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Desde presupuestos feministas se trabaja de forma más sistemática la proble- mática derivada del conocimiento científico extraído de la subjetividad y la expe- riencia de los agentes históricos. En este sentido, se encara la cuestión situando en el mismo escalón de análisis el estudio de la auto-biografía y la biografía, y los resultados de la comunicación entre ambas aproximaciones al conocimiento de la experiencia de los individuos. Es decir, auto-representación del yo, repre- sentación del otro y la relación resultante entre la combinación de ambas cosas. Únicamente sobre la base de una conciencia de participación común en el mun-

17Pierre BOURDIEU. La ilusión biográfica. en Razones prácticas: Sobre las teorías de la acción. Barce-

lona, Anagrama, 1997. Sobre la cuestión de la narración y la importancia de las formas de relatar en la literatura para con las ciencias humanas y sociales, alude Bourdieu siguiendo a Alain Robbe- Grillet que “el advenimiento de la novela moderna va precisamente unido a este descubrimiento: lo real es discontinuo, formado por elementos yuxtapuestos sin razón, cada uno de los cuales es único, tanto más difíclies de captar cuanto que surgen de manera siempre imprevista, sin venir a cuento, aleatoria”. p. 76. Las otras citas aparecidas en el párrafo en la página 79.

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do y en los relatos que explican ese mismo mundo se alcanza un conocimiento más preciso conciso sobre la realidad18. En el año 1990, la historiadora estadou- nidense Kathleen Barry publica en Journal of Women’s History una síntesis de los principales ejes temáticos y teóricos de la biografía, hecho desde una perspectiva de las necesidades generadas por un análisis de género en la historiografía. Barry confirma el punto de partida del método biográfico, sujetado en dos niveles inter- relacionados y que consiste en la vinculación entre la subjetiva interpretación de las interacciones del sujeto biografiado y la interpretación del autor en referencia a las interacciones del sujeto. Se concluye que es mediante la actividad cotidiana por la que los individuos revelan sus interpretaciones de las elecciones que hacen y sus interpretaciones de la realidad. Es luego labor del biógrafo la interpretación de esa interacción del protagonista de la biografía en lo que se refiere al contexto histórico y, por supuesto, asumiendo los condicionantes de clase y género en los individuos en sus auto-representaciones de la realidad.

Es por ello que una aproximación feminista a la biografía, añade Barry, necesi- ta del establecimiento de unos marcos contextuales macro y micro socio-políticos de los tiempos en los que transcurre la vida del biografiado y que determinan je- rárquicamente las relaciones de género. Concluye la historiadora estadounidense que “metodológicamente interpretar una vida en una biografía es riguroso y exi- gente porque la vida misma comprueba las interpretaciones que uno hace de ella a través de la vida de los demás, o no, y constantemente envía al biógrafo hacia atrás para reconsiderar las interpretaciones previas cuando más tarde los aconte- cimientos hacen surgir dudas de su plausibilidad19”. Esa forma de retroceder y acometer el control continuo de la relación entre autor y biografiado, conduce a evitar lo que Elaine S. Apthorp señala como la disputa interpretativa entre ambos por privilegiar un acontecimiento u otro dentro del relato y la interpretación de su significado20.

Existe también la opción de leer las auto-representaciones y las autobiografía como un contrato textual propio de la modernidad, entre la vida del protagonis- ta y su narración a la manera en la que lo hizo la historiadora Tonya Blowers. Esto favorece el hecho de pensar que generar un modo específico de lecturas sobre esos textos, conduce a su vez a desarrollar las formas de la metodología de la biografía21. Un producto historiográfico que muestra muchas de las po-

18

Hans-Georg GADAMER. El giro hermenéutico. Madrid, Cátedra, 2007. En este sentido, “el intér- prete no se encuentra fuera, sino "dentro de la vida". No es únicamente un observador teórico, sino que pertenece a la totalidad de la vida, de la que «participa»”. p. 139.

19Kathleen BARRY. The New Historical Syntheses: Women’s Biography. Journal of Women’s History

1(3). pp. 75-77, 80-82 y la cita en la página 88, 1990. Por otro lado, Barry no concuerda con la teoría expuesta en el capítulo primero de esta tesis y define los actos políticos de las mujeres desde la consideración de la conciencia de cada actividad. De este modo, para esta historiadora “cuando la intencionalidad está marcada por la conciencia, la subjetividad de las mujers es política”, en la página 85.

20

Elaine S. APTHORP. Speaking of Silence: Willa Cather and the ‘Problem’ of Feminist Biography. Women’s Studies 18. p. 7, 1990.

21Tonya BLOWERS. The Textual Contract: Distinguishing Autobiography from the Novel. in Ali-

son DONNELL y Pauline POLKEY (eds.). Representing Lives: Women and Auto/Biography. New York, MacMillan, 2000. p. 115; Un ejemplo de la necesidad de acercamiento a las narraciones autobiograi-

sibilidades metodológicas en la relación entre los relatos de la autobiografía y la biografía, es el de la historiadora Carolyn K. Steedman y su Landscape for a Goodwoman (1987)22. Victoria Rosner apura aún más si cabe las posibilidades del método biográfico recurriendo al trabajo de Steedman en Landscape para con- cluir que la potencialidad de la imaginación y lo ficticio en la narración permite acercarse paradójicamente a lo real. Aunque como la misma Rosner dice, histo- riadores como Hayden White o Dominick LaCapra advierten sobre la (supuesta) rémora causada por la inevitabilidad de la presencia subjetiva y de la relación intersubjetiva del historiador con el objeto de estudio a la hora de determinar el significado historiográfico de la investigación. Sin embargo, continua Rosner, las técnicas propuestas por Steedman, como la proyección narrativa de experiencias que no existen, ofrecen un camino alternativo de conocimiento histórico. Este camino, a su vez, no contiene elementos en su estructura argumental que lo ale- jen de manera estructural de la búsqueda de lo fidedigno, siempre y cuando esa narración esté acompañada de llamadas a situaciones y procesos análogos que sean asimilables dentro de la experiencia del sujeto biografiado23. La especula- ción historiográfica funciona entonces como un elemento fundamental para la elaboración de una biografía.

Asumiendo que las biografías poseen un número elevado de contenido au- tobiográfico de los autores de las mismas, la historiadora Carol Hanbery Mac- kay además considera positivo el estudio del recorrido histórico de las auto- representaciones de las mujeres durante el siglo XIX y XX. Esta elección está justificada, según Mackay, en que detrás de estas actividades autobiográficas y biográficas yace una ambivalencia sobre la divulgación de la vida privada o el relato de la vida de las sociedades modernas24. La especialista en Gender Studies Rebeca Leslie Bloom, por su parte, añade otra reflexión interesante sobre la re- lación entre las representaciones y las auto-representaciones, sobre los caminos intersubjetivos que se construyen a la hora de elaborar un relato biográfico que potencie la interpretación de las narraciones de los sujetos. Bloom considera que es cardinal en estos esfuerzos metodológicos atender a cómo los sujetos plantean la comunicación intersubjetiva en cuanto a las formas de marcar los espacios de individualidad y subjetividad propias. De ese modo se encuentran los medios de resistencia, subversión y retos a la norma socio-política y aquello que pare- ce impedir hacer esas transformaciones o intenciones de cambio. Bloom intenta generar un método feminista de interpretación de las narraciones y aunque su predisposición teórica está construida para una interacción constante entre los sujetos (investigador y sujeto de estudio) que incluso tiende a la relación hori- zontal entre ambos, su fuerte apuesta por el diálogo permite solucionar de alguna cas es el de Georgia JOHNSTON. The Formation of 20th-Century Queer Autobiography: Reading Vita Sackville-West, Virginia Woolf, Hilda Doolittle, and Gertrude Stein. New York, Palgrave Macmillan, 2007.

22La referencia exacta es Carolyn K. STEEDMAN. Landscape for a Good Woman: a Story of Two Lives.

Nueva Jersey, Rutgers University Press, 1987.

23

Victoria ROSNER. Have You Seen This Child? Carolyn K. Steedman and the Writing of Fantasy Motherhood. Feminist Studies 26 (1), pp. 12-13, 2000.

24Carol Hanbery MACKAY. Biography as Reflected Autobiography: The Self-Creation of Anne

Thackeray Ritchie. in Susan GROAG BELL y Marilyn YALOM (eds.). Revealing Lives: Autobiography, Biography and Gender. Albany, State University of New York Press, 1990. p. 65.

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manera la obligada presencia de la autobiografía del biógrafo25.

Encontrar el equilibrio ante esta realidad es un compromiso ineludible del historiador, puesto que es constitutivo de la práctica histórica. Sin embargo, aco- meter ese reto y superarlo con éxito resulta complicado dentro de una tradición académica marcada por ciertas inercias sociales y políticas. Judy Long, a este res- pecto, entiende que resultaba muy difícil emprender una investigación biográfica feminista dentro de las universidades y editoriales construidas al calor de la tra- dición heteronormativa y masculina, sobre todo ante las reticencias habituales hacia el desarrollo de una empatía hacia el sujeto de estudio. Para Long, como para las otras autoras citadas, esta cuestión aporta de una manera más concisa datos al investigador que la lejanía impostada desde la fuerte herencia positivis- ta en las ciencias humanas y sociales. En sus certeras puntualizaciones sobre el método biográfico, Long profundiza en las relaciones intersubjetivas que se cons- truyen en la realización de biografías. En este sentido, añade un elemento más en la reflexión sobre el sistema intersubjetivo analizado hasta ahora: el lector. La apuesta por la construcción de la narración en la que el autor es configurado como parte activa del resultado científico, como problema y solución al mismo tiempo, debe incluir, dice Long, la interpelación constante hacia el receptor de la investigación. Long entiende que incluir a estos tres elementos (autoría, sujeto de estudio y lector) en el texto facilita acometer el análisis del problema de la subje- tividad. La intuición de Long de establecer una revelación espacial en el asunto de la empatía entre la relación autoría-sujeto de estudio-lector debe resultar fun- damental en los relatos biográficos, asumiendo para ello que las distancias en el plano de lo intersubjetivo entre los participantes en la narración no funcionan de forma exponencial26.

Es necesario establecer unas exigencias para la identificación del autor, ya que es el único elemento de los planteados por Judy Long que el historiador puede moldear de manera directa. Diane Wood Middlebrook también identifica en las tendencias post-estructuralistas el devenir metodológico de la biografía que in- cluye la discusión y el debate, en las propias narraciones, acerca de qué es el autor, quién es el lector y, por supuesto, quién es el sujeto de estudio. Apuesta esta historiadora por el establecimiento de unas fronteras epistemológicas tran- sitables y sencillas que favorezcan la inclusión más que la esencialización de los conceptos. Así, el autor es la persona que introduce la forma y el punto de vista

25Leslie Rebecca BLOOM. Under the Sign of Hope: Feminist Methodology and Narrative Interpretation.

Albany, State University of New York Press, 1998. pp. 15-42.

26Judy LONG. Telling Women’s Lives: Subject/narrator/reader/text. New York, NYU Press, 1999. pp.

102-131. Sobre el panorama heteronormativo y masculino de las ciencias humanas y sociales en lo referente a la biografía, añade Long que es fundamental acometer el reto de la tradición académica marcada por el género, sobre todo la unversalización de las aproximaciones: "In exploring women’s autobiography, biography, and life history we discovered that women scholars trained to traditional paradigms encountered a number of obstacles when they began telling women’s lives: dissociative methodology, androcentric narrative traditions, and theories that universalized men’s experience. Problegmatics of identification and advocacy rest upon the biographer’s feeling about closeness and distance. Other enduring dilemmas of biography with the narrator’s rights and responsabilities in his realtionship with the subject: dilemmas of revelation and concealment, advocacy and interpretation, power and responsability. These too are gendered”. La cita en la página 102.

en el texto, y persona que es creada durante la investigación y la escritura de la biografía. Esta afirmación, por otra parte, se reafirma en los estudios biográ- ficos sobre individuos de los que se recogen un mayor número de referencias documentales (sean estas de la forma que sean). De esta forma, los procesos de selección del material no sólo no plantean una certificación de valor de realidad de la biografía, sino tan sólo posibilidades de interpretación y decodificación de formas de autoría27.

No se trata ya por lo tanto de caer en el pesimismo exhibido por ciertos historiadores necesitados de la abstracción para encontrar la explicación concreta e inmutable de la verdad o, por el contrario, de la apuesta irresponsable por el relativismo científico que valida cualquier narración historiográfica debido a la eficacia de la autoridad del casi mitológico punto de vista. De lo que se está hablando es de conciliar los medios y modos de producción de la investigación, y plantear a partir de ahí una relación expositiva y narrativa de los resultados que nunca sea ajena a las evidencias de los documentos. Aunque Barbara Allen Babcock, ante la decisión e imposibilidad de acometer a través de referencias de fuentes la solución a los problemas que ella plantea sobre su biografiada, apuesta por el medio de la reconstrucción y la especulación. Aún así, Babcock sabe y expone en su texto que eso “era grosero para ella [Clara Shortridge Foltz] y quizás para nosotros28”. Esta opción es básica ante los huecos documentales que puedan existir en los fondos de los sujetos biografiados como es el caso de Sofía Casanova.

Linda Wagner-Martin sugiere valorar todo el acerbo historiográfico (tanto te- mático como en su forma de relato narrado) de la historia de las mujeres previa al advenimiento de la historia de género que ahora se conoce29. En concreto, y con las prioridades derivadas de las pretensiones teóricas de esta investigación y la necesidad de encontrase con la intimidad, se atiende a la subjetividad, la represen- tación de la realidad y los discursos en torno a lo público y lo privado, tanto de las amas de casa como de las esposas de escritores, puesto que ambas ocupan el ma- yor espacio porcentual en la tipología de las mujeres biografiadas hasta la fecha. Cierto es que la historia de las mujeres rompe la tendencia en la historiografía y desde entonces no sólo los actos públicos y publicitados, los hitos construidos al modo en los que el historicismo primigenio marcan el camino de la disciplina histórica, aparecen como válidos y necesarios para realizar una biografía30. Entre estas propuestas metodológicas se mueve la Natalie Zemon-Davis a la que se re- fiere Joan W. Scott en el año 2011: la forma en la acude al estudio de las historias (stories), de los relatos de vida que son al mismo tiempo una fuente histórica en

27Diane Wood MIDDLEBROOK. Postmodernism and the Biography. in Susan GROAG BELL y

Marilyn YALOM (eds.). Revealing Lives: Autobiography, Biography and Gender. Albany, State University of New York Press, 1990. pp. 155-159.

28Barbara Allen BABCOCK. Reconstructing the Person: The Case of Clara Shortridge Foltz. in

Susan GROAG BELL y Marilyn YALOM (eds.). Revealing Lives: Autobiography, Biography and Gender. Albany, State University of New York Press, 1990. p. 132.

29

Véase, Joan W. SCOTT. Historia de las mujeres. en Peter BURKE (ed.). Formas de hacer historia. Madrid, Alianza, 2003. pp. 59-89.

30Linda WAGNER-MARTIN. Telling Women’s Lives: The New Biography. New Jersey, RUTGERS Uni-

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bruto y un tipo de producto cultural de la memoria, favorece la comprensión de las formas de construcción de la agencia de los sujetos biografiados. Estas narra- ciones se producen dentro de un entramado cultural propiciado, a su vez, por las sociedades modernas, en las que los relatos de auto-representación y de contar historias (storytelling) se relacionan con un “sentimiento de tomar parte en” el mundo. En otras palabras, contar tu historia, narrar tu vida, crea(ba) un sentido de inmediatez en lo que se refiere a la experiencia de la historia y que puede ser utilizado por los historiadores31. El medio en el que esas historias de vida, esas narraciones, encajan y pueden ser usadas dentro de una investigación histórica está determinado por su contrastación con el resto de las fuentes siempre que las hubiere. El estudio de los relatos de auto-representación y las biografías también implica la posibilidad el enfrentarse con auténticos vacíos documentales que exi- gen del historiador de un trabajo de especulación y convivencia con el desafío constante al discurso de la historia positiva32.

Y es que Zemon Davis entiende que el autor determina primariamente la representación del pasado, ya que "quien cuenta el relato puede situarse en lo que los demás recuerdan del pasado y cambiarlo sólo con introducir un detalle inesperado en la narración conocida. Todo depende entonces de su habilidad, de cómo tome las historias del «tesoro colectivo de leyendas o de conversación cotidiana» y las ponga en escena33”. Prioriza la importancia de investigar las re- laciones epistemológicas entre los sujetos historiados y la sociedad en la que se inscriben, lo estructural y lo contingente, los archivos y documentos, la narración y el relato histórico, y las aportaciones de la literatura y la ficción. Es decir, com- parte y hace suya gran parte de la reflexión de la metodología de la biografía. En sus primeros trabajos publicados ya trata de encontrar documentos que le ayuden a encontrar las formas en las que algunas mujeres alejadas de los restos documentales de la corte representan el mundo de su alrededor. Al no poder encontrar ese tipo de fuentes, imagina el relato histórico desde una perspectiva diferente a través de “otras fuentes del periodo y lugar para descubrir el mundo que han visto y las reacciones que podrían haber tenido34”. En el planteamiento de la especulación histórica que se derivan de la condicionalidad propuesta para con las reacciones de los individuos investigado, radica la fuerza del método bio- gráfico, como se ha visto, y la autora de El retorno de Martin Guerre redimensiona estas aportaciones de tal forma que el resultado siempre está enlazado a la forma del relato.

31

Joan W. SCOTT. Storytelling. History and Theory 50. pp. 205-207, 2011.

32

Véase, en este caso, Natalie Zemon DAVIS. Fiction in the Archives: Pardon Talles and their tellers in Sixteenth Century France. Cambridge, Polity Press, 1987. En esta investigación, Davis, además de enfrentarse al reto de representar historiográficamente algunas convenciones sexuales de la época, lo realiza mediante la adaptación especulativa de las posibilidades documentales de la literatura y las storytelling en relación con la realidad histórica.

33

Natalie Zemon DAVIS. Mujeres de los márgenes: Tres vidas del siglo XVII. Valencia, Cátedra, 1999. p. 17.

34Natalie Zemon DAVIS. El regreso de Martín Guerre. Barcelona, Antoni Bosch, 1984. pp. 6-18. Y la

cita en la página 5.

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