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1.2 Density Functional Theory

1.2.5 Approximate Exchange-Correlation Potentials

Connor (1996) afirma que con la llegada de la década de 1990 el concepto de género pasó a ser un tema relevante dentro del campo de la Lingüística Aplicada. Asimismo, esta autora manifiesta que el análisis de géneros realizado por Swales (1990) ha llegado a ser el más conocido y, por consiguiente, el mejor establecido dentro de la ciencia. Este investigador dedica un gran número de páginas al concepto de género, además de a otras cuestiones, en su obra Genre Analysis. English in Academic and Research Settings. El autor considera que un método de enseñanza basado en el género puede ser de gran ayuda a la hora de trabajar la competencia comunicativa académica de los estudiantes. Por ello, en esta monografía propone un método de enseñanza del inglés académico.

Por lo que respecta al concepto de género discursivo, Swales (1990) hace una profunda revisión histórica, llegando a la conclusión de que esta denominación se usa con muchos fines, siendo su utilización en numerosas ocasiones inapropiada y demasiado libre, pues queda constreñida a una mera aplicación de fórmulas para constituir un determinado género o a una simplificación extrema del concepto por conveniencia pedagógica. Lo que este autor quiere decir es que hay casos en los que se presenta un género determinado de una manera rígida, estática, atribuyéndole unas determinadas características que aparecen siempre de manera inequívoca en cualquier texto correspondiente a ese género.

Swales (1990) considera que este concepto se puede estudiar desde diferentes disciplinas, tal y como se ha realizado con anterioridad. Así, presenta en su trabajo las diversas maneras en las que ha sido enfocado el género. Critica la visión tradicional de que los géneros discursivos se relacionan de manera directa con el registro. Para este autor, esto solo ocurre de manera indirecta, ya que, tal y como afirma Couture (1986), el registro impone restricciones sintácticas y léxicas al texto, pero es el propio género el que determina las características del texto. Por tanto, es el género discursivo el que se asocia a un registro determinado. Por otro lado, Swales (1990) también menciona el punto de vista que tiene la retórica con respecto al género. En este sentido, siguiendo a Miller (1984), critica el hecho de que esta disciplina se haya centrado demasiado en los tipos de discurso tradicionales y haya obviado otros modelos de discurso más actuales. En cualquier caso, Swales (1990) concluye que se pueden extraer varias conclusiones sobre el género a partir de los estudios realizados sobre él con anterioridad. Una de estas conclusiones sostiene que todo género se encuadra dentro de una comunidad discursiva, concepto que tratamos en el siguiente epígrafe. También menciona su interés por establecer una estructura genérica para el texto en mayor o menor medida, así como el énfasis en la intención comunicativa y la acción social que presenta un determinado género.

Swales (1990) parte de estas ideas para llevar a cabo su propio análisis del género, una vez realizado el cual establece los criterios que presentamos a continuación. Para él, un género es una clase de evento comunicativo, siendo las intenciones comunicativas compartidas el principal criterio que convierte un evento comunicativo en un género, lo que significa que un género tiene un objetivo claro. Otro criterio que establece Swales (1990) se basa en el hecho de que las representaciones del género pueden variar en lo referente a sus rasgos prototípicos, pues a veces las características arquetípicas son generales y en otras ocasiones se trata de pequeños detalles. Por otro lado, hay una racionalidad detrás de un género que aplica una fuerte constricción en lo relacionado con el contenido, el posicionamiento y la forma. Todo ello repercute en que las características e intenciones de un género son perfectamente reconocidas por los miembros establecidos dentro de una misma comunidad discursiva, siendo solo reconocidas parcialmente por las personas aprendices de esta comunidad y no siéndolo por los individuos que no son miembros de ella. En este punto, Swales (1990) aclara que las convenciones relativas a un género, si bien siempre influyen, están en permanente evolución. Por último, afirma que la nomenclatura de géneros dentro de una comunidad discursiva supone una fuente importante de conocimiento y entendimiento. Así, la asignación de nombres a géneros puede a su vez generar conocimiento, mientras que también es posible que existan géneros que, por una razón u otra, aún no tienen nombre. Como ejemplo de nuevos géneros textuales surgidos en los últimos años y que han dado

lugar a nuevos conocimientos podríamos mencionar los tuits41. Todas estas características llevan a Swales (1990) a establecer su propia definición de género:

A genre comprises a class of communicative events, the members of which share some set of communicative purposes. These purposes are recognized by the expert members of the parent discourse community, and thereby constitute the rationale for the genre. This rationale shapes the schematic structure of the discourse and influences and constrains choice of content and style. Communicative purpose is both a privileged criterion and one that operates to keep the scope of a genre as here conceived narrowly focused on comparable rhetorical action. In addition to purpose, exemplars of a genre exhibit various patterns of similarity in terms of structure, style, content and intended audience. If all high probability expectations are realized, the exemplar will be viewed as prototypical by the parent discourse community. The genre names inherited and produced by discourse communities and imported by others constitute valuable ethnographic communication, but typically need further validation (p. 58)42.

Por tanto, podemos ver cómo existe una serie de características comunes que forman un determinado género. La diferencia entre diversos géneros se puede apreciar en parámetros como la complejidad sintáctica, la retórica empleada, la función que desempeñan o el canal de expresión del que se hace uso. Los escritores competentes son conscientes de estas características y de lo que el receptor del texto espera encontrar en él, por lo que es capaz de anticiparse a ello y plasmar estas características en su producción para lograr su objetivo ante el lector. De similar manera, en muchas ocasiones también el lector se anticipa al emisor y según recibe un texto va anticipando su contenido. Con esta descripción, una de las pretensiones de Swales (1990) es ayudar a crear una teoría en la que determinadas disciplinas, entre ellas la RC, no apliquen de una manera lingüísticamente tan cerrada del concepto de género, por lo que ésta había sido criticada en numerosas ocasiones, si bien para Kaplan (2001), los géneros son soluciones convencionales a problemas comunicativos recurrentes, entendiéndolos de manera similar a Swales (1990). Por otra parte, dentro de las nuevas corrientes teóricas de la RC en aquellos años, como la impulsada por Hinds (1987), ya se estaba dando este paso que pedía Swales (1990).

41 El ejemplo es nuestro.

42 “Un género es un acontecimiento comunicativo en el que participan individuos que comparten un conjunto de objetivos (comunicativos). Esos objetivos son reconocidos por los miembros expertos de la comunidad discursiva que lo utiliza y, por tanto, constituyen la razón de ser de ese género. Esa razón de ser conforma la estructura esquemática del discurso y condiciona y limita las posibilidades del contenido y el estilo. El objetivo comunicativo es a la vez un criterio fundamental y un criterio cuya función es mantener la perspectiva de un género como aquí se entiende, estrechamente enfocado hacia una acción retórica comparable. Además del mismo objetivo, las muestras de un determinado género pueden presentar diversos patrones, pero serán similares en cuanto a estructura, estilo, contenido y audiencia prevista. Si todas las características con muchas posibilidades de aparecer, aparecen, la muestra de género será considerada como prototípica por la comunidad discursiva. Los géneros heredados, o los producidos por una comunidad discursiva que son importados a otra, constituyen elementos valiosos de comunicaciones etnográficas, pero necesitan ser refrendados dentro de la comunidad que lo importa.” La traducción está extraída de los materiales de la asignatura “Competencia discursiva y géneros textuales” del Máster universitario en Lingüística Aplicada a la enseñanza de español como lengua extranjera de la Universidad Nebrija, impartida por Mercedes Gil Martínez.

También hay otros autores que se han dedicado a analizar el concepto de género desde una perspectiva social. Tal es el caso de Berkenkotter y Huckin (1993), quienes establecen cinco criterios en relación con el género. En primer lugar, afirman que los géneros son formas retóricas dinámicas que se desarrollan como respuesta a situaciones recurrentes, tal y como afirma Kaplan (2001), las cuales cambian a lo largo del tiempo en respuesta a las necesidades de los usuarios. A continuación, defienden que el conocimiento de los géneros se produce a partir de la participación en las actividades comunicativas que se dan en la vida diaria y profesional. En tercer lugar, establecen que este conocimiento incluye tanto forma como contenido, además de una serie de temas sobre los que es apropiado escribir dentro de un mismo género. Posteriormente, expresan que a través del uso de estos géneros se constituyen estructuras sociales que son reproducidas al utilizarlos en sus actividades profesionales. Por último, consideran que las convenciones de los géneros son marcadas por las normas y la ideología de una comunidad discursiva. De todo esto se puede llegar a la conclusión de que cuando se aprende un género hay un cierto proceso de aculturación en las personas, procedimiento que es dinámico y social.

Por todo lo expuesto anteriormente, definimos el género como un producto textual que evoluciona con el tiempo, comparte una intención comunicativa y diferentes características (forma, estilo, contenido…) y se enmarca dentro de una comunidad discursiva, realizando una labor social en ella y pudiendo ser comprendido y reconocido por todos aquellos que en ella participan, ya que al ser utilizado ha anticipado las expectativas de la audiencia a la que va dirigida.

Las ideas básicas relacionadas con los géneros discursivos presentadas más arriba se desarrollaron en relación con el inglés como lengua materna, pero podemos afirmar que la gran mayoría de esas ideas se pueden extrapolar al mundo de nuestra lengua y del ELE. Más concretamente, se pueden aplicar a los aprendientes universitarios de español, ya que como dice Connor (1996): “an approach to genre that considers genre knowledge as dynamic, social activity provides a useful framework for describing the process involved in student’s learning of disciplinary genre knowledge43” (p. 129). Como ya hemos visto, esta misma autora afirma que en los primeros años de la RC, hasta comienzos de la década de los 80, los estudios realizados dentro de esta disciplina se centraron en ensayos expositivos escritos por estudiantes universitarios. A este respecto, también señala que “it is fair to say that although the organization of the expository essay in different cultures has been investigated in numerous studies, some other aspects of exposition

43 “Un método en el que el conocimiento del género es considerado como una actividad dinámica y social aporta un marco útil para describir el proceso que se da en el aprendizaje de los géneros de las disciplinas entre los estudiantes”. La traducción es nuestra.

need further examination44” (p. 129). Por ello, en nuestro estudio tomamos como producto textual un género de tipo expositivo-argumentativo, el ensayo, el más analizado en los primeros años de la RC, cuando ésta se desarrollaba en Estados Unidos, pero no así en nuestro país. Coincidimos con Swales (1990) en que el conocimiento del género y su enseñanza a los estudiantes, nativos y no nativos, les ayudará a crear productos textuales que respeten las características mencionadas anteriormente y, en consecuencia, a lograr su objetivo comunicativo.