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A Appendix: Solution Technique

El ambiente de la Zaragoza de los años en los cuales Juanini permaneció como cirujano personal de Juan José de Austria y como una de las figuras fundamentales del grupo científico de novatores, fue decisivo en su historia personal y en la configuración de su posterior obra así como en la gestación de su papel en el entramado de relaciones científicas, sociales, económicas y políticas que están en la trastienda del movimiento novator. Este ambiente ha sido ya estudiado por diversos autores, fundamentalmente López Piñero, a quién seguimos con frecuencia a lo largo de este apartado394.

Lo que en el terreno económico significaba el grupo reformista encabezado por Juan Pablo Dormer, tuvo un vigoroso correlato dentro de la medicina, la química y los saberes biológicos. Esta apertura a las novedades de la nueva ciencia no fue en la Zaragoza de finales de siglo privativa de un grupo aislado de novatores sino que se extendió en mayor o menor grado a todas las instituciones existentes395.

En 1681, por ejemplo, señala López Piñero, se modificaron las "ordinaciones" del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, en un sentido renovador desde su misma introducción: "Pero porque con la variedad de los tiempos se mudan también las congruencias de las cosas, y es preciso alterar, y mudar algunas de dichas Ordinaciones [...] avemos podido alcanzar, hazer Ordinaciones nuevas [...]"396. La más notable de las salas renovadas era la de "locos y locas". Las nuevas

394 Vide: LOPEZ PIÑERO (1969), pp. 76-77. 395 LOPEZ PIÑERO (1969), pp. 76-77.

396 ZUBIRI VIDAL (1966) Ordinaciones, p. 99. Es notable la reglamentación que introducen en lo

tocante al personal facultativo, compuesto por “médicos principales”, encargados de la jefatura de las distintas salas y servicios, de Médicos internos, que tenían la obligación de dormir en el hospital y permanecer en él contínuamente para vigilar el estado de los enfermos y la terapéutica que se les administraba. También había cirujanos maestros y ayudantes, y un boticario responsable de la farmacia y del Jardín Botánico. El hospital tenía secciones especializadas en cirugía, obstetricia, enfermedades venéreas y de “enfermos tiñosos”. Cfr. LOPEZ PIÑERO (1969), pp. 77-78.

Ordinaciones subrayan la condición de enfermos de los locos y la necesidad de que

sean asistidos médicamente:

"Porque entendemos ay mucha necesidad de que se tenga particular cuydado en la curación de los locos, y siendo enfermos, como los demás, es justo se les apliquen los remedios necesarios. Por esto ordenamos, que los regidores hagan Junta de los médicos de la casa, y consulten con ellos la forma que pueda aver para su curación, y de los remedios, que se han de aplicar [...] y lo que resultare de dicha consulta mandaran los regidores poner en execución, poniendo los locos enfermos en alguna enfermería aparte, donde estén cerrados, y no puedan hazer daño, y allí les proveerán de todas las medicinas y remedios, que los médicos ordenaren"397.

También se ocupan explícitamente de concretar lo que hoy llamaríamos

laborterapia398. Aunque estas medidas carezcan todavía de un contexto medico

unánime, no cabe duda que estas Ordinaciones constituyeron el punto de partida de todo el desarrollo que en dichos aspectos de salud mental alcanzo el hospital zaragozano durante la Ilustración, para acabar influyendo directamente, destaca López Piñero, en la reforma psiquiátrica de Pinel399.

También encontramos señales de apertura en la renovación en el hospital que los franciscanos tenían en su convento de Zaragoza. Durante los últimos años de siglo XVII fue “Enfermero mayor” del mismo Juan de Bercebal (†1707), autor de un

Recetario medicinal espagirico, publicado en 1734, años después de su muerte400. Esta obra estudiada por Eugenio Portela, además de ofrecer un inestimable testimonio acerca de las condiciones concretas de la asistencia médica de la época, e incluye un "Tesoro medicinal", en el que Bercebal aparece como un decidido seguidor de la yatroquímica con notables conocimientos técnicos y doctrinales. La

397 ZUBIRI VIDAL (1966) Ordinaciones , p. 118. Cfr. LOPEZ PIÑERO (1969), p. 78.

398 ZUBIRI VIDAL (1966) Ordinaciones , p. 118: “Dentro de la casa haran trabajar a los locos en

todos los ministerios y servicios, que pudieran hacer conforme a su disposición, y a las locas en hilar, coser, hacer roscadas, y otros exercicios [...]”. Cfr. LOPEZ PIÑERO (1969), p. 78.

399 LOPEZ PIÑERO (1969), pp. 78-79.

formación de Bercebal se había iniciado en Huesca en casa de los Lastanosa401. Esta familia ocupa un interesante lugar en la historia de la cultura española, desde que Pedro Juan de la Lastanosa, matemático y consejero militar de Felipe II tradujera en 1553 en colaboración con Jerónimo Girava, el tratado de "Geometria Practica" de

Oroncio Fineo402. El prologuista del libro de Bercebal, Atilano Tomás Manente,

elogia igualmente a esta familia, "por ser tan notoria la afición de aquellos señores a secretos y remedios exquisitos, que alcanzaron con la experiencia y comunicación de los primeros hombres en la química y medicina, asi extranjeros como naturales"403.

La institución más importante de Zaragoza desde el punto de vista científico y político, fue, sin embargo, la universidad. A pesar de la azarosa existencia y el escaso relieve que había tenido durante las primeras décadas de existencia (fue fundada en 1584), la importancia que adquirió su Facultad de Medicina dentro del empobrecido panorama de la segunda mitad del siglo XVII español, le conceden un papel relativamente importante en el contexto de la Europa del sur.

En los años inmediatamente anteriores al periodo más brillante de su historia en el contexto de la ciencia moderna, su catedrático mas prestigioso había sido Matias de Llera404. Su posición conservadora contrasta con la actividad abiertamente

401PORTELA, E. (1965) La obra química de Juan de Bercebal (†1707). Actas II Congreso Español de

Historia de la Medicina, Salamanca, 1965, vol. I, pp. 431-438. La figura más conocida de la familia es Vicente Juan de Lastanosa, generalmente recordado como erudito y como uno de los clásicos españoles de la numismática. Por Arco Garay y Cotarelo sabemos que en 1635 poseía en su Biblioteca-museo de Huesca “algunos anteojos de larga vista, y entre ellos, dos que tienen diez palmos de largo, y se ven con ellos las manchas del sol, Venus cornuta, etc.”, y varios instrumentos matemáticos. Cfr. LOPEZ PIÑERO (1969), pp. 78-79.

402COTARELO VALLEDOR, A. (1935) El P. José de Zaragoza y la Astronomía de su tiempo. En:

Estudios sobre la ciencia española del siglo XVII. Madrid, 1935, pp. 65-223. Cfr. LOPEZ PIÑERO (1969), p. 80.

403 MANENTE, A.T. (1734). En: BERCEBAL (1734) Recetario medicinal esparagírico. Zaragoza,

1734, s.p. [p. 2 de las “Notas” de A.T. Manente]. Durante sus varios años de estancia en Tarazona, Bercebal había completado su formación con el propio Manente, que, según destaca López Piñero, aparece en el texto como un auténtico novator. Estaba en posesión de interesantes conocimientos técnicos, aunque parecía más interesado en ahondar en la naturaleza de las sustancias que manejaba, en la línea de transición de la yatroquímica a la química en sí. Cfr. LOPEZ PIÑERO (1969), p. 80.

404 Vide: MOREJÓN (1967), vol. VI, pp. 37-40. También: ZUBIRI VIDAL, F. (1958) La Medicina

Aragonesa en el siglo XVII. Clínica y Laboratorio, vol. 65, 1958, pp. 203-215. Su obra de mayor importancia, titulada Manus medica dextera quinque digitos cintinents (1666), incluye cinco tratados pertenecientes todos ellos a la literatura típica del galenismo más ortodoxo. En forma de comentario de los textos de Galeno, se ocupan, en efecto, de las fiebres, la utilización terapéutica de las sangrías y de los purgantes, de las crisis y los días críticos, y del modo de conocer las enfermedades. La mentalidad de Llera es absolutamente tradicional, y no duda, por ejemplo, en defender la utilidad de la sangría como remedio en casi todas las enfermedades “cum materia”. Según López Piñero, no

renovadora de José Lucas Casalete, precisamente su sucesor en 1677 en la cátedra de prima de medicina de la universidad zaragozana. La actividad docente y divulgadora de Casalete es resaltable, entre otras razones porque, como ya hemos comentado, fue la única cabeza de la renovación médica que alcanzó la titularidad de una cátedra universitaria. Este insólito hecho debe atribuirse a las circunstancias generales del ambiente científico aragonés de estos años.

La presencia en Zaragoza de Juan Bautista Juanini, contribuyó decisivamente a la difusión de las ideas modernas. Por ejemplo, en 1676 dio a conocer entre los médicos al servicio de Juan José de Austria (uno de los cuales era el propio Matias de Llera y otro el protomédico, Tomas de Longas) las obras del yatroquímico francés François Bayle, entonces recién aparecidas405. Se destaca la amistad de Juanini con Casalete, que llego a prologar uno de sus libros, y también las autopsias y las experiencias demostrativas de la circulación de la sangre que realizo en Zaragoza, ante Juan José de Austria y en el anfiteatro anatómico del hospital. Todo ello debió influir en una universidad que, a semejanza de las de Valencia y Barcelona, supo mantener a un notable nivel la enseñanza de la anatomía práctica406.

La aprobación de Casalete de la Nueva Idea Physica (1685) de Juanini, por más que cordial, no deja de ser discreta, destacando la capacidad de Juanini para conjurar “Philosophia, Medicina, y Anotomia, con las razones Theologicas”. No incluye ninguna reflexión sobre la posible concepción rupturista de la yatroquímica de Juanini ni de la adscripción de nuestro autor a las corrientes modernas europeas.

Ensus obras, Juanini menciona también a otros “doctores” zaragozanos con los cuales se relacionó; en concreto el "Doctor Serrano", catedrático de Anatomía en ese mismo momento407, y el "Doctor Sanz Mostrelt", con los que realizó una anatomía

de un cabeza en el teatro anatómico de Zaragoza408. Por lo tanto, las conexiones

institucionales de la Universidad zaragozana con las nuevas ideas datan al menos de mediados de la década de los 70.

puede negársele un sobrio sentido práctico y capacidad de observador clínico. Cfr. LOPEZ PIÑERO (1969), p. 81.

405

JUANINI (1685) Nueva Idea Physica, p. 2.

406 LOPEZ PIÑERO (1969), p. 82.

407 Hasta el momento no he podido localizar más referencias de este autor. 408 JUANINI (1679) Discurso Político, p. 24r.

La doctrina de la circulación sanguínea fue introducida en la enseñanza universitaria de Zaragoza por Francisco San Juan y Campos, que ocupó la cátedra de

anatomía en 1686409. Un testimonio contemporáneo de otro médico italiano,

Federico Bottoni, nos resalta la importancia de su magisterio410:

"En la celebre universidad de Zaragoza, corte del Reino de Aragón, propugno y estableció esta doctrina el doctor don Francisco San Juan y Campos [...], catedrático entonces de anatomía y después de Prima de Medicina, siguiendo todo el resto de la escuela esta doctrina, que quedo establecida como principio elemental, subiendo a mi intento, de mucha autoridad, esta aceptación, pues nadie de los europeos ignora que en este celebrado museo de las ciencias florece la medicina en el mas elevado crédito, debiéndose este al continuo ejercicio anatómico que dos veces a la semana se ejecuta en el teatro o salón que para este efecto hay en aquel celebre Hospital General, concurriendo todos los profesores de este ciencia a tan importante demostración"411.

Como hemos adelantado, la ruptura abierta con los esquemas tradicionales en esta universidad la encabezó, sin embargo, José Lucas Casalete412, sucesor de Matías de Llera en 1677 en la cátedra de Prima de medicina. Casalete había ya demostrado anteriormente su actitud inconformista, prologando tres años antes el libro de Juan de Vidós y Miró. Conocemos asimismo su relación amistosa con otros protagonistas de la renovación científica española, concreta y formalmente al menos con Juan Bautista Juanini y Juan de Cabriada, para cuyas obras escribió elogiosos prefacios.

409 LÓPEZ PIÑERO (1983) San Juan y Domingo, Nicolás Francisco. En: LÓPEZ PIÑERO (1983),

pp. 289-290.

410 Sobre Bottoni y su papel en la introducción de la teoría de la circulación de la sangre en América,

véase: MARTINEZ VIDAL, A. (1990) El nuevo Sol de la medicina en la Ciudad de los Reyes. Federico Bottoni y la Evidencia de la Circulación de la Sangre (Lima, 1723). Zaragoza, Pórtico, 179 pp. El libro incluye una edición crítica de la Evidencia de la Circulación de la Sangre (pp. 105-164). En especial, y para las relaciones de Bottoni con Aragón, véase pp. 46-60. Precisaré que, en la época en que Bottoni entra en contacto con el ambiente médico y científico zaragozano, estamos hablando ya de la segunda generación de los novatores hispanos, que se movió en un contexto social y político muy distinto a la Zaragoza que conoció Juanini. Como luego destacaré, entre la trayectoria vital y científica de Bottoni y Juanini existen una serie de coincidencias, una especie de estilo “hispano- italiano” con ciertas características comunes.

411 Evidencia de la Circulación de la Sangre, pp. 68-69 de la edición original de 1723 y p. 150 de la

edición de MARTINEZ VIDAL (1990). Este párrafo ya fue destacado en: LOPEZ PIÑERO (1969), p. 83.

Al hacerse cargo de la cátedra, se enfrentó con el galenismo hasta entonces vigente, no sólo en el terreno doctrinal sino en el de la medicina práctica, defendiendo un nuevo método curativo de las fiebres que suponía un fuerte ataque al abuso de la sangría por parte de los galenistas.

Este abuso, sin embargo, había sido criticado ya por numerosos autores, hasta el punto de poder afirmar que en estas últimas décadas del siglo existía una auténtica “tradición” de obras criticas contra el abuso de las sangrías. Baste recordar aquí que, en 1669, Gonzalo Bustos de Olmedilla había publicado su libro El monstruo horrible

de la Grecia (con lo de “el monstruo horrible” se refería a Galeno), una de las

críticas más feroces (y partidistas) contra las sangrías413.

A pesar de que los enemigos de Casalete intentaron unir su nombre al de Bustos de Olmedilla, la postura del catedrático de Zaragoza se diferenciaba radicalmente de la de éste por el apoyo directo de Casalete en las bases doctrinales modernas, incompatibles con los esquemas galénicos. Esta base, destaca López Piñero, consistía fundamentalmente en una combinación de la yatroquimica con el solidismo neometodista procedente de Prospero Alpino. Frente a la teoría galénica de la "fluxión humoral", Casalete pensaba que la causa de las fiebres era una alteración patológica de la parte sólida de los órganos, que conducía al “viciamiento” de los jugos orgánicos. Las fiebres serian el resultado directo de la acción de estos jugos alterados, de naturaleza ácida o nitrosa. Las inflamaciones y las colecciones sanguíneas no se producirían en un lugar determinado por la "fluxión" de los galenistas, sino porque dichos jugos coagulaban la sangre y producían una detención de su circulación. El concepto galénico de "plenitud" o plétora quedaba de este modo interpretado desde un ángulo hemodinámico moderno, mientras que el mecanismo de producción de la enfermedad se explicaba mediante la yatroquímica. Por otra parte, su interés por desplazar el "foco" de la enfermedad hacia la parte sólida de los órganos, destaca López Piñero, abría la puerta a las indagaciones anatomopatológicas414.

412

Ver: MOREJÓN (1967), vol. VI, pp. 246-247. Y, por supuesto: LOPEZ PIÑERO (1969), p. 83.

413 LÓPEZ PIÑERO (1983) Bustos de Olmedilla, Agustín Gonzalo. En: LÓPEZ PIÑERO et al

(1983), p. 142.

Las consecuencias prácticas que Casalete sacaba de esta doctrina fueron el motivo inmediato de que se desencadenara una gran campaña dirigida contra su enseñanza. Entre 1682 y 1683, Nicolas Moneva, Visitador Médico del Reino de Aragón "reconoció algunos abusos, nacidos de estas proposiciones" en sus viajes de inspección y "por atención a la salud publica", denunció a Casalete ante los claustros médicos de las principales universidades. La respuesta a dicha denuncia constituye uno de los fenómenos más expresivos de como el profesorado universitario puede convertirse en un estamento cerrado y paralizador, ya que los catedráticos de medicina de Salamanca, Alcalá, Valladolid, Valencia, Barcelona, Lérida y Huesca condenaron la enseñanza del colega innovador con las expresiones más duras. Las teorías de Casalete fueron así calificadas de "falsas, erróneas, temerarias, perniciosas a la salud publica, indignas de tan grave autor, irracionales, absurdas", etc., por ser "opuestas a la doctrina de Galeno". Todos los claustros citados acordaron unánimemente "que no se debe permitir que se enseñen, ni en voz ni en escritos".

Dos años mas tarde, en 1686, las ideas de Casalete fueron criticadas en tono muy distinto por el médico Nicolás Francisco San Juan y Domingo, un antiguo discípulo suyo415. La crítica aparecía en un capitulo del libro De morbis endemiis

Caesar-Augustae, expresión de la postura ideológica del galenismo moderado de

estos años. Se trata del primer título "moderno", según afirma López Piñero, aparecido en España de las llamadas topografías médicas. En él, San Juan y Domingo se opone a la explicación yatroquímica de la patogenia de la fiebre, deteniéndose en refutar en detalle las teorías de Silvio y de Sydenham. En este contexto es el que critica el "método curativo" de Casalete, al que por otra parte, trata con gran estima y respeto.

Al año siguiente de la publicación de la obra de San Juan y Domingo, es decir, en la significativa fecha de 1687, aparecieron en Zaragoza dos textos fundamentales para la renovación científica en el área aragonesa. El primero fue la obra del propio Casalete Duae controversiae, en la que resumía los principales puntos de su "nueva

415

BALAGUER PERIGUELL, Emilio; BALLESTER AÑON, Rosa (1986). La primera “topografía médica moderna” en España: “De morbis endemiis Caesar-Augustae“ (1686) de Nicolás San Juan y Domingo. En: LÓPEZ PIÑERO, José María (1987) Medicina moderna y sociedad española. Valencia, pp. 45-62.

practica". El segundo, el libro Statera medicinae selectae, del medico navarro Francisco Elcarte, el más importante de los discípulos y seguidores de Casalete416.

En la polémica en torno a la obra de Casalete intervino asimismo Tomas Longás († 1690), otro importante galenista "moderado", protomédico del Reino de Aragón y otro de los médicos de cámara de Juan José de Austria, como ya apuntamos. Su relación con Juanini contribuye a explicar su apertura parcial a las novedades. Por Federico Bottoni sabemos, por ejemplo, que fue uno de los primeros médicos españoles que administro inyecciones intravenosas, así como que era un decidido defensor de la circulación de la sangre. En 1689 publicó un volumen titulado Enchiridion novae et antiquae medicinae dogmaticae, que refleja muy claramente su condición de médico tradicionalista "moderado".

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