• No results found

Application: Determining the mitochondrial ambient potential (19).

Dos emperadores habían desaparecido; “dos hombres bienamados de Dios”, según Eusebio, quedaban. “Para agradecer las mercedes recibidas del Señor, empezaron a limpiar [!] de enemigos de Dios el mundo.” Ya se sabe que ése ha sido siempre un asunto urgente. Seguramente, debió de ser hacia el año 316 (y no en 314 como se dice) cuando Constantino rompió hostilidades contra Licinio en los Balcanes, puesto que la

422 Cf. Euseb. 9,8,1ss; 9,9,1ss especialm. 9,10,13ss. Del llamado “Edicto de Milán”, tan discutido

por los investigadores, tenemos dos versiones: Lact. de mortpers. 48 y la griega de Euseb. h.e. 10,5,1ss; en las transcripciones de ésta faltan sin embargo B. y D., y lo mismo así en Rufino como en la traducción siríaca. Las dos versiones 132ss, cf. también nota siguiente.

423 Euseb. h.e. 9,8,2; 9,9,1; 9,10,1 ss; 9,11,3 ss. V.C. 1,58 s. Lact. de mort. pers. 43; 45 ss; 49 ss. Zos.

2,17. Vict. Caes. 41.4. Vict. epit. 40,8. Eutrop. 10,4,4. Altendorf, Galerius RAC VIII 790. Vogt, RAC III 336 s. Pauly II 39. Seeck; Untergang I 144 ss. Stein, Vom romischen 142 ss. Geffcken, Der Ausgang 92. Caspar, Papsttum I 105. Schwartz, Charakterkópfe 246 s. El mismo, Kaiser Constantín 74. Ehrhard, Urkirche 314 ss. Kornemann, Weltgeschichte II 282 s. El mismo, Rómische Geschichte 142 ss. Hónn 116 s, 119 s. Pfister 306 ss. Pfliegler 28 ss. Lietzmann, Geschichte III 63 ss. Voelkl, Der Kaiser 54 ss. Prete, Der geschichtiiche Hintergrund 379. Doerries, Konstantin 43. Bames, Lactantius 31.

divinidad más alta, según él mismo, “en sus celestiales designios” le había confiado “la dirección de todos los asuntos terrenales”. La batalla tuvo lugar el 8 de octubre junto a Cibalae, a orillas del Save, donde Constantino, “faro luminoso de la Cristiandad” (escribe el católico Stockmeier), aniquiló a más de veinte mil de sus enemigos. A ésta le siguió, en Filipópolis, una de las matanzas más espantosas de la época, que no decidió el resultado final, pero en cualquier caso Constantino había logrado arrebatar a su cuñado casi todas las provincias europeas (las actuales Hungría, Bulgaria, Rumania, Dalmacia, Macedonia y Grecia); luego, hizo las paces con él, aunque no fuese ya un “hombre bienamado de Dios”, sino un “pérfido enemigo” (según Eusebio), y dedicó diez años al rearme y a la propaganda en favor del cristianismo, ya que en Oriente, por ejemplo en el Asia Menor, la mitad de la población era ya cristiana en algunas zonas. Transcurridos esos diez años, se alzó de nuevo en busca de la “solución final”.424

El “salvador y benefactor” había preparado la batalla decisiva mediante una serie de

medidas político-religiosas; los cristianos trabajaban a favor de Constantino y

desprestigiaban a Licinio como “enemigo del orbe civilizado” incluso en las zonas que eran del diablo. Además, lo cercó mediante un pacto con los armenios, para entonces ya convertidos al cristianismo (véase el capítulo 6), y preparó la futura guerra como cruzada y “guerra de religión” (como ha dicho el católico Franzen): “Ciertamente, [...] como [si de] una guerra de religión [se tratase]” (C.T.H.R. Ehrhardt), con sus capellanes de regimiento, su lábaro o estandarte con las iniciales de Jesucristo constituido como emblema de la guardia imperial, y con una campaña de “santo entusiasmo”. En el bando contrario, Licinio revitalizó el paganismo y persiguió a la Iglesia prohibiendo los sínodos, despidiendo a los cristianos del ejército y del funcionariado, poniendo trabas a la celebración pública del culto y promulgando diversos castigos y destrucciones; al mismo tiempo, celebró cultos y oráculos e hizo poner en sus banderas las imágenes de diversos dioses, “contra el falso dios extranjero” y “su bandera deshonrosa”. En realidad, lo que importaba a uno y a otro era el poder exclusivo, la monarquía universal. En el verano de 324 se enfrentaron dos ejércitos de tamaño descomunal para la época (los soberanos incluso habían desguarnecido las fronteras); 130.000 hombres, según se afirma, con 200 naves de guerra y más de dos mil barcos de transporte por parte de Constantino, y 165.000 hombres (entre los cuales un fuerte contingente godo bajo el mando del príncipe Alica) con 350 naves de guerra por parte de Licinio, cifras que implican el más ruinoso saqueo de todos los recursos del imperio. El 3 de julio fue derrotado el ejército de Licinio en tierra, y lo mismo su flota en el Helesponto; el 18 de septiembre perdió la última y definitiva batalla de Crisópolis (la actual Skutari), frente al Cuerno de Oro, en la orilla asiática del Bósforo.425

424 Euseb. h.e. 9,11,7; V.C. 1,49. Sozom. 1,2. Zos. 2,18 s; 2,20. Anón. Vales. 5,16ss. Epitome 40,9.

Seeck, Untergang I 154 ss. Schoenebeck 39, 49. Schwartz, Charakterkópfe 247, 253. Kornemann, Weltgeschichte II 286. Hónn, 123 s. Voelkl, Der Kaiser 64 s. Vogt. Constantín 187ss. Habicht, Konstantin 360ss. Dannenbauer, Entstehung 118 s, 64. Bruun, The Constantínian coinage 15ss. Aland, Glau- benswechsel 41. Barnes, Constantine 67. Stockmeier, cf. nota 38.

425 Euseb. h.e. 10,9. V.C. 1,51; 2,1 ss; 2,12 ss; 2,66. Eutrop. 2,6,1; Anón. Vales. 5,21 ss. Vict.Caes. 41,8

ss. Vict. epit. 41,6 s. Socrat. 1,4. Zosim. 2,21 s. Zon. 13,1,22. Vogt, Constantinus RAC III 337 s. dtv Lex. Antike, Geschichte II 216 s. Ibíd., Religión II 42. Seeck, Untergang 1161 ss. Stein, Vom romischen 159. Patsch 17 ss. Schwartz, Charakterkópfe 258 s. El mismo. Kaiser Constantín 90 s.

Decisión del cielo, qué duda cabe. Tanto había rezado el “santo y puro” Constantino, tanto había insistido en que sus tropas lanzasen tres veces el grito de guerra: “Dios todopoderoso, a ti y sólo a ti clamamos y de ti esperamos la victoria”. Cuarenta mil cadáveres quedaron sobre el campo de batalla. La flota al mando de Crispo, que contaba entonces diecisiete años, embistió al enemigo en los Dardanelos y los restos fueron aventados además por un temporal milagroso junto a los acantilados de Gallipoli, hundiéndose 130 naves y 5.000 marineros. (Pero, en 1959, el teólogo católico Stockmeier comentaba las carnicerías constantinianas escribiendo que “todos los emperadores cristianos han procurado emular ese ejemplo, faro espiritual y guía de príncipes”.) Después de la derrota de Crisópolis a Licinio le quedaron unos treinta mil seguidores. A ruegos de Constancia, Constantino juró respetarle la vida, pero un año más tarde y estando Licinio en Tesalónica, donde se dedicaba a conspirar con los godos según se cuenta, fue estrangulado junto con Marciniano, su generalísimo. En todas las ciudades del Oriente comenzó el exterminio de los más notables partidarios de Licinio, con o sin juicio. Así que después de diez años de guerra civil y continuas campañas de

agresión por parte de Constantino, este “general victorioso cíebelador de todas las

naciones” y “caudillo del orbe entero”, como se hizo titular, quedaba (y con él, el cristianismo) vencedor definitivo y dueño del Imperio romano.426

Ahora bien; mientras Constantino mantuvo una postura ambigua y Licinio pasaba por ser el patrono y el protector de los cristianos, Eusebio naturalmente cultivó la adulación de Licinio; el célebre obispo, que iba modificando las sucesivas versiones de su obra con arreglo no sólo al “estado de los conocimientos”, sino también atendiendo al resultado “de sus cálculos políticos” (Vogt), escribió páginas y más páginas encomiásticas. Mientras ambos emperadores fueron aliados, ambos eran predilectos del Señor, según Eusebio y Lactancio, “destacados por su prudencia y por su temor a Dios”, e iban a servir de instrumento divino para “limpiar la tierra de impíos”. El mismo Eusebio reconoce que Licinio favoreció “constantemente” a los cristianos por medio de sus edictos, concediendo privilegios y dinero a los obispos. Es por eso que su cabeza, lo mismo que la de Constantino, aparece con halo de santidad o “nimbo” en las monedas, como símbolo de la iluminación divina. En cambio, cuando Constantino se enemistó con Licinio, los “padres” corrigieron sus textos y Licinio pasó a ser hermano del mismísimo diablo.

Vogt, Constantín 190. Voelkl, Der Kaiser 129 ss. Dannenbauer, Die Entstehung I 18 s. Kraft, Konstantins religióse Entwickiung 67. Hónn 122 s. Kornemann, Weltgeschichte II 288. El mismo, Rómische Geschichte II 380. Franzen 67. Chadwick, Die Kirche 147. Doerries, Konstantin 46 ss. Straub, Regeneratio 85. Handbuch der Kirchengeschichte II/l, 4 s. Barnes, Constantine 68 ss. C.T.H.E. Ehrhardt, Constantínian Documents 48.

426 Euseb. h.e. 10,9. V.C. 2,4; 2.12; 2,18; 2,24 ss; 2,48ss; Zos. 2,2,8; 2,22,3; 2.23 s; 2,26; 3; 2,28.

Nazar. paneg. 10,17; 10,36 ss. Anón. Vales. 5,23; 5,26 ss. Eutrop. 10,6,1. Vict. epit. 41,7. Socrat. 1,4. Sozom. 1,7. Cf. también Lact. de mort. pers. 46. Pauly-Wissowa vol. 8, 1958, 1723. Vogt, Constantinus RAC III 338. Seeck, Der Untergang 1166 ss. Pfáttisch 61. Schwartz, Kaiser Constantín 94. Voelkl, Der Kaiser 130ss. Doerries, Konstantin 47. Stockmeier, Leo I., 105 s. Poppe 39ss. Barnes, Constantine 210,214.

En las últimas ediciones de su Historia de la Iglesia, Eusebio tachó párrafos enteros. Licinio, antes “parangón de la virtud y de la piedad”, pasó a ser, en la trascripción de Barney, “un monstruo depravado”, un “infame”, un “impío”, “hombre que ofende a Dios”, “que ignora las leyes”, que “odia a toda la humanidad”, que “mereció la ceguera y la locura por su maldad congénita”. Sobre sus seguidores recayó la amenaza de

excomunión promulgada por el Concilio de Nícea.427

La brutalidad de Licinio quedó bien patente con el exterminio de las familias imperiales; en ese momento todavía era la niña de los ojos de los historiadores eclesiásticos. Entre sus víctimas hubo también filósofos inocentes, o mejor dicho, fue un gran enemigo de la gente de letras en general y de los jurisconsultos en particular, “esa peste venenosa del Estado”, como solía decir. Por otra parte, y pese a hallarse el cristianismo mucho más difundido en la parte oriental, Licinio nunca fue tan benevolente con los cristianos como Constantino; por ejemplo, nunca pensó en delegar competencias estatales a la Iglesia, ni permitió intromisiones en asuntos de administración pública o política económica. Redujo gastos cortesanos y gravó fuertemente las grandes propiedades. Además, intentó ayudar al campesinado, clase social muy perjudicada por aquel entonces y de la que él mismo procedía.428

En cambio, el emperador cristianísimo y su Iglesia, cada vez más enriquecida, no sólo adoptaron políticas muy diferentes, sino que además clasificaron a la humanidad entera en buenos y malos, patrón que nos resulta familiar desde el Antiguo y el Nuevo Testamento, así como en otras culturas no cristianas, y perfectamente adaptado a la ideología religiosa de Constantino. Este sistema tan útil, sobre todo para combatir a los

colectivos insumisos, no ha sido abandonado jamás por la Iglesia, yvemos que parecida

estrategia demagógica ha seguido funcionando en boca de nuestros caudillos durante nuestro mismo siglo, a raíz de la división entre Oriente y Occidente. A la Iglesia y a la cristiandad nunca les han faltado demonios que combatir, y así les pasó a muchos emperadores de la era anterior a Constantino, lo mismo que a Majencio, Maximino Daia y finalmente a Licinio. El protector del propio bando, en cambio, es “el príncipe prudente amado de Dios”, el “emperador bondadosísimo” que da muestras de clemencia incluso para con los mismos diablos, a imagen y semejanza del que accedió a tener por cuñado a uno de ellos, “admitiéndole en la nobleza de cuna imperial”.429

Así resalta más la ingratitud de los pérfidos, la maldad de los “tiranos impíos”. Todo en vano, naturalmente, estando Constantino como estaba “en amistad con el Señor, su

427 Euseb. h.e. 9,9,1; 9,9,12; 10,2,2; 10,4,60; 10,8,5; 10,8,8 ss. Lact. div. inst. 7,27,5. Vogt,

Constantinus RAC III 308 s, 337. Moreau, Eusebius von Caesarea RAC VI 1061ss, especialm. 1073 s. Harnack, Militia Christi 91. Cadoux 260. Pero cf. también Grégoire, La “conversión” de Constantin en Revue de rUniversité de Bruxelles 1930/1931 231ss donde todavía figura Licinio como “champion du christianisme”. Cf. al respecto Aland, Entwürfe 32, 204. Hornus 42,68. Bames, Lactantius and Constantine 29. Grant, Das Rómische Reich 86.

428Vict. Caes. 41,3. Vict. epit. 41,9 s. Anón. Vals. 22. Stein, Vom rómischen 146.Hónn ll9. 429 Euseb. h.e. 10,4,61; 10,8,1ss. Hernegger 163. Ziegler, Gegenkaiser 9 ss, 26 ss.

protector y refugio”, de tal manera que pudo librarse siempre de las “asechanzas del traidor” y aparecer en los escenarios (y los campos de batalla) de la historia como “gran luz y salvador en medio de las tinieblas de la noche más oscura”, como ”benefactor”, “protector de los buenos”, “príncipe excelentísimo”, “salvador”, que cosechó sus victorias sobre los impíos “en merecida recompensa por su religiosidad”, viéndose en el apuro de “tener que eliminar [!] a algunos descreídos en bien de la mayor parte de la humanidad”. Y así Licinio “fue destruido y arrojado al fango. En cambio, su poderoso vencedor, Constantino, adornado de todas las virtudes del hombre temeroso de Dios, entró en posesión de todas las provincias orientales que le pertenecían, y cuya soberanía compartió con su hijo Crispo, queridísimo del Señor y semejante en todo a su padre. [...] Libre quedaba la humanidad del temor a sus antiguos tiranos, para celebrar la victoria con fastuosas fiestas de luz”.430

Related documents