El déficit conjunto de ácido fólico y vitamina B12provoca una depresión
de la inmunidad mediada por los linfocitos T, así como de la respuesta de la hipersensibilidad retardada cutánea ante diversos antígenos, así como una menor actividad fagocítica de los neutrófilos.
6.4.3. Vitamina C
Su deficiencia repercutirá en una función inmune deteriorada, funda- mentalmente sobre el sistema inmune inespecífico.
Tras la suplementación con vitamina C se incrementan los niveles en plas- ma de ascorbato, así como la capacidad antioxidante total y aumentan las reservas tisulares de vitamina C. A nivel de los sistemas inmunitario y endo- crino, la literatura describe que la suplementación con vitamina C a dosis >1.000 mg/día aumenta el número de linfocitos y ejerce un efecto protector frente al daño oxidativo celular (11).
6.4.4. Vitamina A
Se ha observado que su deficiencia ocasiona disminución del tamaño del timo y del bazo, una menor actividad de las células NK, mayor producción de IFN-␥, descenso de la hipersensibilidad retardada cutánea y una baja res- puesta a la estimulación por mitógenos por parte de los linfocitos.
6.4.5. Vitamina E
Está claramente demostrado que su déficit se asocia a una respuesta inmune alterada, afectando la inmunidad inespecífica, en especial la fun- ción quimiotáctica y fagocítica de neutrófilos y macrófagos, así como a la adquirida, tanto humoral como celular (12).
6.5. Minerales
6.5.1. Zinc
Los efectos más evidentes sobre el sistema inmune de la deficiencia de este mineral son: 1) atrofia linfoide, con una clara disminución en la res- puesta de hipersensibilidad retardada cutánea; 2) fallo en de maduración de células T y en consecuencia, disminución de la función inmune celular; 3) actividad deteriorada de las células NK; 4) menor número de células forma- doras de anticuerpos IgG e IgM; 5) disminución de la respuesta inmunitaria secundaria, ligada a la presencia de células memoria, incluso con una inmu- nización primaria previa a la situación deficitaria; 6) fagocitosis deprimida,
especialmente en cuanto a su capacidad de digerir bacterias, así como la de producir oxígeno con una clara función bactericida (13).
6.5.2. Hierro
El papel de este mineral sobre el sistema inmune se puede contemplar bajo una triple perspectiva: deficiencia de hierro, exceso de hierro libre por niveles disminuidos de la proteína transportadora (transferrina) y exceso de hierro absoluto (14).
6.5.2.1. Deficiencia de hierro
Origina una depresión de la inmunidad celular y humoral, lo cual se expli- ca dada la necesidad de hierro para la síntesis de los citocromos linfocita- rios, así como para la enzima ribonucleótido-reductasa, esencial para la pro- liferación celular y que participa en la síntesis del ácido desoxirribonucleico (ADN). La disminución en el número de linfocitos T también se manifiesta en la menor producción de citoquinas, como IL-1 o factor de inhibición de migración (MIF). Se observa también una reducción de la función fagocíti- ca de neutrófilos y macrófagos, debido a la necesidad de la participación de este mineral en enzimas hierro-dependientes, como la mieloperoxidasa y el citocromo de la nicotinamida adenina dinucleótido fosfato (NADPH)-oxi- dasa, implicadas en la destrucción bacteriana. Este fallo afecta a la produc- ción de radicales libres como superóxido, peróxido de hidrógeno y radica- les hidroxilo.
6.5.2.2. Exceso de hierro libre por niveles disminuidos de transferrina
Una situación de malnutrición, kwashiorkor o marasmo, presenta nive- les disminuidos de proteínas plasmáticas y, entre ellas, de transferrina. Si la cantidad de hierro que existe no es capaz de ser fijada por los bajos niveles de su proteína transportadora, queda a disposición de las bacterias facili- tando la infección, dada la mayor proliferación de las mismas al poder dis- poner de un factor de crecimiento clave como es el hierro.
6.5.2.3. Exceso absoluto de hierro
El exceso de hierro afecta negativamente al sistema inmune, y así se ha descrito que una sobrecarga de este mineral reduce la capacidad prolifera- tiva de células T colaboradoras y células T citotóxicas, aumentando por el contrario la actividad de células T supresoras. Asimismo, disminuye las acti- vidades quimiotácticas y fagocíticas de los leucocitos. Los niveles libres de hie- rro séricos pueden aumentar, lo que favorece, como se ha dicho, la prolife- ración bacteriana.
6.5.3. Cobre
El cobre es un micronutriente esencial para el desarrollo, crecimiento y mantenimiento del sistema inmune, siendo necesario para la diferenciación, maduración y activación de los distintos tipos de células inmunocompeten- tes, así como para la secreción de citoquinas, con propiedades autocrinas, paracrinas y endocrinas, ejerciendo así una correcta defensa del huésped. Además, es un importante componente de la hemoglobina y mioglobina. Actúa como antioxidante, ya que es un cofactor esencial de una gran varie- dad de enzimas, incluyendo la citocromo-C-oxidasa y la Cu-Zn-superóxido- dismutasa (enzimas implicadas en la función bactericida de los granuloci- tos) y una proteína de inflamación, como la ceruloplasmina (14).
6.5.4. Magnesio
Tiene una gran relación con el sistema inmune. En ratones con deficiencia de este mineral se ha observado una activación de la respuesta inflamatoria, una elevación de las células inmunocompetentes (especialmente eosinófi- los), una secreción de citoquinas proinflamatorias (IL-1, IL-6 y TNF-␣) y una activación de macrófagos, neutrófilos y células endoteliales, todos ellos fac- tores que contribuyen a la aterosclerosis. Los estudios in vitro han demostrado que la lisis mediada por células T sobre células diana, es directamente pro- porcional a la concentración de este elemento, influyendo además ésta sobre la adhesión molecular (15).
6.5.5. Selenio
En numerosos estudios se ha sugerido que la deficiencia de selenio, se relaciona con una alteración en varios niveles de la respuesta inmunológi- ca: resistencia a la infección, síntesis de anticuerpos, citotoxicidad, secre- ción de citoquinas y proliferación de linfocitos. De hecho, implica altera- ciones tanto en la inmunidad celular como en la función de las células B. Este fallo en el sistema inmune probablemente no está desligado del hecho de que este mineral se encuentre normalmente en cantidades significativas en tejidos inmunocompetentes tales como el hígado, el bazo y los nódulos linfáticos. Por otro lado, la suplementación con selenio, aún en los indivi- duos con los requerimientos completos, tiene marcados efectos inmunoes- timuladores, incluyendo un aumento de la proliferación y de la actividad de las células T (linfocitos citotóxicos) y de la actividad de las células NK. Así se ha visto en personas de edad avanzada que un suplemento de selenio puede aumentar la capacidad de la respuesta inmune a estímulos, así como la pro- liferación y diferenciación de células efectoras citotóxicas (16).
Además de los macro y micronutrientes, existen unas moléculas que incor- poradas en la dieta pueden tener una función interesante sobre el sistema inmune. A continuación se trata de forma muy breve este apartado.