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appendix a – our research process

realización ejemplar de ella en los

Elementos

de Euclides, obra de la ge­

neración que sigue a la muerte de Aristóteles. Pero están lejos de serlo, y

El METODO AXIOMATICO

más bien el esquema aristotélico es el que debe verse como una idealiza­ ción -filosóficamente tendenciosa- de la práctica de los geómetras del siglo IV a. C. Los

Elementos empiezan con aseveraciones que no se

demuestran y exigencias que no se justifican. Las aseveraciones -«no­ ciones en nuestros manuscritos, «axiomas» para los comen­ taristas antiguos- son principios lógico-aritméticos que bien pueden pasar por evidentes; v.gr.: «1. Cosas iguales a la misma cosa son iguales entre sí», «2. Si a cosas iguales se agregan cosas iguales los todos [resul­ tantes] son iguales». Pero las exigencias o de contenido propiamente geométrico, no lo son. Por ejemplo, el Postulado

JI,

»Pro­ longar una recta finita continuamente en línea recta», no puede ser sa­ tisfecho en el universo aceptado por los astrónomos hasta

1600,

si la recta en cuestión es un diámetro del cielo. Tampoco el Postulado

I1I,

«Trazar un círculo con cualquier centro y radio». Ni da Euclides una lista de primitivos, sino que más bien se empeña en definir todos los tér­ minos técnicos de la geometría: «punto», «recta», «plano», no menos que «ángulo», «círculo», «paralelas». Pero algunas de sus «definiciones»

-v.gr.: «punto es lo que no tiene partes»- no prestan luego ningún ser­

vicio en las demostraciones. Éstas ofrecen, sí, un ejemplo de rigor de­ ductivo insuperado hasta el siglo XIX, pero aquí y allá contienen lagunas,

esto es, pasos no autorizados por los principios, que se apoyan -sin de­ cirlo- en lo que se puede «ver» en el diagrama concomitante. La pri­ mera laguna ocurre en la Proposición

1

del Libro

1.

Se pide «construir un triángulo equilátero sobre una base dada». Sea AB la base. Constrúyanse los círculos con radio AB y centro en A y en B (Postulado III). El ter­ cer vértice C del triángulo requerido está en la intersección de esos cír­ culos. Pero los principios enunciados explícitamente por Euclides

no

implican en modo alguno

que tal intersección exista. Por otra parte, el diagrama trazado según las instrucciones sí que exhibe no sólo uno sino

dos puntos de intersección.

IlI. EL METO DO AXIOMATICO EN LA REVOLUCION CIENTIFICA DEL SIGLO XVII

Nadie ha manifestado una fascinación tan persistente con la idea aristo­ télica de ciencia como los grandes filósofos y científicos del siglo XVII, al

punto de que el antiaristotelismo de que generalmente hacen gala bien puede atribuirse a su desilusión con el maestro, que en sus propias obras científicas no hace amago de practicar la metodología que predica. Suele citarse el caso de Spinoza, quien expuso «conforme al uso de los geó­ metras» los principios de la filosofía cartesiana

(1663)

y luego su propia ética

(1677).

Su modelo es el propio Descartes, que había esbozado una presentación axiomático-deductiva de su pensamiento en las

Respuestas

a las Quintas Objeciones

(a sus

Meditaciones metafísicas, 1641).

Por su parte, Pascal, el extremista, sueña con «un método aún más eminente y consumado, el cual nunca podría ser alcanzado por los y

ROBERTO TORRETTI

que consistiría «en definir todos los términos y probar todas las propo­ siciones»

(1950, 360).

Pero también los más grandes adoptan el método

axiomático: Galileo en el breve tratado

De motu locali

en que funda la cinemática moderna

(1637;

Tercera Jornada), Newton en la obra maes­

tra en que sienta las bases de la nueva dinámica y explica, con ella, los movimientos visibles de los astros

(1687).

Pero estos físicos -en agudo

contraste con sus contemporáneos metafísicos- no pretenden que sus axiomas sean verdades evidentes por sí mismas. Galileo confía establecer su verdad cuando se vea que las conclusiones deducidas de ellos con­ cuerdan exactamente con la experiencia

(1965,

VIII,

208).

También

Newton ha debido pensar así, por más que dijera que no inventaba hi­ pótesis. (Sobre la axiomática de Newton, véase Moulines,

1988.)

IV. NUEVAS GEOMETRIAS

Ni los

Principios

de Newton, ni mucho menos la

Ética de Spinoza al­

canzan siquiera el imperfecto rigor deductivo de Euclides. Sólo con las

Lecciones de geometría moderna de Pasch (1882)

tenemos por fin una realización del método axiomático ajustada a la preceptiva aristotélica. Mediante proposiciones básicas

(Grundsatze)

que no se demuestran se enuncian relaciones entre conceptos básicos

(Grundbegriffe)

que no se definen. lo que se necesita para la demostración de los teoremas tiene que estar contenido sin excepción en las proposiciones básicas» (Pasch,

1882,5).

Aunque la geometría axiomatizada debe, pues, según Pasch, prescindir de diagramas y en general darle la espalda a la intuición y la experiencia, éstas son, en su opinión, la fuente de sus principios. Esta creencia desconcierta, pues la «geometría moderna» axiomatizada por Pasch es la geometría

proyectiva,

en que cada recta contiene un punto ideal por el que pasan todas sus paralelas y los puntos ideales de rectas en un mismo plano se alinean todos en una sola recta ideal, a

ambos lados

de la cual se extiende el resto del plano determinado por dichas rectas.

La necesidad de rigor deductivo en la geometría finalmente satisfecha por Pasch se había tornado urgente debido a la proliferación de teorías geométricas contra intuitivas. Las más importantes para el desarrollo de la axiomática moderna son la geometría proyectiva creada por Poncelet

(1822)

y la geometría <<no euclidiana» descubierta independientemente

por Lobachevsky

(1829)

y Bolyai

(1832).

Ésta difiere de la geometría de

Euclides solamente en que niega el Postulado V y sus consecuencias. Dicho postulado puede parafrasearse así:

Sean

y

u

dos rectas copla­

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