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Dentro de la edificación de un marco teórico, que sirva de insumo epistémico, para la construcción de una propuesta, que aporte a los distintos debates de como enseñar las Ciencias Sociales en el marco de la institucionalización de su currículo, y que ésta pueda tener en cuenta los actuales contextos de la sociedad colombiana. Resultaron varias subcategorías derivadas de dos grandes ejes propuestos en la revisión del estado del arte. Estos ejes corresponden en primera medida a: Ciencias Sociales, y, por otro lado, Memorias Históricas y Culturas de Paz. En este sentido, las subcategorías que comprenden son: Horizontes epistemológicos de las Ciencias Sociales, Horizontes epistemológicos de las Ciencias Sociales en Colombia, pensamiento histórico de una cultura escolar desde el currículo, ecologías violentas, Memorias Históricas y Culturas de Paz, Educación para la Paz y Pedagogías de la Memoria y por último el contexto de los Diálogos de Paz.

Teniendo en cuenta aquellas subcategorías que surgen del análisis de los distintos debates de currículo del área de Ciencias Sociales desde Memorias Históricas y Culturas de Paz. Procedemos a teorizar cada uno en miras de un entendimiento más profundo.

Ciencias Sociales

Horizontes epistemológicos de las ciencias sociales a nivel global

Desde Immanuel Wallerstein (1996) bajo la construcción de un informe que tiene como intención responder a los planteamientos mundiales desde distintas perspectivas geográficas y culturales, parte una mirada más allá del eurocentrismo, sin que se detenga en mirar las

particularidades de cada cultura y civilización, dotando de universalidad a problemas pertenecientes a la humanidad, cuyo objetivo es analizar las perspectivas que trascendían los debates disciplinares en las Ciencias Sociales, desde una mirada histórica y constitutiva de sí misma como ciencia, considerando la evolución y los diálogos con otras disciplinas y el papel que desempeñan para desentrañar la humanidad.

Immanuel Wallerstein dirige la fundación Calouste Gulbenkian y entre su equipo de trabajo recoge un conjunto de reflexiones de distintos científicos con gran influencia en los análisis sociales, procurando darle sentido y orden a su estructura y organización y así contribuir a las reflexiones sobre el presente y futuro de las Ciencias Sociales.

Reflexionando sobre la naturaleza de los seres humanos y la naturaleza de sus organizaciones sociales ha sido el espaldar de la religión y la filosofía que pretende darle sentido a estas cuestiones, las Ciencias Sociales entonces se presentan como herederos de estas perspectivas. Sin embargo, se autodenomina distante, puesto que se concibe consciente de sí misma en la búsqueda de verdades que fueran más allá de lo recibido o deducido (Wallerstein, 1996) proponiendo entonces una serie de análisis que fueran más allá de lo empírico por lo cual opto por la definición de ciencia.

Lo anterior parte de la construcción de las Ciencias Sociales desde el siglo XVIII, en el sentido, que se tomara en cuenta desde el supuesto que pretende tener en cuenta para su constructo epistémico las bases propuestas por Newton y el dualismo Cartesiano en donde entendemos que la ciencia se construía desde una perspectiva más allá de lo teológico donde se pretendía dividir en un pasado y un futuro ahora se entiende como un constante presente en donde ni pasado ni futuro son instancias separadas sino constitutivas de sí mismas y reflejadas en el presente, por consiguiente se tiene en cuenta la suposición de la existente relación entre contrapartes.

Es decir, no podemos entender una perspectiva sin su opositor, por ende, la Ciencia se entiende como “la búsqueda de leyes naturales universales que se mantenían en todo tiempo y espacio” (Wallerstein, 1996, pág. 5). Ahora bien, las distintas disciplinas ofrecían una serie de resultados como verdades únicas y terminadas de sus estudios, se creía que todo lo descubierto podía vislumbrarse por el simple hecho de darle la vuelta al globo, o por las tierras conquistadas

por Colón, sin embargo, así como se estaban convirtiendo en posibilidades infinitas el universo también lo hacían las Ciencias Sociales cuya bandera se alzaba con el concepto de progreso.

Dado lo anterior, para lograr este cometido se requería de la liberación completa de las inhibiciones y de las limitaciones impuestas, entonces el mundo ya no se presentaba como un lugar cálido de hogar, sino más bien como una plataforma de múltiples opciones por descubrir una pequeña parte de un cosmos infinito. Sin embargo, las constantes críticas a las formas empíricas de descubrir las verdades se hicieron cada vez más presentes y tomaron su plenitud más fortificada cuando las Ciencias Naturales decidieron desligarse de la filosofía al no considerarla una ciencia exacta, sino más bien como un complemento o un extra en la configuración de sus definiciones, a tal punto que las ciencias naturales eran referentes para comprender incluso aspectos sociales, lo que resulto que el entendimiento del poder epistemológico legítimo de las ciencias se concentraría en aquellos que controlaran el conocimiento del mundo humano y para mediados del siglo XVIII quien tenía las verdaderas irrefutables eran las ciencias naturales.

Por esto, a finales del siglo XVIII los filósofos empezaron a adoptar términos como “Física Social” e incluso los grandes pensadores europeos revivieron el debate de la universidad en donde reconocían la existencia de múltiples tipos de sistemas sociales en el mundo (Wallerstein, 1996). Dando como resultado la disciplinarización y profesionalización de conocimientos, en donde se pudo evidencia la creación de estructuras permanentes de instituciones diseñadas para orientar y producir conocimiento.

Entonces, para entender las verdades y crear conocimiento se presentaron investigaciones sistemáticas desde múltiples zonas separadas dividiendo las ciencias en distintos grupos de conocimiento, estos drásticos cambios en las formas de ver, analizar, interpretar y crear conocimiento para el entendimiento de la humanidad produjeron estados de trastornos sócales donde se actuaban de formas separadas incluso hasta incomprendidas unas a otras.

En este sentido, pensadores interesados en volver a consolidad una unidad social de los estados centraron sus miradas a la elaboración de relatos históricos nacionales con el objetivo de dar soporte a la soberanía de las potencias, lo que da a entender que el replanteamiento de la enseñanza de la historia desde inicios del siglo XIX estuvo encaminado bajo la promulgación de discursos de los más poderosos, entonces, se le asigno menos importancia a la historia construida

por los monjes, curas, sacerdotes y pequeños monarcas, para darle paso a una verdadera historia del pasado donde explique el presente y que brinde una serie de opciones que posibiliten una mejor elección del futuro. Para la construcción de esta historia es imprescindible la investigación empírica de archivos (Wallerstein, 1996). En donde se rechace la especulación y la deducción puesto que estas tendencias se le atribuían directamente a la filosofía.

Aunque esta perspectiva dio paso a la división epistémica de las Ciencias Sociales, por un lado, quienes se sentían más afines a las disciplinas artísticas y por otro quienes promulgaban la ciencia como un algo exacto, lo que Auguste Comte proclamaría como un divorcio, estas circunstancias abrían paso a interrogantes como: ¿existe verdaderamente una ley universal, determinista sobre como gobernar el mundo que pueda ser aplicable para cada situación sin importar su contexto?

Es aquí donde el discurso de legitimación de poder se presenta, por una tendencia de teóricos enmarcados en la ciencia positivista, quienes justificaban que se tenía que apartar de las meditaciones sobre meditaciones, proponiendo que se debían estudiar hechos reales sin tratar de conocer sus primeras causas ni propósitos últimos (Comte, 1844). Concluyendo, que para mitigar aquella “anarquía intelectual” que imperaba en ese entonces, se requería de una perspectiva que llegara a inferir en el pensamiento social, y para esto, era necesario la institucionalización de una ciencia social; que hasta el momento se presentaba dividida en disciplinas, principalmente a mediados del siglo XIX se entendieron cinco disciplinas: historia, economía, sociología, ciencia política y antropología.

Teniendo en cuenta lo anterior, se entiende que desde un principio la historia cobra un valor significativo en las Ciencias Sociales, más allá de la posición de algunos historiadores quienes se niegan a considerarse parte de las Ciencias Sociales, se presenta, más bien como una ciencia aparte, con características distintas. Sin embargo, este carácter estricto y separado de la historia, se definió con la intención de encontrar una forma rigurosa de posicionarse como ciencia dura, y lo que en realidad ocurrió, fue que la historia obtuvo una tendencia de ir dejando a un lado las historias exageradas, y se orientó a ir enfatizando en el mundo real. A lo anterior Wallerstein explica: “además, el historiador, al igual que el científico natural, no debía hallar sus datos en escritos anteriores (la biblioteca lugar de lectura) o en sus propios procesos de pensamiento (el estudio, lugar de reflexión), sino más bien en un lugar donde se podían reunir, almacenar,

controlar y manipular datos exteriores. (el laboratorio/archivo, lugares de la investigación).” (Wallerstein, 1996, pág. 28).

Estos acercamientos a los modos de conocimiento donde se rechazaba todo acto especulativo, sentó las bases del pensamiento moderno, es decir, lo no medieval en donde la historia siguió un camino de archivos y en la proliferación de un profundo conocimiento cultural en el sentido de hacerse a sí misma valida, pero, se separó de la historia que justificaba héroes y reyes para centrarse en la justificación de naciones y pueblos, resultando sumamente útil para reforzar en los estados una especie de cohesión social, pues influenciaba en las decisiones políticas.

Es en este punto, donde el Estado empieza a dirigirse a los historiadores para que los ayudaran a crear política en momentos álgidos de direccionamiento social, paralelamente, toma fuerza otra disciplina perteneciente a las Ciencias Sociales que también anhelaba independizarse como ciencia, hablamos de la geografía; esta pretendía estar más cercana a las ciencias naturales al proponer datos, estadísticas y una serie de leyes que caracterizaran de manera general todo el territorio en el globo. Sin embargo, esta ambiciosa perspectiva solo produjo en sí misma una pérdida de identidad y fue más relegada a un apéndice menor de la historia.

No obstante, para un análisis práctico de las Ciencias Sociales es imprescindible tener en cuenta aspectos especiales, entendidas éstas cómo un conjunto de estructuras relevantes por medio del cual las sociedades podían organizarse, dando importancia al estudio de los territorios soberanos que en su totalidad definían el mapa político del mundo, por eso, Wallerstein dice que las Ciencias Sociales “era claramente una creación, de los estados, y tomaba sus fronteras como contenedores sociales fundamentales” (Wallerstein, 1996, pág. 40).

Todas estas propuestas epistémicas tenían un punto adyacente en común, el territorio predominante, cuyos pensamientos incidían en América, Asia y África. Sin embargo, hablamos de las Ciencias Sociales desde Europa, este eurocentrismo tuvo una gran transformación al enfrentarse a cambios drásticos por los que trascendió la humanidad, como lo fueron las dos guerras mundiales, haciendo que la historia, la antropología y la geografía junto con las ciencias relucientes orgullo de nacimiento europeo entendidas por la sociología, economía y ciencias políticas se unificarán y consolidaran como núcleo de las Ciencias Sociales.

Sin embargo, después de las transformaciones a las que se enfrentó el mundo después de la segunda guerra mundial, se hicieron evidentes una serie de reformas importantes para la comprensión epistémica de las Ciencias Sociales, retomando a Bachelard las Ciencias Sociales entrarían a una serie de obstáculos (Bachelard, 1948) los cuales serían constituidos a partir de la potencia estadounidense con su expansión económica posguerra, ocasionando que la actividad científica se desarrollara entorno a instituciones norteamericanas, a esto, se le suma la tendencia de los pueblos no europeos por crear una ciencia social que no tuviera indicios de alguna base propuesta por pensadores de este territorio.

Estos cambios organizacionales, fueron sustentados en gran parte por las expansiones económicas de maquinarias y medios de producción en todo el mundo, convirtiendo esta carrera no solamente en una medida de fuerzas físicas y territoriales, sino, en una de conocimiento, ciencia y avance, por ende, la inversión estatal llego incluso a las Ciencias Sociales.

Esta inversión, fue principalmente orientada a la legitimación de la política teniendo como inversionista principal un pensamiento occidentalizado. Sin embargo, con la expansión de territorios y pensamientos se posibilitó la integración de otras formas de pensamiento pertenecientes a distintos lugares del globo, para que esta diversidad de pensamiento tuviera una rigurosidad científica en un principio la tendencia estadounidense propuso la categoría de los estudios de área (Wallerstein, 1996, pág. 50). Donde consideraba un área como una zona geográfica extensa que tenía una coherencia cultural, histórica, y lingüística, resultando en el estudio u enseñanza de la humanidad a partir de una subdivisión de varios territorios pertenecientes al mundo.

Esta es la primera intención de comprensión a través de la multidisciplinariedad, puesto que era necesario darles un sentido científico a los estudios de área, por esto se recurrió a la participación de distintos actores disciplinares que se encontraran para debatir en torno a las distintas zonas que para entonces conformaban el orden mundial, por lo tanto se ocasionaba el encuentro se historiadores, geógrafos, geólogos, estudiosos de la literatura, antropólogos entre otros que pudiesen incluir en el los estudios de área.

Estas circunstancias dieron lugar al derrumbamiento de la separación de disciplinas como campos de saber aislados, ahora los discursos que se habían instaurado para justificar el por qué cada ciencia debía ser un mundo aparte se veían entonces encaminadas a justificar la necesidad

de una comunicación entre disciplinas que buscaran alternativas para el desarrollo de las Ciencias Sociales.

El cambio más drástico lo recibió la historia como disciplina, ésta en su histórico afán de ser una ciencia independiente ahora por las dinámicas epistémicas del momento causadas por la segunda guerra mundial y la occidentalización del pensamiento se vio en la imperiosa necesidad de solicitar ayuda en las Ciencias Sociales puesto que estas tenían las herramientas para que la historia tomara una dimensión institucional. Aportando de esta forma al entendimiento de los cambios económicos, el crecimiento demográfico, la desigualdad, las movilizaciones sociales, las actitudes y comportamientos de las masas, la protesta social, etc. Abriendo paso a que la historia utilizara datos masivos con registros y la documentación, aspectos propios de las Ciencias Sociales.

Aunque los historiadores más tradicionales aún se resistían a este tipo de historia que se podía considerar como una historia social citica que solo promulgaban una generación más joven de historiadores que criticaban el ahistoricismo donde a través de esta se pretendía justificar la postura actual de algunos estados como soberanos o hegemónicos y en contra parte retomaban la idea de historia desde contextos históricos específicos colocando el cambio social como centro para explicar fenómenos complejos y cambiantes.

El obstáculo se haría presente cuando el antiguo fantasma del universalismo retomaría las bases de construcción epistémicas de las Ciencias Sociales, pretendiendo dictaminar leyes universales y determinantes aplicables para todo contexto en general lo que llevo a que las Ciencias Sociales fueran fuertemente criticadas al considerarse parroquiales (Wallerstein, 1996). Pese a que para la época grupos sociales como etnias y feministas manifestaban que no se sentían acogidos dentro de los análisis de las Ciencias Sociales, dejando de esta manera por fuera al otro.

Así que se presenta otro obstáculo, y es el del debate entre que debe atender las Ciencias Sociales; una perspectiva universalista que proponga leyes aplicables a todo público o el de un particularismo que se detenga situación por situación presente en cada una de las especialidades de cada grupo constitutivo de la sociedad y pretender comprenderlo.

Horizontes epistemológicos de las Ciencias Sociales en Colombia

Para la comprensión de esta subcategoría es preciso leer el artículo publicado en la revista Perspectivas Educativas de la Facultad de Ciencias de la Educación de la universidad del Tolima del autor Manuel Ferrer Muñoz, el cual parte de la reflexión alrededor del acontecer social, político, económico y educativo de Colombia, teniendo en cuenta a quienes de alguna manera, buscan algún tipo de respuesta a la incertidumbre del papel de las Ciencias Sociales en el entendimiento de la sociedad frente a los retos y desafíos sociales en el contexto de Colombia y Sur América.

Este pretende ser insumo de entendimiento de la sociedad Colombiana de finales del siglo XX, donde dice que se puede caracterizar como una sociedad sumida en el pozo de la pobreza, la corrupción, el imperio de los cárteles de la droga, la violencia guerrillera, la desmoralización en todos los órdenes de la vida ciudadana (Ferrer Muñoz, 2014), refleja la manera en que quedan muy lejos aquellos ideales plasmados en letra impresa en el artículo 5º de la ya referida Ley General de Educación de 8 de febrero de 1994, que deberían configurarse como metas del perfeccionamiento educativo: el pleno desarrollo de la personalidad; la formación en el respeto a la vida y a los demás derechos humanos; el estudio y la comprensión crítica de la cultura nacional y de la diversidad étnica y cultural del país o el desarrollo de la capacidad crítica.

A lo anterior, complementa Marcela Echeverri (2001), en el artículo publicado en la revista Colombia ciencia y tecnología, desde el estudio de distintos saberes, que se han ocupado de tratar la ciencia en Colombia en relación con la construcción de ciencia, presentando una descripción y análisis de los procesos teóricos y metodológicos en Colombia, donde enfatiza en el débil desarrollo de las Ciencias Sociales, con el fin de promover la idea de que en Colombia se requiere del desarrollo de estudios sociales más allá de la revisión de sucesos históricos pasados, sino, a la construcción de profesionales con un arduo trabajo en pensamiento crítico.

Del mismo modo, los estudios sociales sobre ciencia han tenido un desarrollo interesante en Colombia, revelando cuáles han sido los intereses de aquellas instituciones que han promovido el conocimiento, describiendo que en Colombia el desarrollo de las Ciencias Sociales se enfatiza en la historia, vista como un trabajo conjunto con la sociología, para explorar y develar el carácter

histórico de las masas que conforman el territorio, partiendo de la observación como proceso de producción de conocimiento. Lo anterior, Inspirados en las ciencias naturales que son consideradas ciencias duras dentro del campo epistémico de conocimiento, con esto, las Ciencias Sociales pretendían solidificar saberes universales y verdaderos para resaltar la existencia de la dimensión humana, histórica y social (Echeverri, 2001). De esa manera, poder reconocerse a sí mismas parte de una institucionalidad de conocimiento.

Las bases epistémicas de las Ciencias Sociales en Colombia de mediados del siglo XX tenían en cuenta tres disciplinas que consolidaran su carácter científico las cuales se entiendan desde los aspectos sociales, políticos y económicos. Estos a su vez, iban impartiendo sus análisis desde dos perspectivas, una macro donde se pretendía comprender la totalidad del territorio y una micro que tenía en cuenta las características de ciertas comunidades dentro del territorio colombiano.

Estos resultados de investigación siempre giraban en torno a los enfrentamientos y luchas de

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