroleros nos atacan aprovechandose de nuestra falta de organización; por tanto, nuestra, tarea consiste en agruparnos estrechamente en torno a nuestro sindicato, defendiéndonos de los golpes con todos los medios de que disponemos.

Deseando fraccionar nuestro movimiento general, quieren provocarnos a estallidos espontáneos y parciales; por tanto, nuestra obligación consiste en no morder el anzuelo de los industriales petroleros, en abstenernos, en la medida de lo posible, de las huelgas parciales y no disgregar el movimiento general.

Nos quieren privar del arma de nuestra unidad, nos quieren arrebatar el Consejo de apoderados, aplazando la Conferencia por tiempo indefinido, empujándonos a una acción general prematura; por tanto, nuestra obligación consiste en exigir la inmediata convocatoria del Consejo de apoderados, ocuparnos de elaborar las reivindicaciones obreras y, en el proceso de este trabajo, agrupar estrechamente a las masas en torno al Consejo de apoderados.

Fortaleciendo, pues, el Consejo de apoderados y reuniendo en torno a él a la masa de 50.000 obreros, no nos será difícil hacer frente como es debido a los propósitos no europeos de los señores industriales del petróleo.

Publicado sin firma el 9 de marzo de 1908 en el núm. 22 del periódico “Gudok”. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.