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Este grupo de drogas tiene la particularidad de poseer el grupo químico catecol, común a los neurotransmisores dopamina, adrenalina y noradrenalina. En este grupo encontrarnos la mescalina, proveniente del peyote, y varios derivados de la anfetamina: la dimetoximetilanfetamina (DOM o FTP), la metilendioxianfetamina (MDA) y la metilendioximetanfetamina (MDMA o éxtasis).

"...ellos mismos descubrieron, y usaron primero la raíz que llaman peiotl, y los que la comían y tomaban, la usaban en lugar de vino... y se juntaban en un llano después de haberlo bebido, donde bailaban y cantaban de

noche y de día a su placer y esto el primer día, porque el siguiente lloraban todos mucho..." O también (libro XI, cap. VII, §I): "Hay otra yerba como tunas de la tierra, se llama peiotl, es blanca, hácase ásia la parte del norte, los que la comen o beben ven visiones espantosas o irrisibles; dura esta borrachera dos o tres días y después se quita: es común manjar de los Chichimecas, pues los mantiene y da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed ni hambre, y dicen que los guarda de todo peligro."

Estas son palabras de fray Bernardino de Sahagún, en su Historia general de las cosas de la Nueva España, refiriéndose al peyote.

Este cacto, denominado en botánica Lophophora williamsii, es nativo del norte de México y sur de los Estados Unidos y lo han empleado desde hace siglos, y hasta la fecha, diversos grupos de indígenas con fines religiosos. El peyote contiene cerca de 30 sustancias psicoactivas; el principal alcaloide responsable de los efectos

psicodislépticos es la mescalina. Otro cacto, el Trichocereus pachanoi, que se encuentra en Perú, Bolivia y Ecuador, también contiene mescalina (cerca de 2%).

La dosis efectiva promedio, en el adulto, es de 300 a 600 mg. Sus efectos incluyen midriasis, aumento de la temperatura corporal, la frecuencia cardiaca y la presión arterial, estimulación central y en ocasiones periférica. Los efectos alucinogénicos de la mescalina, en una versión singular, han sido descritos por Aldous Huxley en su libro Las puertas de la percepción (1954).

Después de su ingestión, la mescalina alcanza concentraciones máximas en el cerebro entre los 30 y 60 minutos, donde es detectable durante nueve a 10 horas. Los efectos dependen de la dosis. Cuando éstas son elevadas pueden producir depresión cardiaca, dolor de cabeza, disminución del ritmo respiratorio, contracciones

intestinales y uterinas, incoordinación muscular e hipertensión arterial. De acuerdo con estudios en animales, se ha calculado que la mescalina es de 1 000 a 3 000 veces menos potente que el LSD y unas 30 veces menos potente que la psilocibina (el alcaloide más activo de los hongos alucinógenos).

FIGURA XXI.I. Cactos psicoactivos: peyote y T. Pachanoi.

La administración repetida de mescalina conlleva el desarrollo de cierta tolerancia en cuanto a sus efectos, la cual —es interesante mencionar— es cruzada hasta cierto punto con la del LSD. Es decir, un sujeto tolerante a la mescalina también lo es para el LSD. Este hecho debe considerarse cuando se investiga el mecanismo de acción de ambas sustancias, pues se ha propuesto que la mescalina actúa más a través de mecanismos dopaminérgicos y noradrenérgicos que serotoninérgicos, mientras que en el caso del LSD ocurre lo contrario (es decir; más efectos serotoninérgicos). En realidad, todos los alucinógenos afectan de diversas maneras tanto a uno como a otro sistema de neurotransmisores; y por supuesto, a otros más.

El hecho de que estas sustancias afecten de manera notable el pensamiento y las emociones, además de la activación generalizada de los sistemas de alerta y la atención, indica sus acciones a nivel de la corteza cerebral, el sistema límbico y la formación reticular del tallo cerebral (véase la Primera Parte).

El efecto "indeseable" más frecuente, a dosis no tóxicas, es el llamado "mal viaje". El sujeto puede sufrir crisis de angustia, paranoia y pánico, las cuales pueden disminuirse con la administración de tranquilizantes.

Los otros alucinógenos mencionados al principio de este capítulo son sintéticos: por sus siglas, el DOM, el MDA, el MDMA y la PCP (fenciclidina). (Esta última sustancia se revisará en el capítulo XIII de la Quinta Parte.)

La DOM (dimetoximetilanfetamina), también llamada en los Estados Unidos STP (serenidad, tranquilidad, paz), desarrolló la reputación de producir experiencias particularmente duraderas (cerca de 12 horas), pero al parecer esto se debía a la administración de dosis particularmente elevadas (recordaremos en este contexto, en forma repetida, que es muy difícil controlar con exactitud las dosis de fármaco en preparaciones que se adquieren ilegalmente en la calle. Frecuentemente la dosis es diferente, el producto contiene contaminantes o se trata claramente de otra sustancia). Se han comparado los efectos de la DOM con los de la combinación de la anfetamina y el LSD.

La dosis efectiva promedio es de 3 mg, y se han detectado preparaciones adquiridas en la calle conteniendo 10 mg, dosis claramente tóxica y asociada a reacciones de pánico.

La MDA (metilendioxianfetamina) muestra efectos parecidos a los de la anfetamina y a los de la mescalina. Produce anorexia, aumento del nivel de vigilia, sensación de bienestar físico e intensificación de las aferencias sensoriales. Una dosis de 150 mg empieza a actuar entre los 30 y 60 minutos de la ingestión, alcanza un máximo a los 90 minutos y tiene una duración promedio de ocho horas. Dosis de 500 mg pueden resultar fatales.

La MDMA es una modificación química de la MDA, pero difiere en sus acciones de varias maneras: ratas entrenadas para discriminar los efectos de la DOM (los animales estaban entrenados para reconocerlos, o su ausencia cuando se les inyectaba solución salina) mostraban cierta "generalización" con la MDA (es decir, confundían la DOM con la MDA) pero no con la MDMA; además, la tolerancia cruzada entre MDA y MDMA no se presenta.

Esta droga produce euforia, aumento de la sensibilidad al tacto y disminución en la inhibición, además de facilitar la sensación de cercanía con otras personas. Por estas características se le llamó Éxtasis (también XTC, o Adán) y se volvió popular entre algunos psicoterapeutas, que argumentan que esta desinhibición y aumento de la empatía inducida por la droga facilita el tratamiento psicoanalítico.

La dosis promedio es de 50 mg y dosis más elevadas pueden ser tóxicas.

Existe controversia sobre la toxicidad crónica de la MDMA: algunos estudios muestran su utilidad en el campo de la psiquiatría, particularmente cuando se controla en forma estricta la posología (dosis, frecuencia de

administración), mientras que estudios en animales han indicado dos resultados preocupantes: primero, los monos son capaces de autoadministrarse MDMA, en la misma forma que lo hacen con la heroína, anfetamina o cocaína (mas no drogas alucinógenas), y segundo, el análisis histológico del cerebro de ratas y monos que han recibido MDMA en forma crónica ha mostrado lesiones irreversibles en las neuronas serotoninérgicas del rafé, lo cual significa que lo mismo podría ocurrir en el hombre.

Mientras esta controversia se resuelve, se considera que esta sustancia no tiene usos médicos y se clasifica como ilegal.

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