Competencia:
Sexualidadde la
Si bien es lícito hablar de una sexualidad infantil, hemos de reconocer que en el niño recién nacido no existe una sexualidad diferenciada y polimórfica.
El niño que llega al mundo no sabe siquiera que existe. Es un ser viviente, que siente pero no sabe que es él quien siente. Ignora que es un ser diferenciado de lo demás y de otras especies, ignora que tiene límites, que vive en un mundo en que hay cosas y personas, sin las cuales no podría sobrevivir.
Tema 01: Génesis de la Sexualidad
En ese niño todas sus reacciones son masivas, es decir que frente a los estímulos groseros o antivitales reacciona con toda su individualidad. Vive en un estado de quietud, expresando manifestaciones de malestar cuando los estímulos alteran su paz o ponen en riesgo su existencia, una vez satisfechas sus necesidades o desaparecido el estimulo perturbador, vuelve a su estado de quietud, que más que de sueño es de amodorramiento.
Su sensibilidad obtusa, grosera responde a ciertos estímulos interiores o exteriores con manifestaciones de desagrado, pero en algunos niños y por ciertas maniobras, pueden provocarse estados emocionales de satisfacción, de placer. En medida que su sensibilidad va siendo más discriminada, reaccionan ante estímulos más débiles y selectivos, siendo sus respuestas también más matizadas. Cualquier cosa o estimulo que altere su estado de equilibrio interior produce un malestar, síntoma evidente de una tensión emocional exagerada.
El niño debe distenderse para así lograr el equilibrio emocional. Pero muy pronto las emociones placentarias pueden condicionarse, porque si bien un niño no es capaz de un acto inteligente hasta los seis meses, si es capaz de emocionarse desde que nace.
La transcendencia de la vida afectiva, de la vida de las emociones, para el hombre y su desarrollo es ya conocida de todos.
Para comprender lo que ocurre en un niño, en cualquier esfera de su comportamiento, no hay más remedio que tener siempre presente que es una unidad, una individualidad (de indiviso) siempre original, que podemos estudiar en el infinito aspecto pero que solo lo comprenderemos a la luz del todo. Podemos imaginar al niño como si fuera una gavilla de estructuras, y que cada una de las estructuras que lo constituye fueran distintos aspectos que pueden interesarnos. Pero para comprender cualquier aspecto como ya lo mencioné, cualquier forma de comportamiento, no debemos seleccionar la espiga correspondiente y estudiarla separada del todo.
Solo comprenderemos lo que ocurre, en su relación con todo lo demás, con toda la persona. Todavía nuestra imagen no sería completa si no imaginaríamos que esta gavilla tenga un eje. Un eje fuerte recio que la conduce, que la dirige. Es decir que la maduración, el desarrollo está dirigido por este eje, del cual depende del ritmo de crecimiento, su identificación o aceleración, su posible desviación, quizá su detención e incluso el regreso a estadios ya superados. Este eje es la vida afectiva, la vida de las emociones, la base para los futuros sentimientos. Eje que se nutre esencialmente de amor.
Veamos que el desarrollo depende mucho de la vida emocional, del amor, de la calidad y cantidad de amor que reciba el niño. Y ya se han expuesto la otra parte las relaciones entre amor y el sexo. Ahora si ya no damos cuenta que el niño, en cada momento, es fruto de un dialogo entre él y el ambiente. Ambiente quiere decir etimológicamente alrededores, pero si bien todo influye, lo
que verdaderamente forma son las personas y tanto más cuanto mayor sea la vinculación con el niño.
El niño viene al mundo con unas capacidades, con unas posibilidades, con unas posibilidades que mediante su dialogo con el ambiente ha de desarrollar. Pero las personas influimos por nuestras actitudes, mucho más por lo que somos que por lo que decimos. Aquí la transcendencia del ejemplo. Nuestras actitudes expresan nuestra intimidad, que es captada por el niño.
Es decir que nuestra manera de ser transciende a nuestras palabras y a los actos más conscientemente preparados, sabemos la necesidad de que el niño viva en un clima se seguridad. Es decir en un ambiente que comande sus necesidades fundamentales, le proporcione un sentimiento de seguridad, sin los cuales el niño no puede progresar, ni puede hacer proyectos. La inseguridad altera el equilibrio emocional que tiene a restablecerse directamente, o bien por otros mecanismos, que pueden ser satisfactorios o insanos, alterado en este caso el equilibrio psíquico y desviando o fijando el desarrollo de alguna de sus etapas. Muchas veces el niño se refugia o se fija en mecanismos que le proporcionan una satisfacción ante una situación angustiosa. Con gran facilidad se condicionan manipulaciones, que se convierten en malos hábitos, en cuya raíz hay solo un ansia de placer compensadora de una insatisfacción real o vivida como tal.
“con todos los ojos mira la criatura lo abierto…” estas palabras de RILKE sobre el niño son una gran verdad psicológica. El niño desde su nacimiento empieza por mirar con los ojos muy abiertos y lo mira todo pues todo es nuevo para él. A esta mirada pronto viene la sonrisa, que primero es una respuesta a la satisfacción de una necesidad y más tarde indicara el primer momento en que el niño e capaz de distinguir el “yo” del “tu”. Para SPITZ la sonrisa del niño es la “misma alegría de existir y de conocer”. La primera persona a quien el niño dirige su elemental afectividad es la madre. Ella es su primer “tu”. A ella tiende y en ella busca su mundo y su seguridad.
Por otra parte, la especie humana posee un dimorfismo sexual es decir, que existen dos sexos separados, hombre y mujer las diferencias son obvias y muy explicitas desde el nacimiento y otros se desarrollan durante el crecimiento estas diferencias pueden estar relacionadas con fenómenos de atracción sexual y con el distinto papel reproductivo asignado a cada uno, aunque la actividad sexual no solo persigue la reproducción sino también la obtención del placer, la culminación del deseo es un proceso de atracción o bien de amor, aunque también se asocia con frustraciones o inhibiciones del sujeto ya que puede empujar a la violencia o convertirse en un mero negocio. Esta combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales que va inevitablemente unida a nuestra vida y es responsable de gran parte de nuestra conducta, es lo que llamamos “sexualidad”