Los artistas de los noventas buscan nuevas formas y contenidos que enriquezcan su visión del mundo, sin parámetros nacionalistas. Estos artistas tuvieron la doble tarea de abrirse paso y conseguir un espacio en el campo cultural, confrontándose con los artistas consagrados (Artistas del movimiento de “La Ruptura” como Tamayo, Soriano, Cuevas, Felguerez, Rojo, Sebastián) quienes encabezaron un movimiento que criticó amargamente a todos los neo mexicanistas y a los artistas de los noventas tuvieron en su contra a los ochenteros neo mexicanistas, neofigurativos y neo kitsch, entre otros.
Estos “disruptores de la ruptura” experimentan con muchas técnicas: la pintura y la foto trastocada, las propuestas conceptuales y la experimentación con las nuevas tecnologías, desde el video hasta la Internet, instalación, ensamblaje, ambientación, performance, conceptualismo y no sólo trabajan individualmente sino que han constituido colectivos artísticos independientes. Sus propuestas fueron posmodernas frente a los modernistas de la ruptura ochentera (abstractos, intimistas, geométricos, etc.) y se situaron cuarenta años atrás pero con recursos conceptuales y formales adoptados del contexto artístico internacional, llamándolos “Neo conceptuales“aunque algunos de ellos no se consideran como tales.
Desde el punto de vista de Grünstein, A., (2006) comentó:
Una vez creada esta brecha frente a los artistas de la ruptura, otros, los artistas de los noventas, como lo mencionó Cruz Villegas: a golpes de post-nacionalismo, post- mexicanismo, post-identidad, post-pictorialismo, post-objetualismo crearon sus propios espacios de exposición (La Panadería y Temístocles 44) y sus propios medios de difusión (revistas alternativas). Esta nueva generación de artistas cosmopolitas (por la facilidad con que transitan fuera del país para realizar estudios o exposiciones) se apostó en el campo artístico local para enriquecer el panorama actual de los discursos artísticos en México. Estos artistas más tarde pasarían a ser parte del establishment del Arte Neo conceptual.
En esta segunda etapa, el ámbito artístico mexicano estuvo caracterizado por la diversidad, ya que los noventa son un fluir de visiones y propuestas estéticas que permiten trazar ciertas tendencias conceptual-productivas, se caracterizan por tener fronteras que
permiten el tránsito de los creadores y observarlos con propuestas plurales, con poéticas desiguales y diversas.
En otro punto de vista Arriarán, A. (1997) hizo una clasificación sobre las posiciones que tomaron en los noventas los artistas:
La dominante instituida. Apela a un liderazgo como guías del Posmodernismo local para estar en sintonía con lo que se practica en las principales ciudades de los países desarrollados. Estos artistas buscan apoyos privados o públicos y espacios de reconocimiento y legitimación, su enfoque es exhibicionista y mercantil como lo fue la de Dalí y Warhol. Son artistas que se mueven internacionalmente en las ferias del arte actual. Algunos casos son: Eloy Tarcisio, Fernando Leal Audirac, Francis Alÿs, Gabriel Orozco, Guillermo Santamarina, Lorena Wolffer, Melanie Smith y Yoshua Okón.
La replicante. Se enfoca en las posturas críticas, la denuncia y politización del arte que se observa como un compromiso social pero lúdico-irónico. Se enfoca al feminismo, el ambientalismo, la pluralidad cultural, la diversidad sexual, la lucha contra el SIDA, los derechos de los marginados y las culturas regionales. Sus artistas más representativos son: Carlos Aguirre, César Martínez, Helen Escobedo, Hermandad Musgo (colectivo), Laura Anderson, Lorena Orozco, Lorena Wolffer, Maris Bustamente, Minerva Cuevas, Mónica Mayer, Neza Arte Nel (colectivo), Sublevarte (colectivo), Teresa Margolles (antes SEMEFO), Yishai Jusidman y Yolanda Gutiérrez.
La hedonista-programática. Es la vertiente más auténtica, imaginativa y descomprometida que hereda el espíritu Dada (Duchamp, Klein, Manzoni) dando pasos conceptuales que son difíciles de interpretar. Opera con mucha libertad deconstruyendo sus propias obras, su audacia e irreverencia reintroduce la magia, el ritual, lo inarmónico y lo asimétrico, recupera el desorden, la actitud salvaje o primitiva frente a un proceso económico y político del modelo capitalista. Sus representantes son: Antonio Ortiz Gritón C.U.L.I.T.A. (Colectivo Universitario Libre de Investigación y Teoría del Arte), Damián Ortega, Enrique Jezik, Diego Gutiérrez, Gabriel Kuri, Manifiesto conceptual (colectivo), Marco Arce, Melquíades Herrera,
Miguel Ventura, Producciones Atari, A Go-go (colectivo), Rubén Gutiérrez, Rubén Ortiz y Santo Cacomixtle (colectivo).
La reflexivo-filosófica. Se interesan por la investigación sobre las nuevas técnicas expresivas y los temas filosóficos: la existencia humana, el arte como problema filosófico y los mundos paralelos que éste crea. Germán Venegas destaca en su obra por un camino tan diferente como el orientalismo, en una búsqueda de espiritualidad y de expresiones diferentes, más internacionales. (Arteaga, 1999, p.268). Otros de sus representantes son: Alfredo de Stefano (foto, video), Betsabeé Romero, Boris Viskin, Enrique Jezik, Gerardo Suter (foto, instalación), Jorge Yaspik, Kioto Ota, Marcos Kurtycs, Rafael Lozano-Hemmer, Silvia Gruner, Simulacro 7 (colectivo), Thomas Glassford, etc.
En los noventa, algunos de los artistas extranjeros que se establecieron en México, han llegado a ser representantes globales después de desarrollar un largo proceso creativo en México, como Melanie Smith, Francis Alÿs y Santiago Sierra. Esta década les sirvió a estos artistas para posicionarse en el campo artístico local y tender líneas de acción al campo artístico internacional.
Acha, J. (2002) nos expuso su visión sobre el arte contemporáneo:
Hoy en día, predominan las tendencias nuevas y cada una responde a nuestro tiempo de manera distinta. La pluralidad es un fenómeno distinto a la formación estética o artística, definida ésta como coexistencia de múltiples modos viejos y nuevos de producir, distribuir y consumir arte o manifestaciones estéticas.
Otra corriente que se originó fue el Arte Neoconceptual, que en cierto modo heredan algo de “La Generación de Los Grupos” de los años setenta, pero su gran diferencia es que los neoconceptuales no cuestionan a las instituciones artísticas ni su funcionamiento. Este tipo de arte rompe las fronteras entre lo artístico y lo no artístico, sus características son antimodernas, disarmónicas, informales, tecnológicas, efímeras, materistas (rechazan el uso de los materiales tradicionales y emplean sangre, cabellos, semen, hielo, cera, plásticos comerciales, etc.) critican la belleza eurocentrista, unen arte y política con ironía y burla, tienen una marcada influencia por la ciencia, la física cuántica, la espiritualidad interior, un arte espiritual cósmico y universal, de fuerza interior y de interrogación reflexiva y predomina la exaltación de la libertad de expresión.
En este tipo de arte son personajes clave los promotores y artistas Guillermo Santamarina, Adolfo Patiño, Eloy Tarcisio, Aldo Flores y María Guerra, curadores como Rubén Bautista, Carlos Ashida y Patrick Charpenel y críticos e historiadores como Olivier Debroise, Rubén Gallo y Osvaldo Sánchez.
A finales de los noventa se da la consolidación del Neoconceptual, dando prioridad a la acción, a la documentación en video o fotografía, a los medios mínimos de expresión. Algunos de sus representantes en México fueron Carlos Amorales, Minerva Cuevas, Yoshua Okón y Eduardo Abaroa.
Samuel Arriarán (1997) describió el tipo de visión que tenían los artistas en esta etapa: El de los noventa, en México, fue un pensamiento posmoderno periférico y quizás siga siéndolo hoy en día. Este pensamiento se impuso poco a poco en el campo intelectual mexicano ya sea por moda como señaló Olivier Debroise, o por un desesperado afán de colocarse en sintonía con los debates culturales europeos y norteamericanos para intentar comprender, en un mundo más globalizado, más interconectado, cuáles intersticios nos quedan para que no seamos borrados de la historia y tal vez sopesar la suerte de todos aquellos intentos que hicimos para acceder a la modernidad en unas condiciones socio-políticas, económicas y culturales de orden nacional e internacional que jamás lo habrían de permitir.
A lo largo de esta década, México se afianzó como uno de los países con mayor presencia en la escena internacional en las artes plásticas. Los artistas como Gabriel Orozco o Francis Alÿs, exposiciones como “Made in México” en The Institute of Contemporary Art de Boston o “Alibis” en el Witte de With en Rotterdam, Holanda; México ocupó un lugar preferente en la agenda de los conocedores del arte contemporáneo.
Menciona Egea (2011):
Existen muchos ecosistemas artísticos en la actualidad, como el que ha surgido en México en las últimas dos décadas, que se encuentra desplazándose de una posición marginal y desacreditada, a una activa que involucra su inserción en un mercado global. Patrick Charpenel (2014), Director del Museo Jumex, explicó:
Anteriormente los artistas latinoamericanos, lo que incluye a los mexicanos, estaban clasificados bajo la denominación de artistas latinoamericanos, pero desde hace unos
doce años aproximadamente, han cruzado la frontera hacia la categoría de artistas contemporáneos, esto es un gran avance, sobre todo para el creador; por ejemplo, los mexicanos que se encuentran en esta categoría y en grandes colecciones como el MOMA, el MOCA (Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles), el TATE en Londres, son artistas como Gabriel Orozco, Abraham Cruz Villegas, Gabriel de la Mora, Damián Ortega, Mario García Torres, Pedro Reyes y Mariana Castillo Deball, entre otros.