En el último cuarto del siglo pasado, se inicia en el planeta una nueva era marcada por el surgimiento de las nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC’s). Diversos estudios e investigaciones dan cuenta de la aparición de estas nuevas tecnologías y los trascendentes cambios que las mismas
universitario. En particular, un reciente trabajo sobre las TIC’s en las universidades argentinas, comienza definiendo el ideal de una e-universidad, como aquella que cumple o se alinea con los nuevos paradigmas establecidos por la SIC. En sus propias palabras, los autores la definen como: “la e-universidad la entendemos como la aplicación intensiva, extensiva y estratégica de las nuevas tecnologías de la información, las telecomunicaciones e Internet (TIC), a todas las actividades de una universidad”.
Estas tecnologías son la base de un nuevo tipo de relaciones hasta ahora desarrolladas incipientemente y conocidas como: las relaciones de red. El proceso de digitalización electrónica es el que permite concretar la formación de redes, su integración e interconexión (Brünner 2003:54). Estas redes de telecomunicaciones, y en especial Internet, están definiendo un nuevo entorno virtual (o electrónico), el cual introduce fuertes cambios al entorno real (general y específico) de las organizaciones, y con características diferenciadoras propias. En este sentido las organizaciones deben desarrollar e implementar nuevas prácticas organizativas, para adaptarse a este entorno virtual, integrando sus actividades tradicionales, o bien incorporando otras nuevas. Ello ha propiciado que ciertos autores hablaran de nuevos términos como el mundo digital (Negroponte 1995), o la sociedad digital (Terceiro 1996), para hacer referencia al impacto de esas tecnologías tanto en los ámbitos social, económico, cultural, político y organizativo.
Podemos imaginar, entonces, que en la SIC los contenidos serán progresivamente multimediales e hipertextuales. La convergencia de la informática, la Internet y las telecomunicaciones, realimentarán el cambio de modo impredecible, como ya se vaticinaba hace más de dos décadas (Toffler 1984:340). Por otra parte, y más recientemente, se sostiene que: “Internet no es solamente ni principalmente una tecnología, sino que es una producción cultural: una tecnología que expresa una cierta y determinada cultura” (Castells 2002:2). Además este autor reconoce a Internet como un constituyente del nuevo paradigma tecnológico de la sociedad del conocimiento, cuando nos dice: “Internet no es una energía más; es realmente el equivalente a lo que fue primeramente la máquina de vapor y luego el motor eléctrico en el conjunto de la revolución industrial” (Castells 2002:4).
Entonces, vemos que las tecnologías de red (Internet, en nuestro caso), tienden a extenderse de forma tal que hacen posibles innumerables convergencias, no sólo
múltiples y distintas actividades que hasta hoy se hallaban separadas por la división y organización del trabajo, como una herencia de la sociedad industrial (Brünner 2003:55). Las TIC’s, en especial la Internet y su creciente número de aplicaciones, están cambiando los procesos de aprendizaje. Desde la invención de la imprenta, ninguna innovación había ejercido un impacto tan grande sobre la educación, y particularmente en la educación superior.
Entonces, la educación sistemática o formal necesita introducir en todos los niveles de enseñanza esta poderosa herramienta cultural. El hecho de navegar en la red, ya es considerado por muchos pedagogos como una experiencia educativa en sí misma dado que, mientras los navegadores de Internet funcionan como simples soportes de búsqueda de información, los aspectos educativos por los que van pasando son los contenidos (Graván 2000). Las páginas web ofrecen un recurso educativo de valor indudable ya que, además de poseer las peculiaridades de un sistema hipermedial, pueden tener múltiples aplicaciones en distintos campos tales como la educación a distancia o la elaboración de materiales didácticos de carácter interactivos, a partir de los elementos que se encuentran disponibles. Además, la estructura de tipo telaraña que conforma la Internet, permite que los diversos documentos hipertextuales puedan ser explorados en forma ilimitada y multidireccional. Sin embargo, esta multidireccionalidad exige a los lectores seleccionar de modo crítico que es lo que quieren leer. Perderse en el “hiperespacio” puede ser un problema para los que se inician en la red de redes. En otras palabras, las exigencias metacognitivas asociadas con las características del hipertexto hacen que muchos de los usuarios de la Internet encuentren difícil trabajar con la misma (Borrás 1997).
Por ello, y debido a la gran cantidad de sitios web, lo que hay que tener muy en claro es saber por dónde hay que empezar a investigar, qué se debe buscar y qué se debe ignorar, y esto puede resultar, a veces, una tarea desalentadora. Es aquí, entonces, donde el docente debe marcar las diferencias en función de qué es lo que se quiere de la red en cada momento, sea tanto como materia de estudio, como algo lúdico, como un lugar de esparcimiento, como un sitio para aprender, para investigar, etc. Los profesores deben ser conscientes de que la navegación educativa debe cumplir con ciertos estándares, si se quiere que la misma sea productiva para los alumnos.
actividad docente, la segunda mitad del siglo veinte desarrolló e introdujo en aquella nuevos medios tecnológicos (el video, el audio, la computación y la teleinformática), que ampliaron notablemente los recursos didácticos, afectando fuertemente los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Al respecto, un autor sostiene que: “las nuevas tecnologías, en términos más específicos, son un exponente claro del largo proceso cultural, científico y tecnológico que han ido alcanzando hasta la fecha las sociedades más avanzadas” (Escudero Muñoz 1995:23). Pero, por otra parte, la introducción de tecnologías ha suscitado temores y controversias. En relación a ello se señala que: “obtener datos de la Web tiene sus atractivos, dificultades y riesgos. La cantidad de información disponible hace que los alumnos necesiten asumir criterios de validación para identificar la fuente y criterios de selección para elegir la información más pertinente. Sin embargo, estos criterios de selección no forman parte de las enseñanzas de los profesores, aun cuando la accesibilidad de la información y su notable expansión lo hacen necesario” (Litwin 2004:11).