Si bien el teatro político no caló en Italia salvo algunas excepciones como el caso de Dario Fo con Morte accidentale di un anarchico, y que la producción de obras con este tipo de temática fue bastante escasa, sí que podemos afirmar que durante toda esta época los escritores del momento comenzaron a representar obras de carácter más social y revolucionario, como las tragedias modernas de Giovanni Testori, que causaron un gran revuelo debido a su temática homosexual, muy presente en L’Arialda (1960). Esta, cuenta las vivencias de Arialda, una mujer soltera, su hermano Eros, homosexual, y de Gaetana, una mujer del sur que emigra a la periferia de la Milán industrial del boom económico. Refleja con gran realismo una Italia pobre e inculta donde las relaciones amorosas son complejas, sobre todo entre homosexuales, y la lucha por un futuro digno, todo un desafío. La producción teatral de Testori nos demuestra el gran nivel cultural del autor así como esa intimidad plasmada en cada uno de los textos, temáticas muy relacionadas con su vida privada, lo que pone de relieve su involucración en los temas que afronta.
Aunque en formato de comedia, también Giuseppe Patroni Griffi aborda el tema de la homosexualidad años más tarde en Persone naturali e strafottenti (1973), añadiendo la temática del travestismo en la Nápoles marginal, donde se unen diferentes historias de personajes incomprendidos pertenecientes a clases sociales distintas: artistas, prostitutas, burgueses, todos ellos experimentando una gran soledad en la noche de fin de año. Constituye un retrato grotesco de una sociedad cínica e inmoral indudablemente provocador durante los años de las primeras representaciones.
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«Yo habría preferidos llamarlos ―teatro popular‖. El término ―teatro político‖ es un término puesto ahí para provocar polémica […] y justamente porque teatro político se ha convertido en una especie de subsuelo de teatro aburrido, teatro sabiondo, teatro pedante, teatro esquemático, teatro que no divierte.»
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Uno de los grandes problemas de la Italia de esta época y, también de la actualidad, es la mafia. Durante los años setenta, esta se refuerza en su organización, adaptándose al contrabando, al comercio de estupefacientes y dando lugar a multitud de crímenes. Valientemente, Guiseppe Fava denuncia el fenómeno mafioso a través del teatro, siendo después asesinado por la organización criminal Cosa Nostra en 1984, precisamente por mostrarse defensor del movimiento antimafia, no sólo en obras como La violenza (1969), sino también en ensayos y revistas. La violenza puede ser descrita como una denuncia del malestar social ante el poder cada vez más grande que adquiere la mafia en los diferentes ámbitos de la vida, promoviendo un mensaje esperanzador de lucha y esperanza, animando a los ciudadanos a no callar y sucumbir ante las promesas o las amenazas de los integrantes de la organización criminal.
Por su parte, Dacia Maraini critica la situación de inferioridad de la mujer, como se puede observar en La donna perfetta (1974), donde una mujer enamorada e ingenua muere tras practicarle un aborto y en Dialogo di una prostituta con un suo cliente (1978) comedia que pone de relieve las diferencias entre hombres y mujeres intentando buscar puntos en común. La apuesta de la autora es dar voz y protagonismo a las mujeres, que hasta ahora no habían gozado de papeles relevantes en el teatro. Como nos recuerda De Miguel (2012: 350), Maraini mezcla el feminismo militante más efervescente con el compromiso hacia los habitantes de los barrios más desfavorecidos de Roma a lo largo de los primeros años de su carrera como dramaturga, periodo en el cual estableció contacto con otros escritores como Alberto Moravia o Pier Paolo Pasolini. En este ambiente nace Manifesto dal carcere (1969), una de las primeras manifestaciones del movimiento de liberación de la mujer, unido, como decíamos, a la denuncia de la pobreza, de la esclavitud sexual y la violencia.
No podríamos finalizar este apartado sin mencionar la producción teatral de uno de los intelectuales más importantes e influentes de la época, en palabras de Moravia (1975): «una figura centrale della nostra cultura, un poeta che aveva segnato un'epoca, un regista geniale, un saggista inesauribile48»; el ya mencionado Pier Paolo Pasolini. A pesar de que su producción teatral fue más bien escasa si la comparamos con la narrativa, la poesía y, por supuesto, con toda la labor relacionada con el cine, la televisión y el periodismo, ésta constituye un testimonio simbólico y poético
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«Una figura central de nuestra cultura, un poeta que marcó una época, un director genial, un ensayista inagotable.»
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importantísimo que podría resumirse en «poesía leída en voz alta», ya que sus textos teatrales fueron escritos mayormente en verso.
Las obras teatrales de Pasolini apenas fueron representadas sobre los escenarios.
Affabulazione, escrita en 1966, no fue estrenada hasta 1975 en el Cabaret Voltaire de
Turín bajo la dirección de Beppe Navello. Se trata de una obra que sigue el modelo de la tragedia griega y nos recuerda el mito de Edipo a través de una familia del norte de Italia formada por el padre, un hombre trabajador y religioso; la madre, educada y proveniente de una familia rica; y el hijo, un joven deseoso de descubrir la vida. El padre comienza a sentir una atracción oscura por el Hijo, cuya juventud es motivo de misterio y envidia para el padre, que termina matándolo, provocando el suicidio de la madre, consciente de que no habría sido capaz de superar una tragedia así.
La temática presenta ciertos rasgos autobiográficos del autor, como la hostilidad hacia su padre y la veneración que siempre sintió hacia su madre. Además, refleja dos generaciones diferentes que no se comprendían debido al cambio de oportunidades y caminos que ofrecía la industrialización del país para los jóvenes, cuyos padres vivieron de una manera diferente, ambientada principalmente en el campo. Es la crítica a una sociedad cada vez más tecnológica y alienada que el escritor no entendía y en la que nunca se sintió cómodo.
Pasolini buscó, a través del teatro, informar al público de la realidad del momento y criticar los valores de esta nueva sociedad dirigiéndose, como decíamos anteriormente, a la alta burguesía y evitando comunicarse directamente con las masas, proponiendo entonces un lenguaje complejo:
Sono qui arbitrariamente destinato a inaugurare
un linguaggio troppo difficile e troppo facile: difficile per gli spettatori di [una società in un pessimo momento della sua storia,
facile per i pochi lettori di poesia49 (Pasolini 1992: 3).
Si bien coincide con Fo en este objetivo didáctico e informativo del teatro, divergen en lo que se refiere al público que acude a los espectáculos50 y su relación con la
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«Estoy aquí arbitrariamente destinado a inaugurar / un lenguaje demasiado difícil y demasiado fácil: difícil para los espectadores de / una sociedad / en un pésimo momento de su historia, / fácil para los pocos lectores de poesía.»
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cultura. Pasolini, en el Manifesto per un nuovo teatro, afirma que su teatro se dirige a un grupo avanzado de la burguesía o a los pocos ciudadanos intelectuales interesados por la cultura. Por lo tanto, no es un instrumento que lleva consigo cultura, que es lo que piensa Fo, sino que nace de la cultura, la interroga y genera más cultura. Pasolini daba más importancia a la poesía y a la narrativa puesto que conocía ya las limitaciones del teatro, que dejaba de ser un instrumento de comunicación protagonista para delegar este rol a la televisión y al cine, medios de comunicación de masas que llegaban a un público más general, reservando entonces, teatro, narrativa y poesía a los estratos más cultos de la sociedad.
En realidad, tenían dos visiones del mundo muy diferentes. Fo sostiene que esto se debía principalmente a sus orígenes, también diversos:
Pasolini hablaba como nativo del Friuli trasplantado a Roma, dos realidades que nunca le permitieron un contacto directo con la clase obrera. Le faltaba conocimiento. En cambio, para mí, que había vivido en el margen entre Lombardía y Piamonte, las dos regiones más industrializadas del país, el mundo obrero era una realidad muy importante. Lo que atraía la atención de Pasolini era por el contrario el subproletariado, gente a menudo más cercana al mundo de la delincuencia que al del trabajo (2008: 134).
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54 1.3.EL TEATRO DE DARIO FO
In tutta la mia vita non ho mai scritto niente per divertire e basta. Ho sempre cercato di mettere dentro i miei testi quella crepa capace di mandare in crisi le certezze, di mettere in forse le opinioni, di suscitare indignazione, di aprire un po' le teste. Tutto il resto, la bellezza per la bellezza, l‘arte per l‘arte, non mi interessano51
(Fo 2007: 45).
La producción teatral de Dario Fo ha seguido siempre un tono revolucionario y crítico con el poder, explorando, desde sus inicios, diferentes formar de conseguir un propósito presente y claro en sus obras: informar a un público de sucesos escondidos por los poderosos, esclarecer asuntos inciertos y poner en duda argumentos que parecen obvios y firmes. Como apunta Valentini (1997: 39), ya en Il dito nell’occhio52 (1953), su primer gran éxito y espectáculo serio, se pueden observar una fuerte e inteligente sátira política y un contenido anticonformista, características difíciles de encontrar en un escenario italiano después de la Segunda Guerra Mundial.