La prensa en Cuba, como en cualquier otro lugar del mundo, responde a los intereses de la clase social imperante. En este caso, obedece al poder partidista y, como su órgano oficial, integra el sistema
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político de la sociedad. En cuanto a la teoría de Manuel Martín Serrano sobre la relación de dependencia o interdependencia entre el sistema social y el sistema comunicativo, el estudioso cubano Dr. Julio García Luis observa que “[…] los medios cubanos no constituyen un sistema en sí mismos, puesto que no poseen capacidad para la interdependencia o el vínculo autorreferencial” (2004, p.89). Los medios de prensa cubanos devienen instrumento de la ideología hegemónica y no constituyen un sistema acabado. La falta de recursos o la necesidad de atender cuestiones más apremiantes los obligan a abandonar las funciones netamente periodísticas. En lo referente a su capacidad de acción sobre la sociedad, “[…] la asimetría en las relaciones de la prensa con el conjunto del sistema social se traduce en una determinación mayor de este sobre los medios, que la que los medios pueden ejercer sobre el primero.” (García, 2004, p.91)
Con la llegada del Período Especial, se contó con la prensa para apoyar el sistema político, mediante la intención comunicativa de sus trabajos periodísticos y su influencia sobre los receptores. Así, el 23 de diciembre de 1993, la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) celebraba su VI Congreso. Una frase de José Martí se convirtió en el lema de la cita: “La prensa no es aprobación bondadosa o ira insultante; es proposición, estudio, examen y consejo”. (Marrero, 2006, p.81)
En aquellas circunstancias, los profesionales del periodismo franqueaban dificultades como la reducción de plantillas, la falta de transporte para las coberturas, la escasez de materiales, entre otros cambios que transformaron las rutinas productivas y el producto comunicativo. Según Juan Marrero, periodista miembro de la UPEC Nacional en los ´90, “[…] el periodismo cubano se convirtió en el periodismo de la resistencia.” (2006, p.81)
Los periodistas se proponían en aquel entonces ofrecer las informaciones nacionales antes que los medios extranjeros, redefinir el concepto de noticia y adecuarlo a la nueva realidad. Tuvieron que enfrentarse y, de alguna forma, también se acomodaron a que los dirigentes de las empresas pasaran de fuentes de información a órganos, pues decidían sobre cómo ofrecerla. También se interesaron por la calidad del periodismo de entonces: “El periodismo del Período Especial no tiene que ser pobre, ni raro, ni peor. Tiene que ser periodismo, y buen periodismo, con el mérito de ser ejercido en circunstancias muchas veces heroicas […]” (Marrero, 2006, p.83).
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Los periódicos disminuyen su circulación de 1 millón 600 mil ejemplares diarios antes de 1989 a 430 mil como promedio diario en la actualidad (1993), mientras su contenido se reduce de 456 a 82 páginas como promedios semanales. De 584 publicaciones periódicas no diarias que circulaban en el país, con más de 82 millones y 700 mil ejemplares al año, hoy solo se editan Bohemia, reducida su tirada a una tercera parte, y unas pocas revistas producidas generalmente de forma cooperada en el exterior.5
(Marrero, 2006, p.85)
La televisión redujo su programación a poco menos de la mitad. La radio sufrió menos afectaciones, pues solo perdió 95 horas diarias de transmisión. Pero, a estos reajustes se sumaban también los apagones como otra reducción para los receptores.
2.2.1. El periódico 5 de Septiembre
La prensa local no estuvo exenta de las restricciones originadas por la crisis. Cienfuegos, como cualquier otra provincia del país, tomó medidas y reestructuró su dinámica de trabajo, a la cual debió adecuarse la prensa escrita. Desde su surgimiento, el 5 de Septiembre precisó una línea editorial y trazó su función dentro de la sociedad, a pesar de las exigencias de cada época.
La idea de un periódico para cada provincia nació vinculada a la División Político-Administrativa de 1976. El domingo 14 de marzo de 1976 marcó un hito en el proceso de creación de la prensa cienfueguera. Apareció la impresión número 0 de un tabloide llamado Perla del Sur. Pero este primer intento no rindió los resultados esperados, pues la publicación no convenció del todo a sus gestores en cuanto a calidad y madurez.
Hacía más de treinta años que al país no entraban equipos de impresión para los periódicos, cuando el sábado primero de noviembre de 1980 se inauguró oficialmente el periódico 5 de Septiembre, nombrado en honor a los mártires del levantamiento de 1957. Las viejas máquinas heredadas del capitalismo contribuirían a poner en funcionamiento un nuevo órgano de difusión masiva.
Los primeros números salían cada tercer día y después cada dos. Con el inicio del cobro, vino también la distribución de ejemplares en lugares públicos. Permaneció como diario hasta el 5 de marzo de 1991, cuando por la reducción del papel, las tiradas se establecieron en cuatro días: martes, miércoles, viernes y domingo.
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Información ofrecida por José Ramón Balaguer, entonces Jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido, a los delegados del VI Congreso de la UPEC.
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En enero de 1992 comenzó la edición semanal. El 30 de abril de 1993 pasa a publicarse los viernes y el 7 de mayo de ese año comienza el cobro del ejemplar por 20 centavos. Por otra parte, 1994 fue el año del tabloide, por ello hubo de cambiarse el diseño y hacerse ajustes en el formato y en las características de los trabajos.
Desde el número 0, los periodistas consideraron su deber informar sobre decisiones y directivas del Estado, reflejar la gestión estatal en todas las ramas de la producción y los servicios con el fin de contribuir a la educación económica de los trabajadores. En este punto los periodistas citaban a Lenin en cuanto a “[…] revelar los defectos de la vida económica de cada comuna laboral, censurar implacablemente esos defectos, poner al desnudo todas las lacras de nuestra vida económica y de esta forma apelar a la opinión pública de los trabajadores para acabar con esas lacras”. (Lenin citado en Periódico 5 de Septiembre, 1980, p.1)
El Período Especial6 implicó reorientar todos los principios de antaño, sin abandonar su esencia. Los géneros de opinión predominaron sobre los informativos. Muchos periodistas debieron pasar a la radio, pues con la edición de salida semanal vino la reducción de plantillas. Existía muy poca capacidad de transporte en el parque automotor del periódico por la escasez de combustible. La linotipia, antigua técnica de impresión, fue la única disponible en tales circunstancias.
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En 1993, el 5 de Septiembre ostentaba la condición de Vanguardia Nacional y su Consejo de Dirección lo lideraba Francisco Valdés Petitón, quien actualmente no mantiene vínculo con los medios de prensa. Como subdirector fungía Andrés García Suárez; Zenaida Aldama Rodríguez era la Jefa de Información y Onelia Chaveco Chaveco, la de Redacción.