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4. Summary of KFUPM case study Findings

8.1 Appendix A1: King Abdulaziz University

Se considera al agrónomo inglés Albert Howard, gracias a su obra Testamento Agrícola publicada en 1940, como el padre del movimiento orgánico. Howard, tras realizar sus estudios en la Universidad de Cambridge (Inglaterra), desarrolló la mayor parte de su carrera profesional como investigador en India. En dicho país ostentó en un primer momento el cargo de consejero agrícola para los territorios situados en India central y el

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Para mayor información sobre estas medidas de ayuda en la Unión Europea consultar el sitio internet http//www.welcomeeurope.org.

18 Estas reuniones son conocidas bajo el nombre de International Permaculture Conferences, la última de

ellas, celebrada en 2007, tuvo lugar en Brasil, siendo la octava de una serie que comenzó en Australia, tierra natal de Mollison y Holmgren.

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estado indio de Rajputana (en la actualidad Rājasthān). Posteriormente fundó y dirigió el Instituto de Agronomía de Indore, ciudad del estado indio de Madhya Pradesh.

Fueron precisamente las investigaciones que Howard llevó a cabo en Indore las que conforman la base de su Testamento Agrícola. Sin embargo, antes de sumergirse en aspectos de perfil más práctico, Howard realiza en su libro una comparativa entre los que él considera los cuatro sistemas agrícolas que se han dado en el mundo. Éstos serían: los métodos que lleva a cabo la propia naturaleza para conformar la fauna y flora, la agricultura de las civilizaciones pasadas, las prácticas agrícolas de Oriente y aquellas que se dan en Europa y Estados Unidos.

Él mismo señala que la “agricultura de la naturaleza” es superior a cualquiera de las otras tres, debido a que se consigue una protección continuada del suelo, con lo cual el mantenimiento de la fertilidad del mismo está garantizado. Este mantenimiento, en palabras del propio Howard, “es la primera condición para cualquier sistema permanente de agricultura”. Una de las claves para este logro es que en los sistemas naturales “nada se pierde”, es decir, la energía del sol, las lluvias, los desperdicios animales y vegetales…, repercuten íntegramente en el cuidado del suelo.

“La Madre Tierra nunca intenta cultivar sin que haya presencia animal; siempre hace crecer cultivos variados; se toma grandes molestias para preservar el suelo y prevenir la erosión; convierte las variedades vegetales y los desperdicios animales en humus; nada se desperdicia; los procesos de crecimiento y declive se complementan; se provee para mantener reservas de fertilidad; cuida de almacenar agua de lluvia; deja que tanto plantas como animales se protejan ellos mismos de las enfermedades” (Howard, ob. cit., apdo. 1.1).

Por tanto, Howard considera virtuoso un sistema de producción agrícola que tome las mayores referencias posibles de cómo la naturaleza gestiona su propia flora y fauna. El científico señala que fue en las prácticas agrícolas llevadas a cabo en Oriente donde encontró una mejor asimilación en este sentido. Dicha afirmación era debida a que, a su modo de ver, se trataba de una agricultura extensiva principalmente enfocada a la producción de alimentos, muy diversificada en sus cultivos, con un sistema de arado de la tierra muy superficial, que mantenía un equilibrio entre el total de vegetales sembrados y la cantidad de ganado, y que no utilizaba sustancias artificiales. En su opinión, todos estos principios de la agricultura oriental habían sido olvidados por

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aquella de los países occidentales, lo que estaba llevando a una pérdida de fertilidad del suelo que tendría como consecuencia que “las tierras de cultivo se pusieran en huelga”.

Para tratar de preservar ese tipo de agricultura respetuosa con el suelo, Howard desarrolla el “proceso Indore”, el cual recibe tal nombre al haber sido ideado a partir de sus investigaciones entre 1924 y 1931 en el Instituto de Agronomía de dicha ciudad. Este sistema consiste en un método para fabricar humus a partir de desechos tanto vegetales como animales y, de esta manera, imitar a la naturaleza que nada desperdicia.

Por otro lado, una de las aportaciones más importantes al movimiento orgánico tras la obra de Howard fue el libro, publicado por primera vez en 1943, The Living Soil, de la también inglesa Evelyn Barbara Balfour. Son dos las preocupaciones que centran la obra: en primer lugar, el proceso de erosión y la menor fertilidad del suelo, provocada por la agresividad con la que se estaba realizando la agricultura en aquel momento y, en segundo lugar, la pérdida de vigor de las personas debido a la menor calidad nutritiva de la alimentación obtenida a través de la agricultura industrial.

Para ilustrar sus opiniones Balfour describe en su libro el experimento que había realizado en una granja que adquirió en Haughley (Inglaterra). Durante el mismo analizó la relación que se daba entre la alimentación de los animales y su salud, con el estado del suelo y los cultivos. A su vez, debemos señalar que las ideas reflejadas en

The Living Soil fueron una gran motivación para la fundación en 1946 de la Soil

Association en el Reino Unido, entidad clave en el desarrollo posterior del movimiento orgánico (Briz, 2004).

En relación a la expansión de la agricultura orgánica en Estados Unidos, la figura fundamental fue el editor neoyorquino Jerome Irving Rodale, el cual quedó muy impresionado tras la lectura del Testamento Agrícola de Howard. Tanto es así que en 1942 su empresa editora, Rodale Press, comenzó a publicar la revista Farming and

Gardening. En la actualidad, bajo el nombre de Organic Gardening, se trata de la

revista sobre jardinería y horticultura más leída del mundo.