Chapter I. Literature review
I.2. T ITANIUM DIOXIDE
I.2.2.3. Applications and limits
La empresa Repsol en el bloque 16 opera en territorio ancestral Waorani y que también es zona de paso de los Pueblos en aislamiento voluntario Tagaeri y Taromenane.
En las comunidades que se encuentran dentro del bloque 16, Dicaron y Guiyero se puede observar un gran impacto cultural en el Pueblo Waorani. Así tenemos que las chozas donde viven los Waorani son construidas al estilo Kichwa y se disponen en la comunidad de manera totalmente inusual en la cultura Waorani. Grandes asentamientos centralizados en torno a la escuela.
Los Waorani al ser un grupo de cazadores-recolectores no construían chozas permanentes, a no ser un refugio transitorio en la selva, es por esto que las chozas estilo Kichwa que cuentan ya con electricidad, radio y televisión -operados con generadores que producen un fuerte ruido- reflejan el impacto cultural que la presencia de la petrolera ha traído a este Pueblo. Actualmente muchos jóvenes Waorani pasan horas enteras mirando películas de violencia compradas en las ciudades y enclaves petroleros de la Amazonía.
En el bloque de Repsol cada fin de semana pasa el trasporte de la petrolera por Dicaron y Guiyero recogiendo a las personas que deseen ir al puerto de Pompeya, un relacionador comunitario de la compañía hace las veces de “niñera” de “sus Wao”, se encarga de contar quienes suben al bus y al final del día, los Waorani, muchas de las veces en estado etílico, son buscados uno por uno, y embarcados en la canoa para su regreso.
En la actualidad los Waorani de Dicaron son un pueblo totalmente dependiente de la petrolera Repsol. La compañía ha encontrado la forma de anularlos, ha creado para ellos altos cargos como “gerente de
supervisión de limpieza de las vías”. Los Waorani visten overoles dados por la empresa, comen la
comida que ésta les da y cobran altos sueldos comparados con el resto de comunidades indígenas. Lo anterior hasta podría parecer una propaganda de buen trato laboral de la petrolera hacia los indígenas,
a no ser porque se han creado necesidades ajenas a la cultura Waorani aunque para los indígenas esto es percibido como un logro ante la petrolera.
Los pobladores de Dicaron viven en el consumismo y ahora necesitan electricidad, televisión, radio, alcohol, etc. Los cazadores y recolectores de antaño ahora sueñan con automóviles parqueados afuera de sus casas. Las comunidades también indican que necesitan dinero en efectivo porque tienen deudas por tratamientos de salud que en la mayoría de casos son afectaciones resultadas de la contaminación ambiental.
El hombre con mayor prestigio en Dicaro debía su posición a sus clases de manejo para formarse como nuevo chofer de la empresa. La influencia de la compañía se expresa incluso en el cambio de los juegos de cohesión social con elementos naturales, que caracterizaba a los Waorani, por juguetes comprados en la ciudad y regalados por la empresa.
Históricamente los Waorani eran vistos como grandes guerreros; a partir del contacto petrolero y demás contactos aculturadores, los Waorani son relegados al último puesto de la sociedad, tratados como incivilizados, ignorantes y vagos tanto por el resto de etnias indígenas como por el resto de la sociedad nacional.
En conclusión las comunidades Waorani asentadas en el bloque 16 viven un fortísimo impacto cultural traído desde fuera a través de la empresa. La petrolera les ha quitado hasta el “derecho del pataleo” creándoles la ilusión de una vida perfecta en buena armonía con sus vecinos: la compañía petrolera. La educación es una de las necesidades más importantes en las comunidades que se encuentran cerca de los campos y carreteras petroleras. Para los jóvenes Waorani, el acceso a la educación primaria y secundaria es importante como modelo de aprendizaje de la cultura occidental. Sin embargo, los modelos y programas educativos están muy alejados de su cultura y de formas ancestrales de transmisión de conocimientos.
En el bloque 16 las propuestas de educación y salud para el Pueblo Waorani, le sirvieron a Maxus para adquirir una autoridad mayor en la zona aunque estos programas eran financiados con dinero del Estado ecuatoriano.
La empresa Repsol acordó con el Ministerio de Educación que ellos se encargarían de cubrir el salario de un profesor (para mantener una escuela unidocente), así como los útiles escolares, la infraestructura para que las escuelas funcionen, el desayuno escolar, etc. Sin embargo, la empresa no cumplió sus ofrecimientos. Repsol remite los reclamos de los salarios atrasados (3 meses o más) al Ministerio de Educación, pero ellos a su vez afirman que Repsol no ha asignado los fondos que debía. De esta manera nadie asume la responsabilidad por la educación de las comunidades Waorani en zonas petroleras.
La instalación de infraestructura, así como la construcción de carreteras y oleoductos han destruido importantes áreas de reproducción de especies fundamentales de la dieta Waorani como son los monos, venados, puercos salvajes, entre otros. Muchos de los saladeros que son espacios de alimentación y reproducción de algunas especies han sido destruidos por las carreteras, ahuyentando a los animales y causando pérdida de biodiversidad.
En el puerto de Pompeya, en el Río Napo, los Waorani gastan el dinero que les entrega como salario Repsol, en arroz, fideos, gaseosas, y la mayor parte en alcohol y prostitutas. El acceso a una alimentación equilibrada es casi imposible debido a que se va perdiendo el conocimiento cultural relacionado a la cacería y agricultura.
Según versiones de los Waorani, en el río Tiputini desde hace seis años ya no se encuentran peces, debido a que está contaminado por los desechos tóxicos de las operaciones petroleras aguas arriba. Es irónico recordar que la cuenca del Tiputini es considerada como la cuenca hidrográfica (de esa magnitud), con mayor número de especies de peces en el mundo. Algunos pobladores Waorani, de estas comunidades continúan utilizando el agua de este río para bañarse y cocinar.
Se han dado cambios profundos en la alimentación. Para acceder a la caza y la pesca ahora es necesario recorrer grandes distancias, entre 5 y 12 horas para la cacería, y unas 3 horas para la pesca. Adicionalmente se han introducido otros alimentos que se consiguen en la ciudad. Los cambios en los hábitos alimentarios, responden también a la práctica de la empresa de entregar raciones de comida a las personas. Esta práctica de la empresa ha conseguido transformar a este pueblo, que hasta hace algunos años fue libre y soberano, dueños de los bosques más ricos del Planeta, en mendigos. Muchas veces las comunidades han tenido que recurrir a los paros y tomas de carreteras para conseguir las migajas de la empresa.
Como conclusión podemos afirmar que los Waorani han perdido su autonomía y soberanía alimentaria. La empresa utilizan las demandas de la comunidad como una forma de mantener dividido al pueblo y de fomentar el clientelismo de líderes que son más cercanos a ella.
De acuerdo a testimonios de los Waorani, ellos sienten que la Repsol les impide cualquier tipo de contacto con otras entidades u organizaciones, incluso en una ocasión prohibieron la entrada de los sacerdotes de la Misión Capuchina.
2.4. DEUDA ECOLÓGICA GENERADA