UNDERWATER WELDING
APPLY SUFFICIENT PRESSURE IN THE DIRECTION OF THE ARROW TO ALLOW THE ELECTRODE TO CONSUME ITSELF.
El ingreso de grandes contingentes de mujeres al mercado de trabajo generó, ya a fines del siglo XIX, debates en torno a distintos problemas.116 Por ejemplo, la insalubridad del ambiente laboral fue sumamente preocupante ya que las trabajadoras pasaban largas jornadas fuera de sus hogares, trabajando en lugares oscuros, deprimentes, antihigiénicos e incómodos. Derivado de esto se planteó la desatención de las familias, en especial de los niños los cuales quedaban desprotegidos en los hogares. Otro tema de preocupación para algunos sectores fue la participación de las trabajadoras en las primeras jornadas de protesta laboral, como fue el caso de las huelgas de obreras cigarreras y alpargateras.117 Lo cierto es que el trabajo femenino adquirió “visibilidad” en las fábricas de cigarrillos, de fósforos, de calzado, de sombreros, de dulces y galletitas, de chocolates, de tejidos, de camisas, en las cuales eran contratadas. Mientras la presencia en las fábricas resultaba socialmente desestabilizadora otros trabajos desarrollados dentro del “hogar” -como el servicio doméstico, o los trabajos de costura- podían ser menos disruptivos porque las mujeres no abandonaban “su ámbito natural”. Marcela Nari ha indagado sobre esta cuestión afirmando que,
“La transformación de las relaciones de producción, las nuevas “formas” de trabajo, tendían a sacar tanto a trabajadores como trabajadoras del grupo
114
Lábaro. La voz juvenil, “Debe incorporarse a la vida sindical la Juventud Vanguardista”, Buenos Aires, Agosto de 1942, p. 1.
115
Federico Rademacher “Orientación” Lábaro. La voz juvenil, Buenos Aires, Febrero de 1943, p. 1.
116
Ver, Mirta Lobato, “Entre La protección y la exclusión: discurso maternal y protección de la mujer obrera, Argentina 1890-1934”, op. cit.
117
doméstico, y no sólo en un sentido geográfico sino fundamentalmente social. El trabajador o trabajadora era un individuo ‘libre’ y autónomo y no parte de un conjunto orgánico, relacional, interdependiente, como podría ser entendida la comunidad o la familia.”118
Las transformaciones que sobrevinieron con el proceso de modernización incluyeron la presencia cada vez más numerosa de la mujer en el mercado de trabajo y el desarrollo de una cultura del consumo femenino. Frente a esta cuestión el nacionalismo difundió la idea (ampliamente compartida por distintos sectores de la sociedad de entreguerras) que el capitalismo estaba destruyendo las condiciones biológicas para procrear exponiendo a las mujeres a esfuerzos corporales excesivos, propios de la fuerza de trabajo masculina. Los nacionalistas expresaron su preocupación por el descenso de la natalidad y la declinación de los enlaces matrimoniales que ellos relacionaron con la expansión de la presencia femenina en el mercado laboral. Esto significaba para los nacionalistas “un problema gravísimo, de hondos alcances sociales que hay que remediar con efectivas medidas del gobierno”.119 También denunciaron que los varones tuvieron que afrontar ser desplazados de sus puestos de trabajo por las mujeres que aceptaban salarios menores generando un “trastorno radical en el régimen cristiano de la sociedad argentina”.120 Por último, los nacionalistas reaccionaron ante el crecimiento de la agremiación “comunista” entre las trabajadoras a partir de la segunda mitad de la década del treinta.
La “cruzada” que los nacionalistas emprendieron durante los años treinta en defensa de la nación incluyó el objetivo de restituir a las mujeres al universo de sus hogares y a sus funciones reproductivas.121 Los nacionalistas creían que las mujeres “dignas” y “virtuosas” eran las que se encontraban en su hogar junto a su marido y a sus hijos, no obstante la participación femenina en sus agrupaciones es destacable. En efecto, los nacionalistas incluyeron mujeres en su movimiento y promovieron la creación de grupos exclusivamente femeninos. Aquí se plantea una verdadera tensión entre las representaciones y las prácticas del movimiento: de qué manera los nacionalistas incorporaron a las mujeres a un movimiento eminentemente masculino que les asignaba
118
Marcela Nari, “El feminismo frente a la cuestión de la mujer en las primeras décadas del siglo XX”, en Juan Suriano, La cuestión social en Argentina (1870-1943), op. cit., pp. 285 y 297.
119
Crisol, 2/07/1938, pp. 1 y 3.
120
Crisol, 6/11/1938, 1.
121
En este aspecto no eran originales, otros discursos sociales de la época inclusive algunos provenientes de la izquierda también adherían a los principios de la ideología de la domesticidad afirmando que las tareas domésticas definían la identidad femenina. Ver Mirta Lobato, Historia de las trabajadoras en la Argentina (1869-1960), Buenos Aires, Edhasa, 2007.
todo lo relativo al mundo doméstico mientras reservaba la política para los varones. Además, la cultura política del nacionalismo se basaba en acciones heroicas y violentas que no eran consideradas propias de la “esencia” femenina.
Para el nacionalismo las mujeres fueron un arma fundamental contra la expansión de la izquierda en las familias trabajadoras porque ellas podían transmitir los valores nacionalistas a sus esposos, padres, hermanos e hijos.122 La familia nacionalista no podía ser otra que la heterosexual donde los roles estaban perfectamente delimitados. Tal como ha argumentado Sandra Mc Gee Deutsch,
“Los nacionalistas creían que la base de una nación poderosa era la familia heterosexual, la cual estaba jerárquicamente constituida bajo la autoridad masculina, y preservaba distinciones rígidas entre los papeles del hombre y de la mujer.”123
Las mujeres de la Liga Patriótica Argentina, que pertenecían a la clase alta, se dedicaron a inculcar “a las trabajadoras nacidas en el extranjero la importancia de casarse y criar hijos patrióticos”.124 Estas mujeres, según explica McGee Deutsch, eran devotas que habían participado de agrupaciones católicas y posteriormente ingresaron a las filas de la extrema derecha como una extensión de sus actividades en la Iglesia.125 El trabajo social de los grupos femeninos de la Liga intentaba reducir las necesidades e insatisfacciones que producía el sistema capitalista en los estratos más pobres y en la clase trabajadora, como un acto caritativo, con el objetivo de disminuir la influencia de la izquierda en aquellos sectores.
Con iguales objetivos, la sección femenina de la Legión Cívica Argentina, fundada en 1931, se dedicó a crear una serie de grupos dedicados a distintas acciones paliativas: ollas populares, alojamientos nocturnos, talleres de costura, “visitas de pobres”, y comisiones del trabajo, de fiestas y de cadetes.126 (Ver apéndice, foto nº 5) También
122
Sandra McGee Deutsch, “Spreanding Right. Wing Patriotism, Femininity and Morality”, en V. Gonzalez y K. Kampwirth Editoras, Radical women in Latin America. Left and Right, USA, The Pennsylvania State University, 2001. La función de “transmisoras” también es destacada por Marcela Nari en “El feminismo frente a la cuestión de la mujer en las primeras décadas del siglo XX”, op. cit.
123
Sandra McGee Deutsch, “Los nacionalistas argentinos y la sexualidad, 1919-1940”, en Reflejos, N° 10, 2001-2002, p. 107.
124
Idem, p. 109.
125
Sandra McGee Deutsch, “Spreanding Right.”,op. cit.
126
La comisión de fiestas realizaba eventos como una “kermesse”, un “coktail party”, o jornadas infantiles auspiciadas por señoras de clase alta que portaban apellidos del patriciado porteño tales como Anchorena, Alzaga Unsué, Roca, Uriburu, Lynch, Blaquier, Pueyrredón, Lastra, Pereyra Iraola, etc. La cantidad de apellidos repetidos en las listas dan una idea de las redes familiares que funcionaban en este
idearon un sistema de caridad basado en bonos que las personas podían entregar a los mendigos para que éstos, a su vez, los canjearan en algunas casas de comercio. Dicho sistema tenía como objetivo evitar “el vicio y la vagancia”.127
“Como mujeres nuestra misión debía de ser de unión y de concordia, suavizando asperezas, combatiendo la insidia, las ideas disolventes, defendiendo el prestigio y la paz del hogar, velando por la salud moral de los hijos amenazada por ideas exóticas, aliviando los males sociales y contribuyendo a la concordia entre todos los que habitan nuestro suelo generoso.”128
En efecto, antes y después de 1930, la derecha argentina asignó a las mujeres un papel fundamental en las prácticas destinadas a intervenir en la cuestión social. No obstante, las actividades de caridad se combinaron con otras de formación doctrinaria.129 También desarrollaron acciones “educativas” como los Institutos de Enseñanza del Hogar (de la rama femenina de la LCA) que tenían por finalidad capacitar a la mujer para que “dentro del hogar” pueda ayudar al sostenimiento de su familia. En suma, las mujeres nacionalistas promovieron actividades caritativas, sociales, doctrinarias y educativas.
Las militantes de izquierda y las feministas argumentaron que una de las causas que llevaban a las mujeres trabajadoras a una “doble subordinación” (como mujeres y como obreras) era la “hábil propaganda desplegada por las mujeres de la aristocracia”.130 Por esto pretendían separarse de los actos caritativos que podían confundir a las obreras, y proclamaban que la lucha por la protección de las trabajadoras “era un acto de justicia, no una obligación religiosa-social.”131 Por su parte, las nacionalistas replicaron que no conformaban un grupo de “niñas bien” que se dedicaban a organizar encuentros para tomar el té y ser mencionadas en las páginas sociales de los periódicos, porque
tipo de agrupaciones y eventos. Bandera Argentina, “Próximo festival de la agrupación Femenina de la LCA”, 25/11/1932, p. 2.
127
Bandera Argentina, “Agrupación Femenina de la LCA”, 25/11/1932, p. 3.
128
Bandera Argentina, “Asamblea General de la Agrupación Femenina de la LCA”, 23/11/1932, p. 3.
129
En los treinta y cuarenta las mujeres de la Unión Nacionalista Santafesina de Rosario crearon una sección de “Ayuda Social” que realizaba donaciones a los hogares necesitados y asimismo se abocaron a la organización de actos patrióticos y a la creación de una biblioteca donde se realizaban lecturas “edificantes”.Crisol, Número extraordinario en festejo de su 7º aniversario, 1/02/1939, “La mujer en el nacionalismo”, p 32.
130
Mirta Lobato, “Entre La protección y la exclusión: discurso maternal y protección de la mujer obrera, Argentina 1890-1934”, op. cit., p. 254.
131
Marcela Nari, “El feminismo frente a la cuestión de la mujer en las primeras décadas del siglo XX,” op. cit.; p. 288.
pertenecer al nacionalismo significaba algo más “trascendental”, es decir, crear “una patria libre, sin ideas yanquis, sin judíos ni políticos”.132
Los nacionalistas afirmaron que había que “salvar de la hoguera”133 a las mujeres argentinas, sobre todo a las trabajadoras que se encontraban mayormente expuestas a las “influencias” de las ideologías de izquierda. Y mientras las feministas sostenían el derecho universal al trabajo, entendido como una forma de emancipación de las mujeres, los nacionalistas advertían que “los comunistas” al otorgarle iguales derechos y deberes laborales que los hombres convertían a la mujer en “un triste mamarracho de carnaval.”134 Las militantes de izquierda eran habitualmente caracterizadas por los nacionalistas como mujeres exaltadas y monstruosas, “de narices ganchudas, labios bestialmente sensuales y ojos de chancho”.135
El trabajo femenino planteaba a los nacionalistas, en primer lugar, un problema moral ya que la vida laboral podía llevar a una exageración del consumo “superfluo” y a resaltar el sensualismo inherente a la condición femenina cayendo en prácticas sexuales inmorales. También favorecía el desequilibrio familiar cuando la hija mujer trabajaba para mantener a los padres debilitando la autoridad del pater familias. Los nacionalistas denunciaban que las “mujeres modernas” destinaban el dinero que ganaban en sus trabajos para “gastos de tocador” que tiene por fin “no tanto el embellecimiento como la erotización [sic] de la mujer.” 136 Según ellos, detrás de toda esta decadencia moral se encontraba la acción de los comerciantes judíos, quienes supuestamente se enriquecían a costa del bienestar familiar tentando a las obreras.137
“No en balde hay un judío escondido en cada casa de modas, de perfumes, en cada salón de belleza... La hija de familia pobre compra su seducción con el hambre de sus padres y hermanos ¿Y para qué? Se sabe ya en lo que suele acabar con sus encantos...” 138
132
Sandra McGee Deutsch, Las derechas, op. cit., pp. 303-304.
133
Anónimo, en Bandera Argentina, 17 agosto 1932, p. 3.
134
Antonio Varela, Las hordas comunistas, Buenos Aires, 1932, p. 210.
135
Crisol, “El 1º de Mayo fue copado íntegramente por los comunistas”, 3/05/1936, p. 1.
136
Crisol, “La verdadera inversión de la sociedad cristiana. El trabajo de las mujeres y la desmoralización del hombre”, 6/11/1938, p. 1.
137
Sobre este tema consultar el ya citado texto de Sandra McGee Deutsch en el cual se sostiene que los nacionalistas equiparaban al judío y a la prostituta ya que ambos amenazaban el orden moral y social. Muchos, como el presbítero Meinvielle -destacada personalidad del mundo católico- declaraba su deseo de preservar a la sociedad de las “perversidades” de los judíos, quienes aprovechaban la oscuridad de la noche para cometer actos bestiales. Los nacionalistas creían que las mujeres y los judíos eran propensos a mantener “conductas hipersexuales”. Sandra McGee Deutsch, “Los nacionalistas argentinos y la sexualidad, 1919-1940”, op. cit., p. 114.
138
Crisol, “La verdadera inversión de la sociedad cristiana. El trabajo de las mujeres y la desmoralización del hombre”, 6/11/1938, p. 1.
Tal como dijimos anteriormente las mujeres trabajadoras también representaban una amenaza para el nacionalismo porque eran “material disponible” para ser captadas por los ideologías de izquierda. En este sentido se imponía una decisión estratégica, a saber, se podía insistir inútilmente en que la mujer regrese al hogar a cumplir el rol predestinado por la naturaleza o podrían buscarse las formas de incorporarlas a las filas del movimiento. Los nacionalistas, paradójicamente, siguieron las dos alternativas paralelamente.
Los programas de las agrupaciones de obreros nacionalistas exigían una legislación protectora de las trabajadoras pero al mismo tiempo expresaban el deseo de un futuro en el cual las necesidades económicas de las clases populares no llevasen a que la mujer “abandone” el hogar en busca de trabajo. Guido Glave, fundador de la Unión Patriótica Argentina, decía que cuando la mujer sale fuera de su casa genera por lo menos tres hechos indeseables: desatención de sus hijos, disminución de la natalidad, y, también, distracciones y diversiones malsanas. Por tanto proponía la abolición del trabajo de la mujer casada.139 Passalacqua Eliçabe, del Partido Fascista Argentino, decía que su agrupación no iba a permitir de ningún modo “que la mujer deje de cumplir su destino de madre y esposa, es decir, la reintegrará por completo al hogar.”140
Los obreros nacionalistas no consideraban el trabajo femenino como una forma de realización y desarrollo personal ni, mucho menos, como una vía de emancipación económica y social para las mujeres. Ellos pensaban el trabajo en términos netamente masculinos:
“El trabajo, en cuanto es creación y arte, donde el hombre encuentre la necesidad de sí mismo, donde sienta la exaltación de su virilidad y donde exprese su íntima personalidad espiritual.”141
Esto significaba que la decisión de las mujeres de ingresar al mercado laboral estaba justificada únicamente por un estado de necesidad absoluta. En los casos en los que las mujeres, apremiadas por necesidades o la mala fortuna del destino -las viudas, las huérfanas, etc.- debían enfrentar el desafío de insertarse en el mercado de trabajo, los nacionalistas expresaban que debían percibir un salario “digno” y trabajar las horas
139
Guido Glave, Economía dirigida de la democracia corporativa, Buenos Aires, Imprenta Luis Gotelli, 1936. Ver pp. 85 y 87.
140
H. V. Passalacqua Eliçabe, El movimiento fascista argentino, Buenos Aires, La Argentina, 1935, p. 66.
141
reglamentarias para poder así hacerse cargo de las tareas del hogar. También creían que la participación sindical de las mujeres no era aconsejable porque “la mujer no podía mantener en ninguna forma una lucha gremial” dada la brutalidad de los métodos empleados por parte de empresarios y sindicalistas.142
Como ejemplo de las consecuencias que podía tener la agremiación femenina, los católicos nacionalistas argumentaban que las mujeres se volvían perversas y bestiales ejerciendo, incluso, la tortura sobre otras personas:
“En las grandes huelgas del personal de los ferrocarriles, en 1919, un maquinista del F.C.O que siguió viaje pese a la huelga, fue llevado al comité y allí fue desnudado completamente y hecho objeto de burlas aun de parte de mujeronas bestializadas; en Avellaneda se condenó a un obrero a andar en cuatro patas desnudo en un sótano que había en medio del salón, y con fósforos encendidos a ras de las espaldas se le obligaba a andar encorvado durante largísimo tiempo. Del ferroviario sabemos que se volvió loco. No pueden ser otros los efectos de esos métodos tan bárbaros e inhumanos.”143
Para contener a las trabajadoras el nacionalismo realizó algunos intentos de organizar sindicatos, como fue el caso del centro nacionalista de Vicente López que se propuso oficializar algunos grupos de obreras que actuaban por la “revolución nacional”.144 Los resultados en este ámbito fueron más bien magros pero estuvieron acompañados de otros gestos inclusivos, como el espacio para participar y disertar en actos de las organizaciones obreras nacionalistas. Por ejemplo, en un acto de la Unión Sindicalista Argentina, en el barrio de Flores, habló una “dama” sobre el monopolio de la venta de productos alimenticios.145 María Luisa del Campo, militante de la Falange Argentina de las JANS (Juventudes Argentinas Nacional Sindicalista), ofició de oradora en representación de la “mujer nacionalista” en el II Congreso Nacional Sindicalista realizado en la ciudad de La Plata en 1937.146 En otra ocasión María Elena Rodríguez, perteneciente a la Falange Española de las JONS, dictó una conferencia titulada “Que el hombre de tu vida sea el mejor” 147
142
Crisol, “Deben reclamar su trabajo los jóvenes desalojados por la competencia femenina”, 19/04/1940, p. 1.
143
Restauración Social. Revista Mensual de Estudios Sociales, “Los odios de la clase obrera”, Año III, Nº 31, Noviembre 1937, p. 592.
144
Crisol, “El nacionalismo y el trabajo nacional”, 17/03/1943, p. 4.
145
Crisol, “Unión Sindicalista Argentina”, 22/10/1939, p. 3.
146
Crisol, “Falange Argentina de las JANS. Una aclaración”, 25/05/1937, p. 2.
147
Quienes tuvieron más éxito en organizar sindicatos de mujeres fueron los católicos. Un ejemplo fue la Federación de Asociaciones Católicas de Empleadas (FACE) que tenía una alta visibilidad debido a las manifestaciones y desfiles multitudinarios que organizaban.148 La Federación tenía alcance nacional y reunió en su seno a 24 asociaciones gremiales locales, incrementando sus afiliaciones notablemente pasando de 8.012 en 1936 a 18.675 adherentes cuatro años más tarde.149 En algunas ocasiones actuaron en solidaridad con otros sindicatos de trabajadoras católicas, como en el caso de los reclamos salariales de las costureras a domicilio. La estructura de la FACE permitía brindar a sus agremiadas -al menos de la Capital federal- una serie de servicios como el de colonias veraniegas (en Cosquín y Capilla del Monte), un cuerpo médico en distintas especialidades que atendía gratuitamente en la sede de la Federación, un restaurante económico, cursos de enseñanza complementaria, curso de Secretariado Comercial, actos literarios y musicales, una Bolsa de Trabajo, una sección de ayuda social para vender productos elaborados por las agremiadas, defensa de los intereses de las empleadas en el Departamento Nacional del Trabajo, etc. Sin duda, los beneficios materiales que podía ofrecer este tipo de gremio superaban los ofrecidos por las agrupaciones nacionalistas.
Además existieron las siguientes asociaciones y sindicatos católicos de mujeres:
Entidades Año de su creación Referentes
Sindicato Católico de Empleadas (1917) Monseñor De Andrea Sindicato Católico de la Aguja (1918) Monseñor De Andrea Sindicato Fosforeras de Avellaneda Monseñor De Andrea Federación de Asociaciones de Empleadas Católicas (1923) Monseñor De Andrea (fundador de la institución y asesor espiritual) Elisa Espósito (presidenta) Sindicato Católico de Costureras 1937 propiciada por el secretariado 148
Ver El Pueblo,”Hoy tendrá lugar la gran concentración y desfile de la Federación de Asociaciones de Empleadas Católicas”, 4-07-1937, p. 21; “Se conmemoró en forma brillante el día de la empleada”, 5/07/1937, p. 17.
149
Departamento Nacional del Trabajo, División de Estadísticas, Organización sindical. Asociaciones obreras y patronales, Serie B (Estadísticas y Censos) Nº 9, Buenos Aires, 1941, p. 2.
económico social de la ACA150 Federación de Maestros y Profesores Católicos Sindicato Católico de Enfermeras
Como argumentamos anteriormente los católicos fueron más exitosos en la constitución de sindicatos femeninos que los nacionalistas. Sin embargo, éstos no