Los factores de riesgo se pueden organizar en función al modelo ecológico, así tenemos, el área individual, relacional, comunitaria y social. Algunos de estos factores de riesgo se pueden modificar, pero otros son inmodificables. Es importante remarcar el carácter asociativo y no causal de factores posteriormente descritos, así como su naturaleza probabilística.
5.1 La edad temprana
La edad temprana parece constituir un factor de riesgo de cometer un acto de violencia o de ser víctima de la misma. Romans et al. (2007) sostienen que, de manera constante en los hombres, la edad temprana es un factor de riesgo de cometer violencia física contra la pareja y en las mujeres, de ser víctima de esta violencia.
30 5.2 La educación
La relación entre el grado de instrucción de la persona y la violencia de pareja es compleja. Sin embargo, el bajo grado de instrucción es el factor que se asocia con mayor constancia con la realización y el padecimiento de violencia.
Ackerson et al. (2008) sostienen que las mujeres que poseen grados inferiores de instrucción, primario o ninguno, tienen riesgo, de dos a cinco veces mayor de sufrir violencia, que las mujeres con más educación. De manera análoga, se ha encontrado que los hombres con un bajo nivel de educación cometen actos de violencia de pareja con una frecuencia de 1,2 hasta 4,1 mayor que los hombres con mayor educación.
Es así que un nivel más alto de instrucción puede actuar como factor protector, ya que las mujeres con un mayor grado de instrucción o las parejas casadas con niveles de educación relativamente equivalentes, comunican niveles inferiores de violencia de pareja. Un bajo grado de instrucción disminuye el contacto que tienen las mujeres con los recursos existentes de afrontamiento y su acceso a los mismos, asimismo aumenta la aceptación de la violencia y mantiene la disparidad de las normas de género, que se transmiten a través de las generaciones.
Sin embargo, sería prematuro suponer que la relación entre el grado de instrucción educativo y la violencia de pareja es la misma, independientemente del tipo de violencia infligida.
31 5.3 La exposición al maltrato infantil
Un elemento citado en forma constante en todos los países como factor de riesgo de ser víctima o de cometer un acto de violencia hacia la pareja es el maltrato infantil.
Gil-González et al., (2006), concluyeron que la exposición a la violencia durante la niñez aumentaba tres o cuatro veces la probabilidad de cometer actos de violencia de pareja en los hombres, comparados con hombres que no habían sufrido ningún tipo de maltrato infantil.
Esta exposición a la violencia durante la niñez puede aumentar la probabilidad de aceptación de la violencia ya sea como víctima o como agresor en las parejas futuras y las situaciones de alto riesgo.
5.4 La personalidad antisocial
Gil-González et al. (2006) comunicaron una asociación constante de los trastornos antisociales de la personalidad y las características afines, como la impulsividad y la falta de empatía, con el ejercicio de la violencia de pareja. Indican que los agresores con estas características tienen mayor probabilidad de desatender las normas sociales y tienden a ser violentos e impulsivos, hasta llegar a cometer estas formas de violencia.
32 Se necesitan más estudios que aporten un respaldo empírico a la relación causal entre los trastornos de la personalidad y el ejercicio de la violencia infligida en la relación por la pareja.
5.5 El consumo perjudicial de alcohol
El consumo perjudicial de alcohol y de drogas ilícitas se citan con frecuencia como factores de riesgo asociados con el ejercicio de la violencia de pareja o el hecho de ser víctima de las mismas.
Gil-González et al. (2006) manifiestan que el consumo perjudicial de alcohol se asociaba con un incremento de 4,6 veces del riesgo de exposición a la violencia de pareja, en comparación con un consumo leve o su ausencia.
Sin embargo, estos resultados se deben interpretar con cuidado, pues las pruebas de una asociación causal entre el consumo perjudicial de alcohol y la violencia son débiles.
5.6 La aceptación de la violencia
Las actitudes de los hombres y las mujeres frente a la violencia están fuertemente correlacionadas con la exposición a la violencia de pareja.
33 Abrams (2004) sostiene que los hombres que creen que es aceptable golpear a sus esposas tienen un riesgo dos veces mayor de cometer violencia contra la pareja. Johnson y Das (2009) sostienen que este riesgo aumenta en la medida en que aumentaba la aceptación de la violencia. Los hombres que creen que siempre es aceptable golpear a sus esposas tienen un riesgo cuatro veces mayor de agredir a la pareja, en comparación con un riesgo dos veces mayor entre quienes creen que ocasionalmente es aceptable golpearlas.
Boyle et al. (2009) manifiestan que la aceptación de la violencia por parte de las mujeres también se asocia positivamente con el hecho de ser víctimas de violencia infligida por la pareja. La aceptación de la violencia de pareja por parte de los hombres y las mujeres, las actitudes de los hombres hacia las mujeres como seres inferiores, los valores patriarcales dominantes y los roles de género restrictivos, son todos elementos que pueden perpetuar la presencia de la violencia. Estas actitudes se pueden transmitir a las generaciones siguientes por los mecanismos del aprendizaje, los medios de comunicación, las escuelas, y por la experiencia de ser testigo o víctima de violencias a lo largo de la vida; por estas mismas razones es posible modificarlas.
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