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En la primera parte de este estudio hemos analizado las concepciones respectivas de Hegel, Kojève y Bataille relativas al cuerpo. El camino seguido hasta aquí nos ha servido para mostrar los límites y la insuficiencia de la visión dialéctica y fenomenológica (Hegel, Kojève, Heidegger, etc.) a la hora de dar cuenta del cuerpo contemporáneo. La obra de Bataille, en cambio, dada su posición ambigua respecto a la filosofía hegeliana, nos ha permitido orientar este trabajo, al menos a partir de uno de los tantos estratos en los que se articula su escritura, en una dirección diferente a la propuesta por Kojève y la corriente fenomenológica. En este sentido, hemos descubierto, retomando la lectura que Derrida hace de Bataille, el concepto de “ultrahistoria”, el cual, más que ser un sinónimo de “posthistoria” se ha revelado como su profanación y desactivación. En esta parte de la tesis, proseguiremos este recorrido abierto por Bataille, pero poniendo un énfasis especial, al menos en este capítulo, en el concepto de “forma”. Trataremos de mostrar, en este sentido, cómo en ciertos aspectos de la obra de Bataille, por supuesto, pero también de Nancy, Caillois, Rosalind Krauss o Néstor Perlongher se observa una deconstrucción “formal” de la subjetividad humana propia de la tradición dialéctica.

El libro que Deleuze consagra al pensamiento de Foucault en 1988 se cierra con la certera constatación de la muerte del hombre y la incierta intuición de su reconfiguración futura. Lo que nos interesa, en esta parte del estudio, más allá de resaltar la innegable agudeza filosófica del libro (sin duda uno de los más originales dedicados a la filosofía foucaulteana), es señalar el modo, es decir la estrategia, a través de la cual Deleuze piensa la muerte del hombre. En principio, esta muerte, lejos de atribuirse al hombre en su realidad material, es pensada en términos formales. Lo que muere no es, estrictamente hablando, el hombre, sino, como bien lo dice Deleuze, la forma- Hombre.

El concepto de “forma”, se sabe, posee una larga historia filosófica. Desde Aristóteles en adelante ha sufrido las más variadas transformaciones. Con Kant, sin embargo, parece adoptar su fisonomía definitiva. Tanto en la Kritik der reinen Vernunft como en la Kritik der Urtheilskraft el concepto de forma posee un lugar central. Dos son los rasgos que definen, al menos en un primer momento, lo que Kant entiende por forma: 1) la forma es el principio ordenador de la experiencia; y 2) la forma se identifica con la disposición ordenada de las partes. La contemplación estética, como el imperativo categórico de la ética kantiana, son efectivamente experiencias formales. Lo mismo se aplica al proceso cognoscitivo. La experiencia sensible del sujeto cognoscente se ordena, primeramente, a través de las formas puras de la intuición. “En el fenómeno –afirma Kant– llamo

materia de él a aquello que corresponde a la sensación; pero a aquello que hace que lo múltiple del

fenómeno pueda ser ordenado en ciertas relaciones, lo llamo la forma del fenómeno.”243

En el juicio de gusto, que para Kant estructura la experiencia estética, se vuelve claro el sentido y la función que cumple la forma en la filosofía del pensador alemán. El juicio estético, sostiene Kant, se define por el sentimiento que surge del acuerdo de la forma del objeto con el libre juego de las facultades cognoscitivas del sujeto. Ahora bien, incluso en este tipo de juicio, en donde la forma del objeto no se funda en un concepto, el objeto aparece como una totalidad formalmente ordenada, y es justamente este orden regular el que provoca el placer estético. Lo importante, aquí, es retener esta idea de forma como unidad de lo múltiple, es decir como principio ordenador de la experiencia en un sentido amplio. En los dos rasgos que, para Kant, definen el concepto de forma se verifica el mismo proceso ordenador. La forma, en Kant, es la garante del orden, es la conjura de lo múltiple, el exorcismo de lo heterogéneo. En este registro, por lo tanto, debe leerse la muerte deleuziana de la forma-Hombre.

Para Deleuze el concepto de forma, en su acepción kantiana, se identifica con la función Hombre. El Hombre, como la forma kantiana, es algo así como el arquetipo de las identidades unitarias, la medida totalitaria de las grandes dicotomías (niño/adulto, mujer/varón, etc.). En este sentido la función Hombre lleva a cabo el mismo proceso ordenador que la forma en la experiencia kantiana. Ahora bien, ¿qué significa pensar la muerte del hombre como la muerte de su forma? ¿Por qué leer, en suma, el fin del hombre en clave formal?

La forma, en Deleuze, a diferencia de Kant, describe una cierta configuración de fuerzas, un cierto grado temporal de potencia. La forma-Hombre, sin embargo, en su especificidad, supone una configuración reactiva de las fuerzas, una unificación del impulso proliferante y múltiple de la potencia.244 En este sentido, la muerte de la forma-Hombre es también y fundamentalmente, para el

autor de Mille plateaux, una liberación de la vida, una afirmación de las potencias de la vida. Ahora bien, esta liberación vital no es otra cosa que el final de la dialéctica y del humanismo, lo cual significa que la muerte de la forma-Hombre es la cara negativa del advenimiento de un nuevo tipo de subjetividad o, para decirlo con Nietzsche, de una “nueva sensibilidad”. Tal cambio epistémico implica, entonces, además de la posibilidad de un pensamiento inhumano, la posibilidad de una experiencia inhumana del cuerpo. La ultrahistoria da lugar, de este modo, a una experiencia prehumana o inhumana de la vida. Si la historia dialéctica, como vimos, describe la experiencia

243 “In der Erscheinung nenne ich das, was der Empfindung correspondirt, die Materie derselben, dasjenige aber,

welches macht, daß das Mannigfaltige der Erscheinung in gewissen Verhältnissen geordnet werden kann, nenne ich die

Form der Erscheinung.” Kant, Immanuel, Kritik der reinen Vernunft, Franfurt, Suhrkamp, 1974, III/IV, p.34. Trad. cast.:

Kant, Immanuel, Crítica de la razón pura, traducido por Mario Caimi, Buenos Aires, Colihue, 2011, p.88.

244 Esta es la razón por la cual no existe, para el autor de Mille plateaux, un devenir-hombre. Todo devenir, como no se

cansa de repetir Deleuze, es siempre un devenir minoritario. La función Hombre, en cambio, es la forma mayoritaria por excelencia.

temporal de la forma-Hombre, la ultrahistoria, en cambio, describe la experiencia de lo informe, es decir de la vida en su aspecto inhumano o preformal. Ahora bien, esta deformación (y no simple negación) de la forma humana, este vacío que se abre en el centro mismo de las identidades, este espesor difuso que no deja de desposeer al sujeto de sí mismo, este teatro, en suma, donde se aglutinan, pero sólo para dispersarse, múltiples haces de fuerzas, todo este fondo neblinoso de la vida, ¿no es lo que podríamos denominar, con la cautela que supone una experiencia fragmentaria (es decir ultrahistórica), cuerpo?

a) Lo informe y el bajo materialismo

En 1929 aparecía, en Paris, la revista de arte Documents. El proyecto general de la revista, que Bataille dirigía, era ofrecer un compendio de arqueología, bellas artes, etnografía y temas afines. Una de las secciones de la revista estaba consagrada a lo que Bataille llamaba dictionnaire critique, dispositivo que, según su autor, permitiría socavar los cimientos del sentido y del saber. Utilizando una estrategia habitual en Bataille, se hacía uso de un instrumento convencional del orden con el sólo fin de sabotearlo. A la secuencia alfabética programáticamente rechazada, se sustituía una lógica del desorden, del fragmento, de la imposibilidad de conclusión. Las voces que podemos encontrar en el dictionnaire son heterogéneas, compiladas por los redactores (Leiris, Desnos, etc.) y las definiciones son inesperadas e insólitas. En el séptimo número de la revista el dictionnaire está dedicado a definir el término informe. Más que cualquier otro concepto, lo informe sintetiza, de algún modo, el sentido integral del dictionnaire en particular y de Documents en general. Dice Bataille:

Un diccionario comenzaría a partir del momento en el que no daría más el sentido sino las necesidades de las palabras. Así informe no es sólamente un adjetivo que tiene tal sentido sino un término que sirve para desclasificar, exigiendo generalmente que cada cosa tenga su forma. Lo que él designa no tiene sus derechos en ningún sentido y se hace aplastar por todos lados como una araña o un gusano de tierra. Sería necesario en efecto, para que los hombres académicos estén contentos, que el universo tome forma. La filosofía entera no tiene otro objetivo: se trata de dar una protección a lo que es, una protección matemática. Por el contrario afirmar que el universo no se asemeja a nada y no es más que informe quiere decir que el universo es algo así como una tela de araña o un escupitajo.245

245 “Un dictionnaire commencerait à partir du moment où il ne donnerait plus le sens mais les besognes des mots. Ainsi

informe n’est pas seulement un adjectif ayant tel sens mais un terme servant à déclasser, exigeant généralement que

chaque chose ait sa forme. Ce qu’il désigne n’a ses droits dans aucun sens et se fait écraser partout comme une araignée ou un ver de terre. Il faudrait en effet, pour que les hommes académiques soient contents, que l’univers prenne forme. La philosophie entière n’a pas d’autre but: il s’agit de donner une redingote à ce qui est, une redingote mathématique. Par contre affirmer que l’univers ne ressemble à rien et n’est qu’informe revient à dire que l’univers est quelque chose comme une araignée ou un crachat.” Bataille, George, “Documents”, en: Œuvres complètes, Paris, Gallimard, 1970, I, p.217.

De este modo, lo informe es, para Bataille, la categoría que permite deconstruir todas las categorías. En rigor de verdad, no posee una definición positiva, propia; designa, más bien, una fuerza deformante, corrosiva. No alude al sentido de las palabras, sino a su praxis profanadora, a su

besogne, a la necesidad a la cual ellas responden. Lo informe distorsiona las formas hasta volverlas

extrañas, ajenas; no permite la coincidencia última entre la forma y la cosa; desposee a la realidad (física, cósmica, conceptual, lingüística, etc.) del derecho de atribuirse una forma definida y precisa. Lo informe es el medio fluido en el que flotan los cuerpos; es el cuerpo mismo pero dislocado en su identidad. Existe un principio generativo de las formas, en razón del cual toda una serie de otras posibilidades son eliminadas, descartadas como restos no esenciales al resultado final. Estas otras formas (deformes) asesinadas sobreviven, sin embargo, como espectros o fantasmas de la forma bella y constituyen, de algún modo, su residuo transgresor y perturbador. Lo informe, entonces, sirve para déclasser, es decir para llevar la forma bella y cerrada hacia lo abyecto, hacia lo sórdido, revelando todas aquellas otras formas que su creación ha desechado y que sobreviven como sus potencialidades deformatorias.

Desde un punto de vista filosófico, lo informe se confunde con el No-Saber. Todo el sistema hegeliano es una inmensa maquinaria formalizadora, siendo el Saber Absoluto la conclusión final de esa formalización. El sistema dialéctico funciona adjudicando a lo real la forma racional del concepto. La estructura de la realidad repite la estructura lógica conceptual. El concepto garantiza la estabilidad de las formas y los objetos, dota a cada cosa de una existencia y una función determinadas, confiere una forma precisa a cada ente. En esta perspectiva hay que leer la desaparición de los contenidos históricos y la vida formalizada anunciada por Kojève. El Saber absoluto implica, en efecto, el fin de la dialéctica y de las contradicciones, es decir el fin de los contenidos en sentido histórico. Resolviéndose las contradicciones en el Estado universal y homogéneo no queda más que la mera existencia formal del animal posthistórico. El fin de la historia, de este modo, no se define ya por la oposición “forma-contenido (dialéctico)”, desde el momento en que uno de los términos de la oposición desaparece junto con la historia dialéctica, sino por un mecanismo formalizador. En la aparente estabilidad natural de la sociedad estatal animalizada surge un nuevo juego de fuerzas, una nueva combinatoria de relaciones que impone a cada cosa su forma, a cada singularidad su función, a cada vida su cauce determinado. En este plano se juega la política ultrahistórica, es decir, la biopolítica. La absolutización del Saber significa, desde un punto de vista político, la coincidencia absoluta de la vida con su forma. La máquina estatal de Kojève se presenta como un gigantesco dispositivo formalizador: cualifica las vidas de sus miembros, las forma, las modela. En tal sentido, es preciso estar atentos a esta duplicidad fundamental en el modo de pensar la vida posthistórica propuesta por Kojève. Junto a la

formalización de la vida que Kojève creía descubrir en Japón, surge, como su negativo más sombrío, otra formalización acaso más atroz, microfísica, un dispositivo estatal absoluto que condena cada vida a la celda hermética de su forma. Este doble juego define las consecuencias de las tesis esbozadas por Kojève. La vida del animal de la especie Homo sapiens es formal no sólo porque no se defina ya por contenidos históricos, sino más bien porque no hay posibilidad de separarla de su forma. La síntesis final que marca el advenimiento del Saber Absoluto implica, además de la desaparición del Amo y el Esclavo, la síntesis, también absoluta, es decir acabada, de la vida y su forma.

La estrategia de Bataille frente a este panorama es, de nuevo, reveladora. No niega la forma, no intenta resucitar la contradicción; introduce, como la risa o el erotismo respecto a la

Phänomenologie, lo informe en la trama misma de los cuerpos y la vida. Lo informe no niega la

forma, no se le opone; la deforma, simplemente, la vuelve inoperante. Lo informe es la transgresión de la forma, su exceso profanador. Por eso lo informe no designa, para Bataille, un concepto o un sentido, sino un proceso de desarticulación de las estructuras estables de la vida. Lo informe describe un uso diferente de la vida. No una vida sin forma, descalificada, sino una vida deformada, dislocada en su función formalizadora. Rosalind Krauss, en Teoria e storia della fotografia, ha captado profundamente el sentido profanador de lo informe. En el capítulo Corpus delicti sostiene:

Bataille, alérgico a la noción de definición, no explicita en consecuencia tanto el sentido de informe, prefiere en cambio imponerle una tarea, la de deshacer las categorías formales, la de negar que toda cosa tenga su forma “propia”, la de imaginar el sentido devenido sin forma, como una tela de araña o un gusano aplastado bajo el pie. Esta noción de informe no propone un sentido más elevado, más trascendente, a través de un movimiento dialéctico del pensamiento: Batille no quiere que las fronteras producidas por los términos sean trascendidas, sino que sean simplemente transgredidas o hechas pedazos, creando una ausencia de forma a través de la corrupción, la putrefacción y la pudrición.246

Este dispositivo deformador se relaciona directamente con otro de los conceptos claves del pensamiento de Bataille: el bas matérialisme. Frente al idealismo hegeliano y al materialismo marxista, Bataille ofrece una tercera posibilidad, el bajo materialismo, un materialismo que no se deja reducir a una estructura ideal ni a una relación de producción. La materia, en Bataille, la materia baja, designa un principio activo, autónomo, caótico, líquido. De ahí la importancia de lo inmundo, de la putrefacción, de lo sórdido. “La materia baja –dice Bataille en un artículo de

246 “Bataille, allergico alla nozione de definizione, non esplicita dunque tanto il senso di informe, preferisce invece

imporgli un compito, quello di disfare le categorie formali, di negare che ogni cosa abbia una forma “propria”, di immaginare il senso diventato senza forma, come una ragnatela o un verme schiacciato sotto il piede. Questa nozione di

informe non propone un senso più elevato, più trascendente, attraverso un movimento dialettico del pensiero: Bataille

non vuole che le frontiere prodotte dai termini siano trascese, ma che siano semplicemente trasgredite o fatte a pezzi, creando un’assenza di forma attraverso la corruzione, la putrefazione e l’imputridimento.” Krauss, Rosalind, Teoria e

Documents– es exterior y extranjera a las aspiraciones ideales humanas y no se deja reducir a las

grandes máquinas ontológicas que resultan de dichas aspiraciones.”247

Esta materia baja, este materialismo que aparentemente permanecería impensado en esa máquina ontológica de la que habla Bataille refiriéndose con toda seguridad al sistema dialéctico hegeliano, no es otra cosa que el espesor turbio de los cuerpos ultrahistóricos. El bas matérialisme es el fondo brumoso de los cuerpos, el principio activo que los anima y deforma, la fuerza oscura que los desposee de sí mismos y los arroja al fluido sin forma de la vida impersonal; es, en una palabra, lo que quedó del mundo, el resto enigmático de aquello que una vez fue llamado, humanamente, mundo. El bas matérialisme es lo impensado de Hegel: son los grabados de Goya, la locura, el sueño...

b) Lo In-mundo y la excrescencia del ser

En Corpus, Jean-Luc Nancy otorga un lugar predominante a lo inmundo. La inmundicia, la excreción caracterizan al mundo de los cuerpos. A decir verdad, no son “características” del espaciamiento propio de los cuerpos, no son “predicados” ni “atributos”; el mundus corpus es inmundo eminentemente, por el mero hecho de ser. Todo cuerpo es inmundo porque su existencia es, siempre, desde el inicio, excrescencia, exceso de sí mismo, exudación. La existencia del cuerpo se define como una apertura al éxtasis, al afuera de sí; apertura que, tanto en Bataille como en Nancy, adopta la forma virulenta de lo inmundo y lo fétido. “Un cuerpo se hace espacio, un cuerpo se expulsa, idénticamente. Se excribe [excrit] como cuerpo: hecho espacio, es cuerpo muerto, expulsado, es cuerpo inmundo. El cuerpo muerto delimita lo inmundo y retorna al mundo. Pero el cuerpo que se expulsa introduce lo inmundo en pleno mundo.”248 El cuerpo, de este modo, es el

tener lugar de su propia expulsión. La vida del cuerpo, del cuerpo ultrahistórico, se define por esta insalvable expulsión de sí mismo, por esta distancia, próxima y remota, íntima y extraña, pública y privada, que lo abisma fuera de sí, fuera de toda reconciliación posible consigo mismo. Todo cuerpo se excreta a sí mismo, se execra. Arrojados al exceso de sí mismos, a la imposibilidad de coincidir con su propia forma, transgredidos en su intimidad más profunda, los cuerpos deshacen el mundo e instauran, en su lugar, en ese lugar inasible, el fluido informe y contagioso de su pathos común. Esta distancia entre el cuerpo y sí mismo, entre el mundo y sí mismo, es lo que llamamos, siguiendo en esto a Bataille y Nancy, inmundicia o excreción. El mundo que no coincide con su propia

247 “La matière basse est extérieur et étrangère aux aspirations idéales humaines et refuse de se laisser réduire aux

grandes machines ontologiques résultant de ses aspirations.” Bataille, George, “Le bas matérialisme et la gnose”, en:

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